DOMICILIOS PARTICULARES (1960-1966).
5. Efervescencia social e ikastola
No es necesario insistir en la complejidad del hecho educativo, que aparece muy condicionado por el modelo de hombre y de sociedad que se tiene en cada momento y caso. En este sentido, se puede definir la enseñanza como un problema múltiple: Social, político y religioso (14).
Esta complejidad de la enseñanza se acentúa en ciertos períodos históricos de especial efervescencia social, como el que se dio en el País Vasco desde la década de los sesenta,
Paralelamente a la creciente secularización de la vida y el desarrollo de la conciencia democrática, se produjo la radicalización de la acción nacionalista y su acercamiento a las clases trabajadoras: Desde este momento en adelante, la idea de la liberación nacional y la liberación social irán, indefectiblemente, unidas por considerar que los conflictos sociales constituyen el mejor elemento para luchar y hacer frente tanto a la dictadura franquista como al capitalismo.
En este contexto de encrespamiento social generalizado, no debemos extrañarnos de que la ikastola se convierta en el punto de confluencia de los problemas de la calle y en una especie de instrumento válido para múltiples funciones: Mientras para unos era simplemente una forma para la recuperación de la lengua vasca, para otros, en cambio, era, simultáneamente, la sembradora del nacionalismo y el instrumento de lucha política y religiosa.
Algo similar hemos visto que ocurrió en el caso de Cataluña, donde la línea socio-política de la escuela fue cobrando fuerza con el paso del tiempo.
Entre las cuestiones más conflictivas que afectaron directamente a la ikastola, se pueden mencionar las siguientes:
- La unificación de la lengua vasca.
- Los principios pedagógicos de los centros. - La democratización y el principio del pluralismo. - La opción política de los agentes de la educación.
- La educación religiosa de los alumnos y los derechos de los enseñantes. La confesionalidad de las ikastolas fue uno de los aspectos más discutidos, con una enorme resonancia social: No hay que olvidar la gran implantación de la Iglesia en la sociedad vasca y la especial sensibilidad de las padres de familia que, mayoritariamente, deseaban para sus hijos una educación religiosa.
Los que propugnaban la libertad de educación religiosa se fundamentaban en que había que respetar la libertad infantil, cuya inteligencia no era capaz de soportar el peso de la religión (15); en todo caso, se pedía un pluralismo de religiones.
(14) Cfr., el libro de Fernando Sebastián A. y Olegario González de Cardenal: Iglesia y enseñanza. 1977, págs. 21-22.
(15) Cfr., la obra de José Lasa Apalategi: Euskal Erría eta Ikastola (una polémica en torno a las ikastolas). 1971, págs. 115-121.
5.1. La enseñanza parroquial en la «Eu s k al -K at ek es i s »
Tenemos que empezar recordando que las ikastolas se iniciaron antes de que existieran las escuelas parroquiales.
Fueron las circunstancias y las disposiciones gubernamentales, unidas al deseo de obtener unos centros a la altura de los oficiales, las que llevaron a los padres a pedir el apoyo y tutela de la Iglesia, con el objeto de lograr una pronta legalización; como se dice en referencia a las ikastolas guipuzcoanas,
«Hubo un diálogo entre padres de familia y la Iglesia diocesana y ésta tomó como suyas las ikastolas, haciéndose responsable ante la ley el Párroco de la zona donde se hallaba afincado el centro.
Por otra parte, la generación de los padres que regentaban dichos centros de enseñanza, confiaban en la Iglesia, porque en su inmensa mayoría son cristianos de nombre y de práctica religiosa» (16).
Las disposiciones de la Administración pública afectaron directamente a las escuelas en las que se impartía la enseñanza primaria, por ser ésta obligatoria; en cambio, los parvularios quedaban al margen de la obligatoriedad escolar. Mientras, las primeras fueron legalizándose, poco a poco, los parvularios recibieron un tratamiento bastante peculiar, ya que se fueron convirtiendo, desde los años finales de los sesenta, en entidades conocidas como Euskal Katekesis o también como Katekesis eta U m i e n Kultura.
En Bizkaia, donde no existía un número tan importante y organizado de ikastolas como en Gipuzkoa, la gran mayoría de las que funcionaban en 1971 lo hacían como escuelas tipo catequesis, para niños que no habían alcanzado aún la edad de los seis años.
Las bases por las que se regía la Euskal-Katekesis se redactaron hacia 1972, cuando ya llevaba varios años de funcionamiento; entre tanto, habían surgido varias situaciones muy complejas que obligaron a la explicitación de algunas condiciones. Entre otros elementos, se exigía la presentación de una petición expresa al párroco, afectando, por lo menos a 20 niños; en la solicitud se debía aceptar, explícitamente, la Normativa de la diócesis de Bilbao acerca del funcionamiento de la Euskal-Katekesis, así como las normas existentes sobre la enseñanza y formación religiosa.
En las bases se definía la Euskal-Katekesis c o m o
«una institución parroquial o interparroquial, erigida y directamente dependiente de la Autoridad Eclesiástica, para la formación cristiana (transmisión y desarrollo de la fe) en la lengua nativa (euskera) destinada principalmente a niños en edades anteriores a la escolaridad obligatoria (entre tres y cinco años) que, por diversas causas, no acuden a Centros de Preescolar» (17).
En cuanto a los gastos, serán sufragados a través del fondo parroquial destinado a pastoral educativa y educación de la fe, las aportaciones que gestione la junta de padres y los donativos.
(16) Ibidem, pág. 126.
(17) La documentación sobre la Euskal-Katekesis puede verse en el archivo de la Delegación Diocesana de enseñanza. Bilbao.
LAS IKASTOLAS DE BIZKAIA, 1957-1972
El delegado episcopal de enseñanza resumía así en 1973 las orientaciones diocesanas que se debían tener en cuenta para el funcionamiento de una Euskal-
Katekesis:
«1º - Es condición indispensable para el funcionamiento de toda Catequesis que sea efectiva en ella la responsabilidad y autoridad del Sr. Párroco.
2º - La enseñanza catequética que en el centro se imparta estará en conformidad con las orientaciones eclesiales y diocesanas respecto a la educación de la fe cristiana. 3º - Las personas que den tal enseñanza habrán de estar suficientemente preparadas y especializadas en catequética, y dar en su vida privada y pública claro testimonio de fe cristiana.
4º - Deberá evitarse toda apariencia de lucro en lo que a la financiación de este servicio se refiere» (18).
Todavía en los años ochenta, seguían funcionando algunas de estas escuelas parroquiales, cuando habían desaparecido ya las circunstancias que justificaron su creación y existencia, razón por la cual la Delegación Episcopal de Enseñanza se había dirigido a ellas pidiéndoles el cese de su actividad en los locales parroquiales.
(18) Ibidem. Las citadas orientaciones se enviaron a la Euskal-Katekesis que existía en la parroquia de San Prudencio de Matiena, con el objeto de reorganizar su funcionamiento.
Los años que van de 1976 a 1982 se consideran fundamentales para el reconoci- miento de la institución de la ikastola, en el contexto del paso de la dictadura a la democracia. El cambio político producido en este tiempo trajo la autonomía y un importante nivel de autogobierno.