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El entendimiento humano: John Locke (1632-1704)

John Locke fue amigo de los científicos Isaac Newton y (en cuyos labo- ratorios trabajó como asistente), miembro de la Real Sociedad, consejero y tutor de políticos pertenecientes a la nobleza y, ocasiones, médico activo. Como esperarse, Locke introdujo un sesgo práctico y empírico en su filosofía. Su más importante en psicología fue An Essay

I.A MECANIZACIÓN DE IA IMAGEN MUNDO

yo acerca del entendimiento comenzó a escribir en 1671, aunque no llegó a publicar hasta Al Descartes, Locke quería entender de qué forma funciona la mente cuáles son las fuentes de sus ideas y los límites del conocimiento. Locke, sin embargo, corresponde a un médico y a un político práctico, estuvo menos controlado por un sistema melafísico comprensivo de lo que había estado Descartes. Su imagen de la mente fue simple y, los

que le de sentido común.

Locke (1690-1975) se preguntó qué es lo que la mente humana puede llegar a para ofrecernos la siguiente respuesta: el momento en que la mente, en todos sus pensamientos y razonamientos, no tiene otro objeto inmediato sino sus propias ideas... es evidente que nuestro conocimiento está tan solo relacio- nado con ellas». Al igual que Descartes, Locke recuperó la cognitiva de la copia, al considerar que las ideas son representaciones mentales de ios objetos. La mente no conoce formas o esencias y ni siquiera a los objetos en sí sino que tan sólo conoce sus propias ideas. ¿De dónde vienen nuestras ideas? esto contesto, en una palabra: de la Experiencia; en ella se fundamenta y de ella se deri- va todo nuestro conocimiento. Es nuestra Observación aplicada tanto a los

sensibles externos a las Operaciones internas de la Mente... la que proporciona a nuestro Entendimiento todos los materiales del pensamiento. Éstas son las dos

Fuentes del Conocimiento las que brotan todas las Ideas que tenemos o que podríamos tener de forma natural." (1690-1975, pp. cursivas en el original). La primera fuente del conocimiento, o el primer tipo de experiencia, era la-sensa-

ción que produciría las ideas de aquellos objetos que habían provocado las sensa-

ciones, incluyendo al placer y al dolor. La segunda fuente de la experiencia era la es decir, la observación de nuestros propios procesos mentales. Al plantear el proceso de reflexión, Locke abordó un tema muy importante rela- cionado con la mente que Descartes había dejado abierto. La radical de Descartes dio lugar al Teatro Cartesiano, que separó al yo de su experiencia. De acuerdo con Descartes, el yo podía diferenciarse de su experiencia del mundo para, así. examinar críticamente sus sensaciones. Sin embargo, el grado en el que el yo puede examinarse a sí mismo sigue siendo desconocido. Descartes estaba seguro de que pensaba, pero no dijo que supiera pensaba. Evidentemente ambas cosas no son lo mismo. De la misma forma que un equilibrista sabe que puede caminar sobre un alambre sin saber como lo hace, es posible que Descartes pudiera saber qué pensaba sin llegar a conocer la forma en que lo Locke propuso que, además de observar su propia del mundo exterior -la sensación-, el yo puede observar sus propios procesos mentales por medio de la reflexión.

La existencia y certeza de la reflexión se han convertido en un problema de largo alcance para la psicología. Más adelante, Inmanuel Kant respondería negativamente a la pregunta implícita en la concepción cartesiana sobre e! negan- do que la reflexión fuera posible en forma alguna. David Hume, por su parte, no fue capaz de encontrar el yo, simplemente negó su existencia para concluir que la mente no era más que la suma total de sus ideas. Desde fundación de la psicología como una ciencia, la investigación y la teoría han continuado divididas en torno al proble- ma de si la mente puede observar o no fielmente sus propias operaciones. Si, tal y como Locke pensaba, puede hacerlo, la tarea de la psicología se simplifica, ya que las hipótesis sobre los procesos mentales podrían ser evaluadas directamente a través de la observación en su fonna reflexiva. Si no se pudiera llevar a cabo tal observación,

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como ¡a mayoría de los psicólogos creen en la actualidad, las hipótesis sobre los pro- cesos mentales podrían ser evaluadas tan sólo indirectamente, la posi- bilidad de que, como afirma la ciencia cognitiva siguiendo a Kant, las operaciones internas de la mente humana no puedan nunca llegar a conocerse con certeza, o que, como dice el siguiendo a Hume, no existan los procesos mentales.

De la misma forma que se suele considerar a Descartes como el padre de la filo- sofía racionalista moderna, a Locke se le suele considerar el padre del empirismo, puesto que planteó el principio según el cual el conocimiento deriva tan solo de la Locke el primero que propuso la famosa comparación entre la mente y una tabula rasa o trozo de papel en blanco sobre el que la expe- riencia escribe las ideas. Locke, sin embargo, no estaba atacando a la concepción car- tesiana de las ideas innatas, sino que se oponía a un gran número de escritores ingle- ses que creían en los principios morales innatos y que los consideraban como el fundamento de la moralidad cristiana. De esta estos autores podían decir que era la ley divina, implantada en el alma, la que hacía que una persona creyera en Dios. Cualquiera que no creyera en Dios era un depravado y un monstruo moral, de la misma forma que un niño que naciera con tres piernas podía ser considerado un monstruo físico. De hecho, el propio Locke fue acusado en numerosas ocasiones de ser un peligroso ateo la existencia de las verdades morales innatas. Locke consideró que la idea la moral innata y las verdades metafísicas eran el sustento del dogmatismo. Las escuelas de su época utilizaban máximas filosóficas como la base de la enseñanza, se obligaba a los estudiantes a aceptarlas, para después proce- der a su demostración. Locke abogó por el principio del descubrimiento, según el cual los estudiantes debían mantener sus mentes abiertas, descubriendo ¡a verdad a través de la experiencia y siguiendo sus propias dotes intelectuales, en vez de ser sometidos a la camisa de fuerza que representaban máximas escolásticas.

