Dιὸ καὶ φυσικὰ δοκεῖ εἶναι ταῦτα, καὶ φύσει σοφὸς μὲν οὐδείς, γνώμην δ' ἔχειν καὶ σύνεσιν καὶ νοῦν. σημεῖον δ' ὅτι καὶ ταῖς ἡλικίαις οἰόμεθα ἀκολουθεῖν, καὶ ἥδε ἡ ἡλικία νοῦν ἔχει καὶ γνώμην, ὡς τῆς φύσεως αἰτίας οὔσης. [διὸ καὶ ἀρχὴ καὶ τέλος νοῦς· ἐκ τούτων γὰρ αἱ ἀποδείξεις καὶ περὶ τούτων.] ὥστε δεῖ προσέχειν τῶν ἐμπείρων καὶ πρεσβυτέρων ἢ φρονίμων ταῖς ἀναποδείκτοις φάσεσι καὶ δόξαις οὐχ ἧττον τῶν ἀποδείξεων· διὰ γὰρ τὸ ἔχειν ἐκ τῆς ἐμπειρίας ὄμμα ὁρῶσιν ὀρθῶς357 1.INTRODUCCIÓN
Los anteriores capítulos han mostrado la pertinencia de la razonabilidad práctica en lo que se refiere a dos problemas principales: la “fundamentación”358 de la ética, y en su nombre el obrar moral; y el desarrollo de las ciencias del hombre. Lo que alentó el abordaje de la comprensión aristotélica de la razonabilidad práctica fue el carácter problemático de la génesis y el desarrollo de las ciencias del hombre (capítulo I). Allí se vio cómo el apoderamiento del positivismo para la realización efectiva de dichas ciencias despertó una conciencia crítica (como movimiento emancipatorio) y práctica (como nuevo criterio racional orientativo del obrar humano), la cual, en su respuesta, acudió al intento de rehabilitación de la filosofía práctica aristotélica para denunciar la insuficiencia de una racionalidad instrumental, propia del positivismo, en su pretensión de desarrollar
357 “Ésta es también la razón de que estas facultades parezcan naturales, y de que, mientras nadie es sabio
por naturaleza, uno tiene por naturaleza juicio, entendimiento e intuición. Señal de ello es que creemos que estas facultades acompañan a ciertas edades, y que tal edad tiene intuición y juicio, como si la naturaleza fuera la causa de ellas. En consecuencia uno debe hacer caso de las aseveraciones y opiniones de los experimentados, ancianos y prudentes no menos que de las demostraciones, pues ellos ven rectamente porque poseen la visión de la experiencia”. EN.1143b,6-14.
358 Este término es un tanto delicado, pues a menudo se interpreta como si designase una instancia
metafísica explicativa del origen de todas las cosas, dentro de un horizonte ontológico. No es esto lo que se quiere dar a entender con la palabra “fundamentación”, ya que ha quedado claro, de diversas maneras y a lo largo de este trabajo, que la razonabilidad práctica no parte de presupuestos metafísicos (ideales) para la comprensión del obrar moral. Es justamente lo contrario: la razonabilidad práctica aparece como una crítica a cualquier tipo de ética normativa que presuponga una fundamentación metafísica (ideal). Si se habla aquí de “fundamentación” es porque el término es problemático. El intento de responder si se puede mencionar dicho término con propiedad se desarrollará a lo largo del presente capítulo.
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las ciencias del hombre. Con dicha denuncia aparece la figura de la pr£xij por oposición a la po…hsij en la justificación del obrar moral. Así, se vio en esta figura lo propio del modo de ser de la razonabilidad práctica que, por ser esencialmente social, es pertinente para el abordaje de la problemática del posible estatuto epistemológico y metodológico de las ciencias del hombre. Esta exposición de la razonabilidad práctica implicó, necesariamente, la indagación de lo propio de su peculiar modo de ser (capítulo II). Para tal efecto, se analizó su carácter estructural (exigencias básicas de la razonabilidad práctica) y su situación aporética (el carácter problemático de la razonabilidad práctica desde sus tres aporías). Con estos dos análisis se llegó a la conclusión de que hay, ciertamente, una mala comprensión de la razonabilidad práctica cuando se afirma, idealmente, que ésta es completamente particular; una situación desafortunada que puede llevar a esta forma peculiar de la razón o bien al mero relativismo, o bien al normativismo (campo normativo universal). Para salvar a la razonabilidad práctica de caer en uno de estos dos polos y asegurar su puesto en el término medio, fue necesario remitirse directamente a su génesis: el análisis de los pasajes más relevantes de la Ética Nicomáquea de Aristóteles (capítulo III). Allí se vio, con claridad y de diversas maneras, la preeminencia de la recta razón (orqÒj lÒgoj) como el eje fundamental de la razonabilidad práctica. A lo largo del análisis de los distintos ejes temáticos se evidenció el carácter peculiarmente universal de la recta razón; peculiar en tanto se trata de una universalidad capaz de realizarse, necesariamente, en lo particular de las acciones en concreto, sin agotarse ella misma ni desconocerse (alienarse).
