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EL ESTILO.FORENSE *

In document El Alma de La Toga en Word (página 155-179)

(') Consid6rese repetido aquf lo que hemos dicho por note all

iniclo de los capftulos El secreto Protesional y La Chicana (Note del editor).

i,Modestia? j,Indiferentismo? i,Egoismo? j,Pcreza? Sea lo que sea, lo cicrto es que los abogados no nos darnos la menor importancia a nosotros mismos. "Tiramos" de nues- tra profesi6n como si fuera una coca insignificante, trivial, anodina.

Eso no puede ser. Hay oficios que sc pueden ejercer con el alma fr a (empleado de un Ministerio, de un Concejo o de un Banco, delineante, musico de los que manejan un instrumento no cantante, viajante de comercio, etc), Pero hay otros que requieren el "alma caliente". -ZC6mo conce-

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enamorados de la Belleza? i,Como entender a un medico sino ticnc pasiun por la salvacion de sus enfermos, por los adelantos cientfficos, por la salud publica? i,C6mo compren- der a un I'manciero, a un ingeniero si no sicntcn entusiasmo por crcar riqueza con sus obras y sus iniciativas? Pues de igual manera, j,que abogado sera aqucl quc no ame la Jus- ticia sobre today las cosas y no sienta el orgullo de ser sacerdote de ella?

Con una diferencia: que se puede vivir sin belleza, sin riqueza y hasta sin salud. Se vive mat, pero se vive. Mien- tras que sin justicia no se puede vivir. Si no tenemos libertad para andar por la calle o para guarecernos en nuestra Casa, si no hay quien nos proteja para exigir el cumplimiento de un contrato, si no hallamos amparo para cl buen orden de nuestra familia, si nadic nos tutela en el use de nuestra propiedad y en la remuneracion de nuestro trabajo, ,que valdra la vida? Sera sencillamente un tejido de crimenes y de odios, un regimen de venganzas. una cadena de expoliaciones, el imperio de la ley del mas fuerte: la barbarie desenfrenada, en fin.

No exagero. A poco quc to meditemos nos hacemos cargo de que si amamos y trabajamos y paseamos y come- mos y dormimos, es porque, muda e invisible, se atraviesa en todos nuestros actos esa diosa eterea e impalpable que se llama la Justicia. Si ella se duerme, estamos perdidos. Vease lo que pasa alli donde el imperio de la Justicia apa- rece sustituido por la caprichosa voluntad de un hombre. No queda en tales sitios nada de tipo humano, ni siquiera la vida vegetativa, porque aun esta misma no esta garantizada.

La Justicia cs la cxpresi(m material do la Lihcrtad. Fs. por consiguicnte, para el hombre, algo tan esencial comp el airs respirable. Una norma de Justicia inspirit y preside todas nuestras acciones, hasta las mas infimas, nuestros pensa- mientos hasty los mss rec6nditos, nuestros descos, hasta los mas nimios. Ser ministro de la Justicia es algo trascendental, definitivo. No se puede set- jucz, fiscal ni abogado sin el orgullo de estar desempenando las funcioncs mas nobles y mas importantes para la Humanidad.

Una de las demostraciones de lo poco quc los abogados nos aprcciamos a nosotros mismos esta en la poca atenci6n que prestamos a la hcrramicnta do nucstro oficio quc es la palahra, cscrita o hablada. Nos producimos con desalino, con descuido. Redactamos nuestros trabajos como en cum- plimiento de mera necesidad ritual. No nos reconcentramos para alumhrar nuestra obra. Es decir, nos reconcentramos para el estudio del caso legal y apuramos los textos aplica- bles y la jurisprudencia do los trihunalcs y la doctrina de los autores. Eso lo hacemos muy hicn y no deho desconocerlo. Pero yo inc reficro a "lo otro": a la forma, a la expresi6n literaria, at decoro del decir. En eso somos lamentahlemcnte abandonados. Aqui y en todas partes. No excluyo a Espana. Asi se ha creado una literature judicial lamentable, en que jueces y abogados, a porfia, usamos frascs impropias, bar- barismos. palabras equivocadas, todo un "argot" fnfimo y tosco. No tenemos noci6n de la medida y nuestros escritos pecan unas veces de insuficicncia y otras por pcsados y difusos. Es frecuente que el jurista Naga por si mismo los escritos a la maquina, es dccir, sin revision ni enmienda. Aun en aquellos casos en quc la redacci6n es correcta, suele

