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Impacto de la cooperación y la competición en el desarrollo socio-

2. Fundamentación teórica

2.2. La conducta prosocial: definición, teorías, determinantes e impacto en el desarrollo

2.2.4. Efectos de la cooperación y la competición en el desarrollo

2.2.4.1. Impacto de la cooperación y la competición en el desarrollo socio-

socioemocional

Aunque ha sido el tema del conflicto entre grupos el que mayor atención ha obtenido por parte de los psicólogos sociales, el aspecto de la cooperación y competición, por otra parte, en estrecha relación con el conflicto, ha sido obje- to de diversos análisis (Deutsch, 1949ab, 1971, 1977; Grossack, 1954). Desde estos estudios se ha definido como situación coo- perativa aquella en la que los objetivos de los individuos participantes se relacionan de ma- nera tal, que cada uno puede alcanzar su meta si, y sólo si, los otros logran alcanzar las suyas. En cambio, se entiende por situación competi- tiva aquella en la que un individuo alcanza su objetivo si, y sólo si, los demás no logran al- canzarlos (Deutsch, 1977).

Unos experimentos realizados en el Instituto Tecnológico de Massachussets por Deutsch evidenciaron que los grupos cooperativos en comparación con los grupos competitivos: 

Mantuvieron comunicaciones más eficaces entre sus miembros, verbalizando mayor nú- mero de ideas a la vez que aceptaban en mayor medida las ideas de otros.



Mostraron una mayor coordinación y esfuer- zo, una más acentuada división del trabajo y superior productividad, a la vez que se ma- nifestó una mayor confianza tanto en las propias ideas como en el valor que los otros miembros otorgaban a esas ideas.

En uno de los estudios sobre este tema, Deutsch (1971) formuló hasta 34 hipótesis, aunque todas no fueron empíricamente verifi- cadas. Las conclusiones que obtuvo enton- ces fueron ya un anticipo, en general, de los resultados alcanzados en posteriores investi- gaciones. Se presentan a continuación algu- nas de las más significativas:



Los individuos que participan en una situa- ción cooperativa se perciben como más in- terdependientes entre sí para alcanzar sus objetivos que los sujetos en situaciones competitivas.



En los grupos cooperativos los individuos se sustituyen y ayudan entre sí en mayor medida que en los grupos competitivos. 

En situación cooperativa los sujetos satisfa- cen sus necesidades mutuas y se evalúan entre sí más positivamente que en situacio- nes competitivas.



Los individuos en grupos cooperativos alien- tan y promueven más las acciones de los otros que los sujetos de grupos competi- tivos.



Los grupos cooperativos manifiestan unas características más acentuadas que los gru- pos competitivos respecto a un amplio nú- mero de rasgos tales como coordinación de esfuerzos, subdivisión de las actividades, comprensión en las comunicaciones, pro- ductividad en unidad de tiempo...

Al final de sus trabajos Deutsch, aunque se muestra cauto respecto a la generalización de estos resultados, afirma la utilidad de estas in- vestigaciones respecto a los efectos negativos de la atmósfera competitiva en el sistema edu- cativo en general. En la misma dirección el es- tudio de Grossack (1954), con una muestra femenina de 18 estudiantes, concluyó que la cooperación era un determinante de la cohe- sión del grupo. Además, en el grupo cooperati- vo se manifestó una mayor propensión hacia la uniformidad y las comunicaciones relevantes que en las situaciones competitivas.

Sherif (1966ab), a través de diversas expe- riencias, puso de manifiesto varios efectos de la cooperación y la competición sobre dimen- siones tales como comunicación, percepción interpersonal..., confirmando:



Que mientras los procesos cooperativos se caracterizan por pautas de comunicación abiertas y honestas sobre la información rele- vante, la situación competitiva evidencia o ruptura de las comunicaciones o bien men- sajes engañosos en el grupo.



Que la cooperación, a la vez que aumenta la percepción mutua de intereses comunes, incrementa la confianza mutua, la amistad y

la disposición mutuamente favorable entre los miembros del grupo. Por el contrario, la competición produce una acentuación de las diferencias entre los sujetos, una cre- ciente desconfianza y actitudes hostiles en- tre los mismos.

