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Aún cuando los cristianos evangélicos se distanciaron generalmente de la Teología de la Liberación, porque veían en ella marxismo disfra­ zado en idioma teológico, se deduce una verdad fundamental de la hermenéutica de Segundo y otros autores, a los cuales no les preocupa el poder político sino el compromiso espiritual. A pesar de algunas fundadas críticas a los teólogos de la Liberación por parte de los evan­ gélicos, su preocupación real por los pobres es tan relevante para los pentecostales como para cualquier otra rama de la iglesia cristiana. Si un creyente realmente quiere obedecer al mensaje cristiano, su obe­ diencia debe reflejarse en su actuar. Después de todo fue la aplicación práctica del evangelio lo que condujo a una generación de pioneros pentecostales a difundir su mensaje en todo el mundo, y eso frecuen­ temente con gran sacrificio personal y en presencia de una gran re­ sistencia profundamente enraizada. Del mismo modo, en una época en que la evangelización y la misión frecuentemente están relacionadas con la tecnología y consideraciones utilitarias, los pentecostales deben confrontarse hoy con la voluntad de Dios de alcanzar a las no-perso­ nas de la sociedad, a aquellos que no tienen a nadie quien los repre­ sente, que han sido abandonados a la orilla del camino, a quienes se ignora persistentemente y se les abandonó sin mucha esperanza a su suerte. También estas no-personas fueron creadas a imagen y seme­ janza de Dios. Si la teología pentecostal quiere entregar correctamente el mensaje evangélico del Reino de Dios, entonces las personas llenas

287 Es una reflexión contextual del círculo hermenéutico del lado del teólogo

evangélico, ver para eso el artículo de C. René Padillas, Hermeneutics and Cul­ ture, en: Down to Earth: Studies in Christianity and Culture, publicado por J. R.W. Stott y R. Coote, Grand Rapids 1980, Eerdmans, P. 63-78. Una ex­ celente examinación de la metodología práctica de las interrelaciones de análisis social y reflexión teológica a nivel local se encuentra en Joe Holland, Peter Hen­ riot, S. J., Social Analysis: Linking Faith and Justice, Maryknoll 1984, NY, Or­ bis Books. Yo he seguido los pasos del círculo hermenéutico de sus documentos.

del Espíritu deben pasar de la teoría a la práctica, si es que desean cumplir con la voluntad de Dios.

Los Hechos de los Apóstoles, de donde los pentecostales extraen una gran parte de su autoridad para su pensamiento teológico especí­ fico, brinda un suelo fértil para examinar los efectos de las relaciones, implicaciones y matices sobre el pensamiento teológico y el actuar pastoral de la comunidad inicial. La comunidad inicial relacionó evangelización con acción pastoral desde la descripción de Lucas acerca del actuar de Jesús – “él anduvo por muchos lados e hizo el bien y sanó a todos que estaban en el poder del diablo” (Hechos 10: 38), pasando por la resurrección de Tabitas, que traducido significa “alce”, la que “realizó muchas obras buenas y dio abundantes li­ mosnas” (Hechos 9: 36) y el aprovisionamiento de las viudas (Hechos 6: 1-3) hasta la colecta de Pablo para los santos empobrecidos de Jeru­ salén (Hechos 20: 35).

A pesar de las quejas de que los pentecostales han olvidado el “aquí y ahora” en pos del “dulce futuro”, hoy es un hecho que el explosivo crecimiento de los pentecostales entre los empobrecidos hizo del mo­ vimiento una fuerza que se encarga de la situación de millones de se­ guidores en el Tercer Mundo. Pero este éxito en la solución de los problemas espirituales, sicológicos y sociales de tantos creyentes, que practican el cristianismo neotestamentario, plantea dudas a la meto­ dología hermenéutica. No hay duda que los pentecostales de los países industrializados han demostrado una significativa generosidad en el dar y han promovido imperturbablemente la evangelización en ultra­ mar. Ahora deben preguntarse si comprendieron totalmente la tarea bíblica de preocuparse de sus hermanas y hermanos menos favoreci­ dos y de otros millones cuya desesperación los abre al evangelio. Mientras en general esta pregunta se responde remitiendo al encargo de predicar el evangelio, los pentecostales deben reconocer que el en­ cargo de predicar el evangelio debe verse en mayor relación con los textos del Nuevo Testamento, cuyo objeto es el Reino de Dios.

El estudio de la pregunta acerca del Reino de Dios, que fue tomado en forma clásica por John Bright en 1953, y seguido luego por teólo­ gos tan reconocidos como G. E. Ladd y Howard Zinder, plantea dudas que deben ser respondidas si queremos “difundir la Palabra de la Ver­ dad”. La prédica de Jesús del Reino de Dios recalcando el “pensa­

miento justo y el actuar justo”, representa una visión radical del actuar continuado de Dios en la Tierra. Cuando los pentecostales trasladan esta declaración central del Nuevo Testamento a nuestro tiempo, pue­ den relacionar la palabra “el Señor actuó con ellos” (Marcos 16: 20) con una amplia escala de sufrimiento humano. Los pentecostales no debieran utilizar el mensaje que les da fuerza divina y fe para motivos egoístas (Santiago 4: 3). La enseñanza y práctica pentecostal, surgidas del movimiento soberano del Espíritu en este siglo, encuentran su má­ ximo esplendor en una comunidad de creyentes que obtiene este pleno poder de la Palabra de Dios y responde alegremente mediante la ac­ ción pastoral, la cual es posible gracias al don del Espíritu.