Quilombolas y ribeirinhos: más allá de la etnicidad
1.2.2 ‘TERRA FIRME’
1.2.4. EL ESPACIO DOMÉSTICO
Sin contar con aquellas familias que se han visto desplazadas por la reforma agraria (ver: cap.5), la mayor parte de las comunidades quilombolas y ribeirinhas amazónicas suelen estar emplazadas en claros de selva situados cerca de algún río o lago. La densidad demográfica es muy variable, pero en las dos áreas estudiadas la mayoría de las comunidades oscilan entre la unidad familiar y la centena de habitantes. Las casas suelen ser rudimentarios palafitos de madera, aunque también hay moradas hechas con hojas de palmera y ramas, y algunas construcciones de ladrillo que son, en cierto sentido, un signo de prosperidad y distinción. La estructura de las comunidades es bastante parecida en todos los casos. Consiste en diversas casas dispuestas alrededor de una barraca de madera de mayor tamaño que sirve de centro comunitario. Este barracão (barracón) cumple la función de centro social, espacio de recreo para los niños, iglesia, sala de fiestas o para cualquier tipo de actividad
comunitaria que necesite realizarse a cubierto35.
Las casas están equipadas con un austero mobiliario: alguna banqueta, algún estante, mesas, perchero, etc. Algunas moradas, las más prósperas (que muchas veces son las de los dirigentes comunitarios), pueden tener una sala de televisión con sofá, un aparato musical, una cama de matrimonio, una lavadora, un refrigerador, etc. El problema de los electrodomésticos es que sólo disponen de la electricidad de un generador comunitario que, cuando tienen gasolina, encienden unas horas, al anochecer.
Aunque las casas sean familiares, el uso suele ser comunitario. En ocasiones las casas mejor equipadas suplen al centro comunitario, en especial cuando se trata de ver una telenovela o un partido de futbol televisado. Por lo general las estancias suelen ser polivalentes, pudiendo adaptarse a un número indefinido de personas alojadas que cuelgan sus hamacas en diversos rincones y alturas, en función del espacio sobrante. La cocina es, curiosamente, uno de los espacios más modernizados. La mayoría disponen de una cocina de gas y de un admirable y repertorio de ollas relucientes de distintos tamaños y formas, que se exhiben en alguna de las paredes.
La mayoría de comunidades disponen de una casa da farinha, que es el lugar donde se elabora la harina de mandioca. Los principales instrumentos que pueden encontrarse en la casa da farinha son: un recipiente de madera alargado donde se trituran los tubérculos (en cuyo interior se halla la máquina de quebrar, o trituradora), una prensa manual donde se extrae el líquido (con el que luego se elabora la célebre salsa tucupí) y dos hornos circulares en cuya parte superior hay dos grandes sartenes (de unos dos metros de diámetro), en las que se tuesta la masa triturada de mandioca hasta conseguir una consistencia granulada y crujiente. Para remover y tostar la mandioca se emplean generalmente remos viejos, y para recoger los granos tostados sirve cualquier recipiente (que recibe la denominación genérica de cuia), aunque en muchas ocasiones se emplean caparazones de tortuga. A parte de esto, bajo el techo de paja de la casa da farinha suele haber colgados unos cuantos cascadores (un especie de contundentes pelapatatas que se emplean para pelar la mandioca), y en el suelo acostumbra a haber algún hacha o machete para la leña del horno y alguna hoja de banano sobre la que asar el beijú o la tapioca, unas pastas elaboradas a base de pasta de mandioca mezclada con algún otro ingrediente que tienen un alto contenido en
35 En las comunidades evangélicas suele haber también una congregação, o espacio de culto, diferenciado del barracão.
carbohidratos.
