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COMO ESCENARIO EN EL QUE SE DETERMINAN LAS VIRTUDES Y LOS VICIOS

3.8 S OBRE LA NATURALEZA DE LA FrÒnhsij

La prudencia no podrá ser ni ciencia ni arte: ciencia, porque el objeto de la acción puede variar; arte, porque el género de la acción es distinto del de la producción. Resta, pues, que la prudencia es un modo de ser racional verdadero y práctico, respecto de lo que es bueno y malo para el hombre. Porque el fin de la producción es distinto de ella, pero el de la acción no puede serlo; pues una acción bien hecha es ella misma el fin.

οὐκ ἂν εἴη ἡ φρόνησις ἐπιστήμη οὐδὲ τέχνη, ἐπιστήμη μὲν ὅτι ἐνδέχεται τὸ πρακτὸν ἄλλως ἔχειν, τέχνη δ' ὅτι ἄλλο τὸ γένος πράξεως καὶ ποιήσεως. λείπεται ἄρα αὐτὴν εἶναι ἕξιν ἀληθῆ μετὰ λόγου πρακτικὴν περὶ τὰ ἀνθρώπῳ ἀγαθὰ καὶ κακά. τῆς μὲν γὰρ ποιήσεως ἕτερον τὸ τέλος, τῆς δὲ πράξεως οὐκ ἂν εἴη· ἔστι γὰρ αὐτὴ ἡ εὐπραξία τέλος343.

340 Cursivas enfáticas puestas por el autor del texto. “Ver en una situación dada” significa precisamente

hacer un uso recto de la razón práctica que comprende (ve) lo particular en la situación dada.

341 Gadamer, Verdad y Método, p. 394.

342 Si un hombre, en un momento de intensa ira, mata “accidentalmente” a otro hombre, ¿lo hizo

deliberadamente a propósito? Cuando sucede algo así, ¿no se suele decir: “el hombre estaba fuera de sí” o “no estaba en sus cabales”? ¿Requirió algún saber el hombre que mató “accidentalmente”? ¿No fue acaso algo instintivo e inmediato, sin previa reflexión? ¿Estos tipos de “actos” no son los propios de un animal irracional, una bestia? Ciertamente sería desacertado afirmar que este hombre se conocía a sí mismo cuando ocurrió el “accidente”, pues estaba dominado por la dialéctica de la pasión.

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Aristóteles distingue claramente entre acción (πράξεως) y producción (ποιήσεως). El punto de partida de tal distinción es la relación necesidad – contingencia. Y la acción encuentra su lugar en el campo de la contingencia. Por esto dice Aristóteles que no hay deliberación sobre lo necesario344; y puesto que la acción versa sobre lo contingente, allí hay lugar para ésta. Por este motivo, en relación con la acción, la prudencia se manifiesta desde un modo de ser racional verdadero y práctico (ἕξιν ἀληθῆ μετὰ λόγου πρακτικὴν), en relación con lo bueno y malo para el hombre; pues el mundo de los asuntos humanos por ser práctico se refiere a la acción que, por naturaleza, es contingente.

Que la prudencia verse sobre lo contingente explica por qué es tan complicado dar con el bien en un primer intento; pues en la deliberación se reflexiona sobre situaciones que pueden ser de otra manera y que pueden, por lo tanto, variar durante el transcurso entre la decisión y la acción. Con esta apreciación queda de manifiesto que no es posible desligar la prudencia de una cierta forma particular de experiencia:

La experiencia moral es, constitutivamente, experimento. Kant expresa lo mismo con otras palabras: en la praxis humana, dice, la necesidad de decidirse excede las posibilidades de conocer. Por eso, el hombre experimentado en el sentido de la praxis propiamente humana es un hombre escarmentado. La decisión escarmentada es la prudencia, pero el escarmiento no cesa nunca; si no, la recta ratio podría dejar de ser lo que es, es decir: prudente. El hombre es el único animal que puede caer no sólo dos veces sino muchas veces en el mismo foso y a veces en su misma trampa345.

Si la decisión escarmentada es la prudencia, entonces ésta es esencialmente práctica, pues, como ha quedado claro, lo práctico es contingente. Esto significa que la prudencia, como expresión de la experiencia práctica, es siempre susceptible de perfectibilidad, pues difícilmente se puede dar con el blanco en un primer intento. La prudencia es tal porque aprende de los errores, y éstos existen porque hay contingencia. No hay una prudencia al margen de lo contingente. La prudencia es experiencia práctica perfectible. En definitiva, lo que permite la perfectibilidad es lo contingente; y esta perfectibilidad es la imagen efectiva de una experiencia práctica acumulada, lo que permite comprender, un poco más, cómo es posible reconocer lo bueno y lo conveniente en lo particular, pues se podría incluso afirmar que la posible universalidad de la recta razón, y en su nombre la prudencia, se constituye, se construye, como fruto de la experiencia práctica acumulada. Ahora, sobre la base de esta argumentación, queda la duda sobre si la particularidad de las situaciones antecede a la universalidad misma de la recta razón. La respuesta a esta duda estará por verse hacia el final del presente trabajo.

