Pseudónimo: Caballero Águila Blanca Nombre Autor: Gabriel Corona Ibarra Córdoba PRIMER LUGAR EN EL CONCURSO DE CUENTO INDÍGENA TLAHUITOLE 2010
Corría el tercer año de la brutal sequia, la comida escasea- ba, el ganado estaba flaco; mientras los danzantes ejecutaban un ritual, sonaban fuerte el ruido de los huaraches, los dioses del inframundo escuchaban la plegaria.
Fue cuando el aventurero Alemán J. C. Rosenkreutz, escu-
chó de la existencia del Mara’akame14 mudo; alias el Lute. Al
que sus padres le llamaron “Juan Toci López” y sus dioses lo bautizaron como Eleuterio de la Rosa de la Cruz.
Esto despertó la llama de la curiosidad del extranjero, mo- tivándolo a recorrer el sendero fuera del pueblo; aquel pequeño atajo de terracería que lo llevaría a la cueva serpiente, donde vivía el hombre sabio.
No era cualquier Cantador, era un Nauxa15; pero vaya para-
doja: el silencio de este hombre, que sellaba sus labios por deci- sión personal. Pensar que su poder estaba en el justo momento en que al mover las manos… lograba que el viento emitiera soni- dos envolventes, que permitían visualizar los mutismos oscuros de la naturaleza.
14 Chamán, cantador, curandero.
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¡Sí!. Los elementos y espíritus cobraban elocuencia en las manos de aquel hombre.
Esos pases hipnóticos fueron los que permitieron a Ro- senkreutz escribiera en su diario; unas cuantas aventuras de Juan Toci.
“Hoy me es posible poder contar esas historias, porque el referido diario, fue la única herencia de mi padre”.
En el pequeño libro es que fueron plasmándose las aven- turas y los recovecos de una vida; en lo negro de la sangre que manaba de la vena de su pluma, esparciendo filigranas por el espacio vacío de luz, espejo de nimbos y vías paralelas.
Así las cosas. Empezare por relatarles esta Kawjtu16, lo que
se lee en las hojas viejas del diario; sobre el origen del mutismo misterioso del Lute.
La historia comienza en el justo momento en que Juan Toci López, Siendo apenas un niño; jugaba con su perra negra, la Ca- mila. El vientre abultado del animal dejaba ver que tendría a su camada en unas dos semanas. El pequeño estaba emocionado de saber que tendría muchos perritos; fue cuando el Viejo sabio del pueblo se presentó con sus padres.
De sus labios emigró el vaticinio; rumbo a los oídos del pa- dre del muchacho. Pedro vengo a decirte lo escrito en las hojas de los árboles, en las plumas del águila blanca; lo que me conta- ron los espíritus que se mecían entre las ramas.
Aquel indio robusto frunció el entrecejo, la visita de aquel viejo no era un buen augurio, la preocupación pasó por las arru- gas de su cara.
Las palabras del viejo fueron - El destino de tu hijo está sellado, será un Cantador.
Todos sabían que aquel destinado a transitar por el camino rojo, el de la magia de los ancestros; obligadamente pasaba por un ritual iniciático que consistía primero en morir para su fami- lia, los cuales obsequiaban al pueblo exequias de cinco días, con el ritmo arcaico de un réquiem místico; el banquete funerario del quinto día contaba contejuino, frijoles, tortillas, caldo; carne de venado e iguana, acompañado de un petate con cinco tortillas, un bule con agua y tres monedas de cobre; para que el elegido en- caminara sus pasos a la montaña, transmutando; platicando con los dioses, desapareciendo por cinco años; viviendo de lo que la naturaleza le prodigaba.
El niño cruzó su mirada con la del viejo, lentamente regresó para ver a Camila. La acarició; de su raso ojo izquierdo; se des- prendió una perla salada del engarce de su alma.
- No es posible, no lo permitiré, ¡Estamos en pleno siglo XX!... No, No y NO, fueron los alaridos de Pedro.
El anciano. En silencio, tocó a Juan, diciéndole antes de retirarse. Vengo por ti en 15 días, inevitablemente comenzarás tu viaje.
Esa noche la cena fue amarga, el silencio y las caras largas fueron la sobremesa; en el ambiente flotaban el coraje y la con- fusión.
Los días pasaron, las cosas se fueron calmando u olvidando poco a poco; la familia estaba más preocupada por qué comer, angustiados por llevar un dinerito extra a la casa, fue como Pe- dro aceptó algunos negocios poco recomendables.
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Las manecillas del reloj cortaban el espacio de los segun- dos, hasta acumular costales de inútiles horas.