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literaria. Consideramos los escritos corno operaciones aritmeticas, a las quc solo se exige que scan exactas, pcro quc no son susccptibles de belleza ninguna.

Tal ahandono nos dcsprcstigia. Es como si el artillcro dejara oxidarsc el canon o el medico permitiera quc sc mcllase el bistur o el arquitecto perdiese el compas y las reglas. No es la palabra nuestra arma unica? Pues usemosla hicn. A toda hora dcbicramos tener presente aquclla prudente maxi- ma con quc comicnza el tratado de Crotalogia o arte de tocar las castanuelas.

- Sc pucdc tocar o no tocar las castanuelas; pero ya de tocarlas, tocarlas bien.

De identico modo se puede ser o no ser abogado, pues nadir nacc, por ley natural, ohligado a scrlo; pero ya de serlo, serlo hicn. Y si no hay otra mancra do ser abogado sino usando de la palabra, empleemosla como corresponds. Con dignidad. Con pulcritud. Con eficacia.

El ahogado cs un escritor y un orador. Dos veces artista. Si no to es, sera un jornalero del Derecho, un hombre quc pone palabras en un papel, mas no un verdadero defensor dc los hombres, de la sociedad y de la Justicia: que todos estos son sus clientes.

He dicho que el ahogado es un escritor. Y me he quedado corto porque en el ahogado hay tres escritores: el historiador, el novclista y el dialectico.

Hay, antes todo, un historiador, porque la primcra tarca del abogado es narrar hechos. De narrarlos hicn a narrarlos mal, va un mundo. Todos hemos padeciilo en la consulta la angustia de soportar a esos clientes quc no sahen contar las cosas, que empiezan su explication por la mitad, cual si nosotros estuvieramos previamente entcrados de todos los antecedentcs, que confundcn las personas, quc olvidan he- chos esencialcs. Todos hemos Ieido libros en que hemos de repasar dos y tres veces las mismas hojas, porque el autos no supo decirnos con claridad lo quc se proponfa. Todos hemos aguantado en la conversaci6n a los interlocutores difusos, enrevesados o mon6tonos. Y en todos cstos casos nos hemos sentido desesperados. S61o porque el clicntc, el escritor o el conversador no sahian contar.

Narrar no es facil. Hay que exponer lo preciso, sin complicaciones. Hay quc usar las palabras adecuadas y diafanas. Yo recuerdo siempre a un abogado y politico espanol, orador maximo de nucstros tiempos, quc en los estrados nos deleitaba con su facundia maravillosa cuando desenvolvia cl tema jur dico. iQue pompa! iQue fastuosidad imaginativa! iQue metaforas! Pero no sabia contar y nos dejaba sin entender el pleito. Aquclla exposition minuscula y ramplona (Juan se caso con Petra; tuvieron dos hijos, Jaime y Juana; Juana se muri6 y la hercdaron sus padres, etc.), era para el inahordable. Le sohrahan genio y clocuen- cia pcro faltaba en eI la virtud caractcristica del historiador.

No todo el mundo vale para el caso. Si tocamos la historia argentina, querremos saber quien era San Martin y de donde vcnia; quien Ic acompan6; por que desoy6 los Ilamamientos del Gohierno; quc hizo en Chile; por que no

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'IC quedio; 1101 que siruiO una Iinea Fuantinrt y no la rota clcl

Alto Peru; que le pas6 con Bolivar, etc., etc. Si nos to cuentan hien, conoceremos a San Martin y su ohra. Si nos lo cuentan mal, nos quedaremos sin enterarnos de nada.

