1.6 Jhon Fredy
1.6.3 El delito de hurto y sus normas
Jhon Fredy considera que el delito por el que hay más personas en la cárcel es el hurto y que aproximadamente de 70% a 80% de las personas presas en La Modelo lo están por ese delito. Lo atribuye a la falta de empleo y de oportunidades, situación que se empeora cuando la persona sale de la cárcel y queda con “los papeles sucios”. Para él, los cambios que han tenido las normas penales son muy perjudiciales para los reclusos, pues ahora es mayor el tiempo que deben cumplir en prisión; y cree que el aumento de las penas no reduce los robos, pues la juventud es atraída a la delincuencia como opción de conseguir dinero fácil, robando. Sostiene que las penas altas son intimidantes, pero la necesidad muchas veces pesa más. Él siempre ha tenido conocimiento de las normas penales, pero nunca llegó a pensar en recibir una condena tan alta como la que tiene.
Dice que la pena de prisión, en parte, le sirve para resocializarse, pues lo ayuda a consumir menos drogas que en la calle, y quizás logre reducir su consumo cuando vuelva a salir. Al mismo tiempo, señala que la permanencia en la Cárcel lo convierte en una peor persona, pues si bien la experiencia intimida a algunos, que mejoran su conducta, a él le pasa todo lo contrario: “Tanto golpe lo vuelve a uno peor, y sale uno, y lo que hace es desquitarse con la sociedad.”
1.6.4 Proceso
Jhon Fredy no recuerda su captura, pues se encontraba en estado de ebriedad. Posteriormente, se enteró de que se llevó a cabo con ayuda de la comunidad. Vino a conocer las razones por las qué estaba capturado en la primera audiencia, y ahí mismo aceptó los cargos. Lo hizo por propia voluntad, pues dice que “ya sabe cómo es la movida” y qué –en tales circunstancias– es lo mejor que se puede hacer. En otras palabras, sabía que si no aceptaba cargos, se iba a juicio y todo sería más complicado. Desde el principio, le fue impuesta una medida de aseguramiento. Tenía un defensor público y su relación con él fue buena; y a pesar de que iba poco a la cárcel, estuvo pendiente de su caso y le ayudó a que le bajaran la pena. Nunca tuvo un contacto cercano con su abogado ni habló con él sobre aspectos personales de su vida. En sus contados encuentros, se limitaron a hablar de asuntos del proceso. Cree que hubo un preacuerdo con el juez, y logró que le tumbara los agravantes a condición de que él aceptara cargos.
Al preguntarle si sabía qué aspectos tuvo en cuenta el juez para juzgarlo, respondió que el funcionario hablaba mucho, pero que se le entendía poco, y al final ni siquiera supo de qué había hablado. Durante la audiencia de lectura de fallo, solo entendió que lo estaban
condenando por los delitos que se habían enunciado. Nunca se tuvo en cuenta su situación económica, social y familiar. Solo se contemplaron sus antecedentes penales, por lo que Jhon Fredy considera que careció de opciones para que el juez diera una respuesta diferente. Éste justificó la pena argumentando que era necesaria en razón de su “prontuario”, y que él no era apto para la sociedad pues ya se le había dado la oportunidad en diversas ocasiones, y no la había aprovechado; y que, antes bien, seguía delinquiendo.
Jhon Fredy cree que la condena que le dieron es justa, debido a la cantidad de delitos que había cometido. Dice que para nadie es justo estar en una cárcel, pero reconoce lo que hizo y su propia responsabilidad en lo que le está pasando. Con todo, cree que la pena que tiene no es equivalente al daño que hizo; ni siquiera lo sería el hecho de estar toda la vida en la cárcel. Tampoco considera que, al cumplir la pena de prisión, esté dando algún tipo de retribución. Cuando compara su pena con otros se da por bien servido.
