I. APROXIMACIÓN HISTÓRICA
1.1. El Caracazo, 27 de febrero de 1989
Antecedentes
El principal recurso que sustenta la economía venezolana proviene de la explotación, producción, manufactura y comercialización del petróleo. Petróleos de Venezuela
Sociedad Anónima (PDVSA), la empresa gubernamental de hidrocarburos, se convertiría
en la industria más fuerte del país tras la década de los 70 una vez iniciados los procesos para la aplicación de la Ley de Nacionalización, que reserva al Estado la industria de los hidrocarburos. Nacionalizado el oro negro, el Gobierno comenzaba a percibir, como beneficiario único, unas ganancias que entre 1972 y 1982 supusieron el 72% de los ingresos totales del país. Sin embargo, este beneficio dependía y depende directamente del precio de la comercialización del barril.
Tras la crisis de Oriente Medio, en 1974, se produciría un incremento en el precio de este bien, que sumado al aumento de la exportación, convertían al país en la Venezuela
Saudita. La República experimentó durante varios años una bonanza económica, gracias
al petróleo, al desarrollo de la industria del aluminio y al aumento de producción de acero. Este período, gestionado por Carlos Andrés Pérez (1974- 1979), registró una considerable disminución de la tasa de desempleo y el Estado centró sus inversiones en infraestructuras y seguridad social, dejando de lado la deuda externa que se incrementó de seis mil a 31.000 millones de dólares.
Expertos como José Honorio Martínez, Catedrático de Economía financiera y contabilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México, señalan que, a pesar de
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“todos esos importantes logros no se consiguió dar a la economía venezolana un carácter autodinámico”30. La afirmación de José Honorio es tan acertada como las consecuencias de esta `falta de austeridad´ y de previsión del Gobierno de Carlos Andrés Pérez: la bonanza económica había sido ficticia y tras ella quedaba una gran deuda externa a la que se añadía la fuga masiva de capital que tuvo efectos negativos sobre la inversión y el empleo. Su sucesor, Luis Herrera Campins, se vio obligado a decretar la moratoria de la deuda externa y a devaluar el Bolívar durante la jornada del 18 de febrero de 1983, conocida como el “Viernes negro”.
Estos acontecimientos, que tuvieron lugar meses antes de las elecciones presidenciales de 1983, sumieron al país en una profunda crisis que generó el rechazo del electorado hacia el partido gobernante, el Comité de Organización Política Electoral Independiente, COPEI, y hacia su presidente Herrera Campins.
Como alternativa, el COPEI presentó al histórico líder Rafael Caldera, mientras que el otro partido mayoritario, Acción Democrática (AD), apostó por Jaime Lusinchi. La jugada de AD resultó ganadora. Lusinchi se convertía en Presidente, con una victoria electoral respaldada por el 56,72% de votos y bajo la promesa de un gobierno de austeridad y sensibilidad social. El nuevo Presidente se enfrentaba a una ardua labor, entre cuyas responsabilidades se encontraban la recuperación de la economía venezolana y la refinanciación de la deuda externa.
Con el nuevo Gobierno, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proponía varias medidas de corte neoliberal para enfrentar la crisis: la liberalización de los precios, la supresión de subsidios, la contracción del gasto público, la congelación de salarios, el alza en los precios de los combustibles y el incremento de los impuestos fiscales. Este cambio de políticas económicas conllevaba además la eliminación de algunos mecanismos de redistribución de la renta petrolera establecidos durante el pacto de gobernabilidad
30 HONORIO MARTÍNEZ, José: “Causas e interpretaciones del Caracazo” en “Revista electrónica Historia
Actual Online” (HAOL). Nº 16, Primavera 2008, pp. 85-92. Disponible en:
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conocido como el Punto Fijo31, que garantizaba a las clases más populares el acceso a servicios públicos gratuitos como la educación o la sanidad.