Pensemos siempre que lo primero que necesita el juez es enterarse del caso. ZY c6mo se enterara si nosotros no se to explicamos con acierto'?. El extravfo at apreciar un hecho o un detalle puede arrastrar una cadena de equivo- cacioncs y producir un fallo injusto. Despr€ndese de ahf que el primer cimiento para el acierto judicial depende de no- sotros: de que sepamos o no exponer el caso. De suerte que el historiador es el primer literato que aparece en nuestra personalidad profcsional.

Mas no basta cl historiador. Viene despuds el novelists. Cada pleito cs un prohlema de psicologia. La psicologia es cl conocimiento del hombre y su acertada descripci6n. De ahi que la narraci6n no serif completa ni alcanzara eficacia, si en los momentos oportunos no va acompanada de unas pinceladas que destaquen cl tipo o acentuen cl hecho.

Si atacamos a un usurero avariento, no nos debemos limitar a explicar el contrato abusivo hecho en su beneficio. Sera conveniente que saquemos a la luz sus antecedentes y sus modos para hacerlo antipatico at tribunal. Si estamos refiridndonos a un muerto por accidente, no sera lo mismo para la narraci6n que el muerto sea un soltero o que sea un padre dc familia con una docena de hijos en la miseria. Si estamos planteando un infidelidad conyugal, no podemos pintar de igual manera a la mujer que se extravi6 una vez por amor y a la que mostr6 siempre alma de empedernida prostituta.

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pleito entrana, se forma con personajes y con hechos. Retrasar aquellos y destacar estos es necesidad primordial en el letrado. No es to mismo decir "Fulano falleci6 que explicar c6mo falleci6, si la forma tiene algdn interes para el asunto. No es to mismo senalar simplemente que Mcngano falt6 a su compromiso, que puntualizar su habito do hacerlo y apuntar los casos mas sangrantes.

Todo esto noes ya de la jurisdicci6n del historiador lino de la del novelista o el dramaturgo. Ese juego de hornbres y cosas, eras descripciones de sucesos y caracteres, son el nervio del litigio. Dchemos esforzarnos porque los jueces participen de nuestros sentimientos.

Fijemonos en to que ocurre con las informaciones pe- riodisticas. Cuando un periodista toma entre sus manos un crimen o un pleito, describe do tal modo to ocurrido y retrata tan vivamente los personajes, que los Icctores se adentran en el hecho, toman partido, siguen con avidez ]as explica- ciones, se apasionan por estc o por el otro protagonista y defienden calurosamente tal o cual soluci6n como la mas junta o acertada.

Naturalmente, no voy a recomendar que copiemos las formulas de los diarios: primero, porque el periodista suele escribir de to que no esta enterado c inventa la mitad o las dos terceras partes; despues porque su estimulo no es que prevalezca la justicia sino fomentar el sensacionalismo y aumentar la yenta; y en ultimo termino porque los informadores y reporteros -perd6nenme- suelen cscribir bastante mal. No consienten tampoco primor mas grande los apremios con que un peri6dico se confecciona.

Pero salvados los m6viles y las distancias, el ejemplo periodistico es digno de ser tornado en cuenta. El periodista quicre captar at puhlico; nosotros qucremos captar al jucz. Para lograrlo, aqucI dcstaca hombres y hechos; nosotros no tenemos mejor camino. Si los hombres son simpaticos o antipaticos, si los hechos son repulsivos o atrayente,

,no

sera para el letrado un imperativo pintar las cocas tal cual el las ve y procurar atraer a los jueces a su hando? Este es arts de novelista; de novelista honrado, fie] a la vcrdad, sin mas apasionamientos que aquellos inexcusahles en la defen- sa, sin malicia, sin chocarrerias, sin notas de mal gusto; pero novelista, en fin.

