He insistido en la enorme dificultad para el establecimiento de un método diagnóstico que permita integrar las bondades de los sistemas médicos tradicionales con el oficial (biomédico). El principal peligro es que la medicina dominante y académica termine por imponer un dominio sectario sobre los saberes tradicionales, lo peor que podría ocurrir es que la ignorancia terrible de políticos y legisladores conservadores, bajo la influencia etnocentrista de la ideología judeocristiana, los condujera al estableci- miento de un régimen de control autoritario sobre las prácticas tradicionales diferentes a la cultura dominante. Con todo y los riesgos, la búsqueda de un modelo integrador, democrático, y respetuoso de las minorías étnicas es cada vez más necesario, sobre todo después de que fue aprobada
3 Capítulo 6, Medicina Tradicional Mexicana, pp: 75-94, en: Guasch, Gérard; y Hinostroza, Lauro. Diagnóstico y medicina tradicional. Ocelote, México, 2005, 141 pp.
la modificación constitucional que obliga a las autoridades a aprovechar la medicina tradicional.
Tal vez no sea tan difícil integrar los sistemas terapéuticos, pero no es así respecto a la nosología y clínica propedéutica. Las concepciones nosológicas tradicionales, como sus síndromes y sintomatologías, derivan de toda una compleja y variada cosmovisión propia de cada pueblo, así mismo sus creencias etiológicas son ordinariamente muy diferentes a las de la cultura occidental dominante. El principal problema estriba en incluir o no la información clínica relacionada con las creencias populares que atribuyen causas “divinas” o “sobrenaturales” a diversas patologías. La causa sobrenatural es equivalente, en sentido práctico, al concepto idiopático (de causa oscura o desconocida) de la biomedicina, la población acude al universo metafísico de lo divino para intentar explicarse las enfermedades que no entiende, la ciencia médica hace algo similar cuando no encuentra una explicación razonable a un padecimiento, para eso simplemente emplea un término “elegante” para ocultar su ignorancia, enfermedad idiopática. La biomedicina es crítica de la medicina popular, pero condescendiente consigo misma, por considerarlas subjetivas y fuera de toda realidad, rechaza cualquier etiología “sobrenatural” o de “castigo divino”, cuando más, en el consultorio, el médico académico puede escuchar de manera respetuosa los relatos del paciente, pero se ignoran discretamente y se dejan únicamente como parte del anecdotario popular, finalmente, el médico piensa que él es el único que sabe.
Cuando otros colegas me han preguntado si yo creo en las causas “no naturales” de la enfermedad, he confesado que personalmente no creo en ninguna de esas concepciones espirituales deformadas por el folklore, o idealizaciones antropomorfas o fantásticas de las fuerzas físicas o biológicas, tampoco creo en la existencia de chamanes o curanderos con poderes paranormales; sin embargo, yo debo ejercer mi profesión sin transferir mi propia incredulidad, de tal forma que yo creo en lo chaneques,
tlaloques, alushes, o nahuales y brujos que pueden hacer
daño directo o a distancia, si mi paciente cree en ellos, creo en la existencia de cualquier entidad nosológica ideológica siempre y cuando el enfermo se sienta afectado por ella (ver mi discusión sobre realidad real y realidad virtual).
Existen al menos dos argumentos de peso para creer en la capacidad patogénica de las entidades sobrenaturales: a) si el paciente cree en ellas, significa que las tiene integradas en su alma, en su programa (software), y que existen en diferentes grados de actividad y extensión en su código ideológico, memoria, funciones y comandos psíquicos, y nadie puede dudar que estos puedan, desde la mente del
individuo, causar daños a su salud, incluso de funcionar a veces como barrera protectora en contra de las enfermedades, o curarlas mediante el efecto placebo y/o el poder de la fe; y b) superando el obstáculo de las diferencias conceptuales lingüísticas y culturales, conforme lo he venido expresando en las sinonimias difusas, detrás de los términos de alma, anímico, espiritual, seres o entes sobrenaturales, se pueden encontrar fenómenos objetivos, mesurables, y reproducibles, propios del mundo de la física, química, informática, psicología, y de la biomedicina en general.
En base a estos dos argumentos, es que considero válida la integración complementaria de la clínica y nosología tradicional, con la biomédica. En comparación con países como China e India, entre otros, México tiene un notable atraso en la integración de los dos sistemas clínicos y nosoló- gicos, eso es un defecto y una oportunidad al mismo tiempo. Es un problema ya que ha retrasado los procesos de investigación y la metodización suficientes de teorías y procedimientos de diagnóstico y tratamiento de las medicinas tradicionales y alternativas existentes en el país; es una oportunidad por que viéndolo de manera positiva, los procesos han madurado lo suficiente y México puede entrar en el proceso de integración de manera más firme, y mejor planeada, aprovechando las experiencias desarrolladas en otros lares, beneficiándose de sus acierto, al mismo tiempo que, tomando las medidas necesarias para no repetir sus errores, y defectos.