Ahora bien, la breve recapitulación anterior se hace para dar cuenta del porqué del propósito del presente y último capítulo. Como se habrá podido observar, cada uno de los capítulos anteriores apareció como un intento de respuesta a la problemática planteada por el precedente. El primer capítulo, desde luego, surgió a partir de la problemática como tal: si el positivismo es suficiente o no para desarrollar las ciencias del hombre. Dicha consideración trajo, como consecuencia, una respuesta desde el pensamiento crítico y práctico, que se traduce en la variedad de elementos vistos hasta el momento: las dicotomías pr£xij\po…hsij, necesidad\contingencia, particular\universal, relativismo\normativismo, razonabilidad práctica\razón instrumental. Los análisis en torno a lo propio de la razonabilidad práctica han arrojado, en resumen, un elemento transversal a las dicotomías: la recta razón y su carácter peculiarmente universal.
Empero, podría decirse, a modo de objeción, que a lo largo del presente trabajo que inició con una consideración en torno a la problemática de las ciencias del hombre y el positivismo, dicho estudio se ha ido difuminando hacia cuestiones más “particulares”, más propias del hombre individual359 y, por lo tanto, ajenas a realidades sociales que tienen que ver con las ciencias del hombre. En respuesta a ello, vale la pena recordar cómo en cada capítulo se argumentó la relación estrictamente esencial de la razonabilidad práctica con las realidades sociales y, en consecuencia, con las ciencias del hombre. La forma argumentativa alcanzó una de sus mayores expresiones en los apartados dedicados a H. Arendt y H. Gadamer en la segunda parte del capítulo I, y en los ejes temáticos dedicados al aspecto político de la razonabilidad práctica en la Ética Nicomáquea en el capítulo precedente. Justamente el carácter indisoluble de la relación entre la
359 Se podría incluso decir que el análisis de la razonabilidad práctica, y en su nombre la recta razón, se
refiere, únicamente, a cuestiones estrictamente relacionadas con el recto obrar, con una instancia meramente ética y ajena al concepto propio de ciencia, sea cual sea la acepción (ciencia físico- matemática, ciencias del hombre).
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razonabilidad práctica y las realidades sociales fue lo que autorizó la puesta en marcha de todo lo que se ha desarrollado hasta el momento.
Pues bien, dejando a un lado la objeción superada, ha de indicarse que la recta razón, como elemento transversal a las dicotomías, se perfila como el candidato óptimo para intentar responder a las cuestiones problemáticas que han ido surgiendo a lo largo de este trabajo. Entre estas cuestiones, las dos que más competen al desarrollo del objetivo de este capítulo son: cómo se realiza lo universal en lo particular y si acaso puede la razonabilidad práctica “fundamentar” el desarrollo de las ciencias del hombre. En caso de que no sea posible lo segundo, entonces se intentará responder qué papel cumple ésta en el desarrollo de aquellas.
Con la finalidad de hacer más comprensible las relaciones entre el positivismo (racionalidad instrumental), la razonabilidad práctica y las ciencias del hombre, se recordará, sintética y brevemente, los rasgos constituyentes de la forma problemática que ha atravesado a toda la indagación hecha hasta el momento. Dichos rasgos son:
a. El positivismo, al considerar toda proposición científica desde un análisis meramente descriptivo no puede, por ello mismo, ofrecer una indicación imperativa moral; y si lo hiciere sería todavía peor, pues aparecería la obligatoriedad moral como el producto de un “deber”, obediente a unas leyes universales y fijas de la razón práctica (Kant360). De esto se sigue que el análisis meramente descriptivo no tiene la fuerza crítica para valorar prácticamente la realidad contingente, una realidad que, como se ha visto, consiste en ser un constructo social (Teoría Crítica); de modo que el solo hecho de hablar de una instancia meramente descriptiva propia del positivismo es, de por sí, un idealismo traducido en un realismo ingenuo. Con esto se recuerda, además, que no hay ciencia, ni físico-matemática ni del hombre, que se desarrolle al margen de la realidad social.
b. La fundamentación teórica presupone una predeterminación rigurosa para todo obrar moral en toda circunstancia, lo cual contrasta fuertemente con la necesidad inmediata de la acción, una acción que, por cierto, es contingente y por ello mismo puede escapar a una metodología fija y estable.
