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2. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

4.2. Satisfacción marital

4.2.7. Divorcio

A continuación se presentan artículos del Código Civil del Estado de México (2008), en su apartado dedicado al divorcio, con la finalidad de obtener una mayor comprensión de los términos en los que se da la disolución del vínculo matrimonial en la entidad en la que se llevará a cabo la presente investigación.

Efectos jurídicos del divorcio:

Artículo 4.88.- El divorcio disuelve el matrimonio y deja a l@s cónyuges en aptitud de contraer otro.

Clases de divorcio:

Artículo 4.89.- El divorcio se clasifica en necesario y voluntario. Es necesario cuando cualquiera de l@s cónyuges lo reclama fundado en una o más de las causas que señala el artículo siguiente y es voluntario cuando se solicita de común acuerdo por éstos.

Artículo 4.90.- Son causas de divorcio necesario: I. El adulterio de uno de l@s cónyuges;

II. Que la mujer dé a luz, durante el matrimonio, un hijo concebido antes de celebrarse el mismo con persona distinta al cónyuge;

III. La propuesta de prostitución de un cónyuge al otro no cuando el mismo la haya hecho directamente, sino cuando se pruebe que ha recibido cualquier remuneración con el objeto expreso de permitirlo;

IV. La bisexualidad manifestada posterior a los seis meses de celebrado el matrimonio;

V. La incitación o la violencia hecha por un cónyuge al otro para cometer algún delito;

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VI. Los actos inmorales ejecutados por alguno de l@s cónyuges con el fin de corromper a l@s hij@s de ambos, o de uno de ellos, así como la tolerancia de su corrupción;

VII. Padecer alguna enfermedad crónica e incurable que sea además contagiosa o hereditaria;

VIII. Padecer enajenación mental incurable;

IX. La separación del domicilio conyugal por más de seis meses sin causa justificada;

X. Derogada.

XI. La sevicia, las amenazas o las injurias graves de un cónyuge para el otro, que hagan difícil la vida en común;

XII. La negativa de l@s cónyuges de darse alimentos;

XIII. La acusación calumniosa por un delito, hecha por un cónyuge contra el otro; XIV. Haber cometido uno de l@s cónyuges un delito doloso, por el cual tenga que sufrir una pena de prisión no conmutable;

XV. Los hábitos de juegos prohibidos o de embriaguez habitual, el uso indebido y persistente de estupefacientes, psicotrópicos, o cualquier otra sustancia que altere la conducta y produzca dependencia cuando amenacen causar la ruina de la familia, o constituyan un continuo motivo de desavenencia conyugal;

Medidas precautorias en el divorcio:

Artículo 4.95.- Al admitirse la demanda de divorcio, o antes, si hubiere urgencia, podrán dictarse sólo mientras dure el juicio, las disposiciones siguientes:

I. Separar a l@s cónyuges, tomando siempre en cuenta las circunstancias personales de cada uno y el interés superior de l@s hij@s menores y de los sujetos a tutela; II. Fijar y asegurar los alimentos que debe dar el cónyuge alimentario al acreedor y a l@s hij@s;

III. A falta de acuerdo entre l@s cónyuges, la guarda y custodia de l@s hij@s se decretará por el Juez en función del mayor interés de los menores y de los sujetos a tutela;

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IV. Dictar las medidas convenientes respecto a la mujer que esté embarazada; V. Las necesarias para que l@s cónyuges no se causen daños en su persona, en sus bienes, en los de la sociedad conyugal o en los bienes de l@s hij@s.

XVI. Haber cometido un cónyuge contra la persona o los bienes del otro, un acto que sería punible si se tratara de tercero, siempre que tenga señalada en la ley una pena de prisión que exceda de un año;

XVII. El grave o reiterado maltrato físico o mental de un cónyuge hacia l@s hij@s de ambos o de uno de ellos;

XVIII. Permitir ser instrumento, de un método de concepción humana artificial, sin el consentimiento de su cónyuge;

XIX. La separación de l@s cónyuges por más de un año, independientemente del motivo que haya originado la separación, la cual podrá ser invocada por cualquiera de ellos;

XX. Incumplimiento injustificado de las determinaciones judiciales que se hayan ordenado, tendientes a corregir los actos de Violencia Familiar hacia el otro cónyuge o a l@s hij@s, por el cónyuge obligado a ello.

