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La historia del movimiento pentecostal latinoamericano se caracteriza por un despertar lleno de fuerza, líderes locales y – hasta hace poco – aislamiento del mapa público.254 Chile y América Central son los lu­

gares más importantes de este movimiento de rápido crecimiento. A la construcción de dichos movimientos contribuyeron antiguos misione­ ros, provenientes en su mayoría del metodismo o del movimiento de sanidad. Sin embargo, el movimiento pentecostal no puede contem­ plarse como un producto secundario de la actividad misionera norte­ americana.255 Entre 1900 y 1950 los pentecostales fueron un movi­

miento relativamente pequeño. Eran vistos como sectas por los protestantes evangélicos y liberales, y despreciados por la jerarquía católica. Desde la Segunda Guerra Mundial el movimiento pentecostal creció rápidamente. ¿Qué explica, aparte de la previsión divina, este acelerado crecimiento que comenzó en los años 60 y no se detiene? Everett Wilson escribe respecto a El Salvador:

“El crecimiento del movimiento pentecostal en El Salvador de­ muestra claramente que su fuerza reside en una amplia autoridad in­

253 Everett Wilson, entrevista personal, 13 de Mayo 1991.

254 Ver a Everett Wilson, Identity, Community, and Status: The Legacy of the

Central American Pentecostal Pioneers, en: Joel A. Carpenter y Wilbert R. Shenk, Earthen Vessels: Amercian Evangelicals y Foreign Missions, Grand Rapids 1989, Wm. B. Eerdmans Publishing Company, P. 133-134.

stitucional del pueblo, la cual crea una cohesión interna y estabilidad, y al mismo tiempo permite una flexibilidad necesaria para adaptarse a cambios sociales”.256

El movimiento pentecostal ha levantado a indios perseguidos (in­ cluso promoviendo sus lenguas y costumbres), campesinos desposeí­ dos y pobres de las ciudades, ofreciéndoles su fuerza espiritual y di­ gnidad personal. Su fervor espiritual logra tocar lo más profundo en el alma de los aborígenes. El sociólogo suizo Christian Lalive d’Espinay cree que el movimiento pentecostal es el único protestantismo sud­ americano auténtico.257 A los miembros se les brinda un sentido de

dignidad que es parte de todos los conversos. Llamar a alguien “her­ mano” o “hermana” es una expresión de valoración e identidad comu­ nitaria.258

Algunos analistas ven al movimiento pentecostal como un movi­ miento de masas de personas que se rebelan contra las estructuras de clase existentes, formando una comunidad propia que se fortalece a sí misma.259 La pérdida de raíces creada por la urbanización, así como la

horrible pobreza en un gran número de personas, crearon un vacío que puede ser llenado por el movimiento pentecostal.

David Stoll hizo una lista de las características de este movimiento fuertemente espiritual, aunque subdesarrollado políticamente:260

- El movimiento pentecostal levanta lleno de orgullo su espirituali­ dad, así como su vida comunitaria, frente al catolicismo y al pro­ testantismo establecido. Es atractivo justamente por su.situación de exclusión.

256 Everett Wilson, Sanguine Saints: Pentecostalism in El Salvador, en:

Church History, 52/2 (Junio), 1983, P. 198.

257 Citado de Everett Wilson de Lalive d’Epinay, haven of the Masses, Lon­

don 1969, Lutterworth Press, P. 124.

258 Everett Wilson, The Central American Evangelicals: From Protest to

Pragmatism, en: International Review of Missions, LXXVII (Nr. 305 (Enero)), 1988, P. 99-100.

259 Así, David Stoll, A Protestant Reformation in Latin America? P. 47-48.

Ver también a David Martin, The Hidden Fire, una entrevista en: Christianity Today: 14 de mayo 1990, P. 23-26.

- Se cambian los roles femeninos y masculinos. Las mujeres siguen trabajando más y se les reconoce menos, pero los hombres, que nor­ malmente ignoran a la familia y la Iglesia, desarrollan una nueva sen­ sibilidad y descubren una nueva fuerza en el servir.

- Debido a que la conciencia social de los pentecostales está subde­ sarrollada, su acción social se parece más a un “lobby para un buen gobierno”. Eso podría cambiar rápidamente si despiertan de su apatía y cuestionan la autoridad.

Los acontecimientos de los años 60 aceleraron el desarrollo de CEB en el protestantismo. Personas enajenadas encontraron relaciones fra­ ternas. Jornaleros encontraron camaradería y apoyo mutuo: en la me­ dida en que crecía la opresión política, también lo hacía la angustia espiritual que era aliviada por la conversión y la entrega al Espíritu Santo.

El movimiento pentecostal no ofrece simplemente una fuga de la dureza del destino mediante mística o éxtasis. Es mucho más un mo­ vimiento dinámico que posee la convicción de que todo creyente es un representante de Cristo frente al mundo. No existe una “tensión” entre evangelización y acción social. Fortalecidos por la oración diaria, el apoyo de la comunidad y la tarea espiritual de evangelizar, los pente­ costales se ven a sí mismos como una “herramienta personal de la ac­ ción de Dios enel mundo”.261

Este rápido crecimiento inquieta a la jerarquía católica, y confunde tanto a los simpatizantes evangélicos como a los teólogos de la Libe­ ración. Sin embargo, los pentecostales primeramente deben descubrir sus posibilidades de influir políticamente; en este sentido requieren formación de conciencia. Son los únicos entre los grupos protestantes que crecen continuamente. Este estatus de “outsider” es uno de los elementos claves de todo diálogo ecuménico con los radicales católi­ cos de las CEB, quienes hasta ahora son enemigos de dicho diálogo y son vistos como enemigos por los pentecostales.

261 Ver el fantástico artículo de Lidia Susana Vaccaro de Petrella, The Ten­

sion Between Evangelism and social action in the Pentecostal Movement, en: The International Review of Missions, 85/1985, P. 37.

Convergencia