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Dos clases de profecía acerca del Mesías

LA MISIÓN DEL MESÍAS

C. Dos clases de profecía acerca del Mesías

Si la muerte de Jesús en la cruz no era esencial para el cumplimiento de su misión mesiánica, entonces, ¿por qué predijo Isaías 53 el sufrimiento y la muerte del Mesías? Pero hay otras profecías en la Biblia sobre la venida del Mesías, las cuales profetizan que él vendrá como el Hijo de Dios y el rey de reyes, y que realizará el reino de los cielos en la tierra. Estas profecías aparecen en Isaías 9, 11 y 60, en otros versículos del Antiguo Testamento, y en Lucas 1:31-33.

Dios creó a los primeros antepasados humanos para crecer hacia la perfección cumpliendo con su porción de responsabilidad. Dios sabe que la humanidad puede cumplir su responsabilidad, como El quiere, o por el contrario, puede dejar de cumplirla. Respecto a la venida del Mesías, entonces, fue necesario que Dios diera dos clases de profecía acerca de la realización de Su voluntad.

Es la responsabilidad de Dios enviar al Mesías, pero es nuestra responsabilidad creer en él. Los israelitas, desgraciadamente, porque no aceptaron a Jesús, no cumplieron su responsabilidad. Ellos no realizaron las profecías principales de Dios para la venida del Mesías, las que están en Isaías 9, 11 y 60, y en Lucas 1:31-33, sino que al contrario, llevaron a cabo las profecías alternativas, o

secundarias, en Isaías 53, del Mesías sufriente.

IV. JUAN EL BAUTISTA Y EL RETORNO DE ELÍAS

A. El Mesías y Elías

Hay que considerar cierto tema de importancia en la providencia de Dios referente a la razón por la cual Jesús fue crucificado. Dios repetidamente había profetizado a la gente elegida acerca de la venida del Mesías, y la gente elegida lo anhelaba y deseaba la realización de la promesa de su venida. ¿Por qué enviaría Dios al Mesías de tal manera que la gente elegida no pudiera reconocerlo? ¿Fue la voluntad de Dios que no reconocieran ni recibieran al Mesías? O, ¿es que la gente falló en

reconocerlo a pesar de la clara indicación que Dios les había dado de cómo iba a venir?

Para encontrar las respuestas a estas preguntas, primero examinemos la segunda venida de Elías. En Malaquías, el último libro de profecías del Antiguo Testamento, dice: He aquí que yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible. (Malaquías 3:23)

El día "grande y terrible" a que se refiere Malaquías es el tiempo de la venida del Mesías, de donde se deduce que antes de que el Mesías venga, Elías tiene que retornar.

Elías fue un gran profeta de Israel que vivió novecientos años antes de Jesús. Está escrito que él ascendió al cielo en un carro de fuego (II Reyes 2:11). El anhelo de los israelitas por el Mesías estaba intensamente enfocado, en realidad, en la venida del profeta Elías. Aunque el Antiguo Testamento no predijo claramente cuándo vendría el Mesías, indicó claramente que Elías le precedería.

Bajo estas circunstancias apareció Jesús, proclamándose el Mesías. La gente judía lo vio,

simplemente, como un hombre joven de Nazaret, pero Jesús les sorprendió, diciéndoles que él era el Hijo de Dios. Ellos, todavía sin haber oído ninguna noticia de la llegada de Elías, se preguntaban: "¿cómo podría ser Jesús de Nazaret el Hijo de Dios?"

Cuando los discípulos de Jesús salían a hablar a la gente de Israel para dar testimonio de Jesús, la gente desafiaba a ellos. Les preguntaba a los discípulos dónde estaba Elías, y les hacía recordar que, según la sagrada escritura, Elías debería preceder al Mesías. Entonces los discípulos, volviendo a Jesús, le preguntaron a él: "¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?" (Mateo 17:10)

Jesús replicó: "Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron." .... Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista (Mateo 17:11-13).

Jesús, entendiendo el significado de la importante pregunta de los escribas, indicó que Juan el Bautista era la segunda venida de Elías, aunque bien sabía que la gente no podría aceptar esto fácilmente. Por eso, añadió: "Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir" (Mateo 11:14) Los discípulos de Jesús podían creer sus palabras, pero ¿podrían llegar a creerlas los israelitas? Juan el Bautista no solamente no vino directamente del cielo, como los israelitas creían que Elías vendría, sino que también él mismo negó su misión como el Elías (Juan 1:21).

La situación había llegado a tal punto que era difícil saber a quién se debería creer. Jesús dijo que Juan el Bautista era el Elías a quien la gente había estado esperando tanto tiempo, mientras que Juan mismo lo negó. ¿A quién creería la gente de Israel? Naturalmente, dependería de cómo veía a estos dos hombres.

¿Cómo les parecía Jesús a los israelitas de su tiempo? Jesús era un joven desconocido, criado en la casa de un humilde carpintero. A los ojos de ellos, Jesús tenía una falta de experiencia en asuntos espirituales, y fue conocido como alguien que estaba aboliendo la ley (Mateo 5:17), como un comilón y un borracho (Mateo 11:19), y como un amigo de publicanos y pecadores. No obstante, Jesús se proclamaba el señor del sábado" (Mateo 12:8), poniéndose a la altura de Dios (Juan 14:9- 11) y diciendo a la gente que tenían que amarlo a él más que a cualquier otro (Mateo 10:37). Por eso, los líderes de los judíos llegaron a la opinión de que Jesús estaba obrando por el poder de Beelzebul, el Príncipe de los demonios (Mateo 12:24).

En cambio, ¿cómo veían los israelitas de aquel tiempo a Juan el Bautista? Juan era el hijo de una familia principal, y los milagros que rodearon su concepción y nacimiento fueron conocidos por todo el país (Lucas 1:5-66). Cuando fue mayor, él vivía de langostas y miel en el desierto, y así, a los ojos de ellos, llevaba una vida ejemplar como un hombre de fe. En realidad, Juan era tan altamente

estimado que aun los sumos sacerdotes, así como la gente común, preguntaban si él era el Mesías (Lucas 3:15, Juan 1:20). Bajo estas circunstancias, la gente de Israel estaba dispuesta a creer más en Juan el Bautista que en Jesús.

Ya sabemos que Jesús decía que Juan era Elías, mientras que Juan lo negaba. La gente decidió que las palabras de Jesús no eran dignas de confianza. Pensaron que Jesús decía que Juan era el Elías solamente para hacer creíbles sus declaraciones acerca de sí mismo.