COMO ESCENARIO EN EL QUE SE DETERMINAN LAS VIRTUDES Y LOS VICIOS
4. L A UNIVERSALIDAD PECULIARMENTE PARTICULAR DE LA RAZONABILIDAD PRÁCTICA
A lo largo del análisis de los ejes temáticos anteriormente expuestos predominó la idea de una forma peculiar de la razón, diferente de aquella que compete a lo productivamente predeterminado, cuya mezcla entre tecn» y epist»mh (lo contingente- necesario) se refiere a la mera producción. La racionalidad que se implica con lo productivo, desde una perspectiva aristotélica, es una racionalidad que establece unos estándares de producción (po…hsij) predeterminados y fijos, invariables, generalizables y aplicables a toda forma de desarrollo productivo (o científico en el caso de la época contemporánea). Comprender esto es clave para dar paso a la comprensión de la forma peculiar de la razonabilidad expuesta en este trabajo: Aristóteles resalta en cada uno de los apartados examinados una razonabilidad referente a las acciones humanas (pr©xij), las cuales versan sobre lo particular y contingente; luego no se puede aplicar una racionalidad generalizada, anticipada, fija y predeterminada a la acción misma, sería un error categorial. No obstante, el ideal de encontrar una forma rigurosa para determinar la racionalidad concerniente a las acciones humanas se pasa por alto tal error:
“Es el ideal de un saber riguroso, objetivo, universal, neutro guiado y controlado por el método. Se sigue, como ha subrayado Gadamer, que incluso las experiencias extra- metódicas de la verdad como el arte, la historia, la moral, la política son re(con)ducidas
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al horizonte de un saber metódico y científico. El saber que orienta la moral, la ética, las moral sciences se convierte entonces en el saber neutro de las ciencias del espíritu, de las ciencias de la cultura o del hombre. Su consideración del obrar se conforma al ideal de la objetividad y la universalidad descriptiva del saber científico; la consideración práctico- moral de otros tiempos se transforma en una consideración teórico-constatativa y pierde así el contenido de la verdad que le había pertenecido en la tradición anterior”353.
El error categorial se podría explicar, desde una hermenéutica gadameriana, como el resultado de un cierto “apoderamiento” por parte de los planos productivo y poiético, los cuales, en su afán por abarcarlo todo, en el sentido de constituirse a sí mismos como la única imagen categorial del mundo, terminan por “reificar” aquello que no es susceptible de ser reificado, y esto es justamente el plano de los asuntos humanos que, por versar sobre lo contingente, pertenecen al plano de la razonabilidad práctica354. El intento, por parte de los planos productivo y poiético de constituirse a sí mismos en un único método y verdad que exprese una fija imagen del mundo de la racionalidad instrumental, atenta contra el recorrido histórico de una verdad que no se contiene en sí misma sino que se expresa como resultado del enriquecimiento de la tradición. Por eso dice Gadamer que la teorización de lo que antaño fuera práctico moral deviene en la pérdida del contenido de la verdad. Pretender desarrollar una verdad y un método fijo y universal es atentar contra el contenido histórico mismo, el cual se manifiesta en el enriquecimiento de una verdad inacabada.
La génesis de la forma peculiar de la razonabilidad práctica tratada en este capítulo se da a partir de la importante y decisiva distinción entre pr©xij y po…hsij. La primera se refiere a los actos humanos que siempre versan sobre lo contingente; la segunda a las acciones implicadas en lo productivamente fijo y estable. No obstante, el meollo del asunto radica en que las ciencias del hombre, desde el siglo XX han reclamado para sí la autonomía de regirse por una razón instrumental355, esto es, una forma de racionalidad que se constituye dentro del marco de lo meramente productivo; y ciertamente esta es una racionalidad instrumental en lo que respecta al desarrollo de las ciencias del hombre. No obstante, aunque esta forma racional instrumental sea realmente efectiva en lo relacionado con el “porvenir” de las ciencias, sigue siendo igualmente ciega si no se da al interior de un marco que exija una estrecha relación entre medios y fines; esto es, que no es posible hablar de unas ciencias del hombre cuyo desarrollo se dé al margen de una serie de implicaciones morales; pues el campo de lo moral, ciertamente, alberga dentro de sí la estrecha relación medios-fines, donde los medios contienen ya, desde un inicio, el elemento constitutivo de la realización del fin y considera, por lo tanto, si acaso este elemento es conveniente para tal fin. En última instancia, la consideración de la relación medios-fines es propia de un dinamismo tan contingente como la realidad de los actos humanos, en los cuales se desarrolla lo más importante: la vida del hombre356.
