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LA PALABRA ESCRITA

In document Luis Fernando Lava. Curso de lexicología (página 103-106)

INTRODUCCIÓN

En los cuatro capítulos anteriores exploramos todas las características pertinentes para el análisis lingüístico de las unidades palabra. Como re­ sultado de los tres primeros, enunciamos las condiciones necesarias y suficientes para determinar su existencia en cualquier lengua. Es espe­ cialmente importante resaltar que la unidad palabra es un fenómeno universal de las lenguas, es decir, se puede demostrar empíricamente la existencia de la palabra en cualquier lengua, aunque sus características formales en cada una de ellas sean diferentes; es decir, la unidad palabra de cada lengua es contingente a las estructuras propias de cada lengua. No podría ser de otra manera. Lo mismo se puede decir de las unidades fonema, sílaba y morfema. Por eso, se distinguen consonantes de voca­ les, diferentes patrones silábicos, diferentes paradigmas de morfemas y diferentes esquemas oracionales.

En el capítulo 4 nos ocupamos de la sustancia del contenido de la unidad palabra y mostramos de qué manera se relaciona la palabra con la realidad circundante y con las experiencias a las que los seres huma­ nos tratamos de dar sentido. Aprovechamos la enseñanza que hasta aho­ ra nos ha podido ofrecer la psicología experimental, en cuanto se refie­ re al reconocimiento perceptual de objetos y acciones en el mundo sensible; la situamos como parte del proceso adaptativo humano con que Jean Piaget explica la formación de la inteligencia, y deslindamos el carácter fundamentalmente verbal — es decir, procedente de acciones verbales de significación— del estereotipo y de la transmisión cultural en la formación del significado. Por último, tratamos dos fenómenos ca­ racterísticos del significado de la palabra: la polisemia y el papel que tie­ ne en su formación la metáfora, que agrega significados a los ya existen­ tes en la lengua histórica.

1 1 2 LA DETERMINACIÓN DE IA UNIDAD PALABRA

Ahora pasaremos a considerar el papel de la escritura en la determi­ nación de la unidad palabra. Al referirnos a la escritura, ya no se puede hablar de ella como si fuera otra característica universal de la palabra, pues son menos las lenguas del mundo que se escriben y muchas más aquellas que siguen siendo solamente orales. Sin embargo, para las len­ guas que tienen escritura, ésta llega a ser su última determinación; es de­ cir, lo que reconocemos como palabras en español, en alemán, en inglés, en tzeltal, en náhuatl moderno, etc., tiene un cuño insoslayablemente escrito. A la vez, toda escritura que desee elaborarse para una lengua que no la haya desarrollado, tendrá varias de las características que a continuación explicaremos.

1. CO N CEPTO S BÁSIC O S

La escritura ha sido inveteradamente soslayada por la lingüística moder­ na. En su afán por acercarse a la diversidad de las lenguas del mundo de la manera más directa, eludiendo al máximo la influencia de la tradición gramatical normativa de las principales lenguas de Occidente, la lingüís­ tica moderna concibió la escritura como un elemento de esa tradición que contribuía a deformar la observación de la oralidad; y además, asumió que la escritura no era sino una mera trascripción de la forma de la ex­ presión de una lengua, considerada como una cadena de fonemas, en el caso de la escritura alfabética, o un simbolismo convencional del sentido (no de la sustancia del contenido, pues ésta es siempre inherente a cada lengua), en el caso de las escrituras ideográficas, como el chino, o jerogli­ ficas, como el maya, sin ningún interés para la lingüística. Por ese moti­ vo, durante decenas de años, la lingüística se desentendió de la escritura; sólo en la última década, varios lingüistas han comenzado a interesarse por la escritura como fenómeno complejo y a llamar la atención sobre sus características, tanto en su realidad contemporánea como en los procesos de aprendizaje de la lectura y la escritura de los seres humanos.

