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En Guayaquil los jóvenes entre 18 a 29 años de edad se caracterizan como una comunidad con demarcada intención de emprender. Esto guía o intuye en un principio el interés por actividades en torno a poseer y manejar un negocio propio. No solo se tiene la tención de poder trabajar independientemente, sino que esta intención va de un grado moderado a un alto grado irrefutablemente.

Por otro lado, entre las características del apartado social y económico con el que estos individuos se vinculan, no figuran rasgos ligados a un carácter facilitador del accionar emprendedor deseado por los jóvenes. La relación entre la situación de factores externos con el emprendimiento es un hecho, pero es recalcable que la vía de generación de nuevos negocios a partir de la intención de hacerlo; no se ve atenuada en gran medida por el actual ecosistema de negocios de la ciudad. Crear, dar forma y poner en práctica proyectos de negocios es un proceso posible bajo ciertos aspectos comerciales y económicos que ineludiblemente si se hallan en el contexto local.

En este orden y bajo las descripciones expuestas se han identificado que la realidad a la que los jóvenes se interponen si constituye una influencia en el nivel de intención por adentrarse al emprendimiento que se pueda presentar. El control para todo lo que incluye el proceso emprendedor, o al menos el que se percibe, no es el que explica mayormente la intención de emprender. Si no que, esta se fundamenta principalmente por la actitud de los jóvenes. A la vez, en estos sujetos nada influye la percepción de los referentes sociales como padres, amigos o colegas al dar su aprobación o negación en este ámbito particular; al grado de intención de crear una empresa propia.

Relacionalmente, los jóvenes guayaquileños exhiben su deseo de ser sus propios jefes. Instituyen la noción de independencia, a la vez que como reflejo se reconoce una de las problemáticas del ámbito laborar caracterizada por la poca atención o beneficio que los empleadores habitúan prestar. De este respecto, subyacentemente tributa también a la

intención la imperiosa necesidad en la que se ven enmarcados los individuos al haber falta de alternativas laborales bajo dependencia, con sus características y expectativas laborales. Olmedo (2018) explica la poca visibilización que perciben los jóvenes sobre su potencial en el medio laboral.

La percepción de los jóvenes en torno al mercado de trabajo y las condiciones que se les ofrece para iniciar su vida laboral es que existe un marcado adultocentrismo, que el mercado no se adapta a sus distintos contextos, necesidades y aspiraciones, y que falla en generar alternativas que potencien su alta y calificada preparación sin tomar en cuenta su falta de experiencia. (pág. 1)

La intención como predictor teórico de las acciones concretas para el ámbito

emprendedor de los guayaquileños de 18 a 29 años se superpone como guía en la actuación profesional. Se resalta a la actitud como el mayor factor explicativo del éxito o fracaso que los sujetos pudieran tener al emprender. Entonces, esta dirige el pensamiento estratégico y voluntad para tomar las acciones necesarias en el proceso emprendedor.

En parte, el hecho de que se moldee la intención y la conducta bajo el factor actitud se concibe como un gran impulso, al basarse en la creencia cobre el emprendimiento y el deseo de esto. Los jóvenes pertinentemente reconocen el beneficio social al vincular la

independencia al emprendimiento. También, aunque en menor grado la idea de percibir mayores ingresos tributa a la intención de los jóvenes guayaquileños. En este sentido, para los jóvenes la adhesión de beneficios económicos hace que aprecien al emprendimiento como

una vía de construcción económica y consecuentemente como un aporte social a la distintiva edad de transición.

Sin embargo, discriminar la posibilidad de los hechos de fracaso y éxito a la actitud con que los sujetos basan su intención, no es imperativo para el fin perseguido al emprender. El control que se pueda tener del proceso emprendedor en la realidad guayaquileña es apremiante. La expectativa, que el factor actitud ayuda a construir, sobre un posterior

emprendimiento dependerá al final de la capacidad de control en el ámbito para la realización efectiva.

