2.2. REFERENTES CONCEPTUALES
2.2.6. Educación: el ingreso a la cultura
Jacques Delors (1994) propone que la educación debe estructurarse en cuatro pilares del conocimiento “aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas; por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores.” (Delors, 1994)
Sin embargo, la escuela entendida como “un espacio de relaciones sociales y humanas […] no es solo un lugar para estudiar, sino para encontrarse, conversar, confrontarse con el otro, discutir, hacer política” (Freire, 1996) aún continua teniendo prácticas educativas tradicionalistas en donde se enfatiza en el aprendizaje de los contenidos específicos de asignaturas “La enseñanza escolar se orienta esencialmente, por no decir que, de manera exclusiva, hacia el aprender a conocer y, en menor medida, el aprender a hacer” (Delors, 1996), así como, desde prácticas homogeneizantes en donde se concibe que cada niño aprende igual por lo tanto deja de lado muchas veces, nuevas formas de enseñanza que favorezcan el reconocimiento de la diversidad y las capacidades propias de cada persona, “la preparación científica del profesor o profesora debe coincidir con su rectitud ética […] formación científica, corrección ética, respeto a los otros, coherencia, capacidad de vivir y de aprender con lo diferente son obligaciones a cuyo cumplimiento debemos dedicarnos” (Freire, 1996) de esta manera la transformación de la educación implica en el profesorado una cuestión ética, ya que el no asumir la diversidad en el aula como un factor enriquecedor para la escuela trae como consecuencia que esta no busque adaptarse a maneras más acordes teniendo en cuenta las necesidades y las capacidades de cada estudiante.
En línea con lo anterior, concebimos que la escuela es un lugar de encuentro con el otro, en donde se reconoce la diversidad del ser humano, “la educación es también una experiencia social, en la que el niño va conociéndose, enriqueciendo sus relaciones con los demás.” (Delors, 1994) no puede quedar reducida a un espacio para reproducir contenidos
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“ensenar no es transferir conocimiento” (Freire, 1996, p.24), sino que, se debe entender que la práctica pedagógica implica un ejercicio de reconocimiento del estudiante como un sujeto que es portador de conocimiento y que, al enseñar, también aprendo. En este sentido, como lo menciona Freire (1996) “no hay docencia sin discencia, los dos se explican y sus sujetos, a pesar de las diferencias que los connotan, no se reducen a la condición de objeto.” (p.24) de esta manera, la escuela tiene consigo la responsabilidad de humanizarnos, de educarnos para que seamos seres capaces de producir conocimiento, de ser críticos, pero, también tiene la responsabilidad de enseñarnos a reconocernos como sujetos, de posibilitar el encuentro con ese otro del cual, también puedo aprender y reconocer que cada persona es un ser diverso.
Brunner (1999), expone que “una cultura o sociedad organiza su sistema de educación, ya que la educación es una importante encarnación de la forma de vida de una cultura, no simplemente una preparación para ella” (p.31). La educación es el medio por el cual se brindan las herramientas necesarias para que el niño ingrese a la cultura, que haga parte de la sociedad y que pueda desenvolverse en ella, como bien lo menciona Brunner cada cultura organiza su sistema de educación de acuerdo a sus necesidades, así mismo, expone que “El aprendizaje es un proceso interactivo en el que las personas aprenden unas de otras, y no sencillamente del mostrar y contar” (p.40). Es decir que, estamos en constante aprendizaje ya que permanentemente nos encontramos interactuando unos con otros.
Es importante precisar que antes de que los niños y las niñas ingresen al sistema educativo institucional, es decir, la escuela, ya tienen una educación y aprendizajes que han venido construyendo durante su vida a través de las experiencias con el medio que los rodea y las oportunidades que les ha permitido experimentar.
