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Taurus, Madnd, 1982, p 215 ss.

In document La Historia Filosofia Hermeneutica (página 160-163)

4,1 Ha b e r m a s, J .:

Conciencia moral y acción comunicativa. Península, Barcelo­

N o se puede hacer coincidir ya, sin más, la justificación de la actividad filosófica con una empresa de fundamentación. El pen­ samiento se obliga ahora a abrirse a un nuevo horizonte marcado por la preeminencia de la condición ontológica de la pertenencia, determinante de la historicidad constitutiva de todo proyecto de comprensión y de interpretación. Y a en las dificultades que Schleiermacher y Dilthey encontraron para hacer de la hermenéu­ tica una teoría sistemática y definitiva, se ponía de manifiesto la refractariedad entre sus exigencias y la noción de fundación. En Schleiermacher, la eireularidad típica del proceso interpretativo tiene lugar como indefinido remitirse recíproco entre interpreta­ ción gramatical e interpretación técnica o psicológica-45, sin que pueda alcanzarse una conclusión última y, por tanto, un funda­ mento o un primer principio en el sentido antes apuntado. Pero es en la elaboración que hace Gadamer del concepto de verdad o experiencia de verdad donde se puede ver ejemplificado de qué manera la filosofía hermenéutica se atiene a la condición de desfondamiento.

Gadamer denuncia la reducción epistemológica a que se ha visto sometido el contenido originario de la noción de experien­ cia, debido al papel que esta noción ha jugado durante la moderni­ dad en el seno de la teoría empinsta de las ciencias. A! haber estado orientada hacia la ciencia, la histoncidad interna de la expe­ riencia se ha visto desatendida, pues el propósito de la ciencia es objetivar la experiencia hasta que quede libre de cualquier conte-

*- La interpretación gramatical es la que se realiza situando el texto a la luz

de la totalidad de la lengua de una época y, por tanto, a la luz de) conjunto de sus

connotaciones históricas. La interpretación psicológica es la que se realiza situan­

do el texto a la luz de la personalidad del autor y, en concreto, dei uso que el hace

de los elementos lingüísticos y culturales que su época le ofrece. Cfr. SonFltR-

nido histórico. Para Gadamer, en cambio, la experiencia «tiene lugar com o un acontecer del que nadie es dueño, que n o está determinado por el peso propio de una u otra observación, sino que en ella todo viene a ordenarse de una manera realmente impe­ netrable»46. Retomando, pues, así las connotaciones etim ológicas del término alemán Erfahrung y atendiendo en especul al sentido que este concepto de experiencia tiene para H egel en su Fenomeno­ logía del Espíritu, Gadamer comprende com o experiencia de verdad o verdadera experiencia un tipo de encuentro co n algo capaz de producir una efectiva modificación en el sujeto: «Esta es la inver­ sión que acaece a la experiencia: que se reconoce a sí misma en lo extraño, en lo otro. Ya se realice el camino de la experiencia com o un extenderse por la multiplicidad de los contenidos, ya com o el surgir de formas siempre nuevas del espíritu, en cualquier caso de lo que se trata es de una inversión de la conciencia»'17. La m odifi­ cación que la experiencia causa en el sujeto se produce en virtud de la integración de lo nuevo con todo ¡o anterior que la concien­ cia ya era. Experiencia de verdad o experiencia verdadera es, en­ tonces, un acontecimiento que transforma la conciencia, la invierte, la disloca y la modifica. Y es en este sentido com o la experiencia de verdad representa un radical elemento de desfonda- miento, ya que, en el modo com o queda caracterizada, es im posi­ ble encuadrarla en un proceso constructivo y acum ulativo que se desarrolle a partir de un fundamento.

Sólo cuando esta condición de la dislocación es com prendida en el sentido dialéctico hegeliano, o sea, com o dinám ica de un proceso de la conciencia que conduce necesariamente a un reen­ cuentro del sujeto consigo mismo, es cuando puede ser cempati-

ble con la idea de fundación. La esencia de la experiencia es pensa­ da en ese caso en función de algo en lo que la experiencia está ya desde siempre superada. Pero Gadamer entiende la expenencia com o la modificación que conduce efectivamente al sujeto fuera de sí, envolviéndolo en una realidad que le trasciende (el lenguaje, la Wirkungsgeschichtc) y que, al proyectarle en un horizonte más comprensivo, hace que cambien sus posiciones iniciales4*. En conclusión, «la verdadera experiencia es aquélla en la que el hom­ bre se hace consciente de su finitud. En ella encuentra su límite el poder hacer y la autoconciencía de una razón planificadora. Es entonces cuando se desvela como pura ficción la idea de que se puede dar marcha atrás a todo, de que siempre hay tiempo para todo y de que, de un modo u otro, todo acaba retomando... La verdadera experiencia es así experiencia de la propia histori­ cidad»49.

Verdadera experiencia es aquélla en la que el hombre se hace consciente de su finitud e historicidad. En torno a esta actitud gravita, propiamente, la especificidad del significado de la herme­ néutica como postura filosófica, como señala Vattimo: «El nexo fundadón-desfondamiento, situado en primer plano a partir de Sein und Zeit, caracteriza fielmente a la hermenéutica, de modo que, si se entiende mal o se olvida este nexo, la teoría de la inter­

Aunque el lenguaje asume en Gadamer una función relativamente análo­

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