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I. ANTROPOLOGÍA CRISTIANA PARA LA EDUCACIÓN

3. EL HOMBRE EDUCADO COMO SER HUMANO INTEGRAL

3.2 El ser humano respondiendo a su ser

3.2.3. Dinamismo de Despliegue

La búsqueda de las virtudes, el deseo de desplegar al máximo el deseo de amar, es poner en obra y concreción la razón de ser de la existencia. El dinamismo de despliegue es aquel que se sustenta en el amor concreto. Es la disposición de estar abierto, donde el ser humano desea entregarse de manera amplia, universal, de entregar al máximo y alumbrar con toda la luz que le sea posible. Si la mirada del ser humano no tiene una recta conceptualización, si la idea que se tiene sobre el objetivo último de la existencia no es clara, el hombre sencillamente apaga su propio corazón, y deja de escuchar o intentar expandirse universalmente. Sin embargo, aquel que se entrega a la verdad del amor y lo sigue en su existencia «acoge en su ser y actuar la vida que le viene de lo Alto, da gloria a Dios, es el mismo ―la gloria de Dios‖, como se puede leer en San Ireneo y en el corazón». (Figari, Nostalgia de infinito, 2002, p. 15)

El amor necesariamente de difunde, es una llama ardiente, profunda, un deseo de servicio y ayuda. Es el clamor agradecido del alma que grita desde su mismidad cuando se ayuda al otro, cuando se sale al encuentro del necesitado, cuando el ser se ama rectamente a sí. Es el amor el cual funda las relaciones con el otro, con la naturaleza, con la persona misma y con Dios, el despliegue es permitir que ese amor se exprese de manera constante y coherente por toda la unidad. «El hombre no puede vivir sin amor. Permanece para sí mismo un ser incomprensible; su vida carece de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente» (Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptor Hominis, 1999, p. 29).

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Las habilidades, capacidades o dones particulares del individuo no son los que conducen entonces a la integralidad, madurez y desarrollo de su ser, es el Amor el motor más grande, es la búsqueda más sincera del hombre, su razón de ser y existir. La madurez la alcanza el hombre educado en cada una de sus acciones cuando se determina en su obrar hacia el bien. Todo acto del hombre es un acto que busca el amor, sin embargo la razón (psyché) y/o el cuerpo (biología) pueden interponerse en este dinamismo por sus caprichos o decodificaciones erradas de los dinamismos fundamentales. Así lo único que podrá alcanzar la plenitud de la naturaleza será la fidelidad del hombre educado a su mismidad e identidad profunda.

La armonía integral resulta de una auténtica pedagogía de la voluntad donde la unidad del ser se encuentra en sintonía con los dinamismos fundamentales y el espíritu pueda así mover el alma y el cuerpo, alcanzando así, por medio de la auténtica caridad, el despliegue que es característica ontológica del ser humano. «Así, junto a la creación toda, la existencia personal aparece como una extraordinaria caja de resonancia del llamado de Dios a ser según la realidad que Él ha dispuesto en mi naturaleza humana y en mi existencia individual concreta. Es una invitación al despliegue, pero siempre según Dios, no según mis planes u ocurrencias, no según gustos o disgustos, sino siempre según el divino Plan.» (Figari, Nostalgia de infinito, 2002, p. 31).

Cuando el ser humano es interpelado e invitado a vivir al máximo de sus capacidades y posibilidades y así a vivir plenamente su misión concreta en la vida, la pregunta del ¿Quién soy? Se responde de manera más concreta, profunda y vivencial. La vida se va haciendo cada vez más auténtica y así la persona, es el hombre educado quien responde en su acción a quien realmente es. Identidad, misión particular y despliegue se unen en un contrapunteo permanente, complementos necesarios e imprescindibles, donde el conocimiento de la propia identidad se refleja en la misión particular y así se despliega al máximo el llamado profundo der hombre a ser en el infinito. Los gustos personales, el desorden, el ruido, a raíz de las acciones que se encienden por la recta respuesta a los dinamismos fundamentales, van desapareciendo hasta convertirse en el enemigo de la propia naturaleza, así el auténtico despliegue se fortalece, se forja.

La necesidad de significación del ser humano, saberse valioso y con un sentido en el mundo, se sustenta en el dinamismo del despliegue y es el Amor quién ofrece el máximo posible de significación. Para la educación y la formación integral esta necesidad de significación tiene un valor fundamental, dado que es por medio de la razón que el hombre puede ir descubriendo aquello que responde realmente a sus necesidades vitales. El sentido valioso de la vida se ilumina en la conciencia

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de la existencia, que pasa por la razón, y es aquella que, a diferencia de los animales, hace al hombre preguntarse ¿Para qué la vida y la existencia? Los talentos, potencias, lo útil y grandioso de la vida pasa necesariamente, para una verdadera realización, por el filtro de la psyché.

El proyecto de vida del hombre educado se va alcanzado cuanto más razonable y objetivo sobre sí mismo sea. Si prescinde de la razón, el ser humano solo se sentirá valioso, pero no se sabrá valioso. Así, la respuesta para la vida del ser educado es un proceso de asumir la verdad sobre sí mismo y conducir así su existencia de manera coherente y constante con lo que ha descubierto; los defectos y virtudes se conocen y el ser debe trabajar con ellos, los dones no se desarrollan como un fin en sí mismo, sin más deseo que el egoísmo y la plenitud individual así como los defectos no deben ensimismar al hombre de tal forma que limiten su despliegue.