Otra de las infraestructuras que se encuentran en casi todas las comunidades es el buraco (agujero). Éste suele ser una placa de madera (a veces de cemento) con un agujero en medio, cubierta por tres paredes de madera y un pequeño techo. Por debajo hay una excavación cilíndrica de varios metros de profundidad que se utiliza como pozo fecal, y por lo tanto obliga a que sea enterrado y re-excavado en otro lugar cada cierto tiempo. Normalmente está emplazado en el margen de la selva, y cuando carece de puerta su entrada está púdicamente orientada hacia la maleza y no hacia la comunidad.
Algunas comunidades tienen escuela y posto de saude (una caseta donde se almacenan medicamentos y enseres para las curas primarias). Las que no disfrutan de dichas instalaciones suelen disponer de algún barco o rabeta (canoas a las que se les ha acoplado un motor fuera borda) con las que realizar desplazamientos diarios a las comunidades vecinas. Algo similar sucede con los campos de fútbol. Si bien las comunidades más pobladas disponen de varias canchas de distintos tamaños, emplazadas en el margen de la selva, aquellos ribereños que viven más aislados y en unidades familiares, acuden con frecuencia a las primeras para jugar improvisados torneos que empiezan a media tarde y se prolongan hasta el anochecer.
El fútbol es, en ese sentido, una actividad que estructura una buena parte del tiempo que los ribereños pasan en el espacio doméstico. Debe tenerse en cuenta que en el contexto amazónico (como ocurre en Brasil de manera general) el fútbol tiene un estatus superior al de un mero deporte36. Por ello, actualmente es difícil encontrar una sola comunidad ribeirinha o quilombola que no posea al menos un campo de fútbol. También es difícil que una tarde pase sin que nadie juegue un partido. Desde los más viejos hasta los niños de apenas dos años, con independencia del sexo, saben manejar con destreza la pelota en sus pies. Un poco antes del atardecer todos participan de esa actividad conjunta (y en cierto sentido, ritual) que clausura el día e infunde un sentido de cohesión a la comunidad37.
36 Aunque el fútbol que ahora “adoran” deriva del football originado en las Islas Británicas, puede rastrearse, en el contexto amazónico, una raíz histórica anterior. En la América tropical prehispánica ya se empleaba el caucho para elaborar balones con los que jugar al sagrado juego de la pelota (Dumas 1962: 419. Énfasis mío). Este juego tradicional, que se caracterizaba por golpear la pelota con la cabeza, pies, rodilla o incluso codos (pero nunca con las manos), se ha observado en diversos grupos indígenas, como los huitoto (Girard 1963), o los guaraníes (Metraux 1928).
37Aunque al auge de movimiento evangélico esté alterando la práctica del fútbol (algunas de la agrupaciones Pentecostales prohíben la práctica deportiva), en la mayoría de la comunidades estudiadas los partidos de la tarde implicaban a la mayoría de los vecinos.
El espacio doméstico de los ribereños, no obstante, es expansivo y se extiende más allá de “la comunidad” y los campos de fútbol. El río y la selva son también espacios donde los ribereños tienen una cercanía familiar. En la mayoría de ocasiones lo ribereños entran y salen del río y la selva como si éstos fueran prolongaciones del espacio doméstico. En otros casos, es la propia “naturaleza” la que invade las casas en forma de crecidas del río, insectos o cualquier tipo de fauna selvática que no percibe en los asentamientos humanos ninguna discontinuidad que valga la pena sortear.
1.2.5. EL RÍO
El río es la vía de comunicación con otras comunidades, con la ciudad, o con vecinos que viven alejados. También es el lugar para la realización de la mayoría de tareas domésticas. Por lo general, las actividades de limpiar pescado, despellejar y deshuesar la carne, lavado de ropa, platos o los baños personales, se realizan desde el
ponte o porto, una pequeña plataforma de madera (de unos tres metros cuadrados) que
está clavada a unos railes de madera o en alguna superficie escalonada que permite adaptar su altura al nivel del río38. Por lo general hay varios pontes en cada comunidad, cada uno de los cuales es utilizado por diversas familias. Hay una tendencia a que el
ponte, sobre todo para los baños personales, tenga una franja horaria en la que es
utilizado por los hombres y otra en la que es usado por las mujeres. No obstante, es difícil saber si esta pauta responde realmente a su práctica cotidiana o si está condicionada por la presencia de un extranjero.
