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DIMENSIONES CONSTITUTIVAS

In document La Historia Filosofia Hermeneutica (página 187-191)

DE UN NUEVO CONCEPTO

DE HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

1. L A E S T R U C T U R A D E L P R O C E S O H IS T Ó R IC O : LA T R A D IC IÓ N

La idea de una receptividad de la acción de la historia constitu­ ye el núcleo esencial del concepto de tradición, concepto que hoy preside un determinado modo de entender la estructura de la his­ toria. Este vocablo «tradición» (Überlieferung) pretende designar un modo de encadenamiento de la sucesión histórica que es, al mis­ mo tiempo, una manera de articular la temporalidad histórica. En este sentido, constituye un trascendental del pensamiento de la historia, que permite conceptualizar la dialéctica entre la efectuali- dad o efectividad del pasado, que nos condiciona, y la recepción del pasado que nosotros llevamos a cabo. Tratemos, pues, en un primer momento, de aclarar el contenido mismo de este concepto

de tradición para pasar luego a contemplar su operatividad en la tematización de la dialéctica de la transmisión histórica.

Fué Gadamer quien, de un m odo premeditadamente polém i­ co, reivindicó la tradición junto con los prejuicios y la autoridad —teniendo estos tres conceptos pésimas connotaciones para el es­ píritu crítico de la Ilustración—, enfrentándose al cientismo y de­ fendiendo la relación de pertenencia, sin la cual no puede existir referencia alguna a lo histórico com o tal. Así, a la «distanciación alienante» (Vafremdung), propugnada por el metodologismo posi­ tivista, la obra de Gadam er opone tres experiencias análogas: en el ámbito estético, la experiencia de «sentirse prendido» por la belle­ za del objeto con anterioridad a cualquier posible formulación de los juicios críticos que Kant había teorizado como «juicios del gusto estético»; en el ámbito de la historia, la experiencia de perte­ necer a una tradición, que es la que hace posible cualquier ejerci­ cio de una metodología histórica en el nivel de las ciencias sociales y humanas; y, por último, en el ámbito del lenguaje —que englo­ ba, en cierto modo, a las dos anteriores—, la expenencia de una pertenencia a las cosas dichas por las grandes voces de los creado­ res de discursos, que precede y hace posible toda reducción instru­ mental del lenguaje y toda pretensión de dominar, mediante técnicas objetivas, las estructuras del texto de nuestra cultura. Es la tesis de la conciencia histórica, que Gadam er desarrolla a partir de la doctrina heideggeriana: «El Dasein, que se proyecta hacia su poder ser, es ya siempre sido. Este es el sentido del factum existen- cial del airojamiento: el que todo comportarse libremente respec­ to a su ser carezca de este ser... El Dasein encuentra com o un presupuesto irrebasable todo lo que al mismo tiempo hace posible y limita su proyectar»1.

Esta triple reivindicación polémica de Gadam er no es más que una de las exigencias del desarrollo de la tesis de la conciencia histórica. Por ejemplo, la reconsideración del prejuicio como com ­ ponente esencial de la comprensión es un modo de destacar el carácter históricamente finito del ser hum ano, pues con ello se llama la atención sobre la conciencia de los condicionamientos históricos de toda comprensión. Este anteponer el prejuicio al jui­ cio produce, inevitablemente, un choque con la filosofía crítica, que es «una filosofía del juicio»1 que hace de la objetividad —cuyo modelo lo ofrecen las ciencias de la naturaleza— la medida del conocimiento, y que hace de la conciencia metódica la llave de nuestra relación con el ser. El mismo Dilthey, que quiso propor­ cionar a las ciencias del espíritu un tipo de cientificidad del mismo rango que la que tenían las ciencias de la naturaleza, no se libró de esta equiparación moderna de conocimiento y método, fijándose el mismo fundamento y punto de partida que Descartes: la con­ ciencia de sí. El reino de la vivencia (Erlebnis) es todavía el reino de un punto de partida que soy yo. Y, en este sentido, la interioridad, la autoconciencia, la subjetividad, siguen funcionando como fun­ damento. Frente a Dilthey y el espíritu de la Ilustración, Gadamer opina, en cambio, que «los prejuicios de un individuo son, mucho más que sus juicios, la realidad histórica (geschichtlkhe) de su ser»3.

