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El espacio cinematográfico iberoamericano

Exito comercial y protección estatal

Canal 7 Argentina Televisora Color

IV. C ine e integración regional

2. El espacio cinematográfico iberoamericano

La cinematografía iberoamericana, como parte del espacio audiovisual regional, está hoy condicionada más que nunca por la relación de fuerzas existente en los mercados. Protegiendo política y económicamente a la MPEA, asociación de

productores de cine norteamericanos, el gobierno de ese país ha tratado siempre de impedir cualquier medida proteccionista que restrinja la llamada "libertad de comercio" en las pantallas de la región. En la medida que consideran a las películas como simples manufacturas -y no lo que en realidad son, bienes culturales- cualquier tentativa de regulación del mercado tensiona las relaciones con la nación del norte. Se repite aquí la experiencia de los países europeos, aunque en mucha menor dimensión, dado que la casi totalidad de las naciones latinoamericanas no otorgan al cine ni al audiovisual, la importancia cultural, económica y estratégica que es común en Europa y en otras regiones.

En consecuencia, la práctica común lleva a los exhibidores locales a negociar por su cuenta con las majors la programación anual de las salas, espacio que aquellas dominan totalmente, sobre todo en los países que no cuentan con una competencia productivo-comercial significativa. Los acuerdos comerciales en base a "paquetes" de películas a exhibir (algún título de mucho interés comercial junto a otros de resultado incierto o nulo), reducen los espacios o tiempos de pantalla de los cines locales para la oferta de otras cinematografías, incluida la nacional, allí donde ella existe. Ese dominio se hace todavía más evidente en las otras ventanas de la comercialización audiovisual, como el video y los diversos sistemas televisivos. Tal como se ha reseñado, los espacios principales del cine latinoamericano se concentran en muy pocos países. Sólo tres de ellos -Brasil, México y Argentina- representan el 74% de los espectadores globales, el 75% de las salas y el 83% de las recaudaciones. Si a ellos se suman otros dos de mediana dimensión, como lo son Colombia y Venezuela, los porcentajes se elevan al 87% en el rubro espectadores, al 85% en número de salas y al 90% en recaudaciones. Esa misma proporción en relación a los mercados se repite en la producción de películas.

El espacio cinematográfico iberoamericano. Cifras estimadas para el período 1995-1996.

Rubro Ar. Bo. Br. Co. CR. Cub Ch. Es. Mé. Pe. Ur. Ve. Total

Producción anual de largometrajes 25 2 20 2 - 3 2 80 20 2 - 8 164 Nº salas 490 70 1200 270 40 430 150 2325 1700 120 50 220 6800 Espectadores anuales (millones) 19 2 90 21 2 12 7 101 75 8 1 13 350 Reacudaciones salas (millones U$S) 120 3 300 40 3 0.6 20 380 170 17 3 25 1105

Precio medio entradas (U$S) 6 1,5 3,5 2,3 2 0,06 4 4,2 2, 3 5,5 2,5 Promedio concurrencia persona/año 0,6 0,3 0,6 0,7 0,7 3,3 0,6 2,4 0,9 0,4 0,3 0,6 Estrenos anuales 180 170 250 150 130 60 300 370 260 130 140 200 % películas origen EE.UU 70 80 92 90 92 40 90 75 80 85 90 85 Ar:Argentina; Bo: Bolivia; Br: Brasil; Co: Colombia; CR: Costa Rica; Cu: Cuba; Ch: Chile; Es: España; Me: México; Pe: Perú; Ur: Uruguay; Ve: Venezuela.

Fuentes: Elaboración propia con datos de CACI, organismos oficiales, cámaras empresariales y revistas especializadas. En el cuadro anterior no se han introducido datos de algunos países (Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Puerto Rico y República Dominicana) por carecer de información más o menos fidedigna sobre los mismos. Ellos representan en conjunto una población estimada en 55 millones de personas, lo cual puede significar una cifra de aproximadamente 40 millones de espectadores en las salas de cine, si se parte de un promedio de concurrencia equivalente al de los otros países analizados. La recaudación estimada por año para los mismos, equivaldría a 80 y 120 millones de dólares, que puede ser agregada en el cuadro de referencia. En materia de producción ella es casi insignificante y, salvo Puerto Rico, que puede realizar entre 3 y 5 largometrajes por año, incluidas las coproducciones, los países restantes son sólo utilizados, por lo general, como escenarios para algunas producciones norteamericanas o europeas.

