I. EL MÉTODO EXPERIMENTAL
IV.3.2. E L MÉTODO CIENTÍFICO
Toda teoría científica consta, a grandes rasgos, de dos partes: la pri- mera es la etapa inductiva y la segunda la deductiva. En la primera etapa es necesario establecer un conjunto de afirmaciones genera- les, a partir de la observación y del análisis de los fenómenos pro- pios de este tema; por eso se dice que es la etapa inductiva, porque se parte de un conocimiento particular, sobre un conjunto de he- chos o de evidencias más bien insuficientes para establecer afirma- ciones generales. Como se sabe, pasar de lo particular para llegar a lo general es lo que se llama inducción. Así, un entomólogo que desee estructurar una teoría sobre los insectos, por ejemplo, tendrá que observar muchos especímenes, pero nunca podrá obtener la información sobre todos ellos. A partir de un cierto número de observaciones, podrá arriesgar una afirmación general: "Todos los insectos tienen seis patas." Desde luego, no le puede constar que,
en efecto, todos estos bichitos tengan seis patas. Para ello tendría que observar a todos los insectos, cosa que es materialmente impo- sible. Sin embargo, ha establecido una afirmación general, como resultado de un proceso inductivo. A partir de pocas (o muchas) experiencias, categóricamente afirma lo general.
Una vez cubierta la etapa inductiva, entonces la teoría alcanza su parte deductiva; es decir, aquella en la cual, a partir de las afirma- ciones generales, se infieren resultados particulares. Estos resulta- dos son los que se contrastan experimentalmente para probar la validez de la teoría. Dentro del ejemplo de la teoría sobre los insec- tos, una vez que el entomólogo ha llegado a su afirmación categó- rica de que todo insecto tiene seis patas, es necesario que saque inferencias o deducciones a partir de ella. Por ejemplo, las arañas tienen ocho o diez patas; por lo tanto no son insectos, o bien, aun- que una abeja o una cucaracha de pronto exhiban sólo cinco patas, siguen siendo insectos, pues seguramente tenían seis, pero por al- gún accidente perdieron una.
El contraste con insectos de cuatro o cinco patas, en todo caso, no es algo que ponga en entredicho a la teoría, siempre que exista una razón de peso, una evidencia que muestre que tales excepcio- nes no afectan a la regla. Así, perder una pata en una pelea de nin- guna manera implica que el individuo deja de ser insecto por ello. Lo grave sería que de pronto se hallara una comunidad importante de bichos con todas las demás características de los insectos, pero que en su estado normal nacieron con cuatro patas. Con tal eviden- cia experimental toda la teoría se derrumbaría, pues una de dos, o tener seis patas ya no es la característica fundamental de los insec- tos y en tal caso es necesario volver al laboratorio, a la experimenta- ción, al registro de muchas especies para hallar otra característica que pueda ser generalizada para identificarlos, o bien en efecto, todos los insectos tienen seis patas y aquellos animales raros con cuatro patas por más que parezcan insectos, no lo son. En este caso, nuevamente, las seis patas no bastan para caracterizar comple- tamente al espécimen, así que habrá que experimentar más para complementar la afirmación con otra que ya no deje lugar a dudas sobre la esencia de la insectitud.
Inducción y deducción son las dos partes que conforman una teo- ría científica. Siempre vienen juntas, primero la inducción y luego la deducción. Primero hay que ascender, desde lo más particular hasta lo más universal, y luego hay que deslizarse por la pendiente de la deducción, desde lo alto de las generalidades, hasta los casos particulares, los resultados individuales. Descender a estas particula- ridades es deducir. Se trata, pues, de una estrategia que es necesario seguir siempre que se desee construir una teoría científica para apli-
car y predecir cierta clase de fenómenos naturales. No puede haber una teoría científica sin parte deductiva; tampoco se le puede llamar teoría científica a un constructo intelectual que carezca de la parte inductiva. Un esquema sin etapa inductiva, se llama religión, en el mejor de los casos, donde lo que se puede hacer es inferir todas sus particularidades a partir del dogma; esto es, a partir de las más eleva- das proposiciones universales hechas de pronto; de la nada.
