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Efecto de la figura

3. Investigaciones empíricas centradas en el estudio de variables estructurales

3.3. Efecto de la figura

Una línea de investigación diferente de las revisadas hasta ahora ha trata- do de estudiar la importancia de la disposición de los términos del silo- gismo en la ejecución de los sujetos. Esta perspectiva trata de analizar en qué medida la figura del problema afecta a la forma en que los sujetos re- suelven silogismos. La cuestión no se aborda ni desde el efecto atmósfe- ra, ni desde la hipótesis de conversión, ni desde la interpretación de las premisas, y cualquier teoría que ignore el efecto de esta variable estructu- ral sobre el razonamiento silogístico deberá considerarse incompleta (Evans y cols. 1993).

Las primeras investigaciones sobre el efecto de la figura, con un enfo- que paralelo al del efecto atmósfera, se deben a Frase (1968). Este autor lle- vó a cabo dos experimentos, en los que presentaba silogismos de las cuatro figuras a sujetos, entrenados y no entrenados en lógica. Se les pedía a los sujetos que resolviesen los problemas y, además, que emitiesen la confian- za o la seguridad subjetiva que tenían en la corrección de su respuesta. En el experimento 2, Frase manipuló el tiempo del que disponían los sujetos para emitir sus respuestas (20 segundos, 30 segundos y tiempo ilimitado). En ambos experimentos, se encontró la misma distribución de errores a tra- vés de las cuatro figuras: la figura 1 era la que presentaba una menor tasa

de errores y la figura 4 era la que presentaba un mayor número de respues- tas erróneas, mientras que las figuras 2 y 3 registraban tasas de errores in- termedias. Los sujetos entrenados en lógica se encontraban más seguros que los no entrenados cuando resolvían problemas de la cuarta figura, pero apenas había diferencias con los silogismos de las figuras 2 y 3. Por último, el tiempo no interactuó con la figura.

Estos resultados fueron confirmados por estudios posteriores, realizados por Pezzoli y Frase (1968) y por Roberge (1971). Los resultados de esta úl- tima investigación confirmaron que los sujetos cometían el mayor número de errores con problemas de la figura 4, tanto con silogismos válidos como con silogismos no válidos.

Erickson (1974) no encontró diferencias según el tipo de instrucciones experimentales que recibieron los sujetos en la ejecución de silogismos vá- lidos, y sus resultados fueron similares a los de Frase en relación con la im- portancia de la figura.

Dickstein llevó a cabo una serie de investigaciones sobre la importancia del orden de presentación de las premisas y el efecto de la figura. Dickstein (1975) no encontró diferencias en la ejecución de los sujetos, al manipular el orden de presentación de las dos premisas (mayor y menor) de los argu- mentos silogísticos. Por eso, en estudios posteriores se centró en la impor- tancia de la figura (Dickstein, 1978a y b). Sus estudios son especialmente interesantes porque seleccionó los problemas cuidadosamente para contro- lar la conversión de las premisas, incluyó silogismos válidos y no válidos y, además, manipuló la figura de los problemas tanto como una variable de medidas repetidas como a través de un diseño intergrupo (Dickstein, 1978a). En ambos casos, se mostró la mejor ejecución en la figura 1, una ejecución intermedia en las figuras 2 y 3 y el mayor número de errores en la figura 4. La segunda investigación (Dickstein, 1978b) es uno de los po- cos experimentos citados en los estudios publicados en los que se presenta- ron a los sujetos las 64 combinaciones posibles de las premisas, para cada una de las cuatro figuras. Los resultados confirmaron los obtenidos previa- mente, y registraron, además, tres grupos de combinaciones de premisas de dificultad diferente: 1.º, premisas fáciles (EE, EO, OE y OO); 2.º, premisas con dificultad intermedia (II, IO y OI), y 3.º, premisas difíciles (IE). Dicks- tein interpretó el efecto de la figura como dirección de procesamiento. En la figura 1, se induce un procesamiento en el sentido de S a P; mientras que en la figura 4, la tendencia a procesar la información es hacia atrás, de P a S. Por eso, el mayor número de aciertos se corresponde con la figura 1, y el mayor número de errores se registra con los problemas de la figura 4.

El modelo analógico de Johnson-Laird y Steedman (1978) fue el prime- ro en incluir el efecto figura. Los resultados registrados tanto en el experi- mento con silogismos válidos como en el experimento con problemas váli- dos y no válidos de las 64 combinaciones posibles de premisas fueron similares a los de Dickstein (1978). Los sujetos mostraron una preferencia

por el procesamiento hacia delante, que les resulta más sencillo. Los auto- res explicaron estos resultados en función de una asimetría funcional en las representaciones de las premisas.