Partiendo de esas cifras, de valor aproximativo, el panorama global y de valor potencial de dicho espacio en el año 1996 era el siguiente:

Población total iberoamericana (millones) 550

Películas producidas 170

Número de salas 6.800

Espectadores anuales (millones) 400

Recaudaciones anuales (millones dólares) 1.350

Pero la potencialidad del mercado no se limita a simples cifras. Deben incluirse otros datos de no menor importancia, como son las características relativamente semejantes de los países de la región en cuanto a idiomas, culturas, religión, memoria histórica y proyectos de integración y desarrollo, que muestran una clara ventaja sobre otras regiones para el intercambio de productos culturales y audiovisuales.

También podría agregarse como factor ventajoso la relativa estabilización que se observa en el mercado tradicional de las salas, y el crecimiento del número de las mismas, así como el de espectadores y recaudaciones en las principales ciudades de la región. Situación ésta que ha incidido sin duda en las grandes empresas del audiovisual norteamericano y mundial para intentar adueñarse directamente de algunas franjas de la comercialización de películas.

En esta situación regional cabe destacar también la existencia de nuevas y crecientes ventanas de comercialización audiovisual, a las que nuestro cine no ha podido (o no ha sabido) acceder todavía, para financiar una parte significativa de sus inversiones.

Ellas están representadas por las siguientes cifras, de valor aproximado, para el conjunto de los países de Iberoamérica: 100 millones de hogares con televisión;

17 millones de hogares con TV paga; 35 millones de videocaseteras; 25 mil video-clubes.

A ello se agrega la segura aparición de nuevas ventanas de explotación comercial, como los sistemas de DTH, informática, telecomunicaciones, interactividad y los nuevos medios audiovisuales que en la actualidad se encuentran en fase de experimentación o de desarrollo.

Estos datos ilustran la existencia de grandes recursos y posibilidades para intentar construir las necesarias industrias del cine y del audiovisual y, sobre todo, las obras cinematográficas(los "contenidos") que sepan expresar creativamente el

imaginario colectivo de cada comunidad.

En este orden, la creciente articulación e integración de mercados habrá de jugar un papel fundamental para facilitar la producción de películas y el intercambio cultural que la región demanda. A ese fin estuvieron orientadas las sucesivas tratativas intrarregionales que se llevaron a cabo en nuestros países, casi desde las primeras películas sonorizadas producidas en Latinoamérica. En los años ‘80, se sucedieron diversos encuentros regionales, en los que se creó la

Organización Cinematográfica Iberoamericana (OCI), la Asociación Cinematográfica Latinoamericana (ACLA), junto con otras tentativas en los sectores de la distribución alternativa, los archivos fílmicos, las revistas especializadas y la

capacitación.

Cabe destacar el papel desempeñado por algunos organismos oficiales del cine latinoamericano en favor de la integración. Se destaca en este sentido la labor del gobierno cubano que, a través del ICAIC, convocó anualmente en La Habana a los festivales de cine más representativos de la producción regional (festivales del “Nuevo Cine Latinoamericano”), de los que formaron parte importantes actividades complementarias, como fue el Mercado del Cine Latinoamericano (MECLA), encuentros de archivos fílmicos, escuelas de cine, revistas especializadas, realizadores y técnicos y numerosos seminarios orientados a los problemas contemporáneos de nuestro cine: desde el diseño de las obras hasta lo concerniente a su comercialización en los mercados.

Fue allí, precisamente, donde en 1984 debatimos por primera vez en la región -juntamente con especialistas e investigadores del sector- las relaciones del cine con los otros medios audiovisuales, instalando el concepto de “espacio audiovisual latinoamericano” que luego comenzaría a ser recogido en otros países. Ello se trasladó durante algunos años a los festivales de La Habana, permitiendo la realización de muestras y encuentros del audiovisual de la región en los que convergieron el cine, la televisión y el video.

