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El concepto de resiliencia: generaciones y escuelas

PRIMERA PARTE: CONTEXTUALIZACIÓN TEÓRICA

CAPÍTULO 5. RESILIENCIA EN LA MUJER SUPERVIVIENTE DE VIOLENCIA DE GÉNERO

5.1. El concepto de resiliencia: generaciones y escuelas

El término resiliencia según la RAE (2012) tiene dos significados, desde la psicología sería la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas” y desde la mecánica sería la “capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”. Robles y Medina (2008) señalan que el

término proviene del latín resilio, que significaría volver atrás, de un salto, resaltar, rebotar. Con el tiempo el término fue adoptado por las ciencias sociales para caracterizar a aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en condiciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y adaptados socialmente (Rutter, 1981).

La resiliencia se enmarca dentro del campo de la psicología positiva, que se centra en estudiar y comprender los procesos y mecanismos que subyacen a las fortalezas y virtudes del ser humano (Vázques & Hérvas, 2008). Según Seligman y Csikszentmihakyi (2000), el focalizar de forma exclusiva los efectos patológicos de la vivencia traumática ha contribuido a desarrollar una cultura victimológica que ha sesgado la investigación y, en cambio, desde la psicología positiva se recuerda que el ser humano tiene una capacidad de adaptación, de encontrar sentido y de crecimiento personal ante las experiencias traumáticas y que es un fenómeno común entre personas que enfrentan experiencias adversas (Masten, 2001). Frente a esta línea de pensamiento, existen en la literatura científica estudios que caminan en esta dirección (Bonanno, 2004; Cacioppo, Reis &

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Zautra, 2011; Fredrickson, 2001; Masten, 2001; Seligman, Steen, Park & Peterson, 2005; Sheldon & King, 2001). Lo común de estos autores es que proponen una reconceptualización de la experiencia traumática desde un modelo salutogénico basado en métodos positivos de prevención, que consideren la habilidad natural de los individuos de afrontar, resistir e incluso aprender y crecer en las situaciones adversas.

La historia de la resiliencia se puede dividir atendiendo a dos generaciones o enfoques y también por escuelas: anglosajona, europea y latinoamericana. En cuanto a las generaciones, la primera generación buscaba ese “algo” que hacía que algunos niños a

pesar de los factores de riesgo y lograban salir adelante en sus vidas (Melillo & Suárez, 2001), por lo tanto, el foco de atención en la primera generación fueron los niños en riesgo social. El primer trabajo que caracteriza esta generación es el llevado a cabo por Werner y Smith (1992) quienes estudiaron a 505 individuos de Hawai, durante unos 32 años, desde el período prenatal hasta su adultez. El estudio identificó a un grupo de individuos que a pesar de vivir en condiciones de adversidad se adaptaron positivamente en su vida adulta.

La segunda generación retomó el interés de la primera en inferir qué factores estaban presentes en aquellos individuos en alto riesgo social que se adaptaban positivamente a la sociedad, pero se basó en una perspectiva dinámica de factores. Los investigadores pioneros en esta generación fueron Michael Rutter (1981), quien propuso el concepto relacionándolo con el de los mecanismos protectores, y Edith Grotberg (1995), quien estudió el tema de la resiliencia de cara a su desarrollo y aplicación en programas y proyectos internacionales. Otros autores de esta generación son Masten (2001) y Luthar, Cicchetti y Becker (2000).

155 Para esta generación, el concepto de resiliencia es entendido como un proceso dinámico, donde las influencias del ambiente y del individuo interactúan en una relación recíproca que permite a la persona adaptarse a pesar de la adversidad. Esta generación subscribe el modelo ecológico-transaccional de la resiliencia que tiene base en el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1978). Algunas definiciones de los grandes exponentes de esta generación son, por ejemplo, la de Grotberg (2006), quien señala que la resiliencia es la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad. En el caso de Rutter (1981), lo define como una respuesta global en la que se ponen en juego los mecanismos de protección, que permiten al individuo salir fortalecido de la adversidad en cada situación específica y respetando sus características personales.

