Capítulo 2 ¿Cómo aprenden las FARC?
2.4. Dilemas organizacionales de las FARC y aprendizaje organizacional
2.4.1. El dilema del reclutamiento: crecimiento vs Control
En su objetivo de alcanzar el poder, las FARC necesitan la suficiente cantidad de miembros para poder superar a las fuerzas estatales, por lo que el proceso de reclutamiento es clave para el éxito de la empresa insurgente. Este dilema reviste importancia cuando se analiza la creación de frentes ejecutado por las FARC, consecuente con su plan estratégico planteado en 1982.
Para el grupo guerrillero es vital contar con miembros dispuestos a llevar a cabo los planes tácticos y estratégicos y las acciones de violencia que conllevan. Por lo que es crucial entender como una persona estaría dispuesta a morir por una causa. La importancia de los motivos no solo tienen que ver con lograr la cantidad necesaria de adeptos, sino también con los procesos de aprendizaje. Cuando un integrante tiene unos objetivos e intereses diferentes, pero no declarados, puede llegarse al punto en que sus esfuerzos tanto en la ejecución como en la revisión de las operaciones no contribuyan al desempeño del grupo. Esto se da sobre todo cuando el grupo guerrillero ha logrado éxitos militares y ha establecido fuertes relaciones con la población civil. El grupo, entonces, se convierte en blanco de los oportunistas. “Si en sus inicios sus filas se nutrían de campesinos y estudiantes altruistas, ahora el reclutamiento se hace con base en campesinos desocupados y colonos que en muchas ocasiones sólo buscan un salario y una forma de vida” (Rangel Suárez, 1998, p. 5).
El comandante Caicedo expone claramente la disyuntiva que subyace en el dilema organizacional:
64 Puede darse entonces un problema de mando interno, no tanto externo, porque aquí no es porque tiene una cuota de reclutamiento, entonces, si no se vinieron voluntariamente, me los voy a traer a las malas, no, ni me los voy a traer engañados. Todo el que ingresa debe ingresar voluntariamente, no consciente de lo que viene a hacer, pero por lo menos de porqué se va a meter en la guerrilla (J. Ferro, 2002b, p. 76)
El grupo no sólo debe tener en cuenta los aspectos militares que se derivan del crecimiento, sino también los aspectos políticos que subyacen en su relación con la población civil y las zonas geográficas en las que ejercen control para el reclutamiento. En ese sentido, el comandante Caicedo, explicaba:
El reclutamiento obedece a unos planes. El crecimiento está diseñado sobre la base de unos planes. Eso no es así que yo voy a reclutar cien jóvenes, porque me aparecieron cien para las FARC, yo tengo un plan de reclutamiento. Cada frente tiene un plan y una comisión de reclutamiento. […] Entonces, eso de si hay capacidad de reclutar o no, tiene que ver más con la capacidad de la organización o no de influir o de ganar la confianza de las masas (J. Ferro, 2002b, pp. 75–76).
Aunque las estrategias de reclutamiento de las FARC enfatizan el carácter ideológico de la lucha armada, y están orientadas principalmente hacia la población campesina de las áreas de influencia, hay que reconocer que no siempre se tiene éxito. El tema del reclutamiento forzado no es ajeno a la organización guerrillera. Tal práctica confirma la ausencia de buenas relaciones con la población civil.
Los casos de reclutamiento infantil, por ejemplo, están lejos de ser esporádicos. Según las cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, el número de niños desvinculados de la organización guerrillera desde 1999 a marzo de 2013 es de 3060, lo que representa el 60% de los menores registrados en el proceso (ICBF, 2013). La vinculación de los menores al grupo armado está lleno de matices. Una investigación realizada por Natalia Springer (2012) revela que aunque cuando se les preguntó a los niños y las niñas desvinculados cómo se produjo su proceso de vinculación, en su abrumadora mayoría (81% de la muestra) afirmaron que esta fue voluntaria. Tan solo una fracción aseguró haber sido vinculada por la fuerza. Sin embargo, cuando se comparan los testimonios de los implicados con el recuento general de su historia de vida, la historia familiar, las condiciones económicas y sociales de los municipios de origen y las dinámicas del conflicto armado en estas regiones, la conclusión es muy diferente: para la investigadora en el proceso media la voluntad de los menores. La autora amplía diciendo:
Es un acto de fuerza, facilitado por la vulnerabilidad social y económica de los afectados, pero que, de ninguna manera, tendría lugar sin la existencia de un conflicto armado, cuya violencia produce dinámicas que alienan todos los derechos y las libertades de las comunidades sometidas y arrastra consigo, especialmente, a los más vulnerables. (p. 31)
65 La investigación, además de las explicaciones psicológicas, económicas y sociales del fenómeno, señala una interesante razón estratégica para la vinculación de menores. Tras las exitosas operaciones de infiltración de las fuerzas militares, el grupo, como parte de un proceso de adaptación, los recluta porque sabe que las Fuerzas Armadas no pueden usar niños y niñas para infiltrarlos. Entre más jóvenes, son menos sospechosos. De otro lado, los menores son más fáciles de formar políticamente cuando se compara con miembros mayores.
