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Parte IV: Teoría de la economía y de la historia: el camino hacia el estado servil

Capítulo 10. La propuesta distributiva como alternativa al estado servil

10.2. El concepto de distributismo y sus percepciones erróneas

El término “distributismo”395, pese a ser el que ellos mismos aplicaron a las teorías

políticas y económicas que proponían, no resultaba del agrado ni de Chesterton ni del propio Belloc. Ambos consideraron que el nombre era torpe y pobre, pero resultaba descriptivo respecto del aspecto esencial de su propuesta: la idea de que la propiedad o el control de los medios de producción debería estar distribuido entre un número los más amplio posible de personas. La palabra “distributismo” proviene de la caracterización por parte de Belloc de una sociedad en la que se da tal estado de cosas bajo el término “estado distributivo”, que en su

opinión es la única alternativa viable al advenimiento del estado servil. El nombre “estado

distributivo”, que daba lugar a la palabra “distributismo”, le pareció a Belloc “pobre y mecánico”, como refleja en estas palabras:

Since a thing must be given a name if we are to discuss it, let us give this thing the name of ‘The Distributive State’, though that is a very poor and mechanical name for the sort of society which is nothing more nor less than the fixed tradition of all society normal to Christian Europe396.

En el mismo sentido se pronunciaría posteriormente en El estado servil, hablando de la Europa de la Baja Edad Media:

Tal fue la transformación que había sobrevenido en la sociedad europea en el curso de diez siglos de cristianismo. La esclavitud había desaparecido y, en su lugar había surgido este establecimiento de la posesión libre que parecía tan normal a los hombres y tan apropiada para una vida feliz. No se encontró a la sazón nombre especial alguno que la denominara. Hoy en día, es decir, cuando ha desaparecido, debemos fabricar uno torpemente, y decir que la Edad Media había concebido instintivamente y engendrado el Estado Distributivo397.

A Belloc le pareció especialmente inadecuado tener que inventar un nombre para algo que no era, según él, sino la forma política y económica tradicional de las sociedades de la Europa cristiana. Así, pese a la necesidad de buscar un nombre nuevo para algo que no estaba caracterizado por la literatura económica y política anterior a Belloc, lo que el autor inglés estaba formulando distaba mucho de ser, desde su propio punto de vista, una propuesta novedosa. Lo que Belloc propugnaba no era sino el restablecimiento de un estado de cosas que, desde su punto vista, se había dado de manera singular en la Europa Occidental de la Edad Media. Dicho estado de cosas se caracterizaba por la amplia dispersión de la posesión y el control de los medios de producción, en aquella época fundamentalmente la tierra, que se encontraba ampliamente distribuida entre la población. Elementos de tipo “revolucionario”, aparentemente de tipo religioso pero en el fondo movidos por los intereses económicos de una

minoría influyente y muy dinámica398, harían que, de acuerdo con Belloc, este estado

distributivo se malograra, mediante la eliminación de las salvaguardas que protegían la propiedad, y por tanto la libertad, de las familias. El punto de vista de Belloc, más bien conservador, consistía en tratar de preservar algunas de esas salvaguardas y, en la medida de lo posible, promover una tendencia hacia una sociedad en la que el control de los medios de producción estuviese ampliamente distribuido, pues solo eso, en opinión de Belloc, podía garantizar la libertad. La idea de una propiedad ampliamente distribuida no comporta un

396 (Belloc, “A Solution I”, The Eye Witness, vol. I, n. 24, 30-11-1911, p. 750). 397 Belloc [1912] (2010), p. 82, traducción de Bruno Jacovella.

398 Belloc se refirió en concreto a la Reforma Protestante, que en el caso inglés supuso el comienzo de un proceso de fuerte concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos (Ibíd., p. 85).

concepto igualitarista respecto de dicha distribución, una concepción más propia de la

mentalidad socialista que Belloc rechazó por mecánica e impersonal399.

Sin embargo, este anclaje de sus teorías en una concepción tradicionalista y cristiana de la sociedad no es percibido por muchas personas que se acercan al término “distributismo”. El sufijo “-ismo” no solo confiere al vocablo un sentido de acción o tendencia en relación al verbo “distribuir” sino que le otorga cierta similitud semántica con los movimientos políticos, y sus consiguientes sistemas económicos teóricos, que se forjaron en su tiempo y que tanta influencia tuvieron en la historia posterior y siguen teniendo hoy en día. La idea del “distributismo” como “la acción de distribuir” puede atraer a muchas personas de mentalidad revolucionaria o educadas bajo la idea del dualismo capitalismo-socialismo propia de la Guerra Fría, pero sus promotores, ingleses y católicos, estaban muy lejos de semejantes ideas. Para poder distribuir algo, primero has de poseerlo. Belloc consideró la expropiación como un medio poco deseable

de distribución, por la violencia que implicaría400. Además para él la propiedad debería ser

“deseada” (algo más difícil con cada generación, debido a la falta de “experiencia” en gestión del patrimonio familiar) y no podría ser en ningún caso “impuesta” a personas que ni siquiera sabrían qué hacer con ella.

El error de concebir las propuestas de Belloc como un conjunto de ideas revolucionarias alternativas a, pero no tan diferentes de, las propuestas por el socialismo se dio ya en vida de Belloc y fue una de las principales causas, como veremos posteriormente en este capítulo, del fracaso del movimiento político al que dichas ideas dieron lugar. Posteriormente, en el marco idiosincrático del enfrentamiento entre sistemas propio de la “Guerra Fría”, se ha tendido a pensar en el distributismo como una “tercera vía”. Consideramos que estas percepciones del distributismo, debidas en alguna medida a lo poco afortunado del nombre pero sobre todo a la carencia de un estudio profundo del pensamiento de sus promotores, no son correctas porque no solo no recogen el espíritu conservador y la filosofía tradicionalista y cristiana que, como estudiamos a lo largo de esta tesis, se encuentra detrás de los planteamientos de Belloc, sino que parecen asimilar estos con los de las ideologías y movimientos revolucionarios a los que nuestro autor se opuso frontalmente.

399 “(…) the ideal of property does not comport equality in property – that mechanical ideal is contradictory of the personal quality attaching to property” (Belloc, 1936, p. 76).

400 Así se manifestó, por ejemplo, en su artículo “A Solution III” (The Eye Witness, vol. I, n. 26, 14-12-1911, pp. 812-813) y en su libro An Essay on the Restoration of Property (Belloc, 1936).