Uno de los factores que permitió dar continuidad a esa labor del ICAIC fue, precisamente, la estabilidad de su política latinoamericanista y también la de los funcionarios que estuvieron a cargo de dicho organismo. Una estabilidad de políticas

y de funcionarios que fue inusual en los restantes países de la región, pese a la buena voluntad y al esfuerzo ejemplar de alguno de sus coyunturales representantes, particularmente, en los casos de México, Brasil, Venezuela y España.

Los más importantes acuerdos suscriptos hasta el momento en la región, tuvieron lugar en noviembre de 1989, en la ciudad de Caracas. Allí nos tocó firmar, con carácter plenipotenciario, el "Convenio de Integración Iberoamericana", cuyo propósito principal es el de "contribuir al desarrollo de la cinematografía dentro del espacio audiovisual de los países iberoamericanos, y a la integración de los referidos países, mediante una participación equitativa en la actividad cinematográfica regional". De ese modo, el término "espacio audiovisual" se incorporó por primera vez al léxico de los documentos de los organismos oficiales del cine iberoamericano.4

También se firmó en esa oportunidad, el "Acuerdo Latinoamericano de Coproducción Cinematográfica", "conscientes de que la actividad cinematográfica debe contribuir al desarrollo cultural de la región y a su identidad, y convencidos de la necesidad de impulsar el desarrollo cinematográfico y audiovisual de la región, y de manera especial la de aquellos países con infraestructura insuficiente".

Un tercer documento suscripto en aquella oportunidad fue el "Acuerdo para la Creación del Mercado Cinematográfico Latinoamericano", que al igual que los anteriores, fue ratificado como Ley Nacional por los congresos de la mayor parte de los países de la región que cuentan con actividades en este sector: México (1990), Perú (1990), Venezuela (1991), Cuba (1991), Ecuador (1994), Panamá (1995), al cual se sumó la adhesión del gobierno de Colombia (1995). Dicho acuerdo "tendrá por objeto implantar un sistema multilateral de participación de espacios de exhibición para las obras cinematográficas certificadas como nacionales por los Estados signatarios del presente Acuerdo, con la finalidad de ampliar las posibilidades de mercado de dichos países y de proteger los vínculos de unidad cultural entre los pueblos de Iberoamérica y el Caribe".

España legitimó sólo el de "Integración Iberoamericana", en la medida que, según sostuvo dicho país, la firma de los dos restantes resultaba incompatible con los acuerdos sobre cine y audiovisual celebrados previamente con las naciones de la Unión Europea.

En nuestro país, los tres acuerdos referidos fueron convertidos por el Congreso de la Nación en sendas leyes nacionales, en el año 1993: Ley Nº 24.201 de Convenio de Integración Iberoamericana; Ley Nº 24.202 de Acuerdo de Coproducción Latinoamericana; Ley Nº 24.203 de Acuerdo de Mercado Común Latinoamericano.

Como parte del Convenio de Integración se creó la Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica (CACI), con una Secretaría Ejecutiva de la Cinematografía Iberoamericana (SECI), que desde 1989 tiene su sede en Caracas, operando a través del organismo oficial del cine de ese país, el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC). Son funciones de la CACI, de acuerdo al Art. 18 del Convenio de Integración: formular la política general de ejecución del mismo; evaluar los resultados de su aplicación; aceptar la adhesión de nuevos miembros; estudiar y proponer a los estados miembros modificaciones al Convenio, designar al Secretario Ejecutivo y conocer y resolver todos los asuntos de interés común.

Sin embargo, ningún convenio formal ni ninguna ley nacional han logrado tener aplicación efectiva alguna, si no contaron con el respaldo de fuerzas políticas y sociales, firmemente resueltas a su implementación. Esa es la historia de los países latinoamericanos, desde aquella Segunda Cumbre Hemisférica de Presidentes que, en 1967, proclamó la necesidad de poner en marcha un Mercado Común Latinoamericano para el conjunto de las actividades productivas. Tampoco obtuvieron suficiente éxito los acuerdos de libre comercio firmados en 1960 (ALALC) y en 1981 (ALADI). La tentación voluntarista de unir en este terreno a todos los países latinoamericanos, ha tenido hasta el momento un valor más retórico que concreto. No existen por ello suficientes razones como para esperar un éxito a corto plazo dentro de esta intención integrativa para el mercado de nuestro cine.