Prácticamente, no existe ninguna diferencia entre Locke y Descartes en torno a las ideas innatas. Descartes mantuvo que había encontrado en el yo ideas que no podían tener su origen en la y, por concluyó que eran innatas, pero no insistió en que fueran innatas como ideas totalmente formadas. Por el contrario, con- sideró que es posible que la gente «nazca con una cierta disposición o facultad para llegar a ellas [a las ideas (cit. por Gaukroger, 1995, Éste fue el mismo punto de vista defendido por Locke. Hay una gran cantidad de maquinaria mental innata activa en la «mente vacía» de Locke. Por ejemplo, al igual que Descartes, Locke afirmó que el lenguaje es un rasgo humano específico de nuestra especie. Escribía de la siguiente forma en su «Habiendo diseñado Dios al hombre como una criatu- ra sociable... le proporcionó también el lenguaje... Los loros, y en general otros pája- ros, pueden ser entrenados para generar sonidos articulados suficientemente diferen- ciados, aunque de ninguna forma son capaces de desarrollar un lenguaje.» Sólo los humanos pueden utilizar sonidos articulados para expresar ideas. En sus trabajos sobre educación. Locke consideró que una gran parte de la personalidad y de las capacidades de un niño son innatas. Los motivos básicos del hombre, buscar la felici- dad y evitar el sufrimiento, son igualmente prácticos aunque, por supuesto, no tienen nada que ver con la verdad.

Para Locke la mente no era tan solo una estancia vacía lista para ser amueblada por medio de experiencia, sino que era un complejo mecanismo de informa- ción-procesamiento preparado para convertir el material procedente de la experien- cia en conocimiento humano organizado. La experiencia directa nos proporciona

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ideas simples que son elaboradas y combinadas entre ellas por la maquinaria mental para formar ideas complejas. El conocimiento se produce cuando inspeccionamos nuestras ideas y vemos de qué forma concuerdan o divergen entre ellas. El conocimiento más profundo para Locke, al igual que para consis- tía en proposiciones intuitivamente autoevidentes. Por ejemplo, conocemos de forma directa e intuitiva, sin posibilidad error, que los colores blanco y negro no son iguales ("discrepan»)- Las formas más complejas del conocimiento surgen cuando deducimos consecuencias de las proposiciones autoevidentes. Al igual que Descartes. Locke creyó que de esta forma todo el conocimiento humano, incluso la ética y estética, llegar a ser sistematizado.

Locke también trató un problema que se convertiría en apremiante a medida que se hacía más plausible la posición científica según la cual el mundo, y posiblemente el ser humano, es una máquina: ¿Tenemos libre albedrío? Como veremos en el siguiente apartado, algunos pensadores como Hobbes o Spinoza contestarían negati- vamente a esta pregunta, afirmando que no somos libres. Locke propuso, en primer lugar, una respuesta que se ha vuelto muy popular desde entonces: preguntar si la

voluntad es libre es plantear la cuestión de manera equivocada. La pregunta adecua-

da es si nosotros somos libres. Desde este punto la respuesta es sencilla: libres cuando somos capaces de hacer lo que queremos, aunque no seamos conscientes de nuestros deseos. Locke ofreció su explicación en forma de parábola. Imagínese el lector que ha entrado en una habitación para mantener una conversa- ción muy interesante. Mientras está conversando, alguien cierra la puerta desde fuera. En un cierto sentido no libres para abandonar la habitación, aunque desde el momento en que no deseáramos salir no coartada nuestra libertad. Lo que importa es, por la libertad de acción y no la libertad de la voluntad. Tan sólo deseamos que realmente queremos, y todos queremos la felicidad. Mientras que somos felices porque conseguimos lo que deseamos nos sentimos libres y no nos preocupamos sobre supuesta "ausencia de libertad de la voluntad». El yo, sin embargo, debería controlar el deseo porque, en tan largo camino, la felicidad será determinada por nuestro destino en el cielo o en el infierno. El economista John May- nard rechaza este pensamiento de largo alcance de Locke cuando dice: -En el largo camino estamos tocios

La versión de Locke del yo racional separado radicalmente de la experiencia, que puede ser críticamente escudriñado de la misma forma que la conciencia, resultó ser enormemente influyente tanto en Gran Bretaña, donde los filósofos posteriores cons- truyeron sus teorías a partir de ella, como en Francia, donde fue popularizada por Voltaire como una imagen menos metafísica y más simple de la mente que la de Des- cartes. Sin embargo, en sus elementos psicológicos esenciales, estas dos psicologías modernas fueron notablemente parecidas, manteniendo entre ellas diferencias de matiz y no verdaderamente sustanciales.

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