Habiendo definido los aspectos legales del divorcio, se deben tomar en cuenta las causas y consecuencias del divorcio, así como sus implicaciones.

ASPECTOS GENERALES DEL DIVORCIO

El divorcio implica una progresiva destrucción de los afectos y los vínculos de una pareja, de la cual se esperaba un feliz futuro. Oshiver (1974) menciona que en la antigüedad se creía que las personas que se divorciaban, era gente enferma, neuróticos sin esperanza que inevitablemente repetirían sus fallas casándose otra vez. También se creía que el divorcio únicamente se daba en segmentos muy pequeños de la sociedad; sin embargo afirma que estos solamente son comentarios carentes de validez.

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Actualmente, la población de divorciad@s encierra a personas de cualquier estilo de vida, de diferentes niveles económicos, con una gran diversidad de bases culturales, en distintas situaciones de vida.

Según Sandoval (1990), en México existen tres tipos de separaciones y, por supuesto, diversas consecuencias. Los tipos son: el divorcio, la separación de la pareja sin llegar a los trámites legales, y el abandono del hogar por parte de uno de los miembros de la pareja, cortando totalmente la relación con l@s hij@s y el/la otr@ miembr@.

Tenemos también el caso frecuente de las madres solteras; es decir, de mujeres que, después de una relación efímera, tienen que asumir solas la responsabilidad de una maternidad tal vez no deseada ni planeada.

PROBABLES CAUSAS DEL DIVORCIO

Para Oshiver (1974), una de las razones por las cuales la gente se divorcia se relaciona con los errores cometidos al juzgar al/la otr@ en el momento de la elección de pareja, lo cual propicia una gran discrepancia entre las expectativas y la realidad descubierta una vez que se llevó a cabo el matrimonio. Otr@s, menciona, se aburren con sus matrimonios, invierten muy poco de ell@s mism@s en la relación, o reciben de vuelta muy poco. No son capaces de tolerar su decepción y aburrimiento, por lo que suelen buscar el divorcio. Estos temas se presentan recurrentemente al considerar las relaciones de género y la búsqueda de la equidad característica de dicha perspectiva.

No sería difícil encontrar que casi cualquier miembro de la pareja es capaz de pensar con facilidad en razones para divorciarse. Aún en matrimonios ―buenos‖ y duraderos, en un momento dado, uno o ambos miembros han tenido una fantasía o pensamiento de divorcio. Sandoval (1990) comenta que el preocuparse únicamente por las necesidades personales, restando importancia hacia el/la otr@ y l@s demás miembr@s de la unidad familiar, puede llevar fácilmente al divorcio.

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Oshiver menciona que la razón básica de los fracasos matrimoniales es la inmadurez. En este contexto, la inmadurez generalmente implica la falta de compromiso. El matrimonio necesita un compromiso de tiempo. Una persona que no es capaz de darse a sí mism@ y está solamente preocupad@ por la gratificación inmediata, sin tolerar la frustración, no puede establecer una relación duradera. Algunas personas jóvenes que se casan con la idea de divorciarse si les comienza a ir mal en el matrimonio, no cumplen con el requisito principal del compromiso. Aquéll@s que se casan para salir de una mala situación dentro del hogar , frecuentemente no se encuentran completamente comprometidos, y cuando vienen las dificultades, abandonan el matrimonio así como abandonaron la casa de los padres.

El término de inmadurez también se refiere a un(a) individu@ que aún no ha establecido su autonomía. Esto resulta de una búsqueda romántica y carente de realidad, de llenar un hueco, que probablemente el matrimonio o una pareja no es capaz de llenar.

