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EL EFECTO DEL SISTEMA DE ESCRITURA SOBRE LA DETERMINACIÓN DE LA UNIDAD PALABRA

In document Luis Fernando Lava. Curso de lexicología (página 119-124)

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2. EL EFECTO DEL SISTEMA DE ESCRITURA SOBRE LA DETERMINACIÓN DE LA UNIDAD PALABRA

Varios estudiosos contemporáneos de la historia de las lenguas europeas (algunos de los cuales se citan en la bibliografía de este capítulo) han mostrado cómo la escritura se interpretaba de manera diferente en los albores de nuestras lenguas modernas, ya fuera que se tratara de las len­ guas romances o de las lenguas germánicas o célticas. Para los seres hu­ manos que tenían una lengua romance por materna, su lectura de los textos que habían heredado, en latín, se interpretaba en sus diferentes variedades dialectales (castellano, aragonés, catalán, gallego-portugués, occitano, florentino, etc.) como si se tratara de la misma lengua latina, sin preguntarse, en consecuencia, cuál era la relación entre letra y fone­ ma (estrictamente hablando, entre letra y pronunciación, pues el fonema es una unidad lingüística apenas concebida hace poco menos de

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años, que los hablantes no suelen poder reconocer).

Con toda seguridad sus pronunciaciones del común patrimonio ver­ bal latino habían variado mucho durante la Edad Media, pero no se da­ ban cuenta de ello. Los textos de que disponían — pocos, debido a la bar­ barie de los años posteriores a la desaparición del Imperio romano y a la agresión cristiana a la cultura pagana— se leían como si se tratara más que de escritura, de partituras, como se hace en música (en el calpulli az­ teca se hacía más o menos lo mismo con los códices jeroglíficos). En cambio, los habitantes de regiones colonizadas por Roma en el norte de Europa y en las islas británicas, cuyas lenguas maternas eran muy dife­ rentes de las romances y, en consecuencia, no podían considerar que hu­ biera alguna relación entre los textos religiosos latinos y sus propias len­ guas, se preguntaban con mayor perentoriedad cómo habían de leerse esos textos, con lo que la relación entre escritura y pronunciación era un problema que había que resolver.

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2.1. La descodificación en fonem as y sílabas

Así que en Inglaterra, en Irlanda y en el Imperio de Carlomagno — de lengua germánica— la escritura tenía que dar lugar a una verdadera

descodificación sonora de los textos latinos, que se hacía en silencio, pero articulando la pronunciación de sílabas y fonemas, previa a la lec­ tura, que se solía hacer en voz alta (y es lo que haría hoy en día un niño que aprende a leer ante un texto relativamente difícil, o lo que hacemos nosotros en algunos casos, sobre todo en textos de lenguas extranjeras).

El proceso de la lectura constaba de cinco momentos: la lectio, en que se descifraba el texto identificando sus elementos (la discretio o seg­ mentación); la pronuntiatio, en que se leía en voz alta; la emendatio, en que se corregían los errores de copia y lectura; la enarratio, en que se comentaban las características verbales del texto, y finalmente la expía- natío o interpretación de su contenido. En ese momento inicial de la

discretio era cuando se manifestaba el sistema de escritura latino como un sistema fonográfico; no es de extrañar, en consecuencia que, al co­ menzar a escribirse las lenguas modernas de Europa, el sistema latino se continuara y se adaptara a las características de esas lenguas (como hoy sucede con los sistemas de escritura de muchas lenguas amerin­ dias, para los cuales la tradición escrituraria está definida por el siste­ ma del español).

2.2. El reconocim iento d e la unidad palabra

Sobre la base de los estudios de Malcolm B. Parkes, a quien hemos ve­ nido siguiendo en el párrafo anterior, se puede sostener que las gramá­ ticas latinas heredadas en la Alta Edad Medía, basadas en la teoría de las partes de la oración, es decir, ya con una concepción “lingüística” de las lenguas (aunque la lingüística, como ciencia, se inventó en el siglo xix), suponían un reconocimiento previo de las unidades palabra y una per­ cepción muy clara de la cohesión morfemática entre sus morfemas cons­ titutivos, tama como para poder presentar y analizar paradigmas cerra­ dos del latín, como las declinaciones y las conjugaciones; así como para mostrar la concordancia entre sujeto y predicado, entre sustantivos y ad­

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jetivos, o las relaciones temporales entre los verbos de oraciones com­ puestas. La gramática latina era un instrumento muy valioso de ayuda en el momento del desciframiento, de la discretio.

Ese instrumento era tanto más valioso en la medida en que muchos textos estaban escritos sin espacios intermedios entre palabras; es decir, la scñptio continua o “escritura continua”, que se encontraba en buena parte de los textos latinos heredados, imponía la necesidad de contar con instrumentos de segmentación del texto, que ayudaran a su desci­ framiento.