La actividad más frecuente entre los hombres es la pesca. Al igual que la caza, la pesca está destinada a la obtención de alimentos que se consumen de manera más o menos inmediata, porque la gran mayoría no dispone de medios para la conservación a largo plazo, y sólo en casos excepcionales se comercia con el producto obtenido39. En los meses de la estación seca, entre septiembre y febrero, esta actividad les ocupa la mayor parte del día y resulta muy productiva, porque el bajo nivel de las aguas hace que los peces sean capturados con mayor facilidad. Esta abundancia de pescado durante los meses de la seca contrasta con la falta de pescado de la estación lluviosa.
38 Debe tenerse en cuenta que el nivel del amazonas y sus tributarios sufre importantes oscilaciones a lo largo del año. Aunque hay variaciones diarias, suelen identificarse dos fases que coinciden con la estación lluviosa (que da lugar a la enchente, o subida del caudal) y la estación seca (que demarca el periodo en que el nivel del rio retrocede).
39 Ese podría ser el caso, por ejemplo, de la venta de la piel del pirarucú, un pez de grandes dimensiones cuya carne y escamas suelen venderse en la ciudad.
Entre febrero y agosto hay días en que los pescadores apenas regresan con dos o tres pescados pequeños, que no bastan para alimentar a toda la comunidad. En estos casos, esa carencia de pescado suele ser compensada con un incremento de la caza, con un aumento de la ingesta de farinha y otros derivados de la mandioca, o, para aquellos que se lo pueden permitir, con un mayor volumen de compras de arroz y frijoles en la ciudad40.
Las técnicas de pesca más frecuentes pueden dividirse entre aquellas que utilizan cebo y aquellas que no. Entre las primeras se encuentran la pesca de linha (pesca con hilo y anzuelo) desde la canoa, o desde la orilla (de linha parada); la pesca de canhiço (con cañas artesanales); la pesca con boia (trozos de corcho a los que se ata hilo y anzuelo y se dejan flotando en un lago); o la pesca de espinhel (una cuerda que flota con boyas de las que penden hilos y anzuelos de gran tamaño). Los cebos pueden ser desde pequeñas bolas de farinha mojada o gusanos (para peces pequeños) hasta pescados sangrantes, de aproximadamente un palmo de longitud, que se emplean para atraer a los peces de mayor tamaño. En cuanto a las formas de pesca sin cebo podrían destacarse la pesca de malhadera (una red artesanal que colocan en una corriente, y que se utiliza sobre todo en la estación lluviosa), o la pesca con tarrafa (una red circular con pesos en sus extremos que se hunde y se recoge diversas veces para extraer peces pequeños). En zonas de poca profundidad también se pesca con zagaia (un tridente), y se suele hacer por la noche, porque los peces quedan descubiertos y paralizados al ser iluminados desde la superficie con una linterna. Otras formas de pesca menos frecuentes son la pesca de mergulho (buceando), la pesca con arpão (un arpón manual con el que se pescan peces de gran tamaño o tortugas tracajá) y la pesca con arco y flechas, que sólo resulta efectiva cuando el nivel de las aguas está más bajo.
