EL BIENESTAR SUBJETIVO
3.4. Relaciones sociales y soledad
3.4.2. Intercambio de apoyo social y soledad
A pesar de que el intercambio de apoyo es un aspecto fundamental las relaciones sociales, la investigación sobre el funcionamiento de la red social y su relación con la soledad no es muy abundante. En algunos estudios se encuentra que el apoyo social media el efecto de las propiedades estructurales de la red social en la soledad, mientras que en otros sus efectos son aditivos.
De Jong Gierveld (1998) describe la provisión de apoyo, tanto emocional como instrumental, como un indicador crucial del grado en el que las relaciones sociales funcionan como una estructura cohesiva mediadora. Esta autora describe distintos estudios en los que el apoyo se relaciona de forma significativa con la soledad (Dykstra, 1993; van Tilburg, 1990).
Dykstra (1990) planteó un modelo en el que el apoyo social mediaba entre los efectos de la estructura de la red social y la soledad. El número total de personas, la existencia de un amigo íntimo y la proporción de no familiares en la red predecían la soledad de forma negativa. Sin embargo, esta relación dejaba de ser significativa cuando se incluían los efectos del apoyo social recibido. En este estudio se concluye que la existencia de las relaciones tiene un efecto protector en la soledad a través del apoyo que dichas relaciones proporcionan a
las personas mayores. Las personas mayores que tienen una amplia red reciben más apoyo y, por tanto, experimentan una menor soledad. Otros autores también han encontrado que la frecuencia de contactos con amigos y familiares deja de ser un predictor significativo del bienestar cuando se incluyen variables del apoyo percibido (Newson y Schulz, 1996).
Sin embargo, otros estudios muestran que los efectos protectores del apoyo social son aditivos a los de la estructura de la red social. En un estudio de Wagner, Schultze y Lang (1999), las funciones de las relaciones sociales (el apoyo dado y recibido, la socialización y el afecto) explicaban un 10% adicional de la varianza en soledad, después de incluir las características estructurales de la red social, y disminuían el efecto significativo de la edad. Estos autores concluyen que las personas muy mayores se sentían más solas debido a que intercambiaban menos afecto y se socializaban menos.
Sorkin, Rook y Lu (2002) también encontraron una relación significativa entre la soledad y dos aspectos diferenciados de las funciones de la red social: el apoyo emocional y la compañía social, después de controlar la estructura de la red social. Estos estudios demuestran que tanto la existencia de una red de relaciones sociales, como el funcionamiento de dicha red, son importantes para evitar la soledad.
Kafetsios y Sideridis (2006) investigaron la relación entre las orientaciones de apego y el apoyo social en personas de adultas. En su estudio encontraron que, en las personas mayores, el apoyo social mediaba los efectos del apego evitativo en la soledad. Los autores sugieren que es más probable que las personas mayores con este estilo de apego adopten estrategias de distanciamiento emocional en el afrontamiento de los problemas y que no se beneficien del apoyo social recibido de la misma forma que otros individuos.
Se ha sugerido que recibir ayuda de otros puede contener una mezcla de elementos positivos, como el valor instrumental o evidencia de que se es querido y cuidado, y elementos amenazantes, como evidencia de que uno ha fracasado, es inferior o es dependiente. Especialmente cuando el apoyo supone una amenaza a la autoestima, las interacciones que prestan apoyo podrían evocar reacciones negativas del que lo recibe (Liang y cols., 2001; Lu, 1997; Newsom y Schultz, 1998). Por tanto, es importante el significado que las personas dan a los intercambios de apoyo social. Los intercambios que se perciben como motivados por el afecto, antes que por la obligación o la reciprocidad son potencialmente más beneficiosos para quien los recibe.
En un estudio transcultural realizado con personas muy mayores se encontró que el apoyo social predecía negativamente la soledad en una muestra de personas americanas, pero que se asociaba positivamente con la soledad en Suecia. Los autores plantean que este efecto negativo del apoyo social podría ser debido a que en este país existen recursos formales de apoyo y que recibirlo de otras personas de la red social relaciona con una mayor soledad (Martin, Hagberg y Poon, 1997).
También es posible que un nivel alto de apoyo, tanto dado como recibido, proporcione más oportunidades para la interacción negativa con otros. Lu (1997) encontró que dar y recibir ayuda estaban relacionados con afectos negativos. Recibir apoyo se relacionaba con sentimientos de culpa y dependencia, mientras que dar apoyo estaba asociado con sentimientos de sobrecarga y frustración.
De acuerdo con la teoría cognitiva de la soledad, la relación entre recibir apoyo y la soledad estará mediada por procesos cognitivos complejos, como las expectativas y las normas sobre quien debe dar el apoyo. Dykstra (1990) propuso el concepto de apoyo contingente, que se define como aquel que es
congruente con las necesidades de la persona. La hipótesis de la “correspondencia óptima” señala que el apoyo será positivo cuando se ajusta a las necesidades y expectativas de quien lo recibe. Recibir un apoyo excesivo o de un tipo que no es el adecuado se puede relacionar con una mayor soledad (Cutrona y Russell, 1990).
En una muestra de personas jóvenes, Rook (1987b) encontró que la compañía social y el apoyo emocional eran más importantes que el apoyo instrumental para evitar la soledad. Sin embargo, la necesidad de apoyo puede cambiar en las personas de edad avanzada y, es posible que el apoyo instrumental adquiera una mayor importancia como un factor protector contra la soledad.
Por último, la literatura sobre los efectos de dar apoyo a otras personas en el bienestar señala que el apoyo dado también se relaciona con emociones positivas, como el amor, la gratitud y la realización personal (Post, 2005). Los estudios que relacionan el apoyo dado con la soledad no son muy numerosos. Sin embargo, los estudios realizados indican que apoyar a otras generaciones dentro de la familia puede reducir la soledad (de Jong Gierveld y Dykstra, 2008).
Krause (1995) encontró que el impacto de la interacción negativa y del apoyo recibido en la satisfacción con las relaciones sociales dependía de la cantidad de apoyo que los participantes del estudio proporcionaban a otros. Los distintos indicadores de las relaciones sociales se encuentran interrelacionados y es necesario plantear un modelo de cómo los distintos componentes de la red social contribuyen a la ausencia de soledad en el envejecimiento.