Las medidas fueron finalmente adoptadas en febrero de 1984, pero lejos de ser una solución, se convirtieron en un problema mayor, aumentando la decadencia de la economía nacional. Para resolver la situación se inyectaron recursos públicos al sector privado, se realizó una segunda devaluación del Bolívar en 1986 y se declaró una nueva moratoria de la deuda externa un mes antes de que el Presidente Lusinchi abandonase el gobierno. Como resume José Honorio Martínez:
“La intervención de los gobierno de los presidentes Herrera Campins y Jaime Lusinchi, condujo a una solución transitoria de la crisis que favoreció a los acreedores, a la deudora burguesía venezolana y al régimen punto fijista, sin embargo, las causas estructurales de la crisis no fueron contempladas en lo más mínimo”.
Las decisiones de Carlos Andrés Pérez
El recuerdo de la “Venezuela Saudita” continuaba entre los venezolanos, bajo la percepción de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Gracias a esto, el 2 de Febrero de 1989 Carlos Andrés Pérez iniciaba su segunda legislatura política, obligado a enfrentar los problemas económicos del país de la última década. Pocos días después de asumir la presidencia, y con el fin de obtener 4.500 millones de dólares de préstamo durante los siguientes 3 años, el Presidente adoptaba mayores compromisos con el FMI y anunciaba
31 El 31 de octubre de 1958, se firmó el acuerdo de gobernabilidad "Punto Fijo”, consagrado en la
constitución de 1961, entre AD, COPEI y URD, siendo excluido el PCV (Partido Comunista Venezolano). Los firmantes se comprometían a actuar conjunta y solidariamente en torno a tres aspectos:
A). La defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral por lo que cualquiera que fuese el partido que ganase las elecciones, los otros dos se opondrían al uso de la fuerza para cambiar el resultado.
B) Gobierno de unidad nacional: se formaría un gobierno de coalición y ninguno de los tres partidos tendría la hegemonía en el gabinete ejecutivo.
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la aplicación de un “paquete económico”, diseñado por los “IESA boys”32, que contemplaba medidas restrictivas. Las nuevas disposiciones regulaban el gasto público, los niveles salariales, la liberalización cambiaria y monetaria, aumentando con ello el precio en servicios públicos como la electricidad, agua, gas y los productos derivados del petróleo.
Los venezolanos se veían obligados a “apretarse el cinturón” y algunos sectores del país mostraron rápidamente el rechazo a estas medidas. La situación se veía además acrecentada, por el anuncio del Ministro de Energía y Minas, el 26 de febrero, de la subida del precio de la gasolina, decisión que incrementaría el precio del transporte público en un 30%.
El 27 de Febrero Venezuela amanecía bajo la convulsión social. En Guarenas, ciudad situada a 15 kilómetros de Caracas, se producían las primeras manifestaciones de protesta como síntoma de inconformidad. El descontento y la anarquía generalizada no tardaron en extenderse al resto del país en lo que terminó convirtiéndose en una “rebelión popular”. En Caracas, los sectores más desfavorecidos, apartados en los cerros que rodean la ciudad de Caracas, descendieron al área metropolitana. El descontrol se convirtió en una situación de emergencia con saqueos a supermercados, locales y comercios. La escena se repitió rápidamente en otras ciudades como La Guaira, Maracay, Valencia, Barquisimeto, Mérida o Ciudad Guayana.
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Gabinete formado por profesionales provenientes del Instituto Económico Superior de Administración (IESA), entre ellos:
- Pedro Tinoco (Presidente del Banco Central de Venezuela) - Egleé Iturbe (ministra de Hacienda)
- Miguel Rodríguez (Ministro de Cordiplan)
- Server Torres (Fondo de Inversiones de Venezuela) - Moisés Náim (Ministro de Fomento)
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Las fuerzas del orden trataban impotentes de contener una caótica situación que se les iba de las manos. El Gobierno, con la intención de contener la revuelta, instauraba el toque de queda indefinido y aprobaba el Plan Ávila, procedimiento militar basado en el
laissez-faire de los militares que pasaron a ocupar las calles del país, capacitados para el
uso de armas de guerra.