Sobre esto, aun cuando los jóvenes guayaquileños se prescriben un alto control conductual, este factor no fundamenta en mayor medida la intención por emprender. Es decir que, lo que los jóvenes piensan que pueden realizar al considerar sus habilidades y aspectos externo como oportunidades y medios necesario en la ciudad; determina en una menor medida a la que lo hace la actitud en la intención conductual. De este modo, el acierto entre su creencia y la puesta en práctica al momento de emprender no queda definido.

Para los jóvenes de la ciudad, indicadores como el reconocimiento de oportunidades en el mercado para productos y servicios, explican mayormente la intención como parte de la variable autoeficacia. Le sigue la capacidad de crear una nueva empresa. No obstante,

desfavorablemente la capacidad autoevaluada sobre el poder definir concretamente la idea de negocio o estrategia no tiene mayor peso o guía en la intención. Bajo esta perspectiva se incluye también el control total del proceso de creación de la empresa.

Entonces, es un hecho que el emprendimiento real se ve controlado por la intención bien vista como motivación. Pero de ahí a que la actitud es completamente relevante a razón de que ayuda a enfrentar con fortaleza las adversidades que resulten, mas no para salir airosos de cuestiones prácticas. Que aspectos como los mencionados anteriormente no constituyan un peso de más apremiante es una limitación. Estos son pieza fundamental para la puesta en

marcha de empresas con cualidades de éxito. Consecuentemente, el fracaso es recurrente porque la actitud o motivación no es suficiente al momento de emprender, o al menos más que la preparación y consideraciones específicas parte de un emprendimiento de calidad.

Esta situación cobra mayor significancia al estar de medio la necesidad por emprender debido a la falta de empleo. De acuerdo a Pico (2016) en Ecuador esto genera

emprendimiento en gran medida, pero suprime la planificación al generarse de manera

abrupta (pág. 134). En la investigación se ha reconocido que el 38.9% de los jóvenes entre 18 a 29 años emprenderían por esta razón y el 59.25% emprendería por la generación de una oportunidad de negocio.

Se suma que los jóvenes que no cuentan con estudios, si bien no demuestran el mayor grado de seguridad por emprender; todos reportan más de una moderada intención por

hacerlo. Esto a diferencia de quienes, si han alcanzado el tercer nivel de educación, en los que la intención varía en menos de una moderada hasta el mayor grado. Por tal, se pude asegurar que en su mayoría quien emprenda no lo haría de una manera plausible.

Esta negativa se da en pleno conocimiento de que a lo largo de los años se han abierto lugar en el mercado personas sin una relativa preparación educativa e impulsadas por la variable necesidad. No obstante, se defiende la idea de que estas personas al menos se vieron envueltas en actividades productivas de diferente índole y a partir de allí dieron con la construcción de una empresa de éxito.

De los jóvenes guayaquileños el 44.7% en la actualidad no realiza ninguna actividad ni en relación de dependencia ni independientemente. De los que no laboran solo el 54.7% ha realizado labores en relación de dependencia. A la vez, en el mismo grupo apenas el 40.7% ha realizado alguna actividad productiva independientemente. De tal modo, asegurar que se hallan en la misma posición que los referentes exitosos mencionados no sería lo correcto; al no nutrir con experiencia y conocimiento del mercado su intención emprendedora.

El alcance de los resultados para un emprendimiento no sería el óptimo y jóvenes representarán la misa situación característica para las empresas nuevas en el contexto y supervivencia empresarial ecuatoriana. Estas no se cristalizan y solo tienen una posibilidad del 42.2% de estar cinco años en funcionamiento (INEC, 2017, pág. 73). Sucede que los jóvenes replican errores y acciones que forman desventajas, disminuyendo la competitividad apremiante para todo mercado.

