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La Educación de Personas Adultas y otros conceptos afines.

La IV Conferencia (París, Francia, 1.985) retoma la definición de EA formulada en las recomendaciones aprobadas en la Conferencia General de la UNESCO (Nairobi, Kenya,

2.3. La Educación de Personas Adultas y otros conceptos afines.

En esta sección se pueden distinguir tres partes claramente diferenciadas:

a) Una primera expositiva y teórica, que abarca el apartado de la clarificación conceptual y el de los fines. En ella se comentan diversos autores y perspectivas para hacer una aproximación a un ámbito complejo.

b) La segunda se podría llamar constructiva y creativa. Por un lado, constructiva, en lo referente a relacionar los conceptos; por otro, creativa, por la aportación en la conceptualización particular de los términos.

c) La última, la reflexiva y crítica, la centramos un poco más en la vertiente práctica. Hacemos una reflexión sobre ciertos puntos, importantes a nuestro juicio, que no han dejado implantar, de forma efectiva, los planteamientos sistemáticos incorporados en la teorización conceptual sobre el campo de la educación de personas adultas. Para nosotros, cuando hablamos de educación, teoría y práctica van de la mano.

El concepto y ámbito de extensión de la Educación de Personas Adultas se puede confundir, y de hecho se confunde, con otros conceptos, actuaciones, disciplinas, etc. Creemos necesario delimitarlo mínimamente antes de ponernos a investigar sobre él. Asimismo, poner cada noción en su sitio para evitar errores terminológicos que terminan afectando al campo práctico, percibiendo y viendo todo como un conjunto en el que no se pueden adivinar sus partes integrantes, sin posibilidad de desarrollo reflexivo y teórico de cada uno de esos conceptos, acciones, disciplinas o sectores socioculturales.

La elección de términos relacionados con EPA siempre tiene un cariz subjetivo, particular y circunstancial: ¿por qué se seleccionan estos conceptos y no otros? Si se repasa ampliamente la literatura de EPA aparecen otras conceptualizaciones relacionadas con este campo: Desarrollo Local, Educación Popular, Desarrollo Comunitario, Desarrollo Rural, Gestión Cultural, Planificación Cultural, Investigación Acción Participativa, etc. Incluirlos todos hubiera alargado de forma extrema lo que se pretendía: situar la EPA como se entiende fundamentalmente en nuestro contexto, sobre todo lo desarrollado a partir de los Programas Provinciales. En éstos, la Animación Sociocultural (ASC) ha tenido un papel relevante (hoy es menor): como contextualización de los aprendizajes más instrumentales del aula en la realidad concreta y como metodología de intervención para la mejora de la participación social. Ha sido y es una metodología crucial para la creación y mantenimiento de un entramado social y asociativo en nuestro medio rural (multitud de asociaciones han partido de experiencias de

EPA). Respecto a la educación permanente, sólo recordar el apartado anterior y la extrema vinculación con la EPA, que se entiende como un subconjunto integrado de la EP. Cuando mencionamos educación social (ES) lo más habitual es que tengamos dificultades para definirla unívocamente por la complejidad de este ámbito educativo; los criterios de su elección obedecen a dos grandes motivaciones: la primera valora que desde una óptica docente universitaria la ES engloba a la Educación de Personas Adultas, la Animación Sociocultural, la Educación Especializada y la Formación Ocupacional; la segunda tiene en cuenta el campo de acción de los colegios profesionales de ES (en Aragón creado recientemente), uno de los sectores es la EPA. Por último, la ES es el objeto de referencia de la Pedagogía social (PS), para algunos entendidos es ciencia y práctica de la ES.

Desarrolló teóricamente

EP

EPA

ASC

ES

Es objeto de estudio Es parte de Metodología crucial

PS

2.3.1. Clarificación conceptual: educación de personas adultas, animación sociocultural, educación permanente, Pedagogía social y educación social.

Este apartado recopila diferentes conceptualizaciones de estos términos, en el orden en que aparecen en el título, y añadimos varios por la riqueza, amplitud, variedad e interrelación de los citados conceptos.