Para Gadamer, es falso que todos los prejuicios sean infunda­ dos y perjudiciales al conocimiento, y que, por tanto, haya que luchar decididamente para erradicarlos. Si el espíritu critico de la Ilustración estima de un m odo tan negativo los prejuicios es por­ que los asocia a un concepto de autoridad unilateral y reductiva-

1

Cfr.

Mi s g e l d,

D.: «Critica! Theory and Hermeneutics», en O 'N eíl. )

(ed.): On CriticaI Theory, Heinemann, Londres, 1976, pp. 164-183.

3 G ad am er, H. G .:

o.c.,

p. 344.

mente identificada con acciones de dom inio y de violencia. Pero la autoridad no tiene por qué ser tan sólo ese poder que exige, como respuesta, una aceptación ciega: «La autoridad de las perso­ nas no tiene su fundamento último en un acto de sumisión y de abdicación de la razón, sino en un acto de reconocimiento (Aner- kennung) y de conocimiento: se reconoce que el otro está por enci­ ma de uno en juicio y perspectiva, y que, en consecuencia, su juicio es preferente o tiene primacía respecto al propio. Esta auto» ridad no se otorga, sino que se adquiere, y tiene que ser adquirida si se quiere apelar a ella. Reposa sobre el reconocimiento y, en consecuencia, sobre una acción de la razón misma que, haciéndo­ se cargo de sus propios límites, atribuye al otro una perspectiva más acertada. Este sentido rectamente entendido de autoridad no tiene nada que ver con una obediencia ciega»". El concepto clave aquí es el de reconocimiento com o acto que precede a la acepta­ ción de la autoridad y que supone cierto momento critico. Este reconocimiento es discernimiento de que lo que dice la autoridad no es, en cuanto tal, algo arbitrario o irracional, sino que puede y debe ser admitido por provenir de alguien que posee una condi­ ción de superioridad sobre nosotros, por ejemplo en cuanto exper­ to o especialista. Y al hacer depender de este m odo la aceptación de la autoridad de un previo reconocimiento critico, la autoridad no sólo es algo hacia lo que no hay que mirar necesariamente con recelo, sino que puede tener un sentido positivo al ponerse de manifiesto su relación con la capacidad de autodeterminación y de juzgar libremente.

Desde estas posiciones, la comprensión de la historia como tradición tiene ya un sentido bien marcado. Para Gadamer, lo que tiene autoridad es la tradición, que puede aparecer asi como un

factor de la libertad al mismo tiempo que com o la matriz en la que el individuo se forma y encuentra sus posibilidades de autorreali- zación. Nuestro ser, históricamente finito, está determinado por la autoridad de lo que la historia nos transmite, la cual ejerce una influencia poderosa (Gewalt es el término que emplea aqui Gada­ mer) sobre nuestra forma de pensar y de actuar. En esto, como ya previera Hegel, es en lo que se distingue el mundo humano del mundo natural. En el mundo natural, el simple mantenimiento de su realidad no tiene nada que ver con la conservación (Bewabrung) y la transmisión histórica de un patrimonio cultural. La tradición, en cambio, exige que se la recíba, que se la asuma y que se la transmita. Y todo ello como obra de la razón, que se comporta, llevando a cabo esta empresa, de un m odo tan libre com o cuando acomete empresas de transformación o de innovación.

Y a partir de esta concepción de la tradición acuña Gadamer su expresión «historia de los efectos» (Wirkungsgeschichte). Con ella se pretende destacar la conciencia de estar expuesto a la acción de la historia. Este hecho de la pertenencia y dependencia de la con­ ciencia respecto de lo que históricamente la condiciona puede ser analizado de un modo independiente, pero no se puede objetivar esta acción sobre nosotros tratando ilusamente de situarnos fue­ ra5. La expresión Wirkungsgeschichte alude al hecho de que, entre el historiador y el pasado que trata de interpretar, no existe ningún vad o o distanciamiento que puediera hacer pensar en un tipo de objetividad del estilo de la de las ciencias de la naturaleza. Ese vacío está colmado por la tradición (Überlieferung), lugar de media­ ción, pertenencia o coimplicación del intérprete y lo interpretado

5 Ga d a m e r, H . G .:

«Die Universalitát des hermeneutischen Problem-, en

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