Capítulo 1. LA ESTRUCTURA URBANA Y LAS FUERZAS ECONÓMICAS QUE OPERAN EN LA
1.3 Evolución del modelo monocéntrico al estudio del policentrismo en la Nueva
1.3.2 Las economías de aglomeración y la explicación de la existencia de los centros
El modelo de renta ofertada en una ciudad monocéntrica fue aplicado por Fujita (1989) para explicar la existencia de aglomeraciones bajo dos supuestos básicos: 1) cada hogar escoge sólo una localización, y 2) el número de hogares de cada tipo es tan grande que su distribución en la ciudad se puede representar en términos de una función de densidad. Ambos supuestos lo inhabilitan para emplear la función de renta ofertada para determinar la localización de equilibrio de cada hogar, así como el patrón de uso de suelo de equilibrio y óptimo de la ciudad. En esta ciudad de forma monocéntrica en continua expansión, el incremento en las distancias entre la residencia y el trabajo conlleva incrementos más que proporcionales en los costos totales de transporte, los cuales tienen que ser compensados por ventajas tecnológicas en el consumo o en la producción. Las cuatro fuentes básicas de dichas ventajas que son enunciadas por el autor como las causas de que existan las aglomeraciones urbanas son: ventajas en recursos y transporte, la indivisibilidad y las economías de escala, las externalidades y las interacciones ajenas al precio, y las preferencias por variedad en el consumo y la producción de bienes y servicios. Las ciudades pueden surgir según Fujita (1989) como producto de la apropiada combinación de estos factores básicos.
Tesis doctoral: “Estudio de la estructura urbana e identificación y análisis del impacto de la localización de la actividad económica sobre las dinámicas territoriales. El caso de Bogotá, Colombia”.
Universitat Politècnica de Catalunya
28 Las ventajas en recursos y transporte se refieren ante todo a los atributos y la dotación de recursos naturales que hacen posible el desempeño de ciertas actividades en una región y que la hace diferente y más propicia que otras, las llamadas ventajas comparativas. Un ejemplo es un yacimiento de carbón que atrae industria dedicada a su extracción, así como otras industrias que la usan como materia prima en búsqueda de minimizar los costos de transporte y los servicios para abastecer tanto a las industrias como a los hogares que se asentaron.
Las economías de escala en producción y consumo se dan en gran medida por la indivisibilidad de ciertos productos básicos (personas, plantas de producción, instalaciones públicas). La indivisibilidad de las personas, por ejemplo, conlleva la especialización del trabajo, y la de las plantas de producción, implica que su uso es más efectivo a gran escala. Además, la efectiva coordinación de personas, equipos y procesos de producción especializados requiere que todos se localicen conjuntamente, por lo menos, cercanamente, motivados por las mejoras en la comunicación, así como por el ahorro en los costos de transporte. De esta forma, el costo medio de producción de un bien será hasta cierto punto menor si se hace a gran escala y en localizaciones contiguas, y dos empresas encontrarán más económico localizarse una próxima de la otra para compartir insumos e instalaciones. Esto atraerá a otras empresas, así como servicios públicos y privados e instalaciones públicas a su alrededor y promoverá la creación de ciudad (Fujita, 1989). La existencia de economías de aglomeración basadas en los rendimientos crecientes a escala en la producción ya había sido planteada por Mills (1967) como el causante del papel protagonista del CBD en la concentración de la actividad económica no residencial.
Tradicionalmente, se clasifican las economías de aglomeración en economías internas de escala, y las economías externas (o marshallianas). Las primeras se refieren a la empresa individualmente por lo que se les relaciona muy vagamente con el desarrollo urbano. Las economías externas por su parte se refiere a las ventajas que obtiene una empresa por localizarse cerca de otras empresas de su misma industria (llamadas economías de localización); o a las ventajas que obtienen las empresas de cualquier industria por el alto nivel de actividad económica en una localización específica (economías de urbanización).
Las economías de aglomeración pueden ser dinámicas o estáticas y brindan a las ciudades el rol fundamental en la generación de crecimiento económico agregado. Cualquier fuerza de aglomeración o centrípeta agrega una prima al suelo en determinada localización. Esto alienta la formación de capital concentrada en el espacio y acentúa la necesidad de producir en ciertos puntos por los crecientes rendimientos a escala en la producción. Las economías de aglomeración también genera ventajas al first-mover y especializaciones regionales importantes en comercio internacional, así como desventajas que previenen sendas de crecimiento dinámico óptimo (Anas et al., 1998).