Como se ha expuesto anteriormente, las diferentes Conferencias Internacionales de la Unesco fueron progresivamente configurando el concepto de educación de adultos. Recordemos el de la Conferencia de Nairobi (1.976): “designa la totalidad de los procesos organizados de educación, sea cual sea el contenido, el nivel y el método, sean formales o no formales, ya sea que prolonguen o reemplacen la educación inicial dispensada en las escuelas y universidades, y en forma de aprendizaje profesional, gracias a los cuales las personas consideradas como adultos por la sociedad a la que pertenecen desarrollan sus aptitudes, enriquecen sus conocimientos, mejoran sus competencias técnicas o profesionales o les dan una nueva orientación, y hacen evolucionar sus actitudes o su comportamiento en la doble perspectiva de un enriquecimiento integral del hombre y una participación en un desarrollo socioeconómico y cultural equilibrado e independiente”.

También hemos comentado que este concepto de educación de adultos es uno de los más mencionados en la literatura sobre este ámbito educativo, siguiendo a Sarrate (1.997, pp. 30-31), vamos a sintetizar las consideraciones que extrae de la anterior definición:

a. Abarca un amplio conjunto de procesos educativos, dotándola de un carácter global. b. Admite una pluralidad de métodos y modalidades, acogiendo todos los campos

formativos: personal, académico, social, cultural, económico, ciudadano y profesional.

c. Supera el marco de la educación formal, incluyendo la no formal. d. Propicia la democratización educativa y cultural.

e. Los destinatarios son las personas adultas, consideradas como tales por la sociedad en la que viven.

f. Su meta es la formación integral de la persona, ayudándole a desarrollar todas sus capacidades.

g. La dimensión social posibilita la participación de la persona adulta en programas de desarrollo socioeconómico y sociocultural, con miras a lograr la transformación de la realidad.

Además, la EPA, como se dijo, suele presentarse en cuatro apartados: escolar o académico, cultural, profesional y social (informal, global); siendo esta separación más metodológica que real, ya que la EPA, como toda educación que se digne de serlo, es integral y es absurdo plantear el desarrollo de una fracción exclusiva sin verse afectadas las otras.

Otro concepto muy nombrado y más reciente en el tiempo (también aludido antes) es el de la V Conferencia Internacional de Educación de las Personas Adultas (1.997), que por educación de adultos entiende: “El conjunto de procesos de aprendizaje, formal o no, gracias al cual las personas cuyo entorno social considera adultos desarrollan sus capacidades, enriquecen sus conocimientos y mejoran sus competencias técnicas o profesionales o las reorientan a fin de atender sus propias necesidades y las de la sociedad. La educación de adultos comprende la educación formal y la permanente, la educación no formal y toda la gama de oportunidades de educación informal y ocasional existentes en una sociedad educativa multicultural, en la que se reconocen los enfoque teóricos y los basados en la práctica”.

Estas dos definiciones (y su desarrollo) las compara Requejo Osorio (2.003, pp. 57-58) y como él dice: coinciden en ideas básicas, pero habría que hacer alguna matización y aclaración. Mientras la primera es más completa y se inclina por un proyecto global de

educación permanente, la segunda propone un abanico de actividades y compromisos en una sociedad «multicultural» en torno a diferentes temas, como por ejemplo: EPA y democracia, mejora de condiciones, garantías de la alfabetización y la enseñanza básica, etc.

Por último, traeremos aquí un concepto de educación de adultos escueto: “es la que se ofrece a los que han pasado el límite de edad escolar y que no han recibido educación escolar suficiente o que desean mejorar lo conseguido. En el primer caso es una forma de educación compensatoria y en el otro de formación continua” (Ander Egg, 1.992, p. 231)

En lo relativo a la animación sociocultural, Trilla (1.997) nos ilustra con una serie de caracterizaciones según diferentes autores:

1. Como acción, intervención, actuación, etc. 2. Como actividad o práctica social.

3. Como un método, una manera de hacer o una técnica, un medio o instrumento. También como una metodología o una tecnología.