c. El conocimiento teórico es un saber que versa sobre lo general. El error categorial aparece cuando se confunde este saber con el saber moral, aniquilando la peculiaridad del segundo. El saber moral, por lo tanto, no puede ni debe estar por completo fundamentado teóricamente, pues la totalidad de la fundamentación no le permite ver al saber moral las determinaciones particulares de la acción. d. La labor positivista, en su afán por el apoderamiento de lo propio de la acción humana, instrumentaliza a la pr£xij. ¿Y cuál es el resultado? Que la acción humana se desconoce a sí misma, enajenándose y sirviendo como un mero medio para un fin distinto de ella misma. En consecuencia, el hombre no se realiza a sí
360 Se debe recordar que a Kant, al considerar las cuestiones metafísicas como irresolubles para la razón
pura, no le queda otro remedio que el justificar los ideales de la razón desde una razón práctica, como único medio para darles una realidad objetiva. Así, aparecen dicho ideales como productos de la razón pura, esto es, que el apartado moral aparece, según Kant, estrechamente ligado a una razón pura; algo que ciertamente desconcierta, pues se trata de una ética estrictamente universal que prescribe una serie de leyes y normas que, dada su rigurosa universalidad, no son capaces de reconocer la realidad contingente de las acciones humanas, haciendo de esta ética, en última instancia, una ética inhumana.
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mismo, no llega a su plenitud, pues el agente no es principio y fin de la acción sino sólo su medio. En este punto es necesario recordar vehementemente la importancia del carácter plurisignificativo de la razón, pues éste permite una visión diversificada de su sentido: ya no se trata únicamente de una razón instrumental sino también de una razonabilidad práctica que se le opone y reclama lo suyo: la acción humana.
e. La fundamentación teórica del obrar moral es objetivante, esto es, resta o, más bien, incluso aniquila al sujeto de las formas morales y prácticas. Ya no hay un sujeto que se realiza en la acción, sino un instrumento que se deshumaniza en la medida en que objetiva a la acción para una finalidad distinta de él mismo. En suma, ya no es el hombre el agente de sus propias acciones, sino un instrumento al servicio de unas operaciones (¡ya no acciones!) que le son ajenas a su propia formación. El hombre ya no es lo que hace, porque ya no hace; y si esto se mira con un poco de tragedia, ya no se puede hablar de humanidad, sino de un complejo proceso de mecanismos y operaciones.
Así pues, con la exposición de estos elementos rememorativos, se procederá a la exposición y defensa de la tesis del carácter universal de la razonabilidad práctica; y, en su nombre, la recta razón, para la resolución, si es que es posible, de las cuestiones ya planteadas a lo largo del presente trabajo.
2.CONSIDERACIONES PRELIMINARES EN TORNO A LA EXPOSICIÓN DE LA POSTURA UNIVERSALISTA
La idea de una universalidad propia de la razonabilidad práctica tiene, como es de esperarse, un origen histórico; una situación que supone una espada de doble filo, pues por una parte señala y valida, desde el lenguaje, la labor hermenéutica de la reconstrucción del sentido361, pero por otra parte queda sujeta a ciertas críticas emitidas por posturas relativistas y particularistas en torno a la misma razonabilidad práctica. Así pues, es evidente que dentro del campo hermenéutico hay cabida para posturas interpretativas de incluso polos opuestos (particular\universal). Entonces, queda la pregunta ¿cuál postura tiene la razón? A lo largo de este trabajo se ha mostrado, de varias maneras, lo problemático que es el ubicar a la razonabilidad práctica tanto en el relativismo como en lo estrictamente universal (campo normativo universal\éticas normativas). De modo que lo que se busca es defender una postura universalista de la razonabilidad práctica, y en su nombre la recta razón bajo la figura del lÒgoj universal, sin que esto signifique, en absoluto, un universalismo estricto. Por eso se habla aquí de una universalidad peculiar, tan peculiar como el modo de ser de la razonabilidad práctica misma.
Se ha llegado a esta postura universalista por dos vías: la primera se ha construido a lo largo de las diversas indagaciones fruto del examen y análisis de la razonabilidad práctica (los anteriores capítulos); la segunda aparece en la búsqueda dentro de la
361 ¿Cómo? ¿Cómo me liga lo que liga el sentido al sentido? Al asimilarme a lo dicho, el movimiento que
me arrastra hacia el sentido segundo me convierte en partícipe de lo que se me anuncia. La semejanza en que reside la fuerza del símbolo y de la que extrae su poder revelador no es en efecto un parecido objetivo, que yo pueda considerar como una relación expuesta ante mí; es una asimilación existencial de mi ser al ser según el movimiento de la analogía. P. Ricoeur, Freud: una interpretación de la cultura, p. 32.
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discusión filosófica misma en torno a la rehabilitación de la filosofía práctica, en cuyo escenario surgen posturas tanto particularistas (relativistas) como universalistas. Pues bien, es evidente que la tesis próxima a exponer está del lado de la postura universalista, específicamente en consonancia con el pensamiento aristotélico del filósofo francés Pierre Aubenque. Con base en estas dos vías se desarrollará la tesis universalista de la razonabilidad práctica.
3.EL CARÁCTER HERMENÉUTICO-DIALÉCTICO DE LA REALIZACIÓN DE LO