El concepto de economías externas brinda un marco conveniente para explicar las economías de escala, debido a la aglomeración espacial de empresas y población (Fujita, 1989). Este ha sido utilizado para explicar la naturaleza de las ciudades especializadas en economías modernas, donde cada ciudad se funda sobre una industria básica que consiste en muchas empresas similares produciendo el mismo bien transable. Estas empresas van a encontrar rentable el hecho de aglomerarse por varias razones, que incluye la puesta en
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29 común de personal cualificado así como de empresas de servicios especializados, un mejor acceso a tecnología e información de mercado, y la posibilidad de compartir infraestructura en común, incluyendo las del transporte. Una de las causas principales de la aglomeración industrial es la disponibilidad de servicios especializados al productor como reparación y mantenimiento, soporte legal e ingenieril, servicios de transporte y comunicación y servicios de finanzas y de publicidad.
Desde el punto de vista de la formación de la ciudad, las externalidades más importantes son las de los bienes públicos que son consumidos conjuntamente por muchos agentes. Si se amplía la definición de externalidad para incluir los efectos de las interacciones ajenas a los precios, es decir, para incluir el hecho de que las empresas (y las personas) se localizan en grandes ciudades principalmente por las facilidades para comunicarse con otras empresas y sus consumidores (y con otras personas), serían entonces éstas una causa principal en el desarrollo de las ciudades (Fujita, 1989). Uno de los principales efectos de las economías de aglomeración es su impacto positivo sobre la productividad de las empresas, como resultado de una externalidad tecnológica o pecuniaria. Las primeras se refieren a las externalidades que ejercen un impacto directo sin actuar a través del sistema de precios, como el aprendizaje derivado del contacto cara a cara y la libre circulación de ideas (learning), y la posibilidad de contar con un amplio mercado de trabajo localizado (matching). Las externalidades pecuniarias por su parte están sujetas a alguna clase de economía interna por parte de una empresa suministradora de bienes y servicios intermedios (sharing), lo cual añade eficiencia al proceso de producción del bien final (García-López y Muñiz, 2005). Larning, matching y sharing se erigen entonces como los microfundamentos de las economías de aglomeración urbana (Duranton y Puga, 2004).
La investigación concerniente a las economías de aglomeración había tomado tres caminos diferentes desde el último cuarto del siglo pasado (Richardson, 1978): 1) la relación entre estructura económica y tamaño de la ciudad; 2) la medición de las economías de escala y la productividad; y 3) la concentración de industrias concretas dentro del CBD de las grandes ciudades, así como los factores que producen las tendencias descentralizadoras.
“Es fuerte la evidencia que demuestra que la atracción que ejerce el centro de comercio sobre la actividad económica, y especialmente, sobre la industria manufacturera, se ha debilitado”, sentenciaba Richardson (1978). Las razones evidentes de la época eran la creciente necesidad de espacio físico por parte de industrias modernas debido al cambio tecnológico, así como las grandes diferencias de precio del suelo entre el centro y las localizaciones periféricas. Por otra parte, el cambio del medio de transporte de las ciudades norteamericanas, del ferrocarril al camión se había convertido en una razón más para la localización suburbana de industrias exportadoras. Generalmente, advertía el autor, el centro metropolitano actúa como una incubadora para las nuevas actividades económicas de menor tamaño que más tarde se descentralizan. El tamaño y la función del establecimiento es determinante de la propensión a cambiar de localización. La relocalización tiende a favorecer a la periferia urbana, sin embargo, la aglomeración continua siendo un determinante clave de la conducta locativa, toda vez que dichas economías pueden generarse en subcentros descentralizados, por lo que la aglomeración sería el producto de economías de concentración y ya no de centralización.
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30 Los subcentros se localizarán a una cierta distancia del CBD que le permita protegerse de su competencia y evitar la congestión del centro de la ciudad, sin embargo, la localización concreta de los subcentros depende de las características específicas de cada ciudad. Normalmente son antiguos poblados que absorbidos por la expansión de la ciudad o alrededor de nuevos focos de actividad como complejos educativos, médicos o de oficinas, una terminal de transporte multimodal o un centro comercial suburbano. Estos lugares atraerán posteriormente más actividades no residenciales, nuevos puestos de trabajo y también población. Los efectos de los nuevos subcentros de empleo sobre la estructura urbana se expresan con la distorsión de los gradientes normales de la renta y la densidad que se obtienen del modelo monocéntrico estándar. Si la distribución del precio de la tierra deja de ser lineal (y se ondula por la presencia de otros centros) y la función individual de renta ofertada también es irregular (por temas ambientales, de servicios y de accesibilidad que ahora también se fija en torno a los subcentros), el resultado puede ser la indeterminación locativa, pues el hogar que maximiza la utilidad puede encontrar el equilibrio en más de una localización (Richardson, 1978).