Es así como vemos que uno de los fines de la educación es el de ubicarnos en la cultura, brindarnos un lugar al cual pertenecer según las características particulares de cada ser y contexto específico además de resaltar el hecho que no aprendemos solos, necesitamos de los demás, así, Fernando Savater4 (2006) menciona “La humanidad nos la damos unos a otros y la recibimos unos de otros. Nadie se hace humano solo. Y yo creo que ese es el fundamento de la educación” (p.27). Desde esta perspectiva podemos concebir que la educación tiene como fin y principio el enseñarnos a ser humanos, a convivir con y para los otros.
4 Escritor, filósofo, novelista y ensayista. Profesor de Filosofía en diversas universidades. Catedrático de
filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.Ha publicado más de cincuenta obras de ensayo político, literario y filosófico, narraciones y obras de teatro, además de cientos de artículos en la prensa española y extranjera.
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Educar es un proceso de transformación en la convivencia de todos los actores involucrados y, si queremos que nuestros niños y niñas crezcan como seres autónomos en el respeto por sí mismos y con conciencia social, tenemos que convivir con ellos respetándolos y respetándonos en la continua creación de una convivencia en la colaboración desde la confianza y el respeto mutuos
(
Maturana y Paz, 2006, p.31).Ciertamente educar es una labor que nos concierne a todos, no es una labor exclusiva de un profesor o profesora, ni de un padre o una madre, es una labor de cada uno de nosotros como seres participes de la sociedad, educar para, en palabras de Savater “crear seres
humanos”. En ese sentido, la humanidad, la humanización debe ser prioridad de la
educación, de los países, de las sociedades “la verdadera producción de los países civilizados –en el sentido potente de la palabra civilización– debe ser fabricar más humanidad. Fabricar más humanidad en sus ciudadanos, más relación humana.” (Savater, 2006)
En nuestro país, la Constitución Política de 1991 en su artículo 67 establece que la educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social, con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica y a los demás bienes y valores de la cultura. De igual forma, en la Ley 115 de 1994 por la cual se expide la ley general de educación se concibe la educación como un proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos y de sus deberes. Es a partir de la Constitución de 1991 y la Ley 115 de 1994 como a nivel normativo se fundamenta a la educación como un proceso que está inmerso en la cultura, se regulariza la institución educativa y se formaliza el sistema educativo del país.
No obstante, la institucionalización de la educación trajo consigo una serie de estándares y metas que se deben cumplir para garantizar que la educación sea de calidad y se encuentre en función de competitividad con el mundo actual, por esta razón, la educación continua reforzando la cultura de la igualdad, la igualdad en el sentido de que todos somos personas iguales, homogéneas, que pensamos y actuamos de una misma forma y no permite lo diferente, le teme a lo distinto, a lo diverso. Por lo anterior, vale la pena preguntarnos por la educación en los niños y niñas que tienen una discapacidad, al respecto Unicef (2013) expone
La educación es la vía de entrada a una participación plena en la sociedad. Es especialmente importante para los niños y niñas con discapacidad, a los que a menudo
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se excluye de ella. Muchos de los beneficios de asistir a la escuela se revelan con el tiempo –por ejemplo, la capacidad de ganarse la vida como adultos–, aunque otros son evidentes de inmediato. La participación en la escuela es para los niños y niñas con discapacidad una oportunidad importante para corregir los errores de concepto que dificultan su inclusión (p.36).
Es indudable la importancia de la educación para los niños y las niñas, sin embargo, los niños que tienen una discapacidad, que no aprenden igual a los demás son excluidos del sistema educativo teniendo como consecuencia la exclusión social ya que la institución no cumple con el que debería ser su fin principal “crear seres humanos” como lo mencionábamos anteriormente.
En principio, todos los niños y niñas tienen el mismo derecho a la educación. En la práctica, a los niños y niñas con discapacidad se les priva de este derecho de forma desproporcionada. En consecuencia, se mina su capacidad para disfrutar de unos plenos derechos como ciudadanos y para asumir funciones importantes en la sociedad, principalmente por medio del empleo productivo (Unicef, 2013, p.37).
Es por esto que la escuela debe transformar sus prácticas para dar la bienvenida a todos los niños y las niñas sin importar su condición para facilitar su inclusión en la sociedad y garantizar que sean ciudadanos participes de la cultura.