Estos aspectos llevan a considerar inevitablemente el tema de la salud o equilibrio emocional como componente necesario para otorgar cimientos sólidos a cualquier relación humana, y en el caso de la presente investigación, la de pareja; es así como conviene comentar que Alberoni (1988:218) considera que ―las personas mentalmente enfermas generalmente no son buen material (sic) para el matrimonio‖.

EL DIVORCIO: PROCESO INTERMINABLE

Desde hace tiempo y en los diferentes niveles sociales en que vive el ser humano, se ha cuestionado si el divorcio remedia todos los problemas del matrimonio cuyas bases y nexos se han deteriorado y que llevaron a la pareja a una situación tan insostenible que lo único que queda es la separación.

Oshiver (1974) menciona que mientras la sociedad acepta la terminación del matrimonio por la muerte del cónyuge, no acaba de aceptar la terminación de la relación marital por el

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divorcio. El divorcio está inevitablemente precedido por un período largo de conflictos ocultos o abiertos,

en donde el enlace emocional de amb@s se está deteriorando, sin embargo, es importante también considerar la importancia de las implicaciones a nivel familiar acerca del divorcio, por lo tanto, tomar en cuenta la experiencia de l@s hij@s ante tal fenómeno, resulta inevitable si se quiere profundizar hasta las últimas consecuencias los efectos de la ruptura de las relaciones de género.

L@S HIJ@S FRENTE AL DIVORCIO DE LOS PADRES

Para l@s hij@s nunca va a ser fácil elaborar el divorcio de sus padres; sin embargo tampoco implica un estancamiento en el desarrollo del/la niñ@. Deberá existir apoyo, compañía y comprensión por parte de los padres, ya que existen posibles consecuencias negativas ante un divorcio resuelto agresiva y hostilmente. Ante una situación de este tipo, Sandoval (1990) propone que para l@s hij@s existen tres tiempos, sin embargo, la reacción depende mucho de la edad que estos tengan:

El antes:

L@s hij@s desean poner fin a una situación dolorosa y amenazante en la que las víctimas propiciatorias son ellos. Hay sentimientos ambivalentes en los que principalmente se involucra el miedo y la culpa.

El durante:

Al darse la separación, el niño y la niña entran en un estado de confusión, pues se siente a la vez abandonado y culpable.

Cuando llega a existir culpa, esta se puede manejar depresivamente, o bien la vuelven contra sí mism@s en forma de aislamiento, tendencia a los accidentes, hipocondría,

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frecuencia de enfermedades reales; o la expresan culpando a un@ u otr@ progenitor(a) de la separación.

Caruso (1987) comenta que en esta situación el conflicto de ambivalencia es crítico. Quien se va es el/la buen@; quien se queda es el despojador o despojadora, y por eso se producen contra ést@ reacciones de rebeldía, violencia, rechazo. El padre o madre, al sentirse injustamente tratados y no comprendidos en su propio sufrimiento, le ―echa más leña al fuego‖ con reclamos y exigencias, presentándose como víctimas y aumentando la confusión y el dolor infantil.

El después:

La desaparición del padre o de la madre es muy frecuente en los casos de divorcio; y suele ser común la desatención total de l@s hij@s por parte del padre.

Es muy frecuente que, en los casos de separación, los actores encuentren rápidamente un sustituto amoroso, o bien, que regresen a sus objetos primarios (familia extendida, hogar materno) con diferentes pretextos: conveniencia económica y cuidado de l@s hij@s. El nuevo amor es prótesis que ayuda, pero no sustituye lo perdido.

Las actividades, darán seguridad a la propia existencia, ya que en la separación hay una momentánea sensación de pérdida de la finalidad de la vida.

Después de analizar la manera en que l@s hij@s viven el divorcio de sus padres, se debe observar cómo es que experimentan este evento sus protagonistas, hombres y mujeres. MUJERES Y HOMBRES FRENTE A SU DIVORCIO

Satir (1995) dice que en el hombre, además del dolor predomina el orgullo. Toda su masculinidad se siente disminuida y burlada. El ―cómo puede ocurrirme esto a mí‖, es la expresión más comúnmente usada, como si fuera increíble el hecho, pues la costumbre en todas las culturas es que la mujer sea la repudiada, abandonada o rechazada en determinadas circunstancias.