Y queda el dialectico. Cuando el ahogado pasa de la narraci6n del caso y de la pintura de los caracteres al ra- zonamiento juridico, sus modos literarios han de cambiar en ahsoluto. Ya no se trata de explicar una historia ni destacar a sus actores, sino de afrontar una tesis, de interpretar una Icy, de defender una soluci6n. Esto es patrimonio de la 16gica discursiva. Tomando pie de los hechos precedentes, hay que plantear el problerna de modo escueto, y tajante para cncuadrar la atenci6n del juzgador y poncr cuadriculas a su pensamiento."Dados los antecedentes expuestos: LQuc procede, esto o to otro ?

i,Que

interpretaci6n racional es la de tal articulo del c6digo'? j,Cual es el dano menor, este o aqucl? i,Quien lo debe sufrir, A o BT' Hay que meter en paralelas el pensamiento judicial.

Y despues, razonar. Estrujar el magin, agotar los mo- tivos, clegir, entre varios argurnentos para desecharlos o tomarlos, segun convenga. Es un trahajo de enumeraci6n,

de selecci6n y de cernido. Sin perder dc vista un dato 135

humano importantisimo: quicn es el jucz al quc los argu- mentos han de it cnderezados. Porquc no a todos los hom- bres se pueden decir las mismas cocas. Cuando escrihintos una carta, nunca dejamos de tcner en cuenta las caracteris- ticas de su destinatario. Otro tanto hay clue hacer con los jueces, recordando siempre que el juez no es una categoria zoologica sino un hombre como los dcmas, invcstido de la alta potestad de juzgar a sus semejantes.

Si el juez es corto de alcances, deheremos machacar en los argumentos para ver de meterselos en la cabeza. Si es discreto y agudo debemos limitarnos a las indispensables insinuaciones, pues de otro modo se enojara pcnsando que se le toma por un hombre de poco seso y corta ilustracion , con to cual se prevendra contra nosotros. Si las ideas politicas del juez nos son conocidas, debemos procurar que no se nos escape nada que pueda herirlas. Otro tanto hay que hacer en relacion con sus habitos y orientaciones socia- les. Chocar con los idiosincrasia del jucz es un peligro para el abogado... y para el pleito.

Esto rcquiere una aclaracion para que no se crea que recomiendo la tdctica adulatoria, indigna en cualquier hombre y mucho mas en un abogado. Hay ocasiones en que se debe y se puede mortificar al tribunal. Una de las mas altar empresas del Abogado es saber luchar contra los jue- ces. Mas esto ha de hacerse -sin micdo y sin tituheos- cuando sejuzgue necesario para la causa, patrocinada. Lo que quiero decir es que no se debe entrar en el pleito a ciegas, desco- nociendo el temple del juez. Como dice el titulo de cierta seccion de un periodico de Buenos Aires. "Hay quc saber quien es quion... ". Atacar a un jucz, por Iihre decision, esta

muy bien y es plausible. Molestarle sin necesidad, s6lo por ignorar de qui6n se trata, me parece tonta temeridad.

En esto de argumentar, me permito indicar que vale mas un pensamiento propio de cien ajenos. Lo digo porque hay muchos companeros que muestran afici6n a citar las opiniones de todos los autores habidos y por haher... que en definitiva suelen ser un par de docenas, siempre los mismos. Comprendo que, en ocasiones, es fructffera y hasta defini- tiva alguna cita; pero el farrago de textos es tan enfadoso y pesado que los jueces acahan por decir irritados: "Bien, ya s6 lo que piensan sobre este punto todos los autores del mundo, pero preferirfa saber, simplemente, lo que piensa el autor de este escrito".

Se dira: "Piensa como los autores que cita". Pero no es lo mismo. Esa es su petici6n, su aspiraci6n. Mas lo que importa conocer son sus razones propias, no las copiadas de otros libros quc el juez puede leer cuando quiera.