353 F. Volpi, “Rehabilitación de la filosofía práctica y neo-aristotelismo”, p. 327.
354 Con el análisis de los ejes temáticos en torno a los pasajes de la Ética Nicomáquea expuestos en el
presente capítulo, se ha mostrado la existencia y validez de una razonabilidad práctica al interior de la ética.
355 Véase todo el recorrido histórico en torno a la fundamentación de las ciencias del hombre en la primera
parte del capítulo I.
356 “La definición del carácter descriptivamente neutro del saber de las ciencias humanas y sociales,
definición estrechamente ligada al reconocimiento de su carácter científico, despoja a este saber de toda función práctico-orientativa, dicho de otro modo, lo despoja de la conexión con aquellos valores que
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Entonces, parece ser que el problema de la dicotomía razón práctica / razón teórica está mal planteado, pues no se trata de descartar una o la otra forma de racionalidad, o cuestionar si acaso una es mejor que la otra. De lo que se trata es de incluir el sujeto de estas formas, esto es, el hombre que debe dirigirse al desarrollo de las ciencias del hombre con miras a la cuestión de las acciones humanas. Y esta ambivalencia es imprescindible para señalar que el desarrollo social-científico debe garantizar el bienestar del hombre, de lo que se sigue que una forma de la racionalidad instrumental es ciega si no le antecede la luz de la razonabilidad crítica y práctica; una razonabilidad crítica traducida en una teoría reflexiva y una razonabilidad práctica en la realización de esa teoría universal en lo particular, donde se vislumbre en el campo circunstancial el modo como debe ser dirigido cada acto humano con tendencia a una cierta finalidad.
Por otra parte, se indagó, a lo largo del análisis de los anteriores pasajes, por el problema central de la razonabilidad práctica: su situación respecto al campo normativo universal y lo estrictamente particular de la acción. Pues bien, dicha indagación arrojó algunas respuestas positivas en lo tocante al carácter eminentemente universal de la recta razón y su necesaria realización en lo particular. En el análisis de varios pasajes se vio cómo es posible que la recta razón, sin perder su universalidad, puede y debe realizarse en lo particular de la situación en concreto. Esto mostró, además, que la universalidad de la recta razón es peculiar, pues una universalidad que no se agote en su realización en la particularidad de las acciones es algo que ciertamente atrae la atención; y dicha consideración tal vez explique si acaso ha sido un malentendido o una mala comprensión pensar que la razonabilidad práctica, por versar ella sobre lo particular, deba necesariamente ser totalmente particular, dando origen a concepciones particularistas y relativistas en torno al concepto de la razonabilidad práctica. Si se defiende la tesis de que la universalidad de la razonabilidad práctica, y en su nombre la recta razón, es una que puede y debe entrar en contacto con lo particular, sin agotarse, sin desconocerse a sí misma, sin caer en el relativismo, entonces será posible llegar a una recta comprensión de lo propio del obrar humano, del saber moral. Además, si se sostiene dicha peculiaridad de la universalidad, entonces también se podrá salvar esta forma de la razón del mero normativismo ético (campo normativo universal).
Ahora será necesario matizar y profundizar en dicha tesis: sobre la universalidad de la recta razón, pues de esta dilucidación dependerán las respuestas a los problemas planteados a lo largo del presente trabajo: cómo se realiza lo universal en lo particular de las acciones; si la razonabilidad práctica puede “fundamentar” el estatuto epistemológico y metodológico de las ciencias del hombre; intentar comprender por qué se le denominan “ciencias” a las ciencias del hombre; si el término “ciencia” acaso se pueda decir en varios sentidos; y si el positivismo es definitivamente insuficiente para desarrollar las ciencias del hombre. Por estos motivos, se analizará específica y detalladamente el carácter universal de la recta razón, y en su nombre el lÒgoj universal, en el cuarto y conclusivo capítulo del presente trabajo.
deberían orientar el obrar, las elecciones y la vida humana en conjunto. La neutralidad descriptiva se convierte en un cierto momento en un carácter inmanente a la razón en tanto tal, que, de este modo, resulta progresivamente desposeída de sus contenidos sustanciales y se desarrolla así en dirección de la mera instrumentalidad y la mera funcionalidad. Al volverse incapaz de orientarla, la razón pierde su importancia para la vida”. F. Volpi, “Rehabilitación de la filosofía práctica y neo-aristotelismo”, p. 327.
125 CAPÍTULO IV