En la contingencia el hombre prudente, en tanto actúa de acuerdo con un modo de ser racional práctico y verdadero, puede reconocer lo que es malo y bueno para él y los demás. El prudente que actúa conforme a la recta razón sabe poner los medios adecuados para un buen fin. Tal reconocimiento es el propio de una verdad práctica en tanto está en conformidad con la recta razón. Y la relación entre verdad práctica y recta razón radica en la finalidad inherente a la acción misma, como su principio y fin; esto es, que la recta razón señala unos medios que han de ser puestos como los fines mismos. En el campo de la pr£xij la relación entre medios y fines es de identidad (ἔστι γὰρ αὐτὴ ἡ εὐπραξία τέλος). Esta característica de la pr£xij señala el carácter peculiar de la razón práctica, la cual no pone unos medios distintos de los fines, lo que sí hace una razón instrumental.

344 οὐδεὶς δὲ βουλεύεται περὶ τῶν μὴ ἐνδεχομένων ἄλλως ἔχειν. EN. 1139a,13-14. 345F. Inciarte, “Moralidad y sociedad en la filosofía práctica de Aristóteles”, p. 13.

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3.8.1LA RELACIÓN ENTRE RECTA RAZÓN Y FrÒnhsij

Todos los hombres que ahora dan una definición de la virtud, después de indicar el objeto a que tiende, añaden: “según la recta razón” y es recta la que está de acuerdo con la prudencia. Parece, pues, que todos, de alguna manera, adivinan que tal modo de ser es virtud, es decir, la que es conforme a la prudencia. Pero debemos avanzar un poco más, ya que la virtud no sólo es un modo de ser de acuerdo con la recta razón, sino que también va acompañada de la recta razón, y la recta razón, tratándose de estas cosas, es la prudencia. καὶ γὰρ νῦν πάντες, ὅταν ὁρίζωνται τὴν ἀρετήν, προστιθέασι, τὴν ἕξιν εἰπόντες καὶ πρὸς ἅ ἐστι, τὴν κατὰ τὸν ὀρθὸν λόγον· ὀρθὸς δ' ὁ κατὰ τὴν φρόνησιν. ἐοίκασι δὴ μαντεύεσθαί πως ἅπαντες ὅτι ἡ τοιαύτη ἕξις ἀρετή ἐστιν, ἡ κατὰ τὴν φρόνησιν. δεῖ δὲ μικρὸν μεταβῆναι. ἔστι γὰρ οὐ μόνον ἡ κατὰ τὸν ὀρθὸν λόγον, ἀλλ' ἡ μετὰ τοῦ ὀρθοῦ λόγου ἕξις ἀρετή ἐστιν· ὀρθὸς δὲ λόγος περὶ τῶν τοιούτων ἡ φρόνησίς ἐστιν346.

La virtud no sólo es un modo de ser de acuerdo con la recta razón (ἔστι γὰρ οὐ μόνον ἡ κατὰ τὸν ὀρθὸν λόγον), sino que va acompañada de ésta (ἀλλ' ἡ μετὰ τοῦ ὀρθοῦ λόγου ἕξις ἀρετή ἐστιν); y la recta razón es la prudencia (ὀρθὸς δὲ λόγος ἡ φρόνησίς ἐστιν). Así, se entiende que la prudencia no es virtud sino la recta disposición para la ejecución de las virtudes de acuerdo con la razón.

El hecho de que Aristóteles indique que la virtud no sólo es un modo de ser de acuerdo con la recta razón, sino acompañada de ésta, es un claro indicio de que la razón práctica se realiza y llega a su cumplimiento en el ejercicio efectivo de la prudencia. Por esto el Estagirita equipara la recta razón con la prudencia (ὀρθὸς δὲ λόγος περὶ τῶν τοιούτων ἡ φρόνησίς ἐστιν). Parece ser que la prudencia es la expresión de la recta razón que encuentra su conformidad en la realización de la experiencia.

Que Aristóteles señale que la virtud no sólo es un modo de ser conforme a la recta razón, sino que va también acompañada de ésta, es un indicio que muestra el carácter particular y práctico de la recta razón (como φρόνησιj). En efecto, la recta razón en tanto práctica se desarrolla en lo particular de las situaciones. Por eso se dice “acompañado de recta razón”. Luego, la forma peculiar de razón aquí indagada es una cierta recta razón (o φρόνησιj).