Sin embargo debería prestarse suma atención a los más recientes proyectos de integración subregional, alguno de los cuales, como el del Mercosur, pueden servir de base para incluir lo relativo a la industria y a la cultura cinematográfica y

audiovisual, en términos quizás más efectivos que las anteriores tentativas de carácter regional. Aunque dicho Tratado - Mercado Común del Sur- firmado por los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay en 1991, en la ciudad de Asunción, no incluía ningún punto relacionado con la cultura y la comunicación, y menos aún con el cine y el audiovisual, su existencia permite hoy la inclusión de esos temas. Sin la presencia de los mismos, el Tratado tendrá la corta duración que suelen tener todos los proyectos de carácter puramente economicista.

Cine y Mercosur (Integrantes y adherentes) Año 1996 (Los valores están dados en dólares)

Rubros Argentina Bolivia Brasil Chile Paraguay Uruguay

Población (millones) 34,6 7,4 161,8 14,3 4,9 3,2 Espectadores año (millones) 34,6 7,4 161,8 14,3 4,9 3,2 Salas de cine 499 70 1.300 150 s/d 50 Precio entrada 6 1,5 4 4 s/d 5 Recaudaciones salas 110 3 300 25 s/d 5 Películas estrenadas p/año 180 170 300 2 s/d 140 Producción local media anual 25 2 20 2 - - Legislación cine Sí Sí Sí No No No

Fuentes: Elaboración propia con datos de organismos oficiales del cine (INCAA, CONACINE, Mterio. Educación de Chile; CACI); Riofilme de Brasil; "Made in Spanish 97", T. Toledo (Comp.), Festival de San Sebastián; "La industria audiovisual iberoamericana. Datos de sus principales mercados, 1997", MRC; "Las industrias culturales en la Argentina", O. Getino, Colihue, 1995; "Mercosur: la dimensión cultural de la integración", G. Recondo (Comp.), CICCUS, 1997.

El Mercosur ha comenzado a implementarse efectivamente en enero de 1995, representando para los países de la subregión y por extensión para todos los de América del Sur, un hecho realmente histórico ya que por primera vez une lo "luso" con lo "hispano", habida cuenta que se suma la presencia del Brasil, sin la cual no podría existir una verdadera comunidad

latinoamericana. Particularmente, si se considera que dicho país ha mantenido hasta hace pocos años una situación de relativo aislamiento y autosuficiencia en relación al resto de la región.

Además, como bien señala Methol Ferré, el proyecto de "mercado común" implica un paso mucho más adelante que el de "zona de libre comercio", como es el suscripto entre México, EE.UU. y Canadá. El primero apunta "a la libre circulación de las personas (lo que significa confluencia de pueblos, compenetración cultural), en tanto el NAFTA es sólo libre

circulación de mercaderías y no de personas (lo que significa separación y no proceso de identificación de culturas)".5

Esta nueva situación -que tiene como antecedente las tentativas de integración ABC de los años 50 y 60 entre Argentina, Brasil y Chile- puede servir para diseñar y poner en marcha mecanismos de integración de mercados para el cine de la subregión, más factibles de llevarse a cabo que los ambiciosos trámites de integración latinoamericanista. Precisamente, las tentativas subregionales, en la medida que se adecúen a las características socioculturales comunes entre varios países, pueden servir como base orientadora, para el proyecto, cada vez más necesario, de integración regional.

De lo nacional a lo subregional y de éste a lo regional: tal pareciera ser el camino más viable en la actualidad para implementar el viejo y soñado proyecto de integración latinoamericana, también en los rubros del cine y del audiovisual.

5 Alberto Methol Ferré, "Una bipolaridad cultural", en "Mercosur, la dimensión cultural de la integración",