Debido a eso es necesario establecer previamente algunos conceptos básicos que ayuden a comprender adecuadamente las características principales de la escritura, para poder pasar después a analizar su papel en la determinación de la unidad palabra en lenguas que, como el espa­ ñol, la han incorporado centralmente a su propia configuración.

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1.1. Sistema de escritura

Un sistema de escritura puede ser ideográfico o glotográfico. Es decir, puede estar construido para transmitir unidades de sentido, indepen­ dientemente de las características de la lengua de quienes lo utilicen (y, por lo tanto, sus símbolos gráficos son completamente independientes

de cualquier lengua), o puede construirse p a r a --- transmitir unidades de una lengua particular, ya ©oto-es un m orfem a tom ado del sean palabras, morfemas, sílabas o fonemas (y en- ? ¿ 9° J Uma' que quiere dedr tonces, sus trazos representan alguna caracterfsti- ______

ca formal de la lengua en cuestión).

El ejemplo por antonomasia de una escritura ideográfica es el chi­ no; en la ilustración que sigue, los cuatro caracteres mostrados simboli­ zan ‘agua’, ‘pájaro’, ‘hombre’ y ‘sol’; para poder leer un texto chino no hace falta saber hablar la lengua, pues se puede aprender la escritura sin la lengua de la cultura en que se creó el sistema (pero sí estudiando esa cultura). Prueba de ello es que el japonés, una lengua de tronco diferen­ te al del chino, adoptó el mismo sistema para su cultura, los llamados “kanji”, que suele combinar con una escritura silábica propia, las escri­ turas “hiragana” y “katakana”.

Muchos tratadistas de la escritura china consideran que estos carac­ teres tienen un origen icónico (icónico, también del griego dxíóv, quiere decir ‘retrato fiel de alguna cosa’) que hoy día, y sin estar educados en la cultura china, nos resulta imposible reconocer (quizá pudiéramos imaginar las plumas en la parte inferior del carácter de ‘pájaro’ y el pico al lado derecho suyo; en el de ‘hombre’, quizá tratáramos de interpretar las piernas unidas al tronco, y en el de ‘sol’ ya nos resultaría imposible imaginar un primitivo círculo con rayos).

Los trazos de los ideogramas chinos se han vuelto abstracciones de dibujos que originariamente “retrataban” objetos de la realidad (la ver­ dad es que el sistema de escritura china es una compleja combinación de ideogramas y símbolos, algunos de carácter glotográfico, pero como

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aquí se trata sólo de ilustrar lo que son los sistemas ideográficos, basta con ello).

Los sistemas glotográfícos, en cambio, como decíamos antes, repre­ sentan signos de una lengua particular (palabras, morfemas) o ele­ mentos de segunda articulación, como sílabas y cadenas de fonemas. En estos casos, es necesario conocer la lengua a que pertenece el sis­ tema para poder comprender el significado de lo escrito. Cuando el sistema representa unidades de segunda articulación, se trata de un

sistema fonográfico. La escritura del español forma parte de esta clase de sistemas.

Cabe observar que, como lo demuestran varios estudiosos de la his­ toria de las escrituras, en la genealogía de los sistemas glotográficos se encuentra la unidad de denominación (véase el capítulo

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) como base pa­ ra su creación y que aun en los ideográficos, puesto que las “ideas” no se pueden reconocer independientemente de su comunicabilidad, hay un proceso de denominación de la realidad en el origen de sus símbo­ los, como se puede colegir con sólo considerar los cuatro ideogramas chinos mostrados antes.

Tomemos por caso, de los sistemas glotográficos, el llamado “lineal B”, utilizado por la civilización micénica del sur de Grecia entre los si­ glos xvi y xm a.C., correspondiente a una forma antigua de la lengua griega, y tomado de una civilización anterior, de lengua desconocida, llamada minoica, cuyos restos de escritura se denominan “lineal A" y si­ guen siendo ininterpretables. Pues bien, en la escritura micénica se se­ paraban unidades de denominación mediante pequeños trazos verticales entre ellas, con objeto de que la escritura fuera inteligible.

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