EL BIENESTAR SUBJETIVO
2.2. Teorías de la reciprocidad El equilibrio en las relaciones sociales
2.2.1. La reciprocidad en las relaciones sociales
Los estudios empíricos que analizan la reciprocidad del apoyo en las relaciones sociales se basan en las teorías del intercambio social y de la equidad. La teoría del intercambio, propuesta en los años 60, plantea que las personas evalúan constantemente sus relaciones sociales en base a la reciprocidad de los intercambios de apoyo (Blau, 1964; Emerson, 1976). Las relaciones sociales se conceptualizan en términos económicos y se expone que las personas buscan maximizar las recompensas y minimizar las pérdidas en las relaciones con otros. Se plantea que dar apoyo a otros supone un coste en la interacción social y tiene consecuencias negativas en el bienestar. De acuerdo con este enfoque, el desequilibrio se refiere principalmente a una situación en la cual los individuos dan más de lo que reciben (“underbenefiting”). Se ha demostrado que dar más de lo que se recibe puede conducir a sentirse impuesto o sobrecargado por la dependencia de otra persona, especialmente cuando el esfuerzo no es reconocido o correspondido (DePaulo y Fisher, 1980). Sin embargo, otros autores demostraron que recibir más de lo que se da (“overbenefiting”) también puede tener consecuencias negativas en el bienestar. Greenberg y Shapiro (1971) conceptualizaron el estado de recibir más de lo que se da como extremadamente aversivo y sugirieron que este estado se percibe como una amenaza al estatus, poder y libertad de acción del que recibe el apoyo. Este tipo de desequilibrio en las relaciones sociales puede llevar a sentimientos de
angustia, culpa y dependencia. Walster, Walster y Berscheid (1978) plantearon que lo esencial es la ausencia de equilibrio entre dar y recibir apoyo, independientemente de si las personas dan más de lo que reciben
(“underbenefiting”) o reciben más de lo que dan (“overbenefiting”).
La teoría de la equidad se centra en el equilibrio en las relaciones sociales como factor clave en el bienestar. Gouldner (1960) propuso que los intercambios sociales están gobernados por una “norma de reciprocidad” que establece un conjunto de obligaciones y expectativas que proporcionan estabilidad a los sistemas sociales. De forma similar, Homans (1961) defiende la existencia de una norma de “justicia distributiva” en los intercambios de apoyo social. Cuando las personas no consiguen un equilibrio en sus relaciones sociales aparecen síntomas psicológicos y emociones negativas. Adams (1965) revisa este modelo y da un mayor énfasis a la proporcionalidad de entradas y salidas en el intercambio de apoyo. Este autor plantea que existe equidad en una relación cuando Rp/Cp = Ro/Co, siendo “R” las recompensas (o entradas) y “C” los costes (o salidas). La “p” hace referencia a la persona y la “o” a los otros. De acuerdo este enfoque teórico, las personas calculan de forma explícita o implícita la proporción entre lo que dan y lo que reciben. Cuando los dos ratios no son iguales se experimenta una insatisfacción con las relaciones sociales.
Dowd (1975) aplicó la teoría de la equidad al envejecimiento, proponiendo que los problemas de las personas mayores se deben a una pérdida de poder en el intercambio social que refleja su dependencia económica y social. La habilidad de las personas mayores para reciprocar el apoyo de la red social contribuye a la independencia mutua y a una relación más equilibrada. Sin embargo, en la aplicación empírica de su modelo no analiza directamente la reciprocidad de las relaciones (Dowd, 1978). En otro estudio encuentra que la interacción de hombres mayores dependientes con sus hijos adultos tiene consecuencias negativas en la satisfacción vital (Dowd y LaRossa, 1982). La
necesidad de recibir apoyo en la vejez puede llevar a un cambio de roles en la relación entre padres e hijos, que era más igualitaria y equilibrada, a otra en la que los padres mayores dependen de los cuidados de los hijos. La conformidad de los padres con su dependencia puede conducir a estados de baja autoestima y depresión.
De acuerdo con Kart y Longino (1987), estos estudios no muestran una operacionalización adecuada de la reciprocidad en el intercambio social y se deben plantear otro tipo de análisis para comprobar la validez del modelo del intercambio social la última etapa de la vida. La aplicación de este enfoque teórico a la vejez también ha sido criticada por otras razones. La teoría del intercambio se desarrolló en el contexto de relaciones laborales a corto plazo con personas poco cercanas. Algunos autores han planteado que es posible que la norma de reciprocidad no se dé en las relaciones íntimas a largo plazo con la familia y los amigos íntimos. Estas interacciones podrían estar gobernadas por una norma de la solidaridad, según la cual la ayuda se intercambia según las necesidades de cada persona, independientemente de la posibilidad de que el apoyo sea correspondido (George, 1986). El apoyo intercambiado con el cónyuge, los hijos y los amigos generalmente es recíproco, pero cuando las necesidades de recibir apoyo aumentan se puede producir un cambio de roles. Clark y Mills (1979) defendieron que, en las relaciones cercanas, las personas se preocupan principalmente por el bienestar del otro y por mantener una “igualdad de afecto” antes que beneficios equivalentes. Dowd (1984), en un desarrollo posterior de su teoría, también señaló que en la vejez avanzada se pueden suspender las expectativas de reciprocidad y los intercambios están regulados por un “principio de beneficencia”.
Antonucci y Jackson (1989) desarrollaron el concepto de “banco de apoyo”, según el cual las personas esperan recibir ayuda cuando la necesitan porque han ayudado a otros en el pasado. Según esta teoría, las personas jóvenes dan
apoyo a los miembros de otras generaciones y este apoyo funciona como una inversión a largo plazo, mediante la cual reciben apoyo cuando sufren pérdidas funcionales y de salud en la vejez. Esta idea se ha aplicado al contexto familiar, concretamente al intercambio de apoyo entre los hijos y sus padres mayores. Cuando el apoyo esperado de los hijos no se recibe, las personas mayores a menudo experimentan un fuerte decremento en su bienestar.
Se ha sugerido que la reciprocidad puede ser más frecuente en relaciones entre los miembros de una misma generación que entre las personas de distintas generaciones. Ingersoll‐Dayton y Antonucci (1988) encontraron que las personas mayores reciben más apoyo emocional e instrumental de sus hijos de lo que dan. Sin embargo, las relaciones con los amigos y el cónyuge eran simétricas en cuanto al número de personas que daban y recibían distintos tipos de apoyo.
Kunemund y Rein (1999) plantean la hipótesis de que las relaciones recíprocas se refuerzan mutuamente y ayudan a explicar el patrón de ayuda que los padres mayores reciben de sus hijos. Sus resultados indican que la ayuda dada por los padres estimula la disposición de los hijos a prestar ayuda, cuando se controla el efecto de otras variables, como la necesidad de recibir ayuda y el acceso a los recursos. En distintos países dar ayuda a los hijos predice si los padres reciben ayuda de los mismos significativamente.
En conclusión, las teorías del intercambio y la equidad conceptualizan las relaciones en términos económicos de entradas y salidas (Adams, 1965) y no tienen en cuenta otros aspectos subjetivos de las relaciones, como la satisfacción con las mismas, el significado que tienen o la motivación para proporcionar el apoyo. Estas teorías también se centran en el equilibrio en las relaciones sociales, sin tener en cuenta la cantidad de apoyo que realmente se da o se recibe. Es posible que un equilibrio en las relaciones con mayores niveles de
apoyo dado y recibido sea más adecuado que un equilibrio con niveles muy bajos de apoyo.