CAPÍTULO II DEFINICIONES TEÓRICAS
II.4 Devenir sujeto en Judith Butler y Rosi Braidott
Butler desarrolla su concepción sobre la formación del sujeto explicando cuáles son los mecanismos que lo constituyen en sumisión y analiza al mismo tiempo cómo el poder genera distintos modos de reflexividad social y constriñe las formas posibles de sociabilidad. La identidad reside precisamente en su carácter performativo y se manifiesta de maneras muy variadas. Ese carácter de la identidad convierte al sujeto en objeto de la propia (re)creación enmarcada en el poder institucional.
El sujeto no emerge domesticado de antemano y ligado sin remedio al orden social. Sin embargo, su formación no puede ser pensada sin recurrir a un juego habilitante de restricciones que lo fundan. Al decir de Butler, la explicación foucaultiana de que los discursos ―encarcelan‖ al cuerpo en el alma propone reducir la noción de la psique al accionar del ideal normalizador externo como si recibiera unilateralmente el efecto simbólico. No obstante, Butler destaca que Foucault sugiere por un lado la existencia de una ―interioridad del cuerpo‖ preexistente a la invasión del poder y establece que la interioridad del alma es tomada como instrumento del
poder, con el cual el cuerpo es formado y cultivado. En este caso -apunta Butler- Foucault aborda la formación del sujeto efectuada por medio de la subordinación del cuerpo y de su aniquilamiento: el sujeto asume el lugar del cuerpo y acciona con su alma que contextualiza y da forma al cuerpo en cautiverio. El alma deviene así en cuerpo sublimado. El cuerpo constituye al sujeto en su estado disociado y sublimado. La subjetivación posee sus límites y su poder habilitante en la superposición con otros regímenes discursivos, esto es así porque el sujeto no está consolidado, siempre se encuentra en proceso de producción. Butler sostiene que los discursos no sólo constituyen el dominio de lo ―decible‖, sino que están ligados, por medio de la producción, a una exterioridad constitutiva: lo ―indecible‖, lo ―insignificable‖.
La construcción del sujeto es producto de una red compleja de discursos y de prácticas en una formación discursiva determinada: ―[…] la formación jurídica del lenguaje y de la política que representa las mujeres como ‗el sujeto‘ es en sí misma una formación discursiva y un efecto de una versión dada de una política representacional.‖ (Butler, El género en disputa 35). Para Butler, el término ―mujer‖ es problemático, debido a que no es una categoría homogénea; está siempre atravesada por modalidades de raza, de clase y regionales. De allí se deprende el problema planteado a la teoría cuando esta categoría pretende constituirse en un ―universal de la condición femenina‖.
La noción de sujeto se ve cruzada por la metafísica de la sustancia. En ella se considera a la persona31 como ser que preexiste al género y con un conjunto de cualidades universales esenciales que la constituyen: la razón, la deliberación moral, el lenguaje. Vinculado con esos atributos encontramos el género que define esencialmente al ―ser‖, ―la identidad del sujeto‖.32
Butler postula un replanteo radical de las categorías de la identidad dentro de un contexto relacional constituido en base a una radical asimetría de género. Así la categoría ―identidad‖ se compone de una parcialidad esencial, ya que es dinámica y siempre expuesta a cambios sin obedecer al telos normativo, ni a clausuras determinantes. De esta manera esta crítica feminista retoma la idea de identidad como cambiante y en proceso: ―El ‗nosotros‘ feminista es siempre y solamente una construcción fantasmática, que tiene sus propósitos, pero que deniega la
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Esta postura crítica de la noción de persona como sustancialista se opone a la propuesta bajtiniana, definida anteriormente, entre individuo y persona.
complejidad interna y la indeterminación del término que se constituye solamente a través de la exclusión que ella simultáneamente busca representar.‖ (Butler, El género en disputa 173).
En este contexto Butler postula una crítica de las categorías de identidad que las estructuras jurídicas contemporáneas gestan, inmovilizan, y naturalizan. Pero ella asume una postura ―radical‖, tanto en el orden ontológico de la identidad como en la concepción del sujeto ―las mujeres‖.
Inspirada en Foucault, Butler cuestiona la categoría de sujeto en términos de sujeción. Postula que el sujeto no es el producto de un juego libre o una realización azarosa, es en realidad el proceso mismo el que impulsa y sostiene la producción de subjetividad a través de un ritual de repetición de normas. Es decir que el proceso configura al sujeto. Este posicionamiento puede leerse en términos de una constitución ritualizada del sujeto, enmarcada en contextos que implican la prohibición y el tabú (Butler, El género en disputa 110). Sin embargo, el sujeto no solamente se define por normas. La incompletud en su constitución hace posible la desviación en la repetición y la ruptura de la norma que permite la reinscripción de nuevos significados que rompen con configuraciones anteriores.
