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La muestra presentará un perfil caracterizado por una historia de

SEGUNDA PARTE: INVESTIGACIÓN EMPÍRICA

Hipótesis 1. La muestra presentará un perfil caracterizado por una historia de

violencia de pareja caracterizada por una larga duración y un alto nivel de maltrato sufridos, historia de victimización en la infancia por parte de su familia de origen, bajo nivel de apoyo emocional, informacional y tangible percibido, alto nivel de eventos estresantes adicionales, alto nivel de resiliencia, alto malestar psicológico,

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alta prevalencia de estrés postraumático, alta prevalencia de depresión y alto grado de inadaptación a la vida cotidiana.

A pesar que el presente objetivo tiene un carácter exploratorio, se espera encontrar un perfil acerca de las características de la situación de maltrato sufrida y de las consecuencias psicológicas presentes en las mujeres objeto de estudio similar a los hallazgos encontrados en la literatura científica sobre el tema, especialmente acerca de la prevalencia de las principales repercusiones sobre la salud mental en las mujeres supervivientes de violencia de género.

Referente a la historia de violencia en relación de pareja debido a estudios realizados en Chile en años anteriores se hipotetiza que los resultados de este estudio estarán acordes a los hallazgos anteriores, el promedio de tiempo de años de relación de violencia sería de unos 15 años, los porcentajes de violencia deberían estar en un parámetro de 30% para la violencia psicológica, 40% para la violencia física y 14% para la violencia sexual (Calquín & Chávez, 2007; Larraín, 1994; SERNAM, 2008, 2009). Referente a estudios internacionales la OMS (2013) indica que la prevalencia global de violencia física y/o sexual es de un 30%.

En estudios sobre mujeres supervivientes de maltrato en la pareja y su historia de victiminización en su infancia señalan que es un hecho recurrente (Bradley et al., 2005; Fergusson, Boden & Horwood, 2006; Kendall-Tacket, 2007; Nicolaidis et al., 2004; Street et al., 2005; Vaeth, Ramisetty-Mikler & Caetano, 2010). En el trabajo de Larraín (1994) de mujeres chilenas fueron víctimas de malos tratos en su infancia por parte de su madre en un

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49% y por parte de su padre en un 32%. En el trabajo de Patró (2006) de mujeres españolas un 40% de la muestra informó haber sido víctima de maltrato en la infancia por parte de su familia de origen, de este porcentaje un 3,8% sufrió violencia de tipo sexual. En estudios chilenos podemos destacar el de SERNAM (2008) donde se señala que el 10% de las mujeres encuestadas respondió afirmativamente al hecho de haber sido abusadas sexualmente cuando pequeñas tanto por algún familiar o persona conocida.

Referente a las variables contextuales se esperan restulados en esta investigación que sean acordes a trabajos realizados en anteriores estudios, como por ejemplo, según Larraín (1994) mayoritariamente la red de apoyo de las mujeres supervivientes de maltrato acuden a solicitar ayuda a sus parientes, amigos y vecinos. Según la investigación las mujeres agredidas por parte de sus parejas concurren en un bajo porcentaje a los servicios de salud (22%), de este bajo porcentaje un 81% considera que fue útil solicitar ayuda en esas instituciones, aunque en relación a la atención que recibieron, ésta mayoritariamente se centró en las lesiones y en más de la mitad de las mujeres que asistieron a centros de salud no dejaron constancia legal de la lesión ni se les informó del procedimiento legal a seguir. Según Patró (2006) el nivel de apoyo percibido por las mujeres es mayor en la actualidad que durante el último año de convivencia.

Según los eventos estresantes adicionales, los resultados en el estudio de Graham- Bermann, Sularz y Howell (2011), indicó que un 86% de las mujeres de su muestra experimentaban de forma simultánea experiencias estresantes adicionales. Según Kimerling y cols. (2009), las tasas de desempleo fueron de un 20% en mujeres con violencia psicológica y de un 18% entre las mujeres que habían sufrido violencia física. En el estudio

191 de SERNAM (2008) indicó que un 10% de las mujeres sufrieron violencia en el embarazo. En el trabajo de Patró (2006) las mujeres de su muestra presentaron un alto porcentaje de estresores adicionales, los de mayor frecuencia fueron los problemas económicos (94,3%), los problemas laborales relacionados con la búsqueda o pérdida de trabajo (92,4%), y el relacionado con el cuidado de hijos pequeños (85,7%). Por lo que, se espera para este trabajo según los datos revelados en anteriores investigaciones que el nivel de estresores adicionales sea alta.

En los trabajos realizados a mujeres supervivientes de maltrato en la pareja en general los niveles de resiliencia fueron altos a pesar del trauma vivido (Anderson, Renner & Davis, 2012; Canaval, González & Sanchez, 2007; Humphreys, 2003; Young, 2007), por lo que se esperan resultados similares a estos trabajos realizados.

En el estudio de Larraín (1994) realizado con mujeres chilenas donde se evaluó el nivel de malestar psicológico a través del Cuestionario de Salud General (Goldberg, 1972), el puntaje fue significativamente más alto entre las mujeres que informaron haber vivido violencia por parte de su pareja, que aquellas que no sufrieron esta violencia. Una de cada dos mujeres supervivientes de violencia de género necesitaba una evaluación de sintomatología psicológica en profundidad, es decir, presentaban malestar psicológico. Según estudios internacionales respecto a las consecuencias en la salud mental de las mujeres supervivientes de maltrato presentarían fundamentalmente un alto nivel de síntomas de depresión y estrés postraumático. Golding (1999) realizó un estudio de metanálisis de investigaciones que profundizaban sobre la salud mental de mujeres supervivientes de maltrato. Los resultados fueron los siguientes: en 18 estudios se

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determinó una prevalencia de 47.6% de depresión, un 17.9% de suicidios en 13 estudios, un 63.8% de TEPT en 11 estudios, un 18.5% de abuso de alcohol en 10 estudios y un 8.9% de abuso de droga en 4 estudios. Estos datos se asemejan a otros estudios nombrados en los capítulos anteriores (Babcok et al., 2008; Beeble et al., 2011; Chandra et al., 2009; Domínguez et al., 2008; Dutton, 2009; Griffing et al., 2006; Johnson & Zlotnick, 2009; Krause et al., 2008; Mechanic et al., 2008; Patró, 2006; Pico- Alfonso et al., 2006; Sarasúa et al., 2007).

OBJETIVO 2.- Analizar la contribución que sobre las principales repercusiones