La experiencia china es de las más aleccionadoras. Desde la revolución cultural china y la divulgación masiva de la acupuntura en occidente, la discusión sobre la aplicación del método de diagnóstico tradicional y su relación con el sistema occidental, ha sido muy polémica, las cuestiones en el centro del debate han sido y lo siguen siendo: ¿se debe continuar aplicando el método tradicional de diagnóstico tal y como se especifica en los textos antiguos?, ¿se debe abandonar por completo el sistema de diagnóstico tradicional y aplicar los sistemas clínicos modernos?, ¿se debe establecer un nuevo sistema que permita conciliar el método tradicional chino y el occidental moderno?, las respuestas han creado verdaderos conflictos entre las escuelas y profesionales de la acupuntura, y no más de una vez el debate ha culminado en rencillas, a veces demasiado beligerantes, entre los exponentes más apasionados de las diferentes posiciones.
Gran parte del modelo chino es aplicable en México, ambos sistemas médicos tradicionales son depositarios de una larga y rica tradición cultural, además, tienen enormes similitudes filosóficas, clínicas y terapéuticas. El principal defecto proviene de la ideología política y filosófica que
orienta al régimen marxista revolucionario, el materialismo histórico ha excluido de los principios y programas educativos, con mayor efectividad que el liberalismo capitalista, lo relativo al alma, el espíritu, y todas aquellas creencias provenientes de la antigua tradición taoísta y budista. El materialismo, como escuela filosófica y no como concepto vulgar y simplista del apego a las cosas “materiales” (dígase dinero), ha persistido en su tendencia al abandono permanente del estudio y uso de los métodos de diagnóstico tradicionales. Los libros de medicina tradicional china que se editan profusamente y en diferentes lenguas4,
contienen cada vez menos texto sobre los conceptos taoístas del yin y yang, sobre los pulsos y su relación con los meridianos y la teoría de los cinco elementos, por decir algo de lo que se ha mutilado.
En el otro extremo, algunas escuelas de acupuntura, especialmente fuertes en Francia, España, Québec, y algunos Estados de los EUA, pugnan por una práctica ortodoxa del método de diagnóstico chino, más papistas que el papa, estas tendencias excluyen en gran medida los métodos de diagnóstico y tratamiento oxidentales. La medicina tradicional china dispone de textos antiquísimos en una escritura capaz de leerse con enorme frescura en el presente, dejando muy poco para la invención o la innovación caprichosa; por el contrario, en México disponemos de menos de trescientos documentos prehispánicos y del colonial temprano, denominados códices, con temas muy diversos y pictografías de difícil interpretación. La existencia de esa rica literatura médica china ha permitido que algunos acupuntores eruditos puedan practicar la medicina y realizar su diagnóstico, tal como se puede leer en el canon de medicina o Huangdi Nei Ching5, escrito en la época de los
Reinos Combatientes, entre el 475 a.C. y 221 d.C.
Independientemente del debate sobre las dos grandes tendencias, la práctica clínica de la medicina tradicional china ha ido cayendo en el pragmatismo, la mayoría de los médicos acupuntores han encontrado de enorme utilidad las líneas impulsadas por Beijín, las que se pueden resumir de la manera siguiente: el médico realiza el diagnóstico a la manera occidental, y cuando lo considera conveniente, aplica los puntos acupunturales según las fórmulas conocidas por su eficiencia en la larga experiencia de los terapeutas chinos.
4 Traducido a muchas lenguas y en diferentes países, el libro más difundido en occidente es el de la Academia de Medicina Tradicional China, una de las versiones conocidas en México es: Academia de Medicina Tradicional China.
Fundamentos de Acupuntura. Méndez Oteo, México, 1979, 386 pp.
5 Una versión en español es la publicada en Madrid: Hoang Ti (Emperador Amarillo). Nei King (Canon de Medicina). Las Mil y Una Ediciones, Madrid, España, 1986. Una de las versiones más conocidas en la lengua inglesa es: Cheng Xinnong (Chief editor). Chinese Acupuncture and Moxibustion. Foreign Languages Press, Beijing, China. Second Printing 1990, p. 544.
Clínica Propedéutica y Nosología
Mario Mario Rojas Alba. Tratado de Medicina Tradicional Mexicana
© Tlahui. Prohibida su reproducción total o parcial. http://www.tlahui.com/libros
896
Por otra parte, una minoría erudita de médicos acupuntores, y la mayoría de los acupuntores que no son médicos facultativos occidentales, practican de manera exclusiva los métodos de diagnóstico de la ortodoxia tradicional china. Algo similar se puede hacer en el medio institucional mexicano, el método de diagnóstico debe ser básicamente biomédico, con el auxilio complementario de algunos de los procedimientos clínicos de la medicina tradicional, por ejemplo la inspección del pulso abdominal; lo mismo se debe hacer a la hora de implementar el tratamiento y emitir el pronóstico. De ninguna manera resulta útil la disputa estéril por la supremacía de un sistema médico sobre el otro, lo importante es aprovechar su complementariedad diagnóstica, terapéutica y preventiva.