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2. Fundamentación teórica

2.1. Contribuciones del juego al desarrollo humano: estado actual de la investigación

2.1.2. Contribuciones del juego al desarrollo

2.1.2.3. El juego como vía de expresión-control emocional

expresión-control emocional

La literatura clínica sobre el juego se ha cen- trado sobre todo en la discusión de la impor- tancia del juego de simulación o ficción para el desarrollo de la representación de la expe-

riencia emocional, así como en la resolución de crisis afectivas. Se considera que el juego provee de la oportunidad de expresar senti- mientos negativos, de experimentar con solu- ciones alternativas y de procesar nueva infor- mación sin las consecuencias que tendría en la vida real. Sintetizando las conclusiones rela- tivas a las conexiones del juego con el desa- rrollo afectivo-emocional, se pueden proponer varias afirmaciones que se presentan a conti- nuación.

a) El juego es una actividad placentera que genera satisfacción emocional

Esta vertiente del placer del juego ha sido observada por todos los investigadores del juego infantil, siendo unánime la opinión refe- rente a esta cualidad básica del juego. El juego es siempre fuente de placer de distintas natu- ralezas; puede ser placer sensoriomotor, pla- cer de ser causa y provocar efectos, placer de crear, placer de destruir sin culpa, placer de hacer lo prohibido, placer de ser omnipotente como el adulto, placer en el movimiento... El juego, como todas las actividades creadoras, genera satisfacción emocional, confianza y seguridad y, por ello, desempeña un papel importante en el desarrollo afectivo-emocional. Además, el niño juega frecuentemente a re- presentar experiencias positivas (la llegada de los reyes magos, un viaje con sus padres...) reviviendo de nuevo la satisfacción emocional que experimentó. Pero esta tendencia al pla- cer del juego no sólo subyace a la representa- ción de experiencias felices, porque, aun cuan- do los niños representan experiencias peno- sas, en ellas deja de ser sujeto pasivo, sufridor de la situación, y se torna activo, domina de este modo la situación ansiógena y con ello obtiene placer. El niño se siente pequeño fren- te al poder del adulto, pero el mundo del juego le permite ampliar los horizontes de sí mismo, superando los límites rígidos que en ocasio- nes las circunstancias le imponen. En el juego puede representar figuras poderosas, puede invertir el rol de su vida real, el niño agresivo puede tomar roles bondadosos, el que sopor-

ta una educación autoritaria puede hacer de padre autoritario, y al que se le exige una con- ducta madura puede tomar el rol de bebé. El juego posibilita la expansión del “Yo” y, por consiguiente, el desarrollo personal.

Otros estudios (Singer, 1998), después de revisar varias investigaciones del juego de fic- ción, sugieren que fomentar el juego imagina- tivo a través de los padres y otros cuidadores puede ayudar al niño no sólo a disfrutar de una infancia segura, sino también a mejorar su capacidad de crear una rica y variada vida interna que puede resultar clave en su autorre- gulación, felicidad y placer estético a lo largo de toda su vida.

b) El juego permite la elaboración de expe- riencias difíciles facilitando el control de la ansiedad asociada a estas experiencias

Diversas observaciones realizadas (Piaget, Freud, Winnicott, Klein...) ponen de manifiesto que en el juego el niño elabora y controla la ansiedad, tranquilizándose. Esta ansiedad del niño en la infancia proviene tanto de las expe- riencias que tiene en su contacto con el mundo exterior, como de los propios deseos del mun- do interno que en muchas ocasiones no se pueden satisfacer en lo real, y encuentran en el juego una vía de expresión y liberación.

La idea del juego como instrumento de elabo- ración de experiencias traumáticas o como medio de control de la ansiedad proveniente de experiencias vividas fue planteado por S. Freud (1920/1981) al interpretar que el juego del carretel (consistente en hacer desa- parecer y retornar un carrete atado a una cuer- da) le permitía al niño sobrellevar el displacer y la angustia que le provocaba la desaparición de la madre (simbolizada en el carrete). Así, Freud observó que el niño a través del juego elabora experiencias traumáticas, difíciles, repitiendo simbólicamente la experiencia y tor- nándose sujeto activo en la situación que se ha sufrido pasivamente.