4. Como proceso, destacando aquí la dimensión dinámica. 5. Como programa, como proyecto, etc.

6. Como función social.

7. Como factor, enfatizando el carácter operativo.

Estamos con él en que estas caracterizaciones no necesariamente tienen por qué ser contradictorias entre sí. Lo que sucede es simplemente que con la expresión «animación sociocultural» se están designando aspectos o momentos distintos de las acciones o procesos que se pretenden referir, o se están haciendo énfasis diferentes en cómo debieran ser tales acciones o procesos. Este autor, después de esto, la define como: “El conjunto de acciones realizadas por individuos, grupos o instituciones sobre una comunidad (o un sector de la misma) y en el marco de un territorio concreto, con el propósito principal de promover en sus miembros una actitud de participación activa en el proceso de su propio desarrollo tanto social como cultural” (Trilla, 1.997, p. 22).

Una concepción «tecnológica» muy arraigada es la de Ander Egg: “En cuanto conjunto de métodos y técnicas específicas, la Animación Sociocultural es una tecnología social que, basada en una pedagogía participativa, tiene por finalidad actuar en diferentes ámbitos que hacen a la calidad de vida, promoviendo, estimulando y canalizando la participación de la gente para que logre su propio desarrollo sociocultural” (1.992, p. 212)

La animación sociocultural como «método de intervención socioeducativa», vertiente importante de ella que nos interesa particularmente, se podría decir que es “el poner a los individuos en la situación en la que por sí mismos lleguen a conocer el papel que desempeñan y el que deberían desempeñar en la sociedad, y a desear jugar ese nuevo rol social y conseguir efectivamente jugarlo, la Animación Sociocultural se convierte no ya en método de intervención socioeducativa, sino en esa intervención misma” (Quintana Cabanas, 1.996, p.52)

Viché, en una línea «más cultural», define la animación sociocultural “como un concepto sinergético que asume y combina tres procesos sociales básicos: el de la educación en el tiempo libre, el de la participación social y ciudadana, y el de la creación cultural” (1.999, p.53). Entendiendo los tres de la siguiente forma:

9 La educación social la concibe como permanente, generada a partir de las experiencias y las relaciones comunicativas entre los individuos, los grupos y colectivos sociales y entre éstos y su entorno territorial.

9 La participación ciudadana supone la participación directa del individuo en el seno de los grupos, redes y colectividades donde vive.

9 La creación cultural la distingue como expresión colectiva de respuestas prácticas de adaptación e innovación, repuestas estéticas y emotivas a las relaciones de la vida colectiva. Proceso que supone tanto la recreación de procesos y valores como la creación artística y el diseño y creación colectiva de formas de vida y relación.

Merino Fernández (1.997) se decanta por «una línea programática, reflexiva y realista». Para él tres términos claves en la configuración de la animación sociocultural son:

9 Animar, en el doble sentido: personal y grupal.

9 Intervenir mediante programas de intervención territorial eficaces. 9 Transformar.

Su lema resumen es: “Hacia mentalidades y actitudes solidarias y situaciones menos burocratizadas, centralizadas y jerarquizadas y más descentralizadas y coordinadas” (1.997, p. 35).

Más adelante, la enlaza directamente con el proceso de la investigación-acción y afirma que “la evolución de la teoría y práctica de la animación sociocultural ha subrayado que ésta, es fundamentalmente una práctica reflexiva desarrollada a través del clásico camino de «acción- reflexión-acción». La animación sociocultural se dirige y configura fundamentalmente a través

de la acción. Por lo tanto la concreción en programas específicos se percibe como exigencia del propio concepto, y su vinculación a lugares, situaciones y poblaciones concretas constituye consecuentemente una característica de la misma” (1.997, p. 92).

Por último, comenta que hablar de animación sociocultural en general resulta un poco ambiguo, necesitando ésta de un proyecto real y concreto que responda a una concepción y que se fundamente en la realidad específica donde se va a desarrollar, con sus necesidades, sus posibilidades y alternativas.

Por eso propone consecuentemente la formulación de «programas de animación sociocultural» (Merino Fernández, 1.997, p. 94).

