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La Operación jaque como muestra de aprendizaje

Capítulo 3 el turno de las Fuerzas Militares

3.5. La Operación jaque como muestra de aprendizaje

La Operación Jaque fue una misión de inteligencia militar de rescate en el marco de la política de Seguridad Democrática, llevada a cabo por las Fuerzas Militares para liberar a secuestrados en poder del grupo guerrillero el 2 de julio de 2008. Entre los rescatados se encontraban Ingrid Betancourt, excandidata presidencial, tres contratistas estadounidenses, siete miembros del Ejército y 4 de la Policía Nacional.

Esta operación, sin precedentes por su naturaleza en Colombia, no sólo fue importante por la liberación de los secuestrados, sino también porque en ella primó la inteligencia militar y la infiltración, no registró pérdidas humanas y no hubo ningún tipo de intercambio bélico. Representó un aprendizaje porque se aplicó el conocimiento derivado de la recolección de información y de la infiltración directa en el grupo25.

La primera acción se produjo en mayo de 2007. El oficial de policía, John Pinchao, que había sido secuestrado 8 años, se escapó y dio las primeras pistas de la ubicación del resto de los secuestrados. En junio de 2008, oficiales de inteligencia del ejército contactaron al Comandante del Ejército Colombiano, el general Montoya, para darle detalles acerca de un plan que podría liberar a los "no canjeables". El general Montoya fue informado de la ventaja táctica que habían obtenido al haber interceptado y cortado literalmente todas las comunicaciones entre el Frente N°1, quienes tenían a los secuestrados, y el Secretariado de las FARC.

El plan se puso en movimiento después de adoptar unas medidas de seguridad extremas y extensas consideraciones de planificación. Los oficiales de inteligencia del ejército se pusieron en contacto

25 Existe una versión distinta de la planeación y ejecución de la operación. El periodista Gonzalo Guillén, en un

documental titulado “Operación Jaque, una jugada no tan maestra” habla de que se habrían pagado 100 millones de dólares a mandos medios de las Farc, alias “Gafas” y “César”, para lograr la liberación de los secuestrados. De ser cierta la versión, descalificada por el presidente Santos, aún revela algunos de los elementos de aprendizaje mencionados en la sección de la estrategia de desmovilización. Al ofrecer tal suma de dinero se apela a incentivos económicos que responden a las dinámicas internas de la organización. Recordemos que los integrantes de las FARC no reciben sueldo alguno. De otro lado, la coordinación de los mandos medios en sus esfuerzos para evitar que el resto de los integrantes de la organización frustraran la entrega de los secuestrados demuestra el trabajo de apoyo que debió realizar las fuerzas militares a los mismos.

121 con el líder del Frente N°1, que pensaba que estaba hablando con los mensajeros del secretariado de las FARC, que le instaban a prepararse para una misión de transporte que reubicaría a los rehenes y aliviaría la presencia militar que le rodeaba a él y a los cautivos. El 2 de julio de 2008, dos helicópteros MI-17 del ejército colombiano pintados de blanco y con logotipos de la Cruz Roja Internacional se aproximaron al lugar donde la inteligencia había confirmado la presencia del grupo principal de personas secuestradas. Trece miembros desarmados del ejército colombiano desempeñaron el papel de tripulantes, médicos y camarógrafos. Después de veintidós minutos en tierra, 15 rehenes abordaron el avión bajo la custodia de su carcelero. Una vez abordo y en el aire, los militares colombianos, que se hicieron pasar por tripulantes y camarógrafos redujeron al carcelero junto a otro insurgente.

La reacción del grupo insurgente en sus comunicados y entrevistas fue mínima. Para el Secretariado se trató de una fuga de prisioneros como consecuencia directa de “la despreciables conducta de César y Enrique, que traicionaron su compromiso revolucionario y la confianza que en ellos se depositó” (FARC-EP, 2008a). En entrevista realizada por William Parra para el canal Telesur, Iván Márquez afirmaba que “ni Uribe ni Santos, ni los generales Padilla ni Montoya son los héroes que se reclaman. En la pretendida operación sólo colocaron los helicópteros; todo el trabajo fue realizado por dos traidores, quienes a su vez resultaron traicionados por los generales y el gobierno.” Para el grupo guerrillero, la operación militar no representó ningún tipo de modificación sustancial a los planes estratégicos, especialmente a largo plazo. En otro comunicado expresaban:

El febril triunfalismo desatado por el Gobierno luego de la fuga de 15 prisioneros de guerra el pasado 2 de julio carece de connotaciones a largo plazo. Sencillamente fue un golpe de mano dirigido por los servicios de inteligencia de Israel y ejecutado a partir de la traición de dos mandos guerrilleros, episodio nada excepcional en cualquier confrontación militar que no afecta a la estrategia ni la concepción, ni mucho menos las causas del conflicto, como no han afectado la estrategia otros golpes de mano, y otras fugas realizados en el pasado en Colombia y en otras partes del mundo, por ejércitos oficiales y fuerzas insurgentes. (FARC-EP, 2008b)

La operación, además de los impactos en la opinión pública nacional e internacional, ilustra algunos de los aprendizajes de las Fuerzas Militares y su estudio de las actividades del grupo: primero, la importancia de la inteligencia humana como fuente de información sobre las actividades presentes y futuras del grupo guerrillero y de las pequeñas huellas operacionales facilitadas por los avances tecnológicos; segundo, la búsqueda de objetivos críticos que reflejan los elementos organizacionales más débiles de las FARC y que se trasforman en éxitos superiores en comparación con iniciativas bélicas directas; tercero, la importancia del rol de las percepciones sobre las operaciones militares de rescate; cuarto, la exigencia de liderazgos arriesgados y control total del desarrollo de la operación, el mantenimiento del secreto y el cuidadoso intercambio de información entre las unidades involucradas; y, finalmente, la capacidad de engaño y de generación de sorpresas tácticas y estratégicas.

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3.6. La demanda de ética, transparencia y el seguimiento a las leyes nacionales e