La postura de Butler instaura la heterogeneidad al interior de la concepción de sujeto, ya que no admite la idea de que éste es una materia incuestionable, con límites definidos, sino que lo concibe como una construcción discursiva, un sujeto descentrado e interpelado por múltiples variables. Así Butler sostiene que lo que convencionalmente se entiende como causa de la posición subjetiva, en términos de representación e identificación, es más bien el efecto performativo de las prácticas discursivas. Ella postula un sujeto en clave no esencializada porque no es posible precisar ningún atributo referencial que sea inherente al sujeto, en tanto éste es efecto del discurso.
En Mecanismos psíquicos del poder (1997) Butler ofrece una teoría sobre la formación del sujeto que surge de sus intentos de articular conceptos provenientes del pensamiento foucaultiano y del psicoanálisis. Plantea que la subjetividad se construye como un sitio donde se reiteran las prácticas y la persistencia de las condiciones de poder. En estos términos expresa que el sujeto se constituye como una instancia material de poder.
La autora apela al psicoanálisis para explicar cuál es la forma psíquica que adopta el poder. Introduce a Freud y a Foucault para configurar su teoría de la formación del sujeto y
simultáneamente analizar los mecanismos psíquicos implicados en la subordinación y la subjetivación. Propone situar en la identificación la capacidad de explicar, a partir de un dispositivo psíquico, la figura del tropo y su relación con el sometimiento, ya que la puesta en funcionamiento de este mecanismo implica un trayecto tropológico: el sujeto emerge mediante una identificación que lo constituye, la internalización psíquica del poder deviene en identidad:
La forma que asume el poder está inexorablemente marcada por la figura de darse la vuelta, una vuelta sobre uno/a mismo/a o incluso contra uno/a mismo/a. Esta figura forma parte de la explicación de cómo se produce el sujeto, por lo cual, en sentido estricto, no existe un sujeto que se dé la vuelta. Por el contrario, la vuelta parece funcionar como inauguración tropológica del sujeto, como momento fundacional cuyo estatuto ontológico será siempre incierto. (Butler, Mecanismos
13)
Siguiendo esta línea de pensamiento, Butler usa la identificación para dar cuenta del modo en que genera topografías psíquicas; de esta forma, si éstas se configuran a través de la identificación y si el poder externo se delinea psíquicamente mediante la subordinación, la identificación es el mecanismo psíquico que produce al sujeto en un contexto de subordinación. El concepto de identificación postulado por Butler le permite aglutinar las nociones de psique y poder para dar cuenta del momento fundacional del sujeto.
De esta forma, el concepto de identificación permite que los aspectos de la vida social y política -externos al sujeto- configuren un espacio interno. En este sentido Butler propone que los sujetos no son autores de las identificaciones que los constituyen, sino que se encuentran gerenciados en el contexto y ordenados por posibilidades socialmente determinadas.
Braidotti (2009) centra su trabajo en la inserción de la subjetividad y la epistemología en una perspectiva post-estructuralista de la diferencia sexual. Su estudio plantea una cuestión central relacionada con la interconexión entre identidad, subjetividad33 y poder. Considera al ―yo‖ como una red en la que confluyen y se interrelacionan variables diversas, se cuestiona sobre
33―En este sentido es esencial la noción de diferencia como menosprecio, constitutiva tanto de la identidad europea como de una tradición filosófica que define al Sujeto [en mayúscula por la autora] en términos de mismidad, lo cual equivale a decir con un conjunto de cualidades y derechos. De ahí que la subjetividad se equipare con la conciencia, la racionalidad y la conducta ética autorregulada. Esta perspectiva implica una dialéctica con los Otros, definidos en términos de diferencia negativa, que funcionan como el homólogo espectacular del Sujeto.‖ (Braidotti,
qué tipos de interrelaciones, desvíos y líneas de fuga puede generar un contenido feminista sin caer en una nueva normatividad, y postula los conceptos de subjetividad y conciencia nómades.