Si bien se logra convencer a nuevos adeptos, no es fácil convertirse en miembro de las FARC. La guerrilla cuenta con mecanismos para identificar quiénes cuentan con la motivación y capacidad necesarias para ingresar al grupo. El primero de ellos descansa en los miembros activos del grupo, en especial en aquellos dedicados exclusivamente a las labores de incorporación. Se espera que los “cazadores de talentos” realicen una evaluación del desempeño del nuevo aspirante, así como de la capacidad de autocrítica del mismo, basándose en los principios y valores adquiridos en la convivencia y charlas teóricas. Segundo, se requiere que los nuevos reclutas pasen por intensos periodos de adoctrinamiento político, ejercicio físico, labores cotidianas asociadas a la vida guerrillera, y naturalmente el entrenamiento militar; tareas que están orientadas para que el neófito se olvide de la vida civil y de su círculo familiar y se entregue totalmente a la lucha y fines revolucionarios. Por último, la paciencia y compromiso se pone a prueba en los largos periodos que requieren los ascensos dentro de la organización, marcados obviamente por el alcance de logros específicos. La conversión hacia la vida guerrillera se espera que contribuya al aseguramiento de las normas y órdenes de los planes estratégicos y tácticos, así como de la autocrítica necesaria para la evaluación de los operativos, que como establecimos, es un paso previo al aprendizaje. El proceso lo que busca generar es guerrilleros comprometidos con todos los procesos de la organización, lo que se espera minimice los peligros del reclutamiento oportunista al que se refiere Jeremy Weinstein (2006) en su texto “Inside Rebellion”. Para el autor, el grupo puede correr el riego de ingresar a oportunistas en sus filas cuyas pretensiones son los de alcanzar ganancias económicas particulares. Para evitar esto, el grupo no paga a sus combatientes en metálico y apela a una serie de incentivos delimitados en sus normas y otras formas de control.
Cuando el grupo ha logrado un cierto nivel de crecimiento, los problemas sobre el control de los guerrilleros crecen y se acentúan. El tamaño de la organización es una condición necesaria para la efectividad y el éxito militar, pero no suficiente, por lo que es necesario un conjunto de normas que regulen la vida cotidiana y un sistema de incentivos y castigos para la conducción de las operaciones militares. En el caso de las FARC, en 2002 el comandante Manuel Marulanda ya señalaba los problemas y desajustes que generó el crecimiento de la organización en un documento dirigido a los miembros del Estado Mayor Central y mandos:
11. Ahora debemos preguntarnos por qué nos están golpeando después de tantos éxitos, sabiendo que estamos peleando con las tropas bajo la dirección de los mismos generales que durante 4 años dirigieron las acciones contra nosotros […] Debemos preguntarnos: ¿Será que estamos desconociendo normas fundamentales de la confrontación que va para
66 38 años con buenos resultados, donde hemos logrado progresos y el despliegue nacional, tal como lo indica el Plan Estratégico con la toma de nuevas posiciones?