1.3.3 Las fuerzas descentralizadoras en los modelos endógenos policéntricos
Las primeras indagaciones que se hicieron desde la teoría económica sobre los factores determinantes de la aparición de centros secundarios de empleo, fueron desarrolladas por Richardson (1978), mediante la exposición de tres modelos intuitivos. De estos modelos el autor concluye que, con el crecimiento de la ciudad las ventajas de localizarse en el CBD tienden a mermarse debido a los mayores costos de transporte (ya sea porque se extienden sus límites o porque aumenta la densidad y se congestiona dificultando el desplazamiento) o al agotamiento de los rendimientos crecientes a escala en la producción. De esta forma, cuando la ciudad alcanza cierto tamaño en que los beneficios netos del CBD sean cero y la congestión de tráfico sea mayor a las economías de aglomeración, la producción tendrá que relocalizarse en un proceso gradual en que la interdependencia locativa, el rechazo del CBD y la aglomeración en otros lugares se convierten en procesos acumulativos, y emergerá una nueva estructura espacial de múltiples centros.
Los cambios ocurridos sobre la localización intrametropolitana de la actividad económica fueron abordados más adelante desde una perspectiva teórica, con el empleo de modelos matemáticos que han seguido la tradición de la Nueva Economía Urbana de la función de renta ofertada, pero agregando nuevos supuestos al modelo de ciudad monocéntrica. Los principales aportes en la cuestión de la descentralización y suburbanización de las empresas, han sido recogidos y clasificados por White (1999) en dos tipos de modelos según su punto de partida y el propósito de estudio: exógenos y endógenos.
Los modelos exógenos son aquellos que asumen como dada una estructura metropolitana policéntrica a causa de la descentralización del empleo, y a partir de ella, se dedican a analizar los efectos de dicha estructura sobre las rentas del suelo, los patrones de densidad poblacional y laboral, así como la pauta de movilidad obligada (residencia- trabajo). Los modelos endógenos por su parte, establecen cuál es el patrón óptimo de localización de la actividad económica planteando dos pautas posibles de
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31 descentralización de la actividad económica: la dispersión o la descentralización concentrada en subcentros. En el sentido de White (1999), haremos hincapié sobre los modelos endógenos de localización del empleo, pues son los que guardan mayor relación con el interés de este capítulo: las fuerzas económicas que operan en la transformación de la estructura urbana.
En los modelos endógenos de localización de la actividad económica, los subcentros de actividad surgen como respuesta a la interacción de fuerzas centrípetas que favorecen la aglomeración y centrífugas que favorecen la dispersión de la actividad económica. Estos modelos parten del modelo monocéntrico de costos de transporte tanto de productos y como de commuting que determinan que hay una “solución segregada” cuando los primeros son mayores que los segundos y la actividad económica se localiza exclusivamente en el CBD; o una “solución integrada” cuando los costos de commuting son mayores a los fletes, por lo que la actividad productiva y residencial se mezcla en el territorio (Mills, 1972b). Fujita y Ogawa (1982) por su parte, agregan las economías de aglomeración como otro parámetro para explicar que ante el crecimiento del tamaño de la ciudad y el consiguiente incremento de los costos de transporte de productos y commuting, se pueden crear patrones de uso del suelo de dispersión o de descentralización concentrada, dependiendo de qué costo (de transporte o commuting) es mayor y de la distribución de la economías de aglomeración con respecto al CBD.
“One of the main findings of the analysis in this paper is that the city may undergo a catastrophic structural transition when the parameters take critical values. This phenomenon of catastrophic change in the urban configuration has scarcely been examined in current urban land use theory” (Fujita y Ogawa, 1982).
Las economías de aglomeración generan una fuerza centrípeta que arrastra el empleo hacia distritos financieros concentrados, al tiempo que mantienen una estructura de trabajadores que requieren espacio vital, por lo que deben desplazarse diariamente a estos distritos comerciales. “Todo esto implica que, dada cualquier distribución concreta de empleo, habrá un punto de equilibrio del tipo von Thünen entre los costes de desplazamiento y el alquiler del suelo, lo cual a su vez genera una fuerza centrífuga, debido a que los comercios situados en localizaciones de bajo alquiler muy alejados de las concentraciones existentes atraen a trabajadores con salarios más bajos” (Fujita et al., 1999). Fujita y Ogawa descubrieron que este tipo de modelo puede soportar estructuras urbanas policéntricas que se asemejan más a las áreas metropolitanas modernas que al modelo monocéntrico.