De hecho la inducción es lo que distingue y caracteriza a las teo- rías científicas de cualquier otro esquema del pensamiento. No es fácil inducir; tal parece que el ser humano está dotado de una inte- ligencia que lo hace naturalmente dedudictivo, pero a la hora de pasar de aspectos particulares de una cuestión para generalizar, se vuelve torpe, inseguro y frecuentemente se equivoca. Por ello, his- tóricamente la inducción arribó tan tarde al pensamiento cientí- fico, pues no tiene más de dos mil años de haberse iniciado allá en las brumosas de Siracusa, en la época de Arquímedes y se consolidó apenas hace unos cuatrocientos cincuenta a quinientos años, con los trabajos de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton. Esta estrategia doble, de inducir y deducir después, es la que hoy por hoy se conoce como el Método Científico. Es la más poderosa herramienta inte- lectual para hallar verdades naturales y, aunque en sus comienzos no tenía siquiera un nombre que la distinguiera y muchos de sus detalles aún no se incluían en ella, hoy en día es un cuerpo de con- ceptos generales que permiten atacar prácticamente todos los ámbitos del conocimiento científico.
Para poderlo visualizar, el método científico puede entenderse como una resbaladilla o tobogán, al que es necesario subir primero, para deslizarse después. Subir, significa ir paso a paso, por los pelda- ños de la escalera de la inducción. Estos peldaños representan las fases sucesivas del proceso. Así, para construir una teoría científica, de acuerdo con este método, antes que nada es necesario seleccio- nar con gran precisión el campo del conocimiento que abarcará tal teoría; por ejemplo, el estudio del comportamiento de los niños mexicanos de la Sierra Tarahumara, entre los 8 y los 14 años, en el período de 1888 a 1894, bajo condiciones de alimentación por debajo de las 1 100 kilocalorías diarias.
Una vez seleccionado el campo de estudio, hay que establecer lo que se conoce como el marco conceptual. Aquí habrán de postular- se ciertos hechos básicos que se darán por válidos sin necesidad de prueba. Estos postulados se basan fundamentalmente en dos crite- rios para su proposición: el primero es el sentido común o el uso o la costumbre y el segundo, la sencillez y la belleza del mismo. Así, al establecer, por ejemplo que todos los niños entre los 8 y los 14 años, allá en la Sierra Tarahumara eran sujetos equivalentes de es-
tudio, se está postulando un principio de homogeneidad de esa po- blación, en el lapso de estudio de 1888 a 1894. Esta proposición no se puede comprobar o refutar a priori, así que aquella persona que esté interesada en trabajar con la teoría, tendrá que aceptarla tal como se plantea, sin objetar. ¡Claro que puede estar equivocada! Pero ello solamente podrá saberse hasta que la teoría haya quedado completamente estructurada (al final de la escalerilla de ascenso al tobogán) y el proceso de contrastación haya mostrado que las pre- dicciones que se infieren del modelo no concuerdan con los resul- tados experimentales.
Toda teoría es limitada. No existe teoría que explique todo sobre todas las cosas. Las teorías son modelos intelectuales que tratan de dar explicación a ciertos aspectos de la naturaleza. Por supuesto que mientras más amplio sea el campo de interés de la teoría, es mejor. Un modelo teórico que, por el contrario, abarcara una franja estrechísima del conocimiento, en condiciones totalmente limita- das, carece de importancia para la ciencia, porque el espíritu de ésta, es siempre de abarcar más y más. Sin embargo hay que recal- car que no existe la teoría de todo. Hay un ámbito, un conjunto de hechos, de individuos, de situaciones que son propios de una teoría y hay todo un universo de cosas que caen por fuera de su dominio de interés de aplicación. Estos límites deben ser también, estableci- dos con toda nitidez al momento de estructurar la teoría. Así, en el ejemplo pueril que se ha tomado para reforzar los conceptos pro- pios del método científico, hay que establecer que los niños de menos de 8 años o de más de 14; o bien aquellos otros que vivieron antes de 1888 o después de 1894, o que no vivían en la Sierra Ta- rahumara o también, aquellos cuya alimentación contuviese más de 1 100 kilocalorías no son sujetos del estudio que se presenta.
Establecer claramente los límites de una teoría, es pues un asunto importante y constituye en el esquema del tobogán, el tercer pel- daño de la escalera la inducción.
Ya establecido el campo de estudio, el marco conceptual y las limitaciones de la teoría, se está en condiciones de ascender un pel- daño más; aquí es necesario hacer acopio de información, toda la información pertinente al tema que tratará la teoría y que pueda conseguirse, deberá acumularse con el objeto de hacer el análisis, una vez clasificada y posteriormente la síntesis de ella. Clasificar la información, significa ordenarla de acuerdo con uno o más crite- rios, de tal suerte que ciertos parámetros comiencen a mostrar sus tendencias y sus variaciones. Agrupar los datos de los niños de la tarahumara por sus edades, o por sexo, o por la ingesta de calorías, muy bien puede ser una labor que muestre correlaciones en con- ductas y las edades, etcétera, que puedan servir de indicadores para
la ulterior estructuración de la teoría. También será necesario en esta fase, descartar aquellas otras fuentes de información que no rindan datos pertinentes al modelo, porque estén incompletos, confusos o bien por que correspondan a sujetos o acontecimientos fuera de los límites establecidos previamente para la teoría.