Al retornar a la idea de que la ciudad no es un ecosistema emprendedor, pero tampoco obstaculiza el surgimiento de estas; se piensa que formar emprendimientos exitosos no debería suponerse un fenómeno con extenuante complejidad y altas probabilidades de fracaso. De allí que el desacierto en la expectativa de control frente a la capacidad propia y a los factores externo de la localidad se distingue como la principal falencia.

El proceder del emprendedor joven de la ciudad se ve afectado por no considerar aspectos determinantes a los que puede acceder para la creación de empresas. Se mantiene entonces la concepción de que su actuación dentro del proceso emprendedor no es la más pertinente. Esta se da principalmente por asumir sesgos sociales o atribucionales que se tornan antecedentes de una lejanía de éxito.

▪ Demarcado pensamiento cortoplacista.

▪ Desentendimiento de la búsqueda concreta de potencial en el mercado.

▪ Escasa colocación de valor agregado en la ejecución de ideas de negocios.

▪ Los jóvenes que acceden a mayor educación difieren en su intención emprendedora.

Estos antecedentes implican dejar de lado aspectos necesarios para dar calidad al emprendimiento. A lo largo de la investigación se reconocieron tales aspectos desatendidos a partir de los sesgos sociales. Por tanto, los consecuentes de los antecedentes presentados que le restan competitividad en la ciudad de Guayaquil son los siguientes.

▪ Deficiencia en la construcción de un plan de negocio.

▪ Determinación de la actual inclusión financiera como un factor con desarrollo poco amplio para capitalizar.

▪ Generación de ideas de negocio poco innovadoras y atrayentes de inversión.

▪ Poca adhesión de medio tecnológicos competitivos a la actividad profesional.

▪ Omisión de aspectos estructurales del mercado.

▪ Desatención de la infraestructura profesional y física de apoyo.

Estas son afectaciones que con todo sentido restan oportunidades a los emprendedores jóvenes de la ciudad de Guayaquil. También se las puede tratar con un carácter de

progresividad en el proceso, a más de intimar con el simple inicio de la actividad económico. Esto ya que al prolongarse subyace a otros problemas y la posterior entrada en el contexto de supervivencia empresarial ecuatoriana actual.

Ahora bien, partiendo de que los consecuentes se originan por la desatención en la misma temática a la que hacen referencia. Por ejemplo, conceptualizar a la actual inclusión financiera, es decir al alcance de los servicios y productos financieros que se hallan en la localidad con su respectivo grado de accesibilidad; con un estado de poco desarrollo es consecuente de la desatención y desconocimiento de la realidad contextual guayaquileña. Esto debido a que, en principio, de acuerdo a la investigación realizada, los aspectos enlistados lograrían estimular el emprendimiento en la ciudad.

El verdadero potencial de lo mencionado, refiriendo a una aplicación oportuna, lo convierte en un estímulo real en la ciudad de Guayaquil. La idea que se defiende en esto es que la acción que implica cada uno de los aspectos citados como consecuentes es

favorecedora, más no se la lleva a cabo al presente. Por tanto, se sugieren como factores de utilidad para la puesta en práctica de la intención emprendedora de los jóvenes.

Cada uno amplía las posibilidades de éxito en el corto plazo y sienta las bases para incrementar las posibilidades de supervivencia al crear un negocio en la ciudad. Los hallazgos del trabajo se constituyen como un apoyo al éxito empresarial de los jóvenes. En este sentido, a más de la recurrente petición por la toma de riesgo, innovación e incluso el llamado a emprender; se interpela puntualmente por medio permisibles que admirablemente se hallan en el contexto guayaquileño.

Se pretende especificar soluciones u opciones para los seis consecuentes expuestos. La propuesta se nutre y sustenta de información transversal, tanto de la extenuante indagación de intención emprendedora, de los determinantes en el ámbito de estudio, como del desk research definido con anterioridad. Con ello se exponen conclusiones de carácter lógico a fin de entregar generalizaciones con valor agregado en un plano teórico.