En coherencia con esta función del juego, en distintas ocasiones de observación del juego en contexto clínicos y educativos he podido

constatar que, ante una situación de pérdida, se ve al niño jugando a que alguien murió; después de haber sido operado, juega a ope- rar al compañero de juego; habiendo sido cas- tigado, juega a castigar a su muñeco..., ensa- yan los papeles de maestro y alumno en todas las formas posibles, tal vez como un medio para llegar a dominar la experiencia ansiógena de la escuela. Este papel del juego resulta similar a cierta función del lenguaje en el adul- to, que suele relatar una y otra vez (igual que el niño en el juego) los detalles pormenoriza- dos de la operación sufrida, sirviéndose de ese mecanismo como medio de descargar la ansiedad que esta situación le ha creado. Así, el niño elabora su propia experiencia por el juego, las experiencias positivas (represen- taciones de experiencias que han sido agra- dables para él, como un día de fiesta o una excursión con sus padres), y también las experiencias que han sido excesivas para su aparato psíquico son asimiladas a través de esta repetición simbólica, que le ayuda a liberarse de la ansiedad (Aberastury, 1981; Arfouilloux, 1977; Klein, 1932/1980; Winnicott, 1942/1980, 1971/1982). A través del juego los niños pueden separar tanto experiencias dolorosas como placenteras del contexto origi- nal donde suceden (Fein, 1989), y la actividad lúdica puede ser un reflejo del estado emocio- nal del niño y un recurso para dominar activa- mente las ansiedades normales de la infancia y las emociones dolorosas asociadas con dife- rentes períodos de desarrollo (Bettelheim, 1987).

En el juego los niños pueden ensayar roles y asumir el control en situaciones interpersona- les en las que habitualmente los adultos son los que ejercen su influencia y poder. Harter (1987) describe cómo los personajes en las historias de los niños frecuentemente conlle- van deseos conscientes e inconscientes de poder y dominio. Erikson (1940) observa que las configuraciones en el juego de muñecas son recreaciones simbólicas de eventos o traumas en los que el niño adopta el papel de agresor y no de víctima. Y han sido muchos

los terapeutas que han descrito la utilidad de las intervenciones con juego con niños con enfermedades físicas, con operaciones de cirugía, con víctimas de abuso sexual y físico o con niños que han vivido situaciones de divor- cio de sus padres (Terr, 1990).

c) El juego posibilita la expresión simbólica de la agresividad y de la sexualidad infantil

El juego también es un mecanismo de elabo- ración y control de la ansiedad que proviene del mundo interno, de los impulsos sexuales y agresivos. Por un lado, el juego permite la expresión y satisfacción simbólica de la agre- sividad, siendo esta función positiva para el desarrollo, ya que retener la agresividad ge- nera displacer y dificulta la evolución del niño y, por otro lado, el juego canaliza la expresión de la sexualidad infantil.

En primer lugar, el juego es una vía que sirve para expresar simbólicamente la agresividad infantil. Emily Gillies (1948) puso en marcha grupos de juego con niños que presentaban dificultades en la interacción, observando que las dramatizaciones tendían a nivelar y reducir las tensiones en el grupo. El niño excesiva- mente agresivo parecía volverse más capaz de aceptar las ideas ajenas y de trabajar de forma más plástica con el grupo, mientras que los niños inhibidos y retraídos comenzaron a ofre- cerse voluntariamente para determinadas ta- reas y a expresar sus ideas. Son muchos los ejemplos de las diversas formas bajo las cua- les el juego utiliza las tendencias agresivas, como en los combates de arma blanca, en los juegos de pistoleros, castigando a la muñeca, golpeando o cortando la plastilina, en los jue- gos con música y movimiento, en el interjuego de construir –destruir, clavando, rompiendo papel, martilleando, imitando animales salva- jes... Todos estos juegos permiten la expresión y satisfacción indirecta de la agresividad sin sentimientos de culpa, liberándole de la ten- sión concomitante que estos sentimientos despiertan en el niño. Además, el intercambio de refuerzos positivos en la interacción lúdica promueve el control y la disminución de la agresividad.

En segundo lugar, el juego le permite al niño expresar su sexualidad. Los deseos y las preo- cupaciones de contenido sexual que adquie- ren pujanza entre los 3 y los 5 años suelen expresarse en los juegos de padres-madres, de médicos y pacientes, de novios, satisfacien- do además sus necesidades de tocar, de mos- trarse, de ver y de ser vistos. Las fantasías que se expresan y elaboran en muchos juegos infantiles gravitan alrededor de lo que sucede en la habitación de los padres, y alrededor de las diferencias sexuales que son fuente de preocupación para el niño. Esta curiosidad sexual infantil con relación al misterio de la pro- creación, de la maternidad, del placer sexual, se expresa y satisface en estos juegos infanti- les. Dentro del contexto del desarrollo de pro- gramas de juego dramático con niños de dis- tintos niveles de edad, en muchas ocasiones he podido observar situaciones de juego dra- mático libre en las que los niños inventaban las historias, donde la representación de te- máticas de carácter claramente sexual se evi- denciaba de forma manifiesta, apareciendo temas sobre relaciones de pareja con compo- nentes sexuales durante toda la infancia y en la temprana adolescencia. De una forma más o menos directa, el jugar a padres y madres, a los médicos, a los novios, o representar esce- nas de amor, proporciona satisfacciones más aceptables para la censura del tema sexual que la sociedad adulta impone.