Buscar correlaciones es precisamente hacer el análisis de la infor- mación. Esta etapa corresponde al sexto peldaño de la escalera de la inducción. Continuando con el ejemplo de la teoría sobre los niños tarahumara del siglo XIX, las etapas 4, 5 y 6 del método cientí- fico corresponden al trabajo documental que tuvo que hacer el autor de esa teoría, para hacerse de la mayor información posible sobre el tema: reportes, notas aparecidas en los diarios de aquella época, actas de nacimiento o de defunciones y en fin, todo género de citas que puedan servir a su trabajo. Terminado el acopio de in- formación hubo de seleccionar aquella información, clasificándola por fecha, por tipo, por contenido y haciendo notas de sus pesqui- sas, donde registró sus hallazgos. El análisis viene después de este prolijo trabajo. De pronto se van volviendo evidentes ciertos he- chos; correlaciones que al ojo experto del investigador revelan ca- racterísticas profundas de la población que estudia; quizá, a la luz del análisis, comienza a aparecer en forma más y más clara que entre los ocho y los catorce años, aquellos niños tarahumara que ca- recían de una alimentación adecuada presentaban una gran procli- vidad a contraer ciertos padecimientos carenciales, o bien, que sus tallas promedio eran inferiores a las de otros niños de las mismas edades pero con una ingestión mayor de calorías, o también, que terminaban en últimos lugares en el juego de patear una pelota de madera por días enteros, sobre montes y valles... El hecho es que el investigador, en forma sistemática, como resultado del acopio, de la selección y clasificación y luego, como producto del análisis de la información, que sintetiza el conocimiento adquirido: los datos muestran que aquellos niños tuvieron deficiencias en sus desarro- llos físicos, gran propensión a las enfermedades y expectativas cor- tas de vida como resultado de su inadecuada alimentación.
En este estadio de su investigación, el hombre de ciencia ha as- cendido hasta el séptimo peldaño de la escalera de la inducción, pues ha llegado al establecimiento de proposiciones generales que conciernen a su tema de estudio. Ahora puede dar el último paso y estructurar de manera lógica y formal su teoría, partiendo de los principios básicos que estableció y desarrollando un conjunto de consideraciones basadas en la información recabada, puede esta- blecer un aserto general: todo tarahumara que no coma bien, pre- sentará pobre desarrollo físico, intelectual y motor.
vez que una teoría ha quedado totalmente estructurada, es necesa- rio echar a andar esa maquinaria para hacer predicciones, para de- ducir de ella resultados que sean útiles, que permitan obtener ven- tajas de ese conocimiento. También aquí se inicia el largo camino de la contrastación. Habrá que diseñar experimentos, habrá que proponer ciertas situaciones prácticas donde la teoría confronte los resultados y ponga a prueba su utilidad. Una curiosa peculiaridad de todo científico es que nunca está del todo satisfecho con una teoría, así que todo el tiempo se la pasa pensando en algún experi- mento, o en algún razonamiento deductivo con el cual poner en evidencia al modelo teórico, e incluso hacerlo caer bajo el peso de sus inconsistencias. No parece haber placer mayor para un hombre o una mujer de ciencia, que haber clavado la puntilla a tal o cual teoría tenida por válida hasta entonces. Haber sido el matador de un constructo así da una íntima satisfacción, como la de haber ca- zado un búfalo o haber conquistado la cima de alguna montaña.
Por otra parte, hacer ciencia sin una teoría que ayude a explicar los fenómenos es un trabajo azaroso e inseguro. El científico que se interna en una región donde el conocimiento humano no había penetrado antes, donde ningún constructo había sido intentado, o bien, que a alguna teoría que antes se tenía para explicar los fenóme- nos propios de ese ámbito, hubiera caído por insostenible, se siente muy mal, sus pesquisas son tímidas y no arriesga la publicación de resultado alguno hasta que ha hecho muchas veces el mismo experi- mento o el mismo cálculo y siempre obtiene lo mismo. En cuanto se descubre un territorio cognitivo nuevo, prístino, el científico no puede resistir la compulsión de explorar y construir en cuanto pue- da una teoría explicativa. Pero en cuanto se tiene la teoría, hará todo los intentos posibles para destruirla... así es la naturaleza humana.