Cuando el último ruido acompasado, anunció un trágico día de luna llena, en que se presentó el dueño, dispuesto a recoger su mercancía.
Un hombre de sombrero, alacrán de pita, bordado en la he- billa de su cinturón, dijo. A ver Pedro me estás entregando 14 paquetes y yo te dejé 20… ¿Qué pasa?
Pedro; que por ahí había guardado unos paquetes, bien es- condidos en su almiar.
- No patrón, sólo esos son lo que tengo… los que me dejó. - ¡O me dices dónde están los otros paquetes o…!
Sin más le mostró el filo del machete a tres centímetros de su rostro; entonces Pedro no supo que más decir, que hacer.
El interlocutor, descargó su furia; decapitando al padre de Juan; su madre se abalanzó para defender su familia, lo único que logró fue sentir el frio del metal; como cortaba sus carnes, arrancándole el aliento en la lucha.
Cuando el machete goteaba lágrimas escarlatas, desgarran- do el viento en dirección a Juan. Camila saltó; sus colmillos en- contraron la mano ensangrentada del perpetrador, tal fue el com- bate entre la perra fiel y el asesino, que de un tajo artero corto el vientre canino, los perritos quedaron tirados sobre la tierra, mientras sus fauces se aferraban a la yugular del matón. Ese fue el final de la batalla.
De aquella perrería sólo se salvó un hijuelo.
de llanto o de sangre; temblando lo acicaló, entonces; el miedo se apoderó de él; cuando escuchó que crujían las cosas a su alre- dedor, unos pasos se dirigían a su espacio...
- Párate, he venido por ti, hoy es el día; acompáñame. Fueron las palabras del Aojador, que regresaba por Juan. La profecía se cumplía. El pequeño solitario se encaminó hacia la casa del hechicero, abrazando a su pequeño cachorro, era lo único que le quedaba de su familia, el dolor se tornaba insoportable, sentía que el pecho le estallaría, no podía respirar, en su confusión desconocía el futuro.
Ya en la jacalito el viejo dio a tomar Nawá17 a Juan, le contó
que tenía que empezar su peregrinaje a Wiricuta, rumbo al Le- vante; justo en la orilla del mundo.
Le regaló un pequeño Imumui18, y le dijo - Escucha Toci,
el silencio de la roca en bruto; es la enseñanza más profunda, el grito más desgarrador, el niño apretó los labios, sellándolos; su mirada lo decía todo.
El Curandero comenzó a preparar la despedida, quemó ma-
cuchi19 para elevar columnas de humo a los puntos cardinales,
empezando por el este la casa Tawewiekame20, luego el norte,
oeste, sur, al centro de la tierra y por último al cielo; comunicán-
dose con tatewari21; cantando un huahui22.
Alrededor del círculo mágico que se trazó, con paso de anciano; se encendieron cuatro velas de cera cruda, una quinta
ardía fuerte al centro, sobre un rukuri23 con tejuino. Los cinco
postes de madera roja como el fuego, de Ützaj24, columnas que
sostenían el cielo, no corrían peligro alguno; habían sido reno- vados.
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Dio su primer paso; Juan se alejó del xiriki25. No estaba
solo; le acompañaba su cachorro, los espíritus, la luna y la ben- dición de su primer gran amigo.
El peregrinar iniciaba. Toci se presentaría con uno de los siete demonios, para recibir su privilegio, y poder llegar hasta
Jícuri26.
En el fondo se escuchó una voz aguardentosa “nos volvere-
mos a ver Kauymáli27 Eleuterio de la Rosa de la Cruz; recuerda
que hoy murió Juan Toci López”, el neófito de Cantador apretó
contra su pecho al perro, apresuró sus pasos, perdiéndose a lo lejos entre el breñar.
Pues el que habló; era el mismísimo Tukákame28.
Cabe señalar en esta parte de la historia, que entre las hojas del diario se encontraba un recorte, una nota periodística; en la que se leía con letras grandes amarillentas, “FAMILIA MUERE POR AJUSTE DE CUENTAS”; en letras pequeñas ”se presume
que el hijo fue secuestrado”.
17 Tejuino: bebida fermentada de maíz.
18 Piedra que representa la escalera de los Dioses. 19 Tabaco.
20 Nuestro Padre el Sol. 21 Dios del Fuego. 22 Canto Ritual esotérico. 23 Jícara.
24 Palo del Brasil. 25 Casa Adoratorio. 26 Dios del Peyote. 27 Hermano Lobo Mayor. 28 Dios de la Muerte Huichol.