ESTRATEGIAS DE INTERVENCION
28. DISEÑO DE PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN CONDUCTUAL
Con relación al desarrollo e implementación de los programas de tratamiento podemos mencionar que están dirigidos hacia tres aspectos fundamentales:
1. Tratar de demostrar si algún tipo de aproximación terapéutica es o no efectiva en el tratamiento de un problema concreto.
2. Tratar de establecer si algunas técnicas son más efectivas que otras.
3. Especificar de la forma mas clara y objetiva posible cuales son los elementos activos de las mismas.
Las estrategias de evaluación e implementación de un programa de tratamiento son un aspecto fundamental para el buen resultado del mismo.
Stuart (1968), Mahoney y Thorensen (1974) y Kazdin (1980) fueron los pioneros en utilizar Paquetes de tratamiento, los cuales pretendían evaluar los efectos de una determinada modalidad de intervención tomando en cuenta el resultado obtenido en conjunto; la noción de paquete de tratamiento enfatiza el hecho de que el tratamiento es examinado y valorado en su totalidad, sin separar ninguno de los componentes del mismo. El problema que eso implicaba es que si el programa resultaba exitoso sabíamos que el paquete funcionaba, pero en el caso contrario no sabíamos cuál de las variables o técnicas era(n) la(s) que provocaba(n) que no funcionara y lo importante para valorar los resultados no son las técnicas per se, sino las variables involucradas en el proceso terapéutico.
Schechter (1982) y Kazdin (1982) finalmente propusieron la llamada estrategia
constructivista, en la cual el investigador inicia con un tratamiento base, que constará de
uno a tres componentes y a través del proceso se irán añadiendo otros componentes necesarios; para lograr esto debemos tener definidas claramente tanto las estrategias de evaluación como las de intervención con el propósito de tener identificadas las variables involucradas en el problema.
La aproximación conductual para cambiar la conducta se distingue de otras formas de intervención por su proceso de evaluación, éste se inicia con la identificación de la conducta problema y continúa hasta que las metas de tratamiento han sido logradas, este proceso de evaluación intenta determinar la relación entre la conducta problema del paciente y los eventos medioambientales que controlan la aparición y mantenimiento de
la conducta. Una vez que la relación entre los eventos medio-‐ambientales y la conducta problema han sido determinados, estos eventos pueden ser alterados sistemáticamente con el fin de producir un cambio deseado en la conducta, enfocándonos en lo que el paciente hace y el contexto bajo el cual la conducta ocurre.
En el desarrollo de un programa de intervención conductual el primer paso para establecer éste consiste en seleccionar o definir la conducta problema que requiere cambios, a esto se le llama conducta meta, deben tomarse en cuenta varios factores para seleccionar una conducta meta. Primero es importante considerar si el cambio esperado en la conducta es consistente con las metas y necesidades del paciente así como de la familia u otras personas involucradas, ya que de lo contrario la probabilidad de que el programa no funcione es alta; así mismo es importante crear un programa que se enfoque en la modificación de la conducta problema y en el mantenimiento de la(s) nueva(s) conducta(s) aprendida(s).
La mayoría de las veces los pacientes muestran mas de una conducta problema. Para efectos del inicio del tratamiento es recomendable escoger una conducta que tenga mayor probabilidad de tener un cambio rápido y positivo, así mismo puede funcionar como un elemento motivacional para el paciente.
Las conductas problema deben ser consideradas dentro del contexto en el cual ocurren, por lo que una conducta problema difiere de paciente a paciente e igualmente cambia para el mismo paciente en diferentes momentos; de allí la importancia de clasificar las conductas metas en categorías. Kanfer y Saslow (1969) definieron cuatro
categorías, que son las siguientes: Excesos conductuales, Déficits conductuales, Control de estímulos deficiente y Habilidades de respuesta.