Pese a la variedad de definiciones, la mayoría de autores estarían de acuerdo con De Natale en que, en el marco de la educación permanente de adultos, la califica como la antítesis de los métodos tradicionales, describiendo la animación como “un método para vivir la belleza de la apertura y del pluralismo, la plenitud de la vida social, la voluntad del diálogo y la seguridad gratificante que viene del noble ejercicio de la tolerancia. Es un método semi- directivo, no directivo” (2.003, p. 129).

El concepto de educación permanente, al contrario de lo que ocurre con el concepto de animación sociocultural, básicamente no ofrece multiplicidad de definiciones, aunque haya pequeñas matizaciones. Como ya hemos señalado anteriormente al definir la EPA en un marco internacional, nos referimos a la educación permanente como un principio unificador de todas modalidades educativas. En sus orígenes éste fue su significado.

La Conferencia de Nairobi (1.976) expresa que la educación permanente “designa un concepto global encaminado tanto a reestructurar el sistema educativo existente como a desarrollar todas las posibilidades de formación fuera del sistema educativo:

9 En ese proyecto, el hombre es el agente de su propia educación por medio de la interacción permanente de sus acciones y su reflexión.

9 La educación permanente, lejos de limitarse al período de escolaridad, debe abarcar todas las dimensiones de la vida, todas las ramas del saber y todos los conocimientos prácticos que pueden adquirirse por todos los medios y contribuir a todas la formas del desarrollo de la personalidad.

9 Los procesos educativos que siguen a lo largo de su vida los niños, los jóvenes y los adultos, cualesquiera que sea su forma, deben considerarse como un todo”.

Gelpi caracteriza a la educación permanente como un principio que nos ayuda a repensar globalmente nuestras soluciones educativas y no a añadir soluciones al orden existente. También comenta que, en la práctica, puede significar muchas cosas contradictorias, pero la define como “un proyecto educativo que tiene en cuenta los cambios objetivos de la sociedad y las aspiraciones de desarrollo de los hombres y las mujeres (1.990, p.129). Asimismo, considera que la educación permanente no es la educación de adultos, tampoco es una formación vocacional, ni de recuperación escolar. La educación permanente es una política global, es sinónimo de educación en general, sin confundirla con escolarismo.

Para Quintana y Sanz “es un gran principio que introduce nuevas dinámicas educativas con el fin de resolver los grandes problemas de nuestra sociedad, implicando en estas dinámicas a un público, a unos agentes y a una organización educativa distintas de las tradicionales” (1.995, p. 33).

Otra forma de conceptuarla, similar a las anteriores, es la que nos ofrece González (citado por Jabonero, López y Nieves), para él la educación permanente es un “sistema global e integrador de educación, recurso inagotable, proceso continuo que abarca todas las dimensiones de la vida, con el fin de mejorar ésta” (1.999, p. 27).

Como conclusión final y contrapunto, Trilla nos advierte que “el concepto de educación permanente en su uso descriptivo refiere el universo entero de la educación, mientras que en su uso prescriptivo y proyectivo atesora los mejores deseos gestados por la Pedagogía. Es un concepto que, por querer decirlo todo y todo lo bueno, probablemente acabe por resultar inservible para designar nada” (1.997, p. 25).

Otro concepto relacionado es el de Pedagogía social. Para su delimitación seguiremos la definición realizada por Quintana Cabanas. Se refiere a ella como la ciencia de la educación social “que enseña a preparar a los individuos para su vida social y a intervenir educativamente en algunas circunstancias sociales especialmente conflictivas para la calidad básica de la vida humana de ciertos grupos sociales” (García Larrauri y otros, 1.997, p. 13). Estos autores nos dicen que en esta definición se concibe la educación social como el objeto de referencia de la Pedagogía social y “supone la acción educativa desarrollada por distintos agentes, a través de las instancias educadoras de la sociedad” (1.997, p. 13). También añaden que la educación social “además de una dimensión práctica ampliamente reconocida, precisa de reflexión necesaria y continua para realizar una elaboración teórica y normativa, que no es exclusiva de la Pedagogía social” (1.997, p. 13). Esto último no terminan de aclararlo, no definen lo que

correspondería a la Pedagogía social como producción teórica y lo que es exclusivo de la educación social.

