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Capítulo II: Marco teórico

Subcapítulo 2: Educación Intercultural y Bilingüe

En el número 20 de la Revista Iberoamericana de Educación de mayo-agosto de 1999, el artículo sobre “La Educación intercultural bilingüe en América Latina: balance y perspectivas”, presentado por Luis Enrique López y Wolgang Küper, pretende: a) situar la EIB en el seno de las comunidades indígenas; y b) intentar un balance de su aplicación en el continente con vistas a contribuir a la formulación de políticas educativas en contextos étnicos, pluriculturales y multilingües, recurriendo a la información tanto contextual como histórica.

Filosofía y concepción intercultural

Estermann, J. (1998) señala que la filosofía intercultural, surgida a comienzos de la década de los noventa, no se entiende como una corriente de pensamiento, sino, ante todo, como una cierta manera de hacer filosofía. Su tema principal es la interculturalidad, relación sui generis entre las distintas culturas establecidas sobre la base del respeto y la igualdad. Por lo tanto, no pretende reemplazar las

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filosofías contextuales e infra-culturales con una filosofía supra-cultural, sino articularlas de una manera no-reduccionista, ni hegemónica.

La filosofía intercultural ha surgido, sobre todo, en base a dos experiencias fundamentales:

1. La conciencia creciente de la condicionalidad cultural (cultura-centrismo) de la tradición dominante de la filosofía occidental.

2. Las tendencias actuales –en sí contradictorias- del proceso acelerado de la globalización cultural por medio de una súper cultura económica y

postmoderna, y el incremento de conflictos y guerras por razones étnicas y culturales.

También se señala una importante corriente dentro de la filosofía intercultural. De Vallescar (2000) apunta: más que comunicación es necesaria una comunión. Panikkar (1991: 280) señala que en el pensamiento intercultural se produce un conflicto entre “Kosmologías”: con marcada diferencia entre Kosmogonía que es la visión del mundo más o menos racional y coherente expresada en la creencia mítica; y kosmovisión referida al conjunto de ideas y opiniones que asienta el hombre pero que no se puede describir.

La idea que desarrolla Vachon (1995) es que toda cultura tiene tres

dimensiones de pensamiento: la dimensión lógica que corresponde a todo aquello que puede ser pensado por una cultura; la dimensión mítico-simbólica constituido por todo aquello que puede ser creído pero no pensado ni definido; y la dimensión

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mistérica como todo aquello que no puede ser pensado ni definido y que supera toda conceptualización y simbolización constituyendo un credo y una reglas.

La filosofía intercultural latinoamericana critica la pretensión absolutista y universalista de la filosofía occidental. Lo considera un caso de ideologización sobre una determinada concepción del mundo surgida en una cultura particular, concebida y definida como la concepción universalmente válida y verdadera para la realidad indígena (Vachon, 1995).

Teóricamente, el afán súper o supra cultural de la filosofía occidental se convierte en imperialismo y hegemonismo económico, político y práctico. En la modernidad americana, el proceso de desarrollo y progreso es idéntico al proceso de occidentalización; en la filosofía de América Latina, este cortocircuito

intelectual se nota muy claramente: hasta la segunda mitad de este siglo, donde un filósofo latinoamericano era considerado verdaderamente “filósofo” en la medida en que era capaz de “occidentalizarse”, es decir, de imitar las corrientes de pensamiento y de posturas vigentes en Occidente.

Al respecto, en 1925, José Carlos Mariátegui escribió: “Todos los pensadores

de nuestra América se han educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza”. Por lo tanto, la producción intelectual del continente carece de rasgos propios; no tiene contornos originales. El pensamiento

hispanoamericano no es generalmente sino una rapsodia compuesta con motivos y elementos del pensamiento europeo.

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Otros pensadores continuaron la crítica mariateguista acuñando términos propios. Por ejemplo, Víctor Andrés Belaúnde introdujo, para esta condición típica de la filosofía latinoamericana, el término “anatopismo”; de igual manera, Augusto Salazar Bondy habla de una profunda “inautenticidad” y “alienación”; por su parte, Leopoldo Zea introduce “servidumbre” y “dependencia”; y Enrique Dussel la llama “ontología del centro”.

Almudena, H. (2002:9) sostiene que los seres humanos “construyen” la realidad en la que viven a través de una selección de los fenómenos que contemplan. Esta selección se realiza mediante dos mecanismos básicos:

• El modo en que los grupos humanos “ordenan” esa realidad a través de los parámetros tiempo/espacio.

• El modo en que “representan” esa realidad, bien a través de signos que están contenidos en ella, lo que da lugar a los mitos; o que son arbitrarios y

distintos de la realidad que representan, lo que da lugar a la abstracción de la ciencia.

Olson (1994) llamó a estos dos modos de representación “metonimia” y

“metáfora”. La primera es priorizada entre las sociedades orales y la segunda entre las literarias. Continúa Almudena señalando que, la percepción que tenemos de la realidad dependerá del modo de representación que utilicemos para “construir” el tiempo y el espacio; a su vez que, dependiendo de si la representación es

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El peso del espacio o del tiempo será priorizado de distinta manera, resultando en la construcción social de realidades más estáticas o más dinámicas y de

identidades más relacionales o más individualizadas. Esto cobra sentido en la mutua interrelación con la complejidad socioeconómica de cada grupo humano, pues la identidad debe comprenderse como el mecanismo por el cual los seres humanos se hacen una idea de la realidad y de su posición en ella que les permita sobrevivir eficazmente con unas condiciones materiales dadas. En este sentido, los mecanismos de identidad constituyen un instrumento cognitivo esencial para que los seres humanos sientan suficiente control sobre sus circunstancias de vida, por lo que su modelación dependerá del control material real que sobre ellas tengan.

La identidad se construye conforme a una serie de relaciones estructurales que pueden esquematizarse a través de la siguiente Tabla:

Almudena cree, además, que sobre estas relaciones estructurales se desarrollan particularidades personales o culturales. En otras palabras, las sociedades pueden transformarse siguiendo ritmos y direcciones distintas a pesar de que el cambio no

TABLA 2