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Así es que en casos de abandono, la mujer se queja pasivamente y adopta la actitud de víctima que es la única que le permite la sociedad (Lemaire, 1986). Esto puede ser el remanente de una dinámica familiar en la que la mujer solamente vivió sometimiento y tolerancia frente a la prepotencia y preponderancia masculinas, así como de la identificación con una madre aparentemente sometida y sufriente. Como se observa, las relaciones de poder, dependencia y sometimiento, hablan de la necesidad del análisis desde la perspectiva de género en el presente estudio, para comprender las causas probables acerca de la factibilidad de la separación o no a partir de las construcciones sociales con respecto a la idea del divorcio.

Esto, a su vez, determinará el discurso desde la pareja disuelta hacia l@s hij@s para manejar el tema del divorcio, con la probable tendencia a la recursividad en la construcción familiar-social ante la idea del mismo, heredando a la progenie las actitudes hacia éste.

REACCIÓN DE LA PAREJA QUE SE DIVORCIA FRENTE A SUS HIJ@S

Es evidente que existen muchas clases de matrimonio y de igual forma diversas maneras de acceder al divorcio. Como señalan Kaslow y Hyatt (1988), la actitud de los padres es fundamental. Si estos permanecen fijados en el proceso de divorcio, si continúan sus peleas, L@s niñ@s se sentirán obligad@s a cuidar del padre o la madre perturbad@s, se ven obligad@s a tomar partido y a defender a un@ u otr@. Si el proceso se da de forma diferente, L@s niñ@s estarán más libres y liberados para vivir la situación y aprender a enfrentarse a las exigencias de la vida.

Sandoval (1990) opina que la pareja debe actuar de acuerdo con la fase de desarrollo familiar en la que ocurra la separación, es decir, la edad de l@s hij@s y el tiempo que tenga la unión.

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1a. Cuando una pareja se une tratando de formar un todo. 2a. Cuando nace el primer hijo o hija.

3a. Cuando se inicia la separación e individuación de l@s hij@s por la escuela u otros objetos.

4a. Cuando llegan a la adolescencia y la juventud de l@s hij@s. 5a. Cuando la pareja inicial queda sola.

Primera fase:

El hombre y la mujer inician la unión tratando de fundar las bases de un sistema familiar que desean construir características e ideales propios, creando un mundo distinto a lo desconocido. Desde luego, esto es una utopía; pero los esfuerzos de ambos van encaminados a conseguir dicho fin; e imitarán, repetirán (a su pesar) los modelos aprendidos. Sólo que en esta fase hay amor, esperanza, el descubrimiento de uno y otro. Si la separación ocurriera entonces habría dolor en ambos, sobre todo ante la verdad sorpresiva de que nunca hubo matrimonio. Lo más importante es que no habría terceros que sufrieran las consecuencias (Sandoval, 1990).

Segunda fase:

Cuando l@s hij@s hacen su aparición en el nuevo sistema, las condiciones de la pareja varían, las metas se amplían, hay para y por quién vivir. Si la separación se diera cuando l@s hij@s son muy pequeños, el futuro se vuelve amenazante, sobre todo para la mujer que, por ley, en nuestro país, debe tener la custodia de éstos hasta que hayan cumplido los siete años como mínimo. Se acentúa en ella el sentimiento de soledad, pues ahora más que nunca hace falta la asistencia mutua en una tarea tan compleja como es la de lograr el desarrollo óptimo de los pequeños.

Sin embargo, como se ha llegado al divorcio porque de alguna manera las expectativas de l@s cónyuges no han sido llenadas y el mutuo apoyo en la vida diaria ha fallado, es casi imposible un avenimiento (Sandoval, 1990).

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A pesar de que el divorcio puede ser la mejor opción en muchos casos, no se puede hacer a un lado el aspecto negativo que puede surgir.