Para otros la Pedagogía social es o debe ser la ciencia o disciplina de la educación social, por ejemplo, para Ortega “el objeto genérico de la Pedagogía social es la educación social, o si se quiere, la acción o intervención pedagógico social o socioeducativa. La Pedagogía social es teoría y práctica de la educación social” (1.999, p. 21)

Otra definición similar nos la aporta Fermoso: “Pedagogía social es la ciencia práctica social y educativa no formal, que fundamenta, justifica y comprende la normatividad más adecuada para la prevención, ayuda y reinserción de quienes pueden padecer o padecen, a lo largo de toda su vida, deficiencias en la socialización o en la satisfacción de necesidades básicas amparadas por los derechos humanos” (1.994, p. 21).

Desde una perspectiva más analítica, Trilla (1.997) nos expone tres usos de la Pedagogía social:

9 La Pedagogía social como disciplina se ocuparía de la educación social (en tanto que intervención), entendiendo por esta última aquella que se produce en ámbitos no escolares.

9 Como disciplina que tiene como objeto la educación social del individuo.

9 Acotando su objeto sobre todo en función de los destinatarios de la acción educativa: éstos serían aquellos sujetos o colectivos que se encuentran en alguna situación de conflicto social.

Terminaremos la exposición de nociones de Pedagogía social aportando una muy reciente en el tiempo, la de la Asociación Estatal de Educación Social2 (ASEDES) (2.007), que se inclina por el lado formativo y entienden “que la Pedagogía social es la ciencia y la disciplina que toma como objeto de estudio la educación social, proporcionando modelos de conocimiento, metodologías y técnicas para la praxis educativa. A través de este campo de conocimiento podemos disponer de un corpus sistemático de conocimientos especializados con los que se adquieren competencias intelectuales y técnicas para actuar en un campo de acción educativa”.

2

Para cerrar este apartado conceptual, vamos a tratar la definición de educación social, término difícil de concretar por la complejidad y diversidad de los contextos, así como de las «ideologías» subyacentes en las personas que lo definen.

Fermoso la conceptualiza como efecto o consecuencia: “La educación social es el resultado o producto del proceso de socialización, equivalente o traducible en un conjunto de habilidades desarrolladas por el aprendizaje, que capacitan al hombre para convivir con los demás y adaptarse al estilo de vida dominante en la sociedad y cultura a la que pertenece, sin perder la identidad personal, aceptando y cumpliendo, al menos, sus (de la sociedad y cultura) exigencias mínimas” (1.994, p. 134).

Desde una óptica práctica, Ortega dice que “la educación social es una praxis, una acción, una actividad profesional que debe sustentarse o fundamentarse en una disciplina científica que teorice y conceptualice, que investigue, organice, recopile y sistematice los conocimientos relativos a esa acción o práctica profesional” (1.999, p. 19)

Una perspectiva amplia puede ser la siguiente: “La educación social, desde la unión entre su dimensión teórica y práctica, prepara a las personas para la vida social y pretende su participación en el bienestar y la mejora de la calidad básica de la vida humana, especialmente para los grupos sociales menos favorecidos o que se encuentran en situación de dificultad; por eso, desde una metodología de intervención propia y con una intencionalidad de aprendizaje social permanente, despliega su actividad para generar procesos de desarrollo en los ámbitos de la Educación de Personas Adultas, la Animación Sociocultural, la Educación Especializada y la Animación Socioeconómica (Formación Ocupacional)” (García Larrauri y otros, 1.997, p. 15).

Como se ve, hay diferentes formas de enfocar o abordar el concepto de educación social. Es un término de difícil precisión, nos dice Petrus, “porque su conceptualización tiende a variar según la ideología, la filosofía y la visión antropológica desde la que se aborda su conocimiento científico. Así, por ejemplo, la educación social realizada y pensada en nuestro país está, todavía, íntimamente ligada a una función de ayuda educativa a personas o grupos