Los niños se introducen temprano en el mundo de la pesca. Acompañan a los padres y aprenden olhando: un aprendizaje práctico basado en la observación de los adultos. Con nueve o diez años ya suelen estar capacitados para pescar peces de varios quilos, habiendo desarrollado la fuerza, el equilibrio (normalmente se ponen de pie sobre la canoa tambaleante para extraer del agua a los peces más grandes) y un
40 El repertorio alimenticio de los ribereños es de una amplitud considerable, dado que tienen relativamente pocos tabúes alimentarios (delfín de río, pez raya, reptiles, etc.). Entre los alimentos más valorados se encuentran por ejemplo los pescados tucunaré, pirarucú o traíra, y entre las carnes más valoradas están las del venado, agutí, capibara o la tortuga jaboutí. Por lo general, comen casi todo tipo de peces, aves y mamíferos. Existen, por otro lado, ciertas reticencias personales, como el caimán, el mono, el guacamayo, etc., que se rechazan en ocasiones a título individual, pero no constituyen un tabú.
amplio conocimiento sobre el comportamiento de la fauna acuática. Para los niños, además, el río es el espacio de ocio por excelencia. Allí pasan muchas horas del día, cuando no están en la escuela (donde asisten diariamente entre tres y seis horas), y se dedican a saltar desde los árboles, a jugar a peleas, a carreras de natación, o simplemente se desplazan en canoa hasta unas islas de arena, a las que llaman Praia (playa), que emergen en el centro del río durante la estación seca.
Aunque las mujeres también pescan de forma esporádica, no todo el mundo es partidario de que ellas realicen ese trabajo. El resultado de esta división sexual del trabajo es que su campo de actividad en el río queda más restringido a los baños personales y a las tareas domésticas que se realizan en el ponte. Este espacio, no obstante, no sólo funciona como infraestructura para el lavado de ropa, platos, etc.; también es un lugar de reunión, un rincón en el que conversan con las otras mujeres de la comunidad al tiempo que realizan las tareas domésticas.
Cabe señalar que el río, o los lagos, no son sólo espacios sociotécnicos. El medio acuático constituye también un lugar simbólico en el que se sitúan diversas creencias, leyendas o seres mitológicos como la Cobra Grande (una enorme anaconda), el boto (un delfín de agua que se transforma en atractiva mujer blanca para llevarse a los hombres) o la Mãe das Aguas (una especie de sirena que seduce a los pescadores que pasan mucho tiempo solos). No obstante, como se verá más adelante, el espacio simbólico de los mitos no sólo orienta la “vida espiritual” de los ribereños, sino que mantiene una significativa correspondencia con las estrategias tecnológicas, una dialéctica entre lo simbólico y lo pragmático que también se observa en la esfera de la selva.
1.2.6. LA SELVA
O mato, que es como se refieren a la selva, es un espacio en el que se mezcla lo
familiar con lo extraño. El hecho de referirse a “la selva” como o mato (matorral) en lugar de emplear otros términos más técnicos como floresta o mata (que se refieren al ecosistema selvático en su conjunto), da una idea de cierta familiaridad. Por lo general, la palabra floresta se emplea dentro de una retórica político-territorial (por ejemplo: Floresta Nacional) o de preservación ecológica (e.g. preservação da floresta). El término de mata se confunde más con el de mato, aunque se emplea con frecuencia cuando se pone el énfasis en la magnitud de la selva (e.g. estava perdido no meio da mata).
En contraste con ello, la palabra mato se emplea como principal referencia espacial: casi siempre dicen vou para o mato cuando van a cazar, a buscar madera, etc. Ello indica que para ellos la selva es algo cercano, concreto e inteligible, y no un inconmensurable ecosistema del que el hombre constituye sólo una pequeña parte.
O mato, esa selva más o menos familiar o “doméstica” (Descola 1987), es un
espacio en el que se desarrollan las actividades de recolección de plantas y frutos, hierbas medicinales, castañas, nueces, o la extracción de panales de abeja, madera, hojas de palma o de bananera, cipó (lianas empleadas como cuerdas para distintos materiales), etc. Para todas estas prácticas existe un repertorio técnico-corporal especializado. Destacan por ejemplo las capacidades perceptivas de quien está buscando algún determinado tipo de planta, la fuerza y resistencia del recolector de castañas o el maderero (que suelen transportar a sus espaldas grandes pesos a través de la selva) o la habilidad de quien sube a los árboles, con la técnica de “piernas en jarra” (ver: cap.2) para extraer de las alturas algún fruto, animal o liana.
