• Se prevén 1.522 km² de destrucción para la central hidroeléctrica de Belo Monte; 516 km² de área inundada y 1.006 km² de área que se secará con el
desvío definitivo de la región de la Volta Grande do Xingú. El proyecto prevé acciones en los ríos Tocantins, Araguaia, Uatumã, Madeira, Xingú, Tapajós y Trombetas.
• La explotación del potencial hidroeléctrico de Mato Grosso por la construc- ción de pequeñas centrales y usinas hidroeléctricas , muchas de estas en tierras indígenas, provocará daños irreversibles al medio ambiente e impacto directo e indirecto en las comunidades y en sus territorios. Uno de los ejem- plos es el complejo del río Juruna, que prevé la construcción de 8 pequeñas centrales y 2 usinas hidroeléctricas, afectando de forma directa a cinco et- nias, los Enawene-nawe, Nambikwara, Pareci, Myky y Rikbaktsa, localizados en la región noroeste del estado.6
• Los impactos de las obras del Complejo del Río Madeira sobre los pueblos indígenas en aislamiento voluntario es muy grave, sobre todo en aquellos que ocupan las reservas ecológicas Serra de Tres Irmãos, Mujica Nava y la cuenca de los ríos Jaci Paraná y Candeias. Las principales amenazas son el gasoducto Urucu-Porto Velho, los efectos de las madereras y de los produc- tores de soja, además de la hidroeléctrica del Río Madeira. El Complejo Hi- droeléctrico del Río Madeira–Santo Antonio impactará de forma directa a los pueblos de Karitiana y Karipuna, que se están movilizando en contra de la elevación del nivel de los arroyos y de la interferencia en la fauna y flora de la región.
El Convenio 169 de la OIT establece, como conceptos básicos, la consulta y partici- pación de los pueblos indígenas interesados y el derecho de dichos pueblos a decidir sobre sus propias prioridades de desarrollo. Las decisiones políticas en los gabinetes de Brasilia que llevan a la construcción de emprendimientos hidroeléctricos que inter- ferirán con tierras indígenas pueden afectar las vidas, creencias, instituciones, valo- res espirituales y la propia esencia individual.
La presión sobre las tierras indígenas, que en la actualidad es muy grande, será aún mayor; con la transmisión de la energía producida, las vías de acceso y demás estructuras cambiarán el paisaje de forma perceptible y alterarán, sin lugar a dudas, la naturaleza y las poblaciones que habitan esos territorios. Al mismo tiempo las enfermedades contagiosas, la prostitución y la violencia, acompañan siempre los grandes proyectos de represas y también representan una amenaza de destrucción y desaparición de los grupos indígenas.7 Además de los indígenas, se encuentran las
plan de relocalización de la población por lo que una de las pocas salidas será la migración de miles de personas a los centros urbanos próximos.
Río Xingú
La encarnizada polémica sobre la construcción de la central de Belo Monte viene marcando la agenda indígena desde 2009. Lo que se observó en las audiencias pú- blicas realizadas para la autorización de la construcción de esta hidroeléctrica fue que éstas se realizaron mediante procesos para nada democráticos, por eso fueron condenadas, sin excepción, por la sociedad civil y por el Ministerio Público Federal, por no respetar los requisitos mínimos de participación popular en un Estado demo- crático y de derecho. Cabe mencionar además la ausencia en todos los debates de la Fundación Nacional del Indio (Funai).
Frente a esta situación, el gobierno federal autorizó el inicio de las obras de Belo Monte, desoyendo las recomendaciones hechas por el Ministerio Público Federal y por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).8 Con la decisión de que “técni-
camente y jurídicamente” todas las cuarenta condiciones previstas en la licencia previa fueron atendidas por la emprendedora Norte Energía S.A.9 No obstante, en agosto de
2011, la misma CIDH, que hace cinco meses había otorgado una medida cautelar pidien- do al gobierno brasilero que suspendiese el emprendimiento, envió una carta a la presi- dente Dilma Rousseff retractándose y poniendo así un punto final al impasse.10
Para el Movimiento Xingú Vivo para Siempre, la empresa dejó de cumplir lo que la Funai estableciera antes de la licencia previa, ya que de las veintiséis condiciones, se cumplieron sólo dos, siendo la de mayor importancia el no desalojo de los habitan- tes de las TI Cachoeira Seca y Ararada Volta Grande.
Según Marcelo Salazar,11 “el problema principal en todo el proceso es la falta de
información confiable y disponible para la sociedad”. Sostuvo que “el Instituto Brasi- leño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA) liberó la licencia tomando como base datos provistos, en su mayoría, por la propia empresa Norte Energía, responsable del emprendimiento”.12
Río Tapajós
En la región del río Tapajós, la central hidroeléctrica Cachorrão abarca una parte impor- tante de la TI Mundurucu, teniendo impacto directo sobre la TI Sai Cinza, y posiblemen-
te sobre la TI Pontal dos Apiakás e indígenas aislados. Los pueblos indígenas Mun- duruku, Apiaká y Kaiabi denuncian la falta de consideración y de consulta previa.
El anegamiento de la TI Muduruku, ocasionado por las centrales Teles Pires, San Manuel, Foz do Apiacás, Colíder y Cachorrão, hará desaparecer sitios arqueológicos y lugares sagrados, como cementerios y el Salto de Sete Quedas, donde desovan los peces más consumidos por los indígenas y ribereños de la región. El gobierno federal intenta acelerar la construcción de seis represas en el río Teles Pires, uno de los afluentes del río Tapajós, dado que el plan es instalar un total de dieciséis represas. Además de estos proyectos hidroeléctricos existe la propuesta de, al mismo tiempo, incluir la construcción de las esclusas que transformarían al Tapajós en un río com- pletamente navegable. En el territorio de la cuenca hidrográfica del Tapajós se en- cuentra el que es considerado en la actualidad el mayor yacimiento aurífero mundial. Empresas nacionales e internacionales se unieron para explorar y expropiar, con el aval del gobierno federal, este potencial de riqueza que se encuentra dentro de las tierras indígenas.13
Se considera que el impacto afectará a más de diez mil indios Kaiabi, Mundurucu y Apiacás que viven en las márgenes de los ríos de la región y dependen de ellos para sobrevivir. Los indígenas afirman que se les está forzando a participar en las reuniones sobre el Plan Básico Ambiental para discutir medidas de mitigación y com- pensación por daños que desconocen.14
Río Madeira
El gobierno brasilero pretende construir cuatro grandes hidroeléctricas en el río Ma- deira. Más allá de las pérdidas de la biodiversidad e impacto en las poblaciones ribe- reñas, las represas inundarán territorio boliviano.
Existen evidencias o informes sobre la existencia de diversos pueblos indígenas aislados en el Estado de Rondonia, en las siguientes localidades: cabecera del río Formoso; río Candeias; río Karipuninha; río Jaci-Paraná; río Jacundá; en las cabece- ras de los ríos Marmelo y Maicizinho; río Novo y la cascada del río Pacaas Novas; Rebio Jaru; Serra Tanarú. Hay registros del pueblo aislado conocido como Jurureí a menos de 5 km del trecho de pavimentación previsto de la ruta BR 429, e informes internos del Funai que señalan al menos cinco grupos de indios aislados en el área de incidencia de la central hidroeléctrica de Santo Antonio, en el río Madeira. La TI Massaco, también habitada por indígenas sin contacto, es a su vez territorio amena- zado por invasiones y conflictos agrarios muy graves.