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1.2 Las orquestas infantiles y juveniles en México

1.2.2 Eduardo Mata su aportación al movimiento orquestal

A José Antonio Abreu le interesaba contar con la participación de un director latinoamericano joven que, con la solvencia de una trayectoria artística sólida y respetada, catapultara la proyección internacional de la novel orquesta. Su elección lo llevo al incansable gestor e ilustre músico mexicano Eduardo Mata (1942-1995), pues había sido uno de los destacados alumnos de la cátedra del propio Carlos Chávez en el taller de composición del Conservatorio Nacional de Música de México. Abreu intentaría interesarlo e involucrarle en el proyecto. Borzacchini (2010) plasma las propias palabras del mismo Abreu cuando este le rinde especial tributo a Mata por su aportación al crecimiento musical de la SJVSB: “Mata fue, en su momento histórico, un director de dimensión continental. Era un hombre de un liderazgo intelectual impresionante respecto a la formación de la nueva generación musical. Él entendía la música como un instrumento al servicio de un ideal latinoamericano, como un camino hacia nuestra propia identidad y aspiraba a hacer escuela continental a través de la música. Es por eso que escogió a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar para encabezar un vasto movimiento de reconstrucción, rescate y proyección internacional del repertorio sinfónico latinoamericano. Con justicia hay que decir que Mata internacionalizó a la Simón Bolívar, reafirmó en ella una personalidad propia y la dotó de un sentido misional muy importante en el contexto latinoamericano y caribeño”.

Cabe mencionar, como lo señala Macías (2012), que su participación sería un poco más tarde, a mediados de los años ochenta, pues Mata desechó en un principio la invitación que en su momento le hizo el propio Abreu a participar con la Simón Bolívar, ya que en ese momento no le llamaba mucho la atención la idea de orquestas de estudiantes. Sin embargo, más adelante cuando finalmente accedió a dirigir la Orquesta Simón Bolívar, a Mata va a

sorprenderle la actitud y disposición de los jóvenes venezolanos de la Simón Bolívar. Llegaría a Venezuela a dirigir algunos conciertos y con ello inició una relación profesional que se extendería por varios años, y que de ello darían testimonio numerables giras y grabaciones. En un principio la orquesta que encontró Mata contaba con un modesto nivel musical que poco a poco fue moldeando él, hasta convertirla en lo que Abreu buscaba, una orquesta de talla internacional. Entre lo que llegó a señalar sobre la agrupación, Mata destacaría lo siguiente (Borzarcchini, 2010): “Rebasaron todas mis expectativas. Nuestros autores latinoamericanos han adquirido una dimensión universal, gracias al convencimiento con que la SJVSB los ha interpretado. Beethoven suena como si nos perteneciera a todos… y nuestros compositores latinos suenan como si su alma nos las hubieran dejado. Que esta experiencia nos aliente para seguir adelante, para tener este ideal continental siempre presente”.

1.2.3 Las orquestas infantiles y juveniles en México

Para Mata quien en un principio había mostrado poco interés en el tema de las orquestas de estudiantes, insisto, la experiencia vivida en Venezuela le dio un giro de 180º a su visión sobre la importancia de acercar la formación musical a los niños y jóvenes en México, especialmente de aquellos más desfavorecidos social y económicamente.

Es así como la génesis del movimiento de orquestas infantiles y juveniles en México, Hernández-Estrada (2014), se la atribuye a Mata, quien sería el pionero en introducir en México el modelo venezolano de coros y orquestas infantiles y juveniles, pues defendía el proyecto como una herramienta capaz de “cambiar el perfil sociológico de un país con las características como las de México y otros países Latinoamericanos en ascendente desarrollo”. Después de colaborar de manera tan estrecha con Abreu y la Simón Bolívar, quedó convencido de que el proyecto artístico-social venezolano tenía elementos que podían ofrecer nuevas perspectivas a la actividad cultural en México.

A su regreso a México planteó al entonces director del Instituto Nacional de Bellas Artes, Manuel de la Cera y al presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), Víctor Flores Olea, la posibilidad de instaurar el proyecto venezolano, sistematizar y masificar la enseñanza musical tal y como sucedía en Venezuela. Sería un factor importante en el desarrollo de la enseñanza musical en México. Mata consideraba que el proyecto sustentaba una forma de acabar con el mal endémico de la escasez de una formación musical sólida. Encontraba en la experiencia venezolana una cierta promesa sobre el futuro musical en México, aún con las discrepancias que pudiera suscitar la implantación de un proyecto de un país a otro. Aún así prestaba mayor atención a las similitudes que podría haber entre la cultura de ambos países, sin dejar de mostrar su preocupación por la poca coincidencia en los respectivos sistemas de pedagogía musical (Flores 2005). Ya el propio Chávez, en su momento, tuvo la intención de crear un sistema de orquestas juveniles similar al de José Antonio Abreu, pero aquellas ideas no podrían materializarse debido a la gran carga de trabajo y responsabilidades con las que ya contaba, dando forma y organizando las instituciones que fundó años antes (Macías, 2012).

Entre los proyectos que proponía Eduardo Mata estaba el formar una orquesta que estuviera integrada por representantes de las orquestas que surgieran en todo el país, los mejores músicos jóvenes, quienes, además de todas las actividades artísticas y musicales, tuvieran la función de dar formación musical a los niños y jóvenes que participaran en el proyecto, así los jóvenes se mantendrían motivados por lograr la meta. Su idea era formar muchas orquestas, cada una bajo las características propias de su región, en donde se despertara el interés por la música y con ello evitar la arcaica costumbre que se tiene en México de imponer criterios desde la capital, donde se encuentran centralizados los mandos de casi todas las instituciones que rigen la vida política, económica y cultural de toda la República, incluso hasta nuestros días. Como lo detalla Flores (2005) la edificación de tal empresa requeriría el involucramiento de diferentes sectores influyentes, tales como el CONACULTA

(Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), el Departamento del Distrito Federal (encargado de la administración de la capital en esos años), los gobiernos de los estados, así como la iniciativa privada. Tendría que concienciarse a todos ellos del potencial del proyecto, pues su óptimo funcionamiento dependería de garantizar la dotación de toda la infraestructura necesaria para su desarrollo, como el aprovisionamiento de los instrumentos musicales en aquellos lugares donde se formaran núcleos musicales, nóminas del personal docente, locales de ensayo, etc. Y todo ello sería posible por medio de donaciones y partidas del presupuesto federal.