A lo largo del análisis etnográfico se irán describiendo de manera más detallada algunas de esas técnicas. Pero merece una presentación aparte la actividad de caza. A diferencia de la pesca, la frecuencia y el volumen de la caza están más equilibrados a lo largo del año. No obstante, como toda actividad predatoria, es un dominio casi exclusivo de los hombres. Esto plantea algunos problemas, porque se percibe un abandono progresivo de la actividad por parte de algunos hombres que se emplean en otras tareas, como la obtención de madera o la construcción de casas. Sus esquemas culturales no admiten la posibilidad de que las mujeres les substituyan en la actividad de caza, resultando en que algunos días de la estación lluviosa, cuando desciende la productividad pesquera, haya una relativa falta de aporte proteínico en la dieta. Sólo en un caso se me presentó a una mujer ribeirinha que era cazadora. Ésta, además, exhibía en su casa el cráneo de una imponente onça preta (una pantera). Por lo general, sin embargo, las mujeres han aprendido a valorar la actividad cinegética como algo
ruim (algo pesado, penoso, malo…), reforzando con ese rol la tónica dominante, que es
una marcada división sexual del trabajo.
Algunos cazadores emplean estrategias que derivan de ciertos parámetros simbólicos y tecnológicos que se irán viendo a los largo de la etnografía: hay quien sale a cazar ayunas, los hay prefieren ir descalzos para no hacer crujir la hojarasca, otros no entran a la selva sin botas de agua que les protejan contra picaduras de serpiente, hay alguno que se perfuma para “seducir” a las presas, etc. Pero aunque
cada cazador tenga una cierta idiosincrasia cinegética, la mayoría de técnicas de caza se atienen a patrones estandarizados. La estrategia empleada con más frecuencia son las batidas en grupos de entre dos y cinco personas que se adentran en la selva con varios perros y armados con machetes y espingardas (escopetas de una carga, para balas esféricas de plomo). La pauta habitual es la de caminar silenciosamente y seguir las huellas, olores, sonidos o señales (ramas rotas, hojas mordidas, heces, pelo) que los animales dejan a su paso. En ocasiones los animales buscan refugio en las ramas altas, agujeros o en troncos caídos que se ahuecan por la putrefacción. En estos casos, los cazadores suelen elaborar improvisadas cuerdas, mazas, estacas y diversos instrumentos que les permiten acceder a sus presas. Aunque los cazadores salgan de casa con algo de munición, un machete y una escopeta, su cuerpo de conocimientos acerca de cómo transformar los materiales del entorno hace que la propia selva constituya en sí misma un latente arsenal tecnológico.
Existe un código de comunicación entre cazadores (con un sonido que se produce soplando entre las dos manos ahuecadas, o golpeando en el tronco de una
samaumeira), y también formas imitación de los sonidos de los animales (ya sea
silbando, chasqueando los labios de distintas maneras o rascando sobre diversas superficies), que tienen la finalidad de atraer a las presas. Otro de los métodos de caza es la de esperar a los animales desde lo alto de algún árbol. Si se prevén muchas horas de espera el cazador suele construir una pequeña estructura de madera o ramas en la que sentarse, aunque a veces emplean la propia hamaca. A veces se coloca algún cebo y se intenta atraer a las presas imitando sus sonidos. Existen trampas de caza, y en algún caso el propio cazador diseña su propio sistema (un ribeirinho del río Trombetas, por ejemplo, había fabricado un arma de fuego pensada para activarse con una cuerda atada al gatillo), pero por lo general el uso de trampas tiende a evitarse por la peligrosidad que comporta para otros cazadores.
Las jornadas de caza pueden durar varias horas o prolongarse durante todo el