García Madruga (1982) también comprobó la influencia de la figura del silogismo, y registró una tendencia hacia conclusiones A - C con combina- ciones de premisas en las que no se predecía ninguna tendencia especial (por ejemplo, AE - 2). Estos resultados inesperados lo llevaron a proponer una hipótesis fuerte de la figura, en la que se hacen dos tipos de prediccio- nes: 1, para la figura 1, se predicen conclusiones A - C, y, para la figura 4, conclusiones C - A, como en la versión original; y 2, para las figuras 2 y 3, se predicen conclusiones en determinada dirección, coincidentes con la premisa-ancla. Los resultados de sus experimentos confirmaron estas pre- dicciones, y la necesidad de explicarlos lo llevó a formular su propio mode- lo de razonamiento silogístico (García Madruga, 1982, 1983).

Posteriormente, la teoría de modelos mentales rechazó la explicación del efecto de la figura como un sesgo direccional en la representación mental de las premisas. Johnson-Laird (1982) considera que en los silogismos de la primera figura (A - B, B - C) el término medio está contiguo en ambas pre- misas, por lo que al sujeto le resulta sencillo construir un modelo de la pri- mera premisa y añadirle la información de la segunda, lo que da lugar a con- clusiones en el sentido A - C. Sin embargo, en aquellas premisas en las que no se permite la integración inmediata (por ejemplo, en la figura 4: B - A, C - B) es preciso llevar a cabo operaciones suplementarias; en este caso, se re- aliza la interpretación de la segunda premisa, se rehace la interpretación de la primera y se añade esta información a la de la segunda premisa, con lo cual la conclusión se obtiene en el sentido C - A. Esta necesidad de realizar operaciones adicionales para formar un modelo integrado en algunas figuras aumentaría la carga de la memoria operativa y, por tanto, dificultaría la infe- rencia.

Johnson-Laird y Bara (1984) encontraron nuevos resultados favorables al efecto figura, incluso con series de tres términos. Los principales resulta- dos fueron que, en función de la figura, variaban el número de conclusio- nes válidas, el número de conclusiones no proposicionales erróneas y las latencias. En el experimento 4 registraron de nuevo el efecto más citado so- bre el efecto figura: el 78% de las respuestas de la figura 1 era en sentido A - C, y el 63% de las conclusiones de la figura 4 era en el sentido C - A; pero, además, en las figuras 2 y 3, los sujetos tendían a colocar el término extremo en la conclusión en el mismo sentido que ocupaba en las premisas. Johnson-Laird y Bara (1984) explicaron estos resultados en función de las operaciones mentales que el sujeto debe llevar a cabo para que el término medio aparezca contiguo en ambas premisas. En la formulación más re- ciente de la teoría de modelos mentales se mantiene una interpretación si- milar (Johnson-Laird y Byrne, 1991; véase Santamaría, en este volumen). Así, en la figura A - B, B - C, el término medio (B) está contiguo en las dos

premisas, por lo que sería fácil realizar su integración; de tal forma que, con estos problemas, se predice la mayor proporción de conclusiones váli- das y el menor porcentaje de respuestas del tipo «no existe ninguna conclu- sión». Este silogismo de la figura 1 sería el más fácil. Le seguirían en difi- cultad los silogismos de las siguientes figuras: B - A, C - B; A - B, C - B y, por último, B - A, B - C, que se corresponden a las clásicas figuras 4, 2 y 3, con el orden de las premisas invertido.

Wetherick y Gilhooly (1990) consideran que el efecto figura puede ex- plicarse como una tendencia a utilizar como sujeto de la conclusión el tér- mino extremo, que aparece como sujeto en una de las premisas. Algunos autores señalan que esta explicación no permite justificar los resultados ex- perimentales obtenidos con latencias de respuestas ni tampoco la mayor di- ficultad de la figura 3, que no tiene ningún término extremo como sujeto, sobre la figura 2, que tiene dos (Johnson-Laird y Byrne, 1991; Evans y cols., 1993).

En resumen, a partir de los resultados de las investigaciones empíricas, se pueden extraer las siguientes conclusiones:

1) La figura de los silogismos afecta el razonamiento de los sujetos que tienen que resolver este tipo de problemas.

2) El principal efecto de esta variable estructural se registra empírica- mente como una tendencia a elaborar o aceptar conclusiones en el sentido A - C en la figura 1 y en el sentido C - A en la figura 4. 3) No existe consenso respecto del efecto de la figura; la explicación

que cuenta con mayor apoyo empírico hasta el momento es la pro- puesta por la teoría de modelos mentales.