EL BIENESTAR SUBJETIVO
2.2. Teorías de la reciprocidad El equilibrio en las relaciones sociales
2.2.2. Los efectos positivos de la reciprocidad
Los resultados de los estudios sobre la reciprocidad no son concluyentes y en algunos se ha encontrado que el equilibrio en las relaciones sociales es óptimo para la salud y el bienestar, mientras que en otros no hay evidencia de los efectos positivos de la reciprocidad.
En un estudio que apoya la teoría del intercambio, recibir más de lo que se daba predecía la satisfacción en una muestra de personas mayores (Kart y Longino, 1987). Estos autores utilizaron un índice de reciprocidad similar al propuesto por Adams (1963), de forma que la reciprocidad existe cuando las recompensas son mayores que los costes en la relación. En cambio, Ingersoll‐ Dayton y Antonucci (1988) no hallaron ningún efecto significativo de la reciprocidad del apoyo en las relaciones con amigos y familiares en indicadores del bienestar como la satisfacción con la vida y los síntomas depresivos. McCulloch (1990) tampoco encontró una asociación significativa entre la reciprocidad intergeneracional y la moral de los padres mayores.
Rook (1987a), con una muestra de mujeres mayores, observó una relación en forma de “U” entre la reciprocidad y la soledad. Los intercambios no equilibrados con los miembros de la red social se asociaban con mayores niveles de soledad, independientemente de la dirección de la asimetría. Aquellas personas que daban más apoyo del que recibían o recibían más del que daban se sentían más solas. Otros investigadores también han encontrado que la ausencia de reciprocidad, en cualquiera de las dos direcciones, se asocia con niveles más bajos de satisfacción vital y más síntomas relacionados con el estrés (Antonucci, Fuhrer y Jackson, 1990; Jung, 1990; Krause, 1995).
Antonucci, Fuhrer y Jackson (1990) señalaron que, sólo cuando se percibe un equilibrio en las relaciones, recibir apoyo de otros tendrá consecuencias positivas en la salud y el bienestar. Se ha propuesto que dar ayuda recíproca a los cuidadores informales puede equilibrar la relación, aliviando los efectos negativos de necesitar ayuda (Stoller, 1985; Pruchno, Burant y Peters, 1997). En un estudio con mujeres mayores que recibían apoyo informal de la familia se encontró que aquellas que percibían la relación con el cuidador como menos recíproca tenían un 35% más de riesgo de depresión (Wolff y Agree, 2004).
Kawachi, Kennedy y Glass (1999) también encontraron evidencia de la importancia de la reciprocidad percibida en la salud. Aquellos individuos que confiaban que las personas cercanas seguirían las normas de reciprocidad tenían una probabilidad 1,7 veces mayor de tener una buena salud que aquellos que no lo hacían. Por otro lado, Vaananen, Buunk, Kivimäki, Pentti y Vahtera (2005) no encontraron efectos de la equidad en el estado de salud medido como el número de ausencias laborales. Estos autores estudiaron el efecto de la reciprocidad de las relaciones íntimas en la salud, encontrando diferencias de género importantes. Sus resultados indican que las mujeres que daban más apoyo en las relaciones íntimas del que recibían tenían un mejor estado de salud. Las que recibían más apoyo del que daban o percibían sus relaciones como igualitarias tenían un riesgo 1,5 veces mayor de tener problemas de salud en el futuro. En cambio, en los hombres se observó el efecto contrario y recibir más apoyo del que daban predecía un mejor estado de salud.
Se ha propuesto que la reciprocidad es más importante en relaciones poco cercanas que en relaciones con la familia y los amigos íntimos (Lowenthal y Robinson, 1976). De acuerdo con Stoller (1985), las personas mayores que recibían ayuda generalmente daban algún tipo de ayuda de forma recíproca. La asistencia no recíproca era más común con los miembros de la familia que con
amigos y vecinos y los intercambios no recíprocos normalmente involucraban ayuda de las personas mayores a otros.
Rook (1987a) observó que la reciprocidad en los intercambios era mayor en las interacciones con los amigos que en aquellas con los hijos adultos y que se relacionaba positivamente con los sentimientos positivos hacia los amigos, pero no con los sentimientos hacia los hijos. En cambio, recibir más apoyo instrumental de los hijos del que se proporciona se relacionaba con una mayor satisfacción con la relación, después de controlar el efecto de otras variables que podrían afectar a las necesidades de apoyo. La autora plantea la hipótesis de que las relaciones con la familia se caracterizan por mayores normas y expectativas de recibir apoyo debido a que se ha proporcionado apoyo en el pasado. También expone que la mayor necesidad de apoyo en el presente debido a limitaciones funcionales y de salud puede legitimar la necesidad de recibir una mayor cantidad de apoyo del que proporcionan a sus hijos.
Lu (1997) también observó que, en el contexto de las relaciones familiares, aquellos que perciben recibir más apoyo del que dan a la familia muestran un menor afecto negativo que los que perciben sus relaciones como recíprocas y que los que dan más de lo que reciben. En cambio, la reciprocidad en las relaciones con amigos y compañeros de trabajo no tenía una relación significativa con el bienestar.
Ingersoll‐Dayton y Antonucci (1988) observaron que, en personas de mediana edad y mayores, las relaciones no recíprocas con los hijos y, concretamente, aquellas en las que daban más de lo que recibían, se relacionaban con percibir la red social como más negativa. En cambio, recibir más apoyo instrumental del cónyuge y de los amigos del que se daba, se relacionaba con un alto afecto negativo, mientras que el apoyo recibido de los hijos se asociaba con un bajo afecto negativo. Los resultados apoyan la teoría de
la equidad parcialmente en el caso de los hijos, pero no en las relaciones con el cónyuge y los amigos. De Jong Gierveld y Dykstra (2008) también encontraron que el impacto de la reciprocidad en la soledad depende del tipo de relación dentro de la familia. Dar más apoyo a los hermanos del que se recibe se asocia con menores niveles de soledad y, al contrario, recibir más apoyo del que se da se relaciona con una mayor soledad. En cambio, dar más apoyo a los hijos del que se recibe se asocia significativamente con una mayor soledad. Las autoras se apoyan en el concepto de “intercambio contingente” (Deutsch, 1975), según el cual el apoyo social se da o se recibe en respuesta a una necesidad o crisis determinada, como un problema de salud o la viudedad. Por tanto, si las personas mayores necesitan apoyo, se beneficiarán al recibirlo de sus hijos, mientras que si tienen que dar apoyo bajo las mismas circunstancias sufrirán consecuencias negativas (Davey y Eggebeen, 1998).
Por tanto, se entiende que la ausencia de reciprocidad tiene efectos más negativos en las relaciones fuera del contexto familiar, con los amigos, vecinos y conocidos. En cambio, en las relaciones con los hijos se tolera una mayor ausencia de reciprocidad, especialmente cuando los hijos proporcionan más apoyo instrumental del que reciben. Estos resultados se han explicado en el contexto de las relaciones a lo largo del ciclo vital y el “banco de apoyo” (Antonucci y Jackson, 1989). De forma general se han encontrado efectos negativos de la ausencia de reciprocidad en el bienestar, pero también se ha demostrado que, bajo ciertas condiciones, recibir más apoyo del que se da (p.ej. el apoyo instrumental proporcionado por los hijos) o dar más de lo que se recibe (p.ej. apoyo emocional dado a los amigos) puede ser positivo.