Igualmente y para evitar el “efecto contagio” se prohibió a todos los medios de comunicación la emisión de noticias y la transmisión de imágenes que pudieran extender el “motín” a otras zonas del país.
Un día más tarde del inicio del conflicto, el Gobierno ratificaba las medidas anunciadas, a través de una Carta de Intención con el FMI. El suceso dejaba unas consecuencias devastadoras. Las cifras oficiales estimaron más de 300 muertos y más de un millar de heridos en tan sólo dos días, mientras que las cifras extra-oficiales indicaban más de 1.500 víctimas. El Gobierno excusó tales cifras argumentando desinformación e insubordinación de un sector de la Policía Militar (PM) que descontentos con sus superiores de la Guardia Nacional, no controlaron las protestas, estimulándolas en algunos de los casos33.
El Caracazo supuso un antes y un después en la democracia Venezolana. El pueblo dejó de confiar en sus líderes y se sintió desamparado, perdiendo la vinculación con el Ejecutivo. La popularidad del Gobierno cayó en picado y el malestar social continuaba apoderándose de los ciudadanos que vivían una crisis continua. Venezuela necesitaba un cambio. Los venezolanos soñaban desde el silencio un líder que los representase.
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HONORIO MARTÍNEZ, José: “Causas e interpretaciones del Caracazo” en Revista electrónica Historia Actual Online (HAOL). Nº 16, Primavera 2008, pp. 85-92. Disponible en:
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La memoria perpetua del pueblo
La voracidad de los sucesos del Caracazo, permanentes en el imaginario colectivo bajo las duras imágenes de muertos y heridos, que afectaron en su gran mayoría a los estratos más humildes de la población, se convirtieron en una llamada a la reflexión que se asoció indirecta y subjetivamente a una mala gestión por parte del Ejecutivo.
El Caracazo se convirtió en el primer gran hito para legitimar el golpe de Estado impulsado por Hugo Chávez, militar que había vivido de primera mano la conflictividad de los sucesos. Su intento fallido, cuatro años más tarde, generaría una huella indefectible en la memoria perpetua del pueblo venezolano.
El ejemplo testimonial lo encontramos en la película El Caracazo de Roman Chalbaud, cuyo inicio arranca con la presentación de un “Oligarca” describiendo el golpe del 92: “El señor Hugo Chávez siempre argumenta que los sucesos del 27 de Febrero de 1989 movilizaron sus ideas, si es que las tiene…y propiciaron su golpe de 1992”.
El propio Hugo Chávez, ha reconocido en numerosas ocasiones que “El Caracazo” fue el origen de la gestación su Revolución Bolivariana34 y a través de él ha legitimado desde sus inicios de Gobierno el fallido golpe de Estado. Lo cierto es, que el mandatario encontró en este suceso, la oportunidad para posicionarse a través de uno de sus mensajes constantes: “El Mesías, el libertador, ha llegado” frente a los valores que ahora se habían asociado a la vieja política Venezolana: Caudillismo, corrupción, represión, falta de información… El golpe de estado se convertiría en la señal de que podría existir ese líder representantivo con el que los venezolanos soñaban en silencio.
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“Cuando Carlos Andrés Pérez envió a la Fuerza Armada a la calle a reprimir aquella explosión social y hubo una masacre, los militares bolivarianos del MBR-200 analizamos que habíamos pasado el punto de no retorno y decidimos que había que ir a las armas. No podíamos seguir siendo los cancerberos de un régimen genocida. Ese acontecimiento fue el catalizador del MBR-200. Comenzamos entonces a acelerar la organización del Movimiento, la búsqueda de contactos con civiles y movimientos populares; a pensar en la estrategia, la ideología pero, sobre todo, en la estrategia: el cómo hacer para trascender una situación y buscar una transición hacia otra. Harnecker, Marta: Hugo Chávez Frías: Un hombre, un pueblo, Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, 2002. p 13
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