Las elecciones de emplazamiento de las empresas son interdependientes entre sí, es decir, la idoneidad de cualquier emplazamiento como ubicación para una empresa depende de dónde están situadas las demás empresas (Krugman, 1997). Cabe imaginar entonces dos tipos de interdependencia según el autor: por una parte, puede que a las empresas les disguste tener a otras cerca, por cuestiones de competencia de clientes, empleados o suelo (fuerzas centrífugas que fomentan la dispersión de la actividad económica; por otra parte, puede que a las empresas les guste tener a otras cerca, porque atraen clientes hacia la zona o ayudan a mantener una mayor variedad de servicios locales (fuerzas centrípetas que tienden a agrupar a las empresas). Por lo que, de existir únicamente fuerzas
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32 centrífugas, las empresas se distribuirían por el terreno de una manera uniforme; y por el contrario, de existir únicamente fuerzas centrípetas, se agruparían de inmediato en una gran aglomeración.
Krugman (1997) explica que cualquier modelo que quiera dar cuenta de una estructura policéntrica debe cumplir dos principios: 1) que exista tensión entre las fuerzas centrípetas y centrífugas, sin que ninguna de las dos sea excesivamente marcada; y 2) que el alcance de las fuerzas centrípetas sea más corto que el de las centrífugas en tanto que a las empresas les debe gustar tener a otras muy cerca, pero les debe disgustar tenerlas un tanto alejadas. “En cualquier modelo que cumpla estos requisitos, la distribución inicial de los comercios sobre el terreno, independientemente de lo homogénea (o aleatoria) que sea, acabará por organizarse espontáneamente en una estructura de múltiples centros comerciales perfectamente diferenciados” (Krugman, 1997).
Debido a las economías de escala, cada producto se fabrica únicamente en unos pocos emplazamientos que tienden a coincidir con aquellos que tienen un buen acceso a los mercados y un buen acceso a los artículos que se producen en otras fábricas (vínculos hacia adelante y hacia atrás como fuerzas centrípetas que surgen de lo vínculos con el mercado). Una empresa puede encontrar un buen acceso a los mercados precisamente donde hayan decidido establecerse también otras empresas, formando así un proceso circular por el que las empresas tienden a concentrarse cerca de otras empresas, dando lugar con ellos a las aglomeraciones. Por otro lado, es cierto que las empresas se proporcionan mercados entre sí, pero también compiten por ellos, especialmente por el que se deriva de la población agrícola dispersa. La tensión entre las fuerzas centrípetas y centrífugas señala, cuando menos, la posibilidad de una estructura emergente con múltiples centros.
Sobre este respecto se hacen algunas generalizaciones acerca de la naturaleza y el rol de los múltiple centros de empleo en las ciudades norteamericanas (Anas et al., 1998): los subcentros hacen presencia tanto en ciudades nuevas como en ciudades antiguas; el número de subcentros y sus límites son bastante sensibles a su definición; los subcentros están organizados con cierta frecuencia en corredores; los subcentros de empleo ayudan a explicar los patrones de densidad de empleo y población, así como los valores de suelo de las áreas circundantes; los subcentros no han eliminado la importancia del centro principal; la mayoría de los empleos se encuentran fuera de los subcentros; la movilidad obligada no es suficientemente explicada por los modelos urbanos estándar, ni monocéntrico ni policéntrico, pues hay desplazamientos cruzados con extra costos por razones subjetivas (como la heterogeneidad en las preferencias y las oportunidades de empleo de las decisiones de localización) que se salen de la lógica “gradiente de renta” que se asume en este tipo de modelos.
Los subcentros urbanos, como las ciudades mismas, se forman por las tensiones entre fuerzas de aglomeración y dispersión. Ambas fuerzas implican fuertes externalidades: economías externas de escala que producen tendencias aglutinadoras; y externalidades de congestión que limitan el tamaño y la densidad alcanzada en la aglomeración. Desde que las diferentes externalidades operen a diferente escala, será posible para el patrón espacial de actividad económica, sea muy centralizado a una escala o muy disperso en
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33 otra. Por efecto de la congestión en el centro de la ciudad, algunos empleadores localizados en el centro responderán moviéndose fuera del CBD y más cerca de sus trabajadores y clientes, en presencia de fuerzas de aglomeración, dicho empleos se organizarán en cluster en subcentros. En tanto el área metropolitana evoluciona desde una estructura monocéntrica a una dispersa o policéntrica, los tiempos de viaje promedio y los niveles de congestión se verán reducidos. Claramente, el proceso de