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CAPÍTULO II: MENCIÓN LENGUAJE Y COMUNICACIÓN

2.2. Marco teórico disciplinar de Lenguaje y Comunicación

2.2.3. Lenguaje y Comunicación en la formación escolar

2.2.3.1. Ejes de aprendizaje de la asignatura

2.2.3.1.3. Eje de Comunicación Oral

Por lo general se concibe que el área de lenguaje se enfoca, principalmente, al aprendizaje de la lectoescritura, limitando la enseñanza de la comunicación oral a la adquisición de nuevas palabras de vocabulario y la corrección exhaustiva de la articulación o pronunciación de estas, por parte del docente (Galdames, 2014, p.3),

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puesto que “el lenguaje oral, a diferencia de la escritura, constituye un aprendizaje indudablemente extraescolar” (Rodríguez, 1995, p.2). Entendiendo que

El niño, cuando ingresa a la escuela, ya sabe hablar (como miembro de la especie humana posee una competencia lingüística que le permite, salvo en el caso de graves patologías, entender y producir distintos enunciados); puede interactuar con relativo éxito en distintos contextos de comunicación y ha aprendido, en forma espontánea, algunas de las normas que rigen los usos de la lengua oral habituales en su entorno familiar y social (Rodríguez, 1995, p.3)

Sin embargo, pese a que esta competencia se desarrolla potencialmente en la cotidianidad, es preciso que, en la asignatura de Lenguaje y Comunicación, se otorguen numerosas instancias en las cuales los estudiantes puedan desplegar sus competencias lingüísticas –aprendidas extraescolarmente– para participar, mediante la exposición oral y la discusión en clases, de la construcción de conocimientos en esta micro sociedad: el aula.

En efecto, se comprende que esta disciplina debe potenciar la adquisición de habilidades para adecuar el discurso a los diversos contextos por medio de la utilización de los registros de habla, sin olvidar, que la importancia de la expresión oral reside en la toma de conciencia de que el aprendizaje se construye en la interacción (Programa de Estudio de Tercer Año Básico de Lenguaje y Comunicación, 2012, p.39). Así, guiados por un docente, los niños y niñas pueden llevar a cabo conversaciones caracterizadas por la expresión clara por parte de los interlocutores, los cuales cumplen sus propósitos y, al mismo tiempo, se sienten valorados al ser escuchados por los demás.

Es precisamente este último punto el que emerge con gran distinción, puesto que es preciso encauzar la adquisición de competencias lingüísticas para fortalecer las habilidades de diálogo, donde los estudiantes puedan escuchar con atención y respeto a sus compañeros, posibilitando así, la generación de un clima de respeto, de aceptación, donde los niños y niñas tienen la libertad de narrar, contar, exponer libremente sus pensamientos, reconociendo su rol activo en el proceso de aprendizaje y adecuando sus discursos a la situación.

Así pues, el diseño de clases procurará responder a esta conexión indisoluble entre la comunicación oral y el clima favorable, para ello, se van a otorgar múltiples instancias en las que los estudiantes podrán expresarse mediante la oralidad, fomentando así, la comunicación, la aceptación y la valoración entre los mismos compañeros. Concretamente, se puede visualizar, con la lectura de las fichas autobiográficas frente al curso, la expresión de sus opiniones previamente escritas, el relato de sus experiencias y el diálogo para guiar el trabajo en equipo.

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2.2.4. ¿En qué consiste leer?

Como se ha expresado anteriormente, la competencia lectora va más allá de la capacidad de las personas para decodificar textos, pese a que cualquier lector debe manejar algunas destrezas para comprender los componentes fonológicos, morfológicos, sintácticos y semánticos involucrados en el lenguaje escrito (Jiménez, 2004, p.7). Hoy sabemos que leer es un proceso dialéctico entre el texto, la intención del autor, el mensaje transmitido y el propio lector, siendo este último el responsable de dotar de sentido el escrito. Se manifiesta así, que la competencia lectora es mucho más que el desarrollo de una destreza pasiva o automática, debido que

Leer implica construir la significación de un texto y, en ese proceso, se coordinan datos del texto (tanto correspondientes al sistema de escritura como al lenguaje escrito) con datos del contexto. El papel del lector es muy activo, ya que es quien pone en juego toda su competencia lingüística y cognitiva a fin de participar en este proceso de transacción con el texto (Kaufman, 2010, p.18)

En efecto, se reitera que la lectura requiere que aquellos quienes se aventuren por emprender este viaje adopten de una actitud activa e inquisitiva para extraer de los escritos la mayor cantidad de conocimientos, detalles, relaciones, experiencias –no necesariamente explícitas– para construir el significado de este. Es entonces, un acto complejo, único y personal.

Por estos motivos, resulta imprescindible recuperar el placer por la lectura en toda la comunidad escolar, donde se promuevan actitudes de “leer por leer, leer para crecer, leer para ampliar el horizonte, para darle color a la vida, para soportar la vida” (Kaufman, 2010, p.15). Comprendiendo que, esta actividad permite incluir a los estudiantes en un genuino proceso de interpretación para viajar a otros mundos, en los cuales la imaginación y la creatividad se instalan como los pilares fundamentales, especialmente frente a la lectura de textos literarios. De ahí que, los primeros años de escolaridad son decisivos para potenciar la fantasía y la curiosidad innata de los niños y niñas para, sistemáticamente, ir progresando hacia habilidades más complejas involucradas en el proceso de lectura.

Sin embargo, a pesar de estos antecedentes, se presume que la secuencia didáctica típica y tópica de la enseñanza de la lectura, con mínimas variaciones, es la siguiente:

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1. El maestro escoge una lectura del libro de texto.

2. Un alumno lee un fragmento, mientras el resto sigue la lectura en su libro.

3. Si comete algún error de oralización, el maestro lo corrige directamente o delega en otro alumno.

4. Una vez oralizado el texto, el maestro formula preguntas sobre la lectura, que los alumnos contestan individualmente.

5. Ejercicios de gramática a partir del texto.

(Cassany; Luna; Sanz, 2003, p.195) Dejando entrever, que muchas prácticas educativas olvidan que el aspecto más importante de la lectura es la comprensión de ella mediante la construcción de sentido del escrito y no, precisamente, el tiempo que tarden los estudiantes en leer un fragmento de un texto o qué tan bien respeten con su vocalización los signos de puntuación de las oraciones. De modo que, en el diseño de la Secuencia de clases se va a promover que los estudiantes entren a este proceso dialéctico con los textos presentados, para que juntos construyan las significaciones de cada una de las historias, relacionándolas también con sus ideas previas, sus experiencias y sus personalidades. Pues, concebimos que

Leer es comprender un texto. Leamos como leamos, deprisa o despacio, a trompicones, siempre con el mismo ritmo, en silencio, en voz alta, etc. lo que importa es interpretar lo que vehiculan las letras impresas, construir un significado nuevo en nuestra mente a partir de estos signos. Esto es lo que significa básicamente leer (Cassany; Luna; Sanz, 2003, p.197)