El Devachán, (significa Reino de los Devas), corresponde a un
estrato vibratorio mucho más sutil que el Kamaloka y que el resto del plano Astral. Su tasa vibratoria se encuentra por sobre los quintillones de ciclos por segundo y el tipo de materia que lo compone son partículas subatómicas en un nivel casi imposible de determinar físicamente, pero arqueométricamente podemos decir que son subpartículas componentes de las subpartículas de subpartículas del nivel atómico que conocemos. La localización espacial está por encima de los 10.000 Kms. de la superficie terrestre, hasta una distancia que no está bien determinada. En ese ambiente magnético permanecen las Almas que han sufrido la Primera Muerte (del físico) y la Segunda Muerte (del Astral), hasta que -como ya se ha explicado- resulte atraída por afinidades psíquicas específicas, que están determinadas por el Karma de relación, ya sea positivo o negativo en cuanto a personas amadas u odiadas, temidas, etc..
Pero esta atracción está también supeditada a factores muy azarosos, como la actividad magnética del Planeta, el lugar donde se haya muerto y varias circunstancias que hacen de esta nueva encarnación una lamentable lotería demiúrgica. Como el Alma tiene Raza y sexo (no "órganos genitales", pero sí una determinación genérica establecida desde su paso por el Reino Vegetal en algunos casos y Animal en otros), es muy poco habitual que se encarne en una Raza diferente a la que corresponde según cada Planeta, pero para aclarar esta cuestión hemos de pasar necesariamente a un tema espinoso, difícil de demostrar pero conocido según investigaciones antropológicas muy profundas. En "Comentarios sobre los Arquetipos" hemos dicho que cada Raza tiene los suyos propios, pero hemos de seguir con el tema de la demiurgia, para comprender más:
El Demiurgo, una vez expulsado del Interior Terrestre, se le emplazó para que preparara un hábitat adecuado para sus criaturas mortales en la Superficie Externa, tras lo cual se produjo el éxodo, sintetizado en la expulsión de Adán y Eva. En realidad no se trató de una pareja, sino de toda una población de Homo mortalis, que en un primer momento no eran tan frágiles como nosotros, ni vivían tan poco tiempo. Como puede leerse en casi todos los Libros Sagrados, hasta el último diluvio (provocado mediante tecnología, puesto que el mismo "dios" Demiurgo lo produjo), los mortales vivían más de mil años. Poco en relación a los diez mil que viven los Primordiales, pero solía ser suficiente para que la mayoría, acelerando sus procesos Ascensionales mediante la Catarsis, la Yoga y el Tantra, escaparan a la muerte Ascendiendo directamente al Reino Krístico.
El Demiurgo, auténtico vampiro psíquico, acortó los plazos de vida para mantener bajo su control a la humanidad mortal, por medio de manipules genéticas y de cruzas raciales. Pero según nos cuentan las crónicas chinas más antiguas, coincidentes con algunas interpretaciones de las tradiciones Negras y Cobrizas, su obra diabólica no quedó circunscrita a la Tierra, sino que se extendió a Marte, Venus, Júpiter y Erk. En Erk, los experimentos demiúrgicos no se limitaron a la producción de especies mortales, sino también a la alteración magnética global, con lo que produjeron la destrucción del planeta mismo. Una parte de los supervivientes fueron traídos a la Tierra, componiendo la casi extinta Raza Cobriza Amerindia. Por su afinidad biológica con los terrestres y parecidos de los Arquetipos, se adaptaron rápidamente. Los Amarillos fueron los hombres mortales expulsados junto a su creador desde Venus, como los Negros lo fueron de Júpiter. En Marte la cosa terminó a poco de empezar, porque sus Primordiales, conocedores de lo
ocurrido en los demás planetas, acabaron drásticamente con la civilización demiúrgica, sin ninguna contemplación. Sin embargo el Demiurgo pudo traer alguna cantidad de marcianos (también muy parecidos en todo a los terrestres) con lo que se dieron durante millones de años las mestizaciones más variadas. La mayoría de las subespecies generadas no resistieron ante la Ley de Selección y se extinguieron, pero finalmente quedaron las subespecies que componemos actualmente el cuadro antropológico mundial, más o menos puras racialmente pero reducidas en años de duración biológica, con esta infame enfermedad llamada "gerontotemia" o vejez. Si no nos mata antes cualquier otra, nos mata la degradación general porque nuestras células se van atrofiando a partir de la oxidación del ADN de las mitocondrias (los órganos de reproducción celular).
Justo ahora que vamos descubriendo las causas de la vejez y la muerte, hallando los medios de curarnos (al menos con perspectivas de prolongar en siglos nuestra vida), la civilización está al borde de su propia autodestrucción, como para repetirse el ciclo bíblico de destrucción, porque estamos nada menos que "alcanzando el fruto del Árbol Prohibido, donde está la serpiente enrollada..." O sea el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, el Árbol genético, donde las serpentinas de ADN, que marcan la clave que ese malévolo dios de los mortales no quiere que alcancemos. Para mejor comprensión, leer los primeros versículos del Génesis del Antiguo Testamento.