Jhon Fredy sostiene que hoy en día no se puede decir nada en las audiencias. Antes se le podía hablar al fiscal, e incluso convencerlo. En cambio, ahora, quien tiene que hacer todo eso es el abogado defensor. Asegura que si le hubieran propuesto una pena alternativa, como un trabajo obligatorio, la hubiera aceptado, pues hubiera podido cumplir una mejor función que la cárcel; y que también hubiera aceptado una desintoxicación de drogas.
1.7 Jorge
1.7.1 Historia de vida
Nació en Colombia, en 1979. Su padre era maestro de obra, y su madre, modista. Es hijo único. Desde pequeño le gustaron las armas. Es bachiller y realizó estudios técnicos en
sistemas. Al terminar, trabajó como repartidor de la tienda El Éxito y como escolta en Barranquilla. En los años 90, la situación de su barrio lo llevó a conformar un grupo de “seguridad y limpieza”, con el fin de atender a la comunidad. El problema que enfrentaban era gente consumiendo drogas, hurtos y actos sexuales (ocurrían numerosas violaciones a mujeres), todo esto, por la ausencia de las autoridades.
La situación lo tenía molesto desde tiempo atrás, pero el día que violaron a la hija de un amigo suyo decidió, con un grupo de personas, tomar la justicia por sus propias manos. Esto también lo hizo pensando en el futuro de su esposa y de sus hijos. En 2001, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) se enteraron de la existencia del grupo que había organizado. Lo vincularon y patrocinaron, con dinero, carros y armas, para que actuara en su ciudad. Su grupo trabajaba principalmente brindando información a las AUC, sobre cuanto ocurría ahí. En las AUC alcanzó el cargo de comandante, y tuvo a numerosas personas y operaciones bajo su mando. Fue enviado por las AUC a Bogotá, en principio, para trabajar como escolta de un político importante; pero esto duró poco y Jorge terminó prestando servicios de seguridad en una gran empresa de casinos.
A pesar de que su grupo se desmovilizó, él decidió no hacerlo, por no estar de acuerdo con los beneficios que les iban a ser otorgados. Dice hacer parte de las AUC y recibir, en la cárcel, un salario de esta organización. Afirma no haber robado nunca, y que no lo haría, pues es uno de sus principios de vida. Además, robar va en contra de los objetivos de los grupos de los que ha hecho parte.
Cuando salga, cree que seguirá vinculado al grupo armado por algún tiempo, mientras “cierra unos negocios”, pues no quiere poner en peligro su vida; pero después buscará retirarse, pues no desea correr el riesgo de volver a estar lejos de su familia.
En Bogotá ha sido víctima del delito de hurto. Le robaron la pistola y le dieron dos tiros por los que casi se desangra. En Transmilenio le quitaron un Blackberry con un cuchillo.
1.7.2 Experiencia en la cárcel
En la cárcel ha estado tranquilo, pues tiene protección dentro del patio y la gente sabe “quién es”. Le hacen mucha falta su esposa y sus dos hijos y cree que esto es lo peor de estar en prisión. Sostiene que la condena que está pagando no es necesaria para resocializarse: considera que él no hace daño a la sociedad, pues no trabaja con droga, no trabaja con armamento, no roba y es un tipo estudiado, que ha tenido la oportunidad de estar en la universidad y hacer diferentes cursos. Ha trabajado con buenas empresas y tiene buenas relaciones personales. Y en la cárcel está aprendiendo cosas que lo hacen una peor persona: el lenguaje y el tipo de relaciones que establece.
Afirma que los guardias creen que los miembros de las Autodefensas son quienes más dinero tienen. Por eso, les piden muchas cosas y cuando les dicen que no, se van en contra de ellos. Con frecuencia, Jorge dice haber tenido que “pararse en la raya” y “hablarles como es”. En la cárcel le dicen “el dos más dos”, porque con él las cosas son claras. Prefiere no tener muchas relaciones con las personas del patio, para no involucrarse en “cosas”. Por consiguiente, considera que no tiene amigos ahí.