En el primer caso entiende que el ―sujeto nómade‖ es un concepto teórico para definir la subjetividad contemporánea. El término ―figuración‖ hace referencia a un estilo de pensamiento que remite a salidas alternativas a la visión falogocéntrica del sujeto. Considera que una ―figuración es una versión políticamente sustentada de una subjetividad alternativa‖ (Braidotti, Sujetos nómades 26). Establece la necesidad de elaborar constructos diferenciados para aprender a pensar de un modo diferente su relación con el sujeto. Esta forma de considerar los nuevos constructos hará posible la generación de nuevos marcos de organización, nuevas imágenes y formas de pensamiento. Define seguidamente al sujeto nómade como:
Una ficción política que me permite analizar detalladamente las categorías establecidas y los niveles de experiencia y desplazarme de ellos… La elección de esta configuración lleva implícita la creencia en la potencia y la relevancia de la imaginación, de la construcción de mitos, como un modo de salir de la estasis política e intelectual de estos tiempos posmodernos. (Braidotti, Sujetos nómades
31)
En el segundo caso, el de la ―conciencia nómade‖, la autora entiende que se trata de un tipo de conciencia que combina rasgos habitualmente percibidos como opuestos. Esto es, la posesión de un sentido de identidad que no se basa en lo fijo, sino en lo contingente:
…la conciencia nómade combina la coherencia con la movilidad. Apunta a reconcebir la unidad del sujeto, sin referencia a las creencias humanistas, sin oposiciones dualistas. Vincula en cambio el cuerpo y la mente en una nueva serie de transiciones intensivas y a menudo intransitivas. (Braidotti, Sujetos nómades 71)
Mi investigación se apoyará en estos aspectos teóricos de Braidotti (2000) y Braidotti y Pfeiffer (2004) a los fines de definir qué se entiende con el concepto ―cuerpo femenino‖. Ella sostiene que la postura logocéntrica presenta un modo de pensar falocéntrico asentado en una serie de premisas tácitas que son en sí mismas no racionales. En otras palabras, la postura logocéntrica y la enunciación de una instancia filosófica se apoyan en un momento pre-filosófico, es decir en la capacidad humana de tener disposición, receptividad y deseo hacia el pensar con el fin de representarse a sí mismo en el lenguaje. Este pensamiento es la base no filosófica de la
filosofía, ya que es un elemento pre-discursivo que, pese a excederlo, resulta indispensable para el acto de pensar en sí mismo. Se trata de una tendencia ontológica, de una predisposición que no es ni pensante ni consciente pero que inscribe al sujeto en una red de discursividad, lenguaje y poder. Pensar se convierte en una tentativa acerca de otros modos de pensar, de otras formas de pensamiento (Braidotti y Pfeiffer, Feminismo 11). Esto significa que pensar se refiere a concebir ideas de una manera diferente.
Me interesa rescatar de Braidotti su visión del sujeto entendido como una zona de interacción de la voluntad con el deseo que se constituye en el primer paso en el camino para re concebir los fundamentos de la subjetividad. Con esta conceptualización apunto a afirmar que lo que sustenta todo el proceso de ―devenir sujeto‖ es la voluntad de saber, el deseo de decir, de hablar, de pensar, de representar. En el comienzo solamente existe ―el deseo de‖: el deseo de saber, esto es, el conocimiento acerca del deseo. Braidotti argumenta que la tarea de pensar nuevas formas de subjetividad femenina, mediante el proyecto de la diferencia sexual entendida como la expresión del deseo ontológico de las mujeres, implica la transformación de las estructuras e imágenes propias del pensamiento y no sólo de su contenido proposicional.
Al reelaborar la cuestión de la diferencia sexual, Braidotti reformula la relación entre pensamiento y vida y entre pensamiento y filosofía. En otras palabras, la diferencia sexual apunta a redefinir las estructuras generales del pensamiento y no solamente las específicas de la mujer.
Otro concepto clave que considero pertinente destacar de su teoría es el de cuerpo o incardinamiento del sujeto que es un término central en la lucha feminista por redefinir la subjetividad. No debe entenderse como categoría biológica ni sociológica, sino como un punto de superposición entre lo físico, lo simbólico y lo sociológico. El concepto de cuerpo -en el tratamiento específico que se le da por primera vez en la filosofía de la modernidad y en las teorías de la diferencia sexual- se refiere a la estructura multifuncional y compleja de la subjetividad, a la capacidad específicamente humana de trascender cualquier variable dada -clase social, raza, sexo, nacionalidad, cultura, entre otras-, aunque permanezca situado dentro de ellas. El cuerpo en cuestión se comprende más acabadamente como una superficie de significaciones, situado en la intersección de la superpuesta facticidad de la anatomía con la dimensión simbólica del lenguaje. Como tal, el cuerpo es una noción multifacética que abarca un amplio espectro de niveles de experiencia y de marcos de enunciación. En otras palabras, el sujeto está definido por
diferentes variables -clase, raza, sexo, edad, nacionalidad y cultura- que se yuxtaponen para definir y codificar los niveles de nuestra experiencia (Braidotti, Sujetos nómades 230).
Por último resalto que el sujeto sexuado, incardinado, así definido, se sitúa en una red de complejas relaciones de poder que lo inscriben en una estructura discursiva material de normatividad. La sexualidad constituye el discurso dominante del poder en Occidente. En este sentido, la redefinición feminista del sujeto como sometido, aunque discontinuamente, al efecto normativo de diversas y complejas variables superpuestas, perpetúa el hábito occidental de conceder a la sexualidad la máxima prioridad, al tiempo que la rechaza como uno de los rasgos dominantes del poder discursivo.