Pero al Demiurgo sólo le importa tener esclavos inconscientes, que le suministren energía psíquica distorsionada. Todos sus empeños van en esa dirección, tal como nos lo muestra cualquier análisis objetivo del desarrollo de las civilizaciones, con sus caídas estrepitosas tras un proceso de descomposición social, política y económica, fundado en la descomposición ética y deontológica. Muchos pueblos pudieron escapar en la antigüedad a la rueda de reencarnaciones, pero otras civilizaciones, como la nuestra, han encontrado un drástico final, debiendo la humanidad mortal, recomenzar desde cero. Esto sigue siendo permitido - al menos hasta ahora- por los Primordiales, porque de lo contrario habrían miles de millones de Almas que se perderían definitivamente, al no tener cuerpos donde encarnar, acordes a su nivel de evolución. No pueden encarnar en el interior terrestre, porque aún las más puras tienen experiencias -y por lo tanto traumas- de vivencias terribles no transmutadas. Una minoría, pero imposible de diferenciar, está en un estado de verdadera descomposición, de modo que permitirles encarnar en el Interior significaría, tarde o temprano, la destrucción del Paraíso Terrenal o Walhalla, donde vive la verdadera Humanidad, de la que la
Raza Aria es descendiente. Tampoco pueden permitir los Primordiales de los demás planetas que sus conraciales, tan disminuidos como toda la humanidad mortal, sean devueltos en esas condiciones. Cierto es que existe una especie de "programa de redención", mediante el cual muchas Almas son devueltas, una vez Ascendidas al Reino Krístico, a sus planetas originales, pero ese asunto es muy complejo para encararlo en este libro, toda vez que su exposición implicaría un paseo muy extenso por cientos de folios de documentación referencial y antropológica.
Volviendo al tema del Devachán, cabe decir que allí no hay diferencias de estratos o localización por Raza ni sexo, pero su permanencia en él es un riesgo para todas las Almas que allí se encuentran en espera involuntaria y por lo general inconsciente, de volver a encarnar. El riesgo consiste en que ciertas tormentas solares, como el paso de algunos cometas y planetas suelen producir disturbios en la magnetosfera terrestre, con lo que algunas Almas son arrastradas hacia las capas magnéticas más lejanas y sutiles, cayendo en el espacio interplanetario, donde se rozan las magnetosferas de dos o más cuerpos celestes. Ese espacio es al que Iesus el Esenio se refería, tratando sobre las Almas podridas, con "Allí tendrán el Avitchi, y será el lloro y el crujir de dientes, y no habrá retorno" .
El Avitchi es el espacio entre las magnetosferas de los planetas, cuyas corrientes magnéticas sutiles como el Alma misma pero poderosísimas, las deshacen periódicamente cuando están desequilibradas porque los arquetipos han reemplazado a los Arquetipos, descomponiendo sus funciones. Este es el destino de las "Almas dormidas", que se encuentran en el Devachán (la última capa de la magnetosfera terrestre) durante ciertos acontecimientos cósmicos, como el paso de ciertos planetas como Hercólubus, etc., que arrastran al espacio profundo a todas esas Almas.
En esos niveles tan sutiles y casi imposibles de medir cuánticamente, las Almas son apretadas como en un gigantesco engranaje, destruyéndose para siempre. El Ser Verdadero, de naturaleza Divina, desde ya que no se pierde, pero la unidad "Yoica", el Ego que ha estado evolucionando durante eones, deja de existir. Esa es la más lamentable y definitiva muerte, que llega a veces por azar circunstancial, pero mayormente por un balance karmático negativo, por no haber aprovechado infinidad de oportunidades de buscar la Trascendencia, al menos encarnando con el mismo con el mismo Astral. Esa es la última y definitiva muerte, la del Alma, la Tercera Muerte.
ubicación espacial promedio, correspondiente en su escala vibratoria con la escala de la magnetosfera terrestre. También hay una cuestión (al margen de las distorsiones provocadas respecto al interior terrestre, como la ubicación del Infierno de Satán) que trata sobre la prolongación de los planos infernales en el interior del mundo. Si tenemos en cuenta la verdadera forma del globo terráqueo, hueco como todos los planetas y esferas celestes, encontramos allí un doble y hasta triple sentido esotérico a la cuestión.
1) La tierra es hueca y por el interior de la corteza circulan los análogos magnéticos -nadis y Tattwas, como en cualquier cuerpo-. Las medidas de los análogos darían el grosor exacto de la corteza si conocemos sólo un dato en la ecuación: La gravedad (9,8 m/s) y la fórmula arqueométrica de densidad para sacar el promedio entre la estratosfera y el los metales actínidos. No desarrollaré toda la operación porque me llevaría días repetirla, pero resulta en 1.011 Kilómetros.
2) El kamaloka y el Devachán continúan por debajo, es decir, por dentro de la corteza terrestre. Esos equivalentes intraterrenos los encontramos en las leyendas celtas, en la Edda y sus derivados modernos, en los arquetipos novelescos islandeses, germanos y escandinavos. Allí las alegoría sobre los seres de la tierra, nos pintan cualidades de cada estado de conciencia, mezclados con personajes que efectivamente corresponden al plano Astral, como duendes, gnomos, hadas, salamandras y sílfides, que en su mayoría son el cuerpo Astral de plantas y animales.
3) Las "Analogías Masónicas" sin descifrar oficialmente, representadas en los laberintos catedralicios, son una perfecta representación estilizada de la forma física y la magnetosfera terrestre, en la que tienen lugar, dentro y fuera de la nave de la catedral, las alegorías que van desde lo angélico hasta lo diabólico, correspondiendo con los cinco cielos o infiernos, que son en realidad tres subdivisiones del plano Astral y dos del Devachán.
Igual vale tener en cuenta que la cualidad "celestial" o "infernal" no depende de la ubicación geomorfológica, sino del Estado de Consciencia que se posea en dicho sitio.