[…]tengo la impresión que algo está pasando en varios frentes, estamos mal de mando experimentados, no guardamos el secreto en los desplazamientos, la existencia de campamentos, se hacen comentarios donde hay muchos oyentes y donde no corresponde, los infiltrados en la guerrilla y masas están causando daño producto del mal reclutamiento; falta de mejor vigilancia en las masas para impedir la infiltración, entrada de familiares, extraños en las regiones asesoradas y dirigidas por nosotros; no disponemos de organización en las áreas y sólo opera la política de amigos, dando campo por este medio para realizar su trabajo interno sin que hasta el momento hayamos creado mecanismos para contrarrestar esa política. Ello amerita analizar este fenómeno con calma. (Citado en Aguilera Peña, 2014b, pp. 214–215)
Ya en el texto de la Octava Conferencia el grupo insistía en la renovación de los mandos medios. En el documento se exhortaba “a eliminar de una vez por todas, la proclividad de algunos mandos a considerar sus Frentes ‘como su parcela o su feudo personal’. Se insistió que en adelante no podrían existir ‘ruedas sueltas’ sino que todos los integrantes de las FARC tenían que actuar en una sola dirección” (Aguilera Peña, 2014b, p. 184).
Como observó, James Q. Wilson, “la guerra es el mayor test para una burocracia” (1989, p. 45). Es necesario, entonces, entender cómo los guerrilleros aceptan una serie de reglas disciplinarias y restricciones a su vida personal, que los hace permanecer en la lucha y arriesgar sus vidas, y cómo los líderes del grupo resuelven los problemas de comportamiento que desvían los esfuerzos revolucionarios. En particular, los grupos insurgentes pueden utilizar tres herramientas: el adoctrinamiento y entrenamiento, la cultura organizacional, en la que se incluyen las normas y principios de la vida guerrillera, y las estructuras de jerarquía y delegación.
En cuanto los mecanismos de control desarrollados por las FARC, se incluyen una serie de normas y prácticas disciplinarias. En el documento titulado “Reglamento de régimen disciplinario” se establecen las faltas y delitos y sus correspondientes sanciones y castigos. Los mecanismos de control se ejercen en los distintos niveles de organización, con la posibilidad de escalarse en la estructura dependiendo del miembro y/o situación problemática.
Aguilera (2012a), rescata algunos elementos de la moralidad del guerrillero que son permeadas por los mecanismos de control. En cuanto al aprendizaje organizacional, es de interés el punto sobre “La crítica y autocrítica como método de superación”. En éste, el autor resalta el ejercicio público de autocrítica como fórmula de corrección de errores de tipo individual y colectivo. Fórmula, necesaria para poner en marcha los procesos de aprendizaje organizacional, se divulga a través de cursos, cartillas, discusiones y prácticas cotidianas.
67 Otro mecanismo para el control y creación de combatientes comprometidos, es la entrega de compensaciones y beneficios. Los sistemas de incentivos “juegan un papel de control y coordinación, pues apuntan, precisamente, a equilibrar los intereses individuales que tienen que ver con los beneficios materiales, la búsqueda del poder y el estatus con los intereses organizacionales que se traducen en el mantenimiento ideológico y moral de sus preceptos revolucionarios.” (J. G. Ferro & Uribe, 2002, p. 88).
Las FARC refuerzan el control dentro de la organización señalando la naturaleza de los estímulos: el ascenso militar, las condecoraciones, la participación y dirección de compañías y operaciones estratégicas, así como la asistencia a cursos de especialización. Con base en los criterios méritos obtenidos, la trayectoria, el ejemplo y la capacidad, el grupo renuncia, se aleja de las formas de premiar a través de estímulos materiales como sueldos y premios en metálico, salidas o vacaciones que tienen las organizaciones comerciales. Los incentivos selectivos tienen que ver más bien con el hecho de mantener a los combatientes en buenas condiciones de salud física y mental, de mantener la cohesión y reafirmar los valores de la vida guerrillera. Así, por ejemplo, los permisos de salida esporádicos para que los miembros visiten a sus familias premian los logros alcanzados en las distintas acciones militares o el buen comportamiento.
Resumiendo, las FARC han encontrado un sistema de reclutamiento e inducción costosa que aleja a los oportunistas y forma a combatientes comprometidos con la causa. Asimismo, mantienen el orden, la disciplina y la vida guerrillera bajo normas específicas. Tales mecanismos, aunque imperfectos, se han ido puliendo a través de los años y por la observancia de los mismos miembros, un juego de reputación, compañerismo, vigilancia interna que beneficia a los que siguen las reglas y al total de la organización.