En otro estudio Sherif analizó el papel de la interacción cooperativa en la reducción de conflictos intergrupos. En un experimento, Sherif et al. (1961) llevaron a un campamento experimental de verano a 22 niños, varones de 11 años de edad, repartidos en dos grupos, que acamparon en sitios diferentes, y observa- ron su conducta a lo largo de varias semanas. Las oportunidades de participar en activida- des comunes dentro de cada grupo transfor- maron las estructuras de los mismos en muy poco tiempo, y así se hicieron evidentes las jerarquías de estatus, aparecieron las normas y empezaron a manifestarse los sentimientos entre los compañeros de grupo. La actividad normativa aumentó, se pusieron nombres a los grupos, cuando accidentalmente éstos se encontraron unos con otros. Las competicio- nes atléticas fueron manipuladas con el fin de evitar que ninguno de los equipos ganara o perdiera continuamente, provocando hostili- dades entre los grupos, que potenciaron fre- cuentes peleas internas e insultos. Con el fin de reducir los conflictos intergrupos, los expe- rimentadores trataron de producir una interac- ción no programada entre los grupos, que sor- prendentemente tuvo un efecto contrario al esperado, produciéndose una intensificación del conflicto. Tan sólo redujo el conflicto una interacción cooperativa en la que todos los niños fueron requeridos para realizar tareas conjuntamente y con un objetivo común (repo- ner agua en el depósito del campamento). De este modo, se puso de manifiesto que en situación de conflicto, la interacción no pro- gramada aumentó el enfrentamiento, y que sólo cuando se introdujeron actividades para estimular la interacción cooperativa se reduje- ron los niveles de agresión entre los grupos. Estudiando el modo en que los procesos cog- nitivos influyen en las relaciones interpersona-

les, Wilder y Shapiro (1989) confirman experi- mentalmente que la expectativa de un desa- gradable encuentro competitivo con un grupo genera ansiedad, lo que disminuye la conduc- ta positiva con los miembros de ese grupo. En este trabajo se verificó que la anticipación de competición en la interacción grupal produjo más ansiedad que la anticipación de un con- tacto cooperativo. Al analizar las expectativas de cooperación y competición, y sus efec- tos en las respuestas emocionales vicarias, Lanzetta y Englis (1989) concluyeron que las expectativas de cooperación implicaron expe- riencias emocionales empáticas, mientras que las expectativas de competición promovieron contraempatía, medida a través de expresio- nes faciales, conductancia de la piel y ritmo cardíaco. De sus resultados se puede deducir que una consecuencia de la competición pue- de ser el desarrollo de la contraempatía. Gelb y Jacobson (1988), filmando parejas de estudiantes de cuarto grado compuestas por niños de distinto nivel de popularidad en el aula, cuando resolvían tareas competitivas y cooperativas, observaron que los niños impo- pulares exhibían menos conductas negativas e inmaduras en una atmósfera benigna y libre de tensión, es decir, en situación cooperativa, y sus compañeros fueron más tolerantes hacia ellos que durante la situación competitiva. Los resultados que se pusieron de manifiesto en esta investigación destacan la influencia de factores contextuales en las habilidades socia- les que exhiben los niños, y son consistentes con los encontrados en otros trabajos (Markell y Asher, 1984) que, examinando los efectos de la cooperación, han observado que los niños impopulares muestran conductas más inapropiadas con sus pares en situaciones competitivas.

Por otro lado, algunos estudios recientes (Fernández, 1998) confirman una mejora de la autoestima después de fomentar una tarea prosocial en niños provenientes de familias multiproblemáticas. La tarea prosocial consis- tió en cuidar de las cabinas telefónicas, que eran constantemente deterioradas y saquea-

das, mediante dibujos donde se pedía al públi- co que respetara estas cabinas. Una síntesis de los resultados de los estudios que han ana-

lizado los efectos de las situaciones y activida- des cooperativas puede observarse en el Cuadro 7.

CUADRO 7.EFECTOS DE LAS EXPERIENCIAS COOPERATIVAS EN EL DESARROLLO (GARAIGORDOBIL, 2003A).

Mayor cohesión grupal.

Reducción de conflictos intergrupos.

Comunicaciones intragrupo más eficaces, verbalización de más ideas, mayor aceptación de las ideas de los demás, más confianza en las ideas de los demás, mayor coordinación y esfuerzo al realizar una tarea grupal, más ayuda y superior productividad.

Menos conductas inapropiadas de los niños impopulares con sus iguales y mayor tolerancia de los compañeros hacia ellos.

La expectativa de un desagradable encuentro competitivo con un grupo genera ansiedad, que disminuye la conduc- ta positiva con los miembros. La anticipación de competi- ción en la interacción grupal produjo más ansiedad que la anticipación de un contacto cooperativo.

Las expectativas de cooperación implicaron experiencias emocionales empáticas, mientras que las expectativas de competición promovieron contraempatía.

Menos conductas negativas e inmaduras en los niños impopulares y más tolerancia de los compañeros hacia ellos en situación más cooperativa que competitiva. Mejora de la autoestima. Grossack, 1954. Sherif et al. 1961. Deutsch, 1971, 1977. Markell y Asher, 1984. Wilder y Shapiro, 1989 Lanzetta y Englis, 1989. Gelb y Jacobson, 1988. Markell y Asher, 1984. Fernández, 1998. RESULTADOS ESTUDIOS

2.2.4.2. Contribuciones del aprendizaje