d)El juego facilita el proceso progresivo de la identificación psicosexual

Los niños necesitan la oportunidad de jugar lo que han visto a fin de comprenderlo o al menos sentir que forman parte de ello. “Esta imitación promueve la comprensión del mun- do del adulto, porque el niño descubre lo que significa ser madre o aviador cuando experi- menta el rol, al tiempo que esto estimula el pro- ceso de identificación. El juego ayuda a desa- rrollar la personalidad del niño, porque a través de él comprende el comportamiento y las rela- ciones de los adultos que él toma como modelo de conducta” (Mujina, 1975/1978). En el juego de representación, de dramatización de roles

(hace que barre, que cocina, que arregla el coche...), o en los juegos de muñecas (las viste, da de comer...), los niños reproducen las rela- ciones entre los adultos del mundo cercano familiar, escolar y social que les rodea, y ello contribuye al progresivo proceso de identifica- ción con el modelo del adulto.

Los juegos sexuales (a los novios, a padres- madres, a los médicos, a la boda...) son carac- terísticos y frecuentes de 3 a 6 años, tradu- ciendo la atención que en este momento evo- lutivo presta el niño a los órganos sexuales. Para Dallayrac “estos juegos son juegos de información anatómica (conocimiento del cuerpo), de exhibición-observación, y satis- facen la curiosidad sexual normal de los niños a esta edad” (Dallayrac, 1972/1977). Estos juegos que son habituales entre los niños de edad preescolar, son necesarios y contribu- yen al desarrollo de la identidad sexual, por- que permiten la expresión de fantasías propias de cada momento evolutivo, así como la satis- facción de sus necesidades de tocar, de mos- trarse, de ver y de ser vistos. De los seis años en adelante, se inicia un período más mudo en el plano de las manifestaciones sexuales, por- que parece que en esta edad se da un mayor reconocimiento por parte del niño de que la expresión de lo sexual es algo censurado por el adulto; sin embargo, y aunque en menor medida, se siguen observando juegos de con- tenido sexual.

También los juegos con las muñecas y los osi- tos tienen un papel en el desarrollo del conoci- miento del cuerpo y en el aprendizaje de pape- les sexuales adecuados. El aprendizaje de la maternidad y de la paternidad comienza en estos juegos con las muñecas. A los 5 años la niña juega con muñecas, les prepara la comi- da, sirve el café o finge relaciones sociales, con lo que inicia el aprendizaje de los rasgos femeninos con los que busca identificarse con la madre, a la que pide sus ropas para disfra- zarse, a la que imita en sus gestos o palabras.

Los niños a esta edad prefieren juegos de conquista, de acción, para los que cogen objetos del padre, usando sus expresiones.

e) El juego es un medio para el aprendizaje de técnicas de solución de conflictos

El juego también resulta útil en el crecimiento de la personalidad infantil porque en su con- texto se toman decisiones, se abordan situa- ciones problemáticas y se elaboran estrate- gias de acción frente a las mismas. El juego es representación-reconstrucción de los conflic- tos de dentro y fuera del grupo, y obliga a los participantes a buscar soluciones en función de los intereses del grupo. Los participantes tienen que ponerse de acuerdo con otras per- sonas que experimentan y reflejan diversas formas de relación emotiva, de percepción y de valoración de las situaciones (Pardos et al., 1988). Además, en los juegos dramáticos suelen representar variadas situaciones con- flictivas que resuelven en distintos momentos con diferentes finales. El niño que se mancha la ropa en una excursión y teme la reprimenda de la madre, la niña que se pierde en el bos- que y siente miedo e indefensión frente a esa situación, caerse, herirse o enfermar..., fueron algunos de los temas representados por los grupos de niños de 5 a 7 años en una expe- riencia que realizamos con juego dramático libre en 1987. Y en este ensayar distintas posi- bles soluciones ante un conflicto, es lógico pensar que la propia vivencia del niño y las condiciones del conflicto se modifican.

f)Resultados de los estudios sobre los efec- tos de programas de juego en el desarrollo afectivo-emocional

Se han llevado a cabo pocos estudios que estimulando el juego hayan evidenciado los efectos de programas de juego aplicados de forma sistemática en variables relacionadas con el desarrollo afectivo-emocional. No obs- tante, los realizados han obtenido resultados positivos (ver Cuadro 5).

En conclusión, se puede afirmar que el juego es un instrumento de expresión y control emo- cional fundamental en el crecimiento de la per- sonalidad del niño. Esta actividad contribuye a la integración de su personalidad, ya que los niños juegan por placer, para expresar la agre- sividad, para dominar su ansiedad, para acre- centar sus experiencias y establecer contac- tos sociales, y todo ello estimula el desarrollo de la personalidad. El juego desempeña un importante papel en el equilibrio psíquico, en el equilibrio afectivo-emocional del niño, ya que posibilita la expresión y liberación de las tensiones infantiles. La actividad lúdica infantil revela de este modo un importante papel pre- ventivo, de desarrollo y también terapéutico.

2.1.3. Inhibición del juego simbólico y