Frente a una pena diferente, como un trabajo obligatorio, la hubiera aceptado, pues para él lo primordial es su familia, compartir con ellos y estar junto a ellos. En términos de la posibilidad de resocialización mediante penas alternas, como un trabajo, pone el ejemplo de un “muchacho” que tiene una pena de nueve meses, es drogadicto y roba en los pasillos
para conseguir la droga; dice que si, en cambio, a ese muchacho le dieran un trabajo, tendría la oportunidad de pensar diferente.
Al comparar su pena con la de otros internos, reconoce que la suya es baja.
1.7.3 El hurto y sus normas
Jorge cree que el aumento de penas para el delito de hurto no es una solución apropiada. Para él, quienes incurren en este delito son personas sin metas, y a una persona sin metas le importa poco si las penas son altas o bajas. De otra parte, hay casos desproporcionados, en los cuales las personas reciben penas muy altas que no se merecen.
1.7.4 Proceso
Las circunstancias que llevaron a Jorge a la cárcel son inciertas; pero el delito por el que lo condenaron fue hurto agravado y calificado, con porte de armas de fuego y uso ilegal de prendas y uniformes oficiales, en hechos cometidos en una zona comercial de Bogotá. Él dice que su intención era dar un golpe grande, pero se refiere a lo que iban a hacer como “reserva del sumario”.
Frente a la captura, no sabe bien qué pasó: al parecer, un vigilante llamó a las autoridades. La Policía, la SIJIN y el Ejército rodearon el centro comercial y a ellos les avisaron desde fuera que eso estaba pasando. Los atraparon en el parqueadero del establecimiento, con métodos agresivos, lo que Jorge nunca pudo probar. Esta es su primera captura y no tiene antecedentes penales. En seguida le dieron medida de aseguramiento.
Cuando ocurrieron los hechos, su abogado privado no estaba en la ciudad, por lo cual Jorge fue defendido inicialmente por un abogado de oficio. Después llegó su abogado
privado. Jorge sintió muy bien defendido por él. Le gustó la forma como se logró que fuera incriminado por hurto como delito principal, pues al indemnizar, la condena quedaría baja. En cambio, no le gustó que el abogado no lograra probar que él y sus cómplices nunca usaron uniformes.
El abogado siempre los tuvo muy en cuenta a ellos y a su jefe para la toma de decisiones. Dice que ellos no cedían hasta que todo estuviera claro. Aceptaron los cargos porque el abogado les dijo que, si se iban a juicio, todo se prolongaría y que si lo perdían podrían quedar con una pena peor. Esta también fue la razón que los llevó a hacer un preacuerdo. Jorge sabe que es culpable por el porte de armas. Frente al hurto, dice que nunca se estableció a ciencia cierta lo que planeaban hacer, y respecto del uso de uniformes asegura que les “montaron” un material que no les pertenecía.
Jorge considera que la Fiscalía no cumplió con lo que prometió en el preacuerdo, pues no les reconocieron el total de la indemnización, sino una parte, a pesar de que ellos indemnizaron a los vigilantes, a la empresa de seguridad y al centro comercial. Dice tener todas las copias en las cuales consta que se hizo una indemnización total. Por esta razón, él y sus amigos apelaron la sentencia, pero no pasó nada; entonces interpusieron una tutela que hasta el momento no ha tenido respuesta.
Relata que hicieron tres preacuerdos, pero que el abogado iba a mostrárselos a la juez y ésta no los aceptaba. Ella hablaba “su idioma jurídico” y él muy poco le entendía su “retaíla de decretos y artículos”. “Siempre que hablaban de los delitos hablaban de la conducta punible, pero ni idea qué será eso.” Dice que la juez nunca estudió sus condiciones económicas y sociales. Lo único que hacía era repetir una y otra vez que Jorge
era un peligro para la sociedad. Él considera que la condena es injusta, pues con lo que les ofreció la Fiscalía, debió haber quedado en 36 meses.