La diferencia fundamental entre la primera y segunda generación es que la primera considera a la resiliencia como un descubrimiento ex post, es decir, solo se puede catalogar una respuesta como resiliente si el individuo ya se ha adaptado positivamente, en cambio, la segunda generación la considera como un proceso que puede ser promovido.

En cuanto a la diferenciación según escuelas, respecto a la escuela anglosajona, cuyo inicio se funda a mediados de la década de los cincuenta, cabe señalar que sus exponentes se encuentran enmarcados en las generaciones antes mencionadas. La característica fundamental de esta escuela es que se centró en estudiar las características de las personas que interfieren en sobrellevar un hecho traumático. En cuanto a la escuela europea, que se enmarcan en la segunda generación, comienza a desarrollarse en la última década del siglo XX, siendo exponentes de esta escuela autores como Boris Cyrulnik,

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Frederick Losel, Michel Manciaux, Stanislaw Tomkiewicz y Stefan Vanistendael, entre otros. Para la escuela europea, a diferencia de la anglosajona, la resiliencia sería fruto de la interacción entre el individuo y su entorno, por lo que la persona tiene un papel más activo no como poseedor de características específicas sino como sujeto de su propia historia dentro de un contexto social y cultural. Por último, la escuela latinoamericana, la cual también se enmarca dentro de la segunda generación, se desarrolla fundamentalmente a partir de la mitad de la década de los noventa del siglo pasado. Exponentes de esta escuela son Aldo Melillo, del Centro Internacional de Información y Estudio de la Resiliencia (CIER) creado en 1997 en la Universidad Nacional de Lanús de Buenos Aires Argentina, y María Angélica Kotliarenco, del Centro de Estudio de Atención del Niño y la Mujer (CENIM), de Santiago de Chile.

El desarrollo de la resiliencia en Latinoamérica no solo ha llevado al estudio de los factores personales que facilitan la resiliencia, sino además a tomar una perspectiva más elevada desde la que se observa a la propia comunidad como posible motor de este constructo tanto a nivel personal como grupal. Según Melillo y Suarez (2001), este enfoque tiene la ventaja de considerar el proceso de adaptación resiliente, no como responsabilidad única del individuo, sino de la ecología que lo rodea. Por lo tanto, para entender mejor el proceso de resiliencia, es necesario considerar el ambiente y la cultura del individuo, al igual que las tareas específicas correspondientes a cada etapa del desarrollo.

El término de resiliencia puede ser comprendido desde el enfoque proceso/resultado o como capacidad. La resiliencia como proceso/resultado, según Luthar y cols. (2000, p.543), se entendería como “un proceso dinámico que comprende la adaptación positiva

157 dentro de un contexto significativamente adverso”. En cambio, la resiliencia como

capacidad, según Fernández-Lansac y Crespo (2011, p.24), se entendería como “la capacidad o competencia del sujeto para hacer frente a situaciones desfavorables, siendo incluso concebida como un rasgo o característica de personalidad del individuo” (ver cuadro 15).

Cuadro 15.

Resiliencia como proceso/resultado o como capacidad

Resiliencia como proceso/resultado Resiliencia como capacidad

Definición: “un proceso dinámico que comprende la adaptación positiva dentro de un contexto significativamente adverso” (Luthar et al., 2000, p.543).

Definición: “la capacidad o competencia del sujeto para hacer frente a situaciones desfavorables, siendo incluso concebida como un rasgo o característica de personalidad del individuo” (Fernández-Lansac y Crespo, 2011 p.24).

- La resiliencia aparece como el resultado de un exitoso proceso de adaptación.

- Incluye la ausencia de sintomatología significativa, además persiste a lo largo de tiempo.

- Ha posibilitado desde esta visión el desarrollo de escalas específicas para su medida, p.e. CD- RISC (Connor y Davidson, 1999)

- Desde esta perspectiva se relaciona con el concepto de personalidad resistente o hardiness (que se analizará en el siguiente epígrafe).

Fuente: Fernández – Lansac y Crespo (2011)