Nueva advertencia. Para el razonamiento son utilfsimos los ejemplos, especialmente los toscos y puntiagudos. Ya s6 que hay magistrados a quienes les saben mal. %Creera este scnor -refunfunan- que sin este ejemplo burdo no me habrfa yo enterado?". Respeto su enfado, pero como estoy de vuelta de tantas cosas en la vida, me hallo bien enterado de que ese ejemplo primario, iluminando repentinamente al juez, le ha ahorrado media hora de reflexi6n. Claro que con ella Ilegarfa al mismo resultado, pero si con mi ejemplo se la puedo evitar Zpor que no hacerlo? Aunque simule una pequefla herida en el amor propio... por el buen parecer.

Insisto. El abogado ha de ser, escribicndo, historiador, novelista y dialectico. Si no, mediano abogado.

Sabido esto, i,c6mo escribir? Cualquiera creera que este es el lugar indicado para que yo, calandomc las gafas, adoptando gesto doctoral y ech5ndomelas de d6mine, suelte aqui una completa preceptiva literaria.

Pucs... nada de eso. Casi todas las preccptivas, en todos los 6rdenes, me parecen intitiles. Lo mejor que el hombre alumbra es lo cspontaneo. Cada cual hahla o escribe como Dios le da a entender y es nano intcntar quc el premioso sea afluente o que el desbordante sea moderado. S61o cake fijar unos cuantos jalones para oricntar el juicio. Antes son Iineas de conducta que normas tecnicas.

La primera condicion del hombre do Foro es la vera- cidad. Se dira que esto sc relaciona con la dtica y no con el estilo. Asi es. Pero de todas sucrtes, no esta de mas fijar esa virtud corno la primcra y mas esencial condici6n de nuestro trabajo.

Aunque un vulgo ignaro y prostituido suele creer que la gracia del abogado esta en hacer ver lo hlanco negro, la verdad es exactamente la contraria. El abogado esta para quc lo hlanco deslumhre como hlanco y lo negro se entenehrezca como negro. Somos voceros do la verdad, no del engano. Se nos confia que pongamos las cocas en ordcn, que procuremos dar a cada cual lo suyo, quc se ahra paso la raz6n, que triunfe el bien. ;,C6mo armonizar tan altos fines con un predominio del embuste?

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no digo que en el orden del Derecho no pucdan sostenerse tcorias atrevidas y huscar a las leyes interpretaciones arries- gadas. En eso no hay maldad, por la sencilla razbn de que los jucces tienen nuestro mismo titulo acadcmico, identica preparaciOn profesional, Jos mismos elementos del juicio. Si desharramos, peor para nosotros porque ceders en nuestro desprestigio, pero al tribunal no le podemos engaflar. Con la ley a la vista, discurrira segt n le plazca y nos discernira el titulo de atinados o de descarriados. Lo tinico que no ocurrira es que Ic hagamos comulgar con ruedas de molino.

Pero en cuanto a los hechos, la situacion es distinta. El juez no sabe sino lo que nosotros le contamos, no conoce mss docurnentos sino los clue nosotros le aportamos, fia en nuestra rectitud moral y supone que no le diremos que un casado es soltero o que un muerto esta vivo. Mentir en el debate forense es poco util, porque frentc a nosotros esta nuestro adversario para restahleccr la verdad y descnmascararnos. Pero si se trata de actuaciones en que no haya parse contraria o no estd perdonada, o se distraiga y caiga en la red de nuestro engano, ique tremenda respon- sahilidad de conciencia! Yo no se como un letrado puede vivir tranquilo cuando esta confesandose a si mismo: "Esto que voy dicicndo es (also. Mc pagan por mentir. Estoy arrchatando a otro lo que le pertenece merced a una artima- na emhustcra". i.Que concepto pucde tenor tal hombre de si mismo? ,No se contemplara como un ser depreciable y vil?

Ejemplo categorico. Cunodo sabernos que un hombre ha matado a otro podremos aceptar o rechazar su defensa, y si la aceptamos podremos excusar su acto alegando eximentes 140

o arninorar la responsahilidad huscando atcnuantcs. Lo unico

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