Tomemos un ejemplo para ilustrar las dificultades del desciframien­ to, que ofrece el mismo Parkes. Aclaremos que en la época romana no habla letras minúsculas, que fueron un invento de los últimos años del Imperio. El escriba altomedieval de una copia de la Historia de Roma de Livio, analizó la oración:

UBIUISMAGNASPART1ADREMNAUTICAMCOLLECTA como

ubiuis magnas partí ad rem nauticam collecta

que se interpretaría aproximadamente como: “donde muchos partos se habían reunido con propósitos navales”, porque el escriba sólo conocía la palabra partos (un antiguo pueblo del actual Irán) y esa segmentación era posible. La segmentación correcta era, sin embargo:

ubi uis magna sparti ad rem nauticam collecta “donde mucho esparto se había juntado con propósitos navales"

Esa clase de dificultades originó la necesidad de los copistas de los textos latinos, de abandonar la escritura continua y esforzarse por reco­

nocer, ante todo, unidades de denominación, tal como las hemos venido de­ finiendo en este libro, para distinguirlas en el continuo de la oración. Los copistas cuya lengua materna era romance, comenzaron ya fuera segmentando unidades de denominación o incluso de predicación: ser-

modomini, cumnecessesit, oequesemper, nonconsequatur, aliquodrebus, pos-

sibíleest, com o sermo domini ‘palabra del Señor’, cum necessesit ‘necesaria­ mente’, aeque semper ‘por siempre’, non consequatur ‘no se sigue’, aliquod

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cuando los escribas germánicos y celtas escribían en sus propias len­ guas, la segmentación de palabras dependía del reconocimiento de un acento principal (que dirigía la enarratio) y de la cohesión estrecha que reconocieran entre los morfemas que las constituyeran, con lo que, por ejemplo, escribían ísaireasber en vez de is aire as ber. Pero lo que resulta claro es que la combinación del análisis gramatical, que ayudaba a reco­ nocer, sobre todo, paradigmas de morfemas de inventario cerrado, jun­ to con el reconocimiento de unidades de denominación, habría de con­ ducir a una determinación final de la unidad palabra en la escritura. La separación en palabras mediante un espacio en blanco no se generalizó sino hasta el siglo xn d.C.

2.3. La percepción de la palabra escrita

En los ejemplos que se han ido introduciendo en el capítulo 3 y en este, en que hemos partido de pequeños textos en escritura continua para po­ ner en práctica un análisis de cohesión morfemática, en el primer caso, y de lectura, en el segundo, nos hemos podido dar cuenta de que, aun cuando se trate de nuestra lengua materna, la longitud de las expresio­ nes dificulta mucho el proceso de descodificación (la discretio de la gra­ mática medieval).

Los pocos estudios que se han hecho de psicología de la lectura — que son, realmente, de percepción de la escritura— muestran que cuando se pide a una persona leer textos en los cuales los límites de las palabras se han suprimido o alterado, necesita fijar más la vista y mover más los ojos de un extremo al otro del texto, que cuando lee pa­ labras separadas por espacios libres. Esos movimientos y fijaciones oculares se interpretan como indicios de que la escritura continua dis­ minuye el campo visual, dando lugar a una menor capacidad para abarcar grandes extensiones de letras unidas unas con otras. Se puede entonces concluir que la introducción del espacio libre entre palabras modificó notablemente la capacidad lectora de los individuos y dio un valor a la escritura que no tenía en la Antigüedad ni en la Alta Edad Media.

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2.4. El reconocim iento de los m orfem as liga d o s con cohesión débil

Pero además, el apoyo que ofreció la gramática medieval al reconoci­ miento reflexivo, “lingüístico”, de los paradigmas de morfemas de inven­ tario cerrado, débilmente ligados a morfemas léxicos o a núcleos mor- femáticos, permitió, primero, aislar esos paradigmas, y después, una vez aislados, reconocer la necesidad de darles el mismo tratamiento que a las palabras, en que predomina su carácter denominativo (los tres pri­ meros tipos de palabra explicados en el capítulo 3), con lo cual confir­ maron su carácter de palabras del tipo iv (véase el capítulo 3, § 4.1). Es decir, la palabra escrita actuó como un poderoso instrumento de refle­ xión sobre la lengua, que vino a actuar sobre la determinación final de la palabra oral. En ese sentido es en el que cabe considerar que la uni­ dad palabra que manejamos hoy es una construcción de la cultura; só­ lo que no es una construcción caprichosa, meramente convencional, ni contingente a unas pocas lenguas, sino que se asienta sobre una existen­ cia universal de la palabra en la oralidad, aunque las características que tenga dependan de la estructura lingüística de cada una de ellas.

El proceso de determinación final de la unidad palabra, tal como la reconocemos ahora y en muchas lenguas del mundo que tienen escritu­ ra fonográfica, no fue inmediato, sino que llevó varios siglos. Aun así, se siguen produciendo casos en que los sistemas de escritura titubean. Por ejemplo, en español dámelo se escribe como una sola palabra, entre es­ pacios libres, pero me lo das como si fueran tres. Las reglas ortográficas del español oscilan entre considerar asimismo como una sola palabra o

así mismo; se escribe porque, cuando se usa como conjunción y por qué cuando introduce una pregunta; alrededor y al rededor, etc., como dos.

De todas maneras, al reconocer la importancia que ha tenido la es­ critura para una lengua como el español en la determinación final de su unidad palabra, hemos ganado, ante todo, una integración de la escritu­ ra a los temas que conviene investigar en lingüística; hemos visto cómo la historia del español y de varias otras lenguas está profundamente im­ bricada con la historia de su sistema de escritura y de la lectura, y hemos demostrado, finalmente, que la unidad palabra no es irremplazable a causa de una equivocación persistente durante siglos entre las comuni­ dades lingüísticas como la nuestra, sino que lo es porque existe.

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A l concluir la lectura de éste capitulo,

el lector deberá dominar los siguientes conceptos básicos;

sistemas de escritura ideográfico, giotográficos y fonográficos; icono, trazo, letra, grafía; principio fonológico; regias constitutivas'del sistema; reglas de representación; reglas reguladoras del sistema; reglas de complexión, acen­ to prosódico, acento ortográfico; ortografía; informatívidad; redundancia; economía interna de un sistema, diacrítico, homófono, homógrafo.

In document Luis Fernando Lava. Curso de lexicología (página 119-124)