En las mujeres es frecuente el temor ante el futuro y responsabilidad que suponen l@s hij@s; miedo de no poder cubrir las necesidades básicas de los vástagos y rabia por estar solas en estas tareas que necesitan del concurso de dos para llevarlas a buen término. En ocasiones suele ser tanto el enojo que sienten por el compañero que las abandona como por el/la hij@ que tan tempranamente las coloca ante una situación que no imaginaron al casarse.

Por su parte, el hombre también siente frustración y enojo, y si bien la distancia o el distanciamiento de l@s hij@s pueden serle favorables para su recuperación, a veces constituye una verdadera desventaja. Estará privado del privilegio de verlos crecer a su lado, de tener su compañía y disfrutar sus logros. En la mayoría de los casos, el hombre se queda solo y sin hogar, sin compañera, sin hij@s y con la responsabilidad económica de sostener algo que ni siquiera disfruta.

Tercera fase:

Se presenta cuando l@s hij@s empiezan a alejarse y establecen sus propias relaciones, sin dejar de apoyarse en el hogar ni en la seguridad que éste les da.

Así, conforme l@s niñ@s establecen relaciones con la escuela, compañer@s e intereses intelectuales y de grupo, empieza su proceso de independencia, que a veces resulta amenazante para l@s progenitor@s porque lo viven como el inicio de una pérdida que visualizan como total (Sandoval, 1990).

Cuarta fase:

En la adolescencia, normalmente se presenta una crisis de identidad cuando el/la individu@ se enfrenta a tres preguntas: ¿Quién soy?, ¿qué soy? y ¿para dónde voy?

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Aparece el miedo a nuevas circunstancias y la ansiedad ante peligros simbólicos y reales (soledad, estar consigo mismo).

Por otra parte, el/la adolescente transfiere a su entorno las experiencias sufridas, especialmente en el ámbito escolar. De ahí los frecuentes fracasos en este medio, porque los problemas de identidad aumentan cuando hay que definir y seleccionar papeles futuros. Dentro de este contexto, la crisis de identidad del adolescente se agrava, ya que su orden social y familiar se está desintegrando, y al estar entrando al clímax de su potencia y vitalidad tampoco sabe qué hacer con estos nuevos elementos que, más que ayudarle, le estorban porque le plantean nuevas metas y responsabilidades.

Desde luego, no se debe afirmar que todos los casos sean tan dramáticos. El ser humano tiene tal tendencia a la salud que salta estas dificultades y logra finalmente un desarrollo más o menos armónico (Sandoval, 1990).

LA SOCIEDAD FRENTE AL DIVORCIO

Caruso (1987) dice que la posición que la sociedad asume frente al divorcio es de rechazo abierto ambivalente: o manifiesta una hipócrita aceptación o una indiferencia, que no es sino la negación de un hecho que impacta. Estas contradictorias actitudes tienen un sólo origen: el miedo a la separación.

Por otra parte, continúa el mismo autor, aquellos que se divorcian nos enfrentan al temor de abandono que, consciente o inconscientemente, alguna vez hemos sentido y desechado por lo amenazante que puede llegar a ser la sola idea. Nos encaran también con el fantasma de la soledad que, aparte de la muerte y la locura, es lo que más teme el ser humano. La pérdida de la pareja en otros nos hace temer la incapacidad de conservar la nuestra pero, también ambivalentemente, despierta la envidia hacia lo que el/la ―valiente‖ divorciad@ se ha atrevido a hacer. De ahí surgen el rechazo a la separación y el temor a la segregación de que se hace objeto a quienes la llevan a cabo, porque son una amenaza para lo establecido por la mayoría, además de tambalear la base de la sociedad que es la familia.

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Lemaire (1986) hace una reflexión en cuanto a que l@s divorciad@s hacen grupo aparte; evocan imágenes dolorosas, se preguntan ―¿Por qué ocurre esto? Tal vez porque sentirnos sol@s es sentirnos mutilad@s; llevar a cuestas la sombra del/la otr@ que creímos nos