Excesos conductuales. Existen conductas que se vuelven problemáticas debido a que
ocurren con una frecuencia, intensidad y duración muy altas para un ambiente o una circunstancia en particular. Por ejemplo un exceso conductual se observa en los pacientes con sobrepeso, los cuales comen mucho y muy seguido, o un paciente que padece de dolores de cabeza tensionales, la intensidad del dolor no le permite realizar otras actividades, lo cual es otra forma de exceso conductual.
Déficits conductuales. Existen pacientes a los cuales una conducta determinada puede ser
un problema debido a que ocurre con muy baja frecuencia, con una intensidad inadecuada, o de forma inapropiada. Por ejemplo un paciente que tiene muy pocas habilidades sociales para interactuar con otras personas, manifiesta un déficit conductual.
Control de estímulos deficiente. En esta categoría, una conducta se vuelve un problema
debido a que ocurre bajo condiciones o tiempos inadecuados. Por ejemplo el paciente tiene las habilidades pero no las utiliza de manera adecuada, en el tiempo necesario o en el contexto apropiado; la enuresis es un buen ejemplo. La obesidad puede verse como un exceso conductual pero también es un ejemplo de control de estímulos deficiente, ya que la conducta de comer está asociada con muchos estímulos medio-‐ambientales, como son la hora del día, el lugar, el evento social, por lo cual es probable que cuando estos estímulos estén presentes la conducta de comer se de independientemente de si el paciente tiene hambre.
Habilidades de respuesta. En esta categoría el terapeuta se centra en las habilidades
adquiridas por el paciente, identificar los recursos propios del mismo y definir cuales hay que fortalecer. La necesidad de considerar las conductas sociales adaptativas del paciente para desarrollar un plan de tratamiento es muy importante y se puede ilustrar con el siguiente ejemplo: la frecuencia de una conducta indeseable generalmente es mantenida por una bien intencionada pero inapropiada atención hacia el paciente por los miembros de la familia y amigos; algunos pacientes con depresión continuamente son reforzados con preocupación y cariño, que en lugar de ayudar únicamente promueve más el estado depresivo; los familiares deben aprender a manejar con alabos y atención los esfuerzos positivos del paciente y no los negativos.
El terapeuta debe estar interesado en las habilidades del paciente, con el fin de enseñarle nuevas conductas adaptativas.
Definición de una conducta meta. Una vez que la conducta meta a tratar ha sido
acordada con el paciente, el siguiente paso consiste en definir esa conducta con el fin de que pueda ser observada y medida. Inicialmente esta definición puede consistir en una descripción subjetiva del problema; es tarea del terapeuta el ayudar a especificar el problema de manera objetiva, para evitar cualquier duda del paciente de que esa conducta en específico ha ocurrido y se trabajará en la manera de modificarla.
Ya establecida claramente la conducta meta en términos precisos, el siguiente paso consiste en evaluar la frecuencia de ocurrencia de dicha conducta antes de implementar el programa de intervención, a la tasa inicial (frecuencia de ocurrencia) de la
conducta que se mide antes de que inicie el tratamiento se le denomina “Línea Base”, es importante etablecer una línea base de la conducta problema por lo menos por dos razones.
La primera consiste en que tener un registro de la frecuencia de ocurrencia de la conducta del paciente nos revela de manera objetiva la magnitud de la conducta. La segunda es que la línea base permite al terapeuta evaluar la efectividad del programa de intervención, comparando la frecuencia inicial con la frecuencia de la conducta después de iniciado y al final del tratamiento, esperando que ésta y otras que se irán definiendo decrementen. La manera de obtener la información es a través de las diferentes formas de auto-‐registro existentes.
A continuación y basándonos en el análisis funcional de la conducta de cada paciente y el modelo de autocontrol, definimos el programa de tratamiento tomando en cuenta las conductas antecedentes y consecuentes. Finalmente llevamos a cabo la evaluación del programa de tratamiento y se planean las estrategias de seguimiento y mantenimiento del mismo.