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GUERRERO INMORTAL

In document Grimorio de la MUERTE (página 133-145)

Pseudónimo: Tatei Wierika Wimari TERCER LUGAR EN EL CONCURSO DE CUENTO INDÍGENA TLAHUITOLE 2010

En estas primera líneas, las cuales me resisto a escribir con la frase tan trillada: “ESTE ERA”, o aquella que dice: “ERASE

QUE SE ERA”, o en su defecto: “EN UN PAÍS MUY LEJANO”;

frases tan socorridas, pero tan europeas, lejanas a la costumbre, porque este cuento no es cuento, podría decir que es una “LE-

YENDA”, pero me niego a referirme de esa manera, dado que lo

que les voy a narrar es la historia que me tocó vivir por los años 1400 o 1500 aproximadamente, en ese orden de ideas tampoco es la elucubración de una mente desquiciada que quisiera tocar por un momento los más fríos bordes de la realidad, o los más locos símbolos de lo onírico. Entonces la suma de las leyendas adminiculadas a la historia da como resultado la mitología de un pueblo, de mi pueblo.

Por lo tanto, respecto a lo que se sucedió en aquel tiempo, les comentare un pasaje mitológico:

Fue una noche profunda, inmensa y aterradora, trasiega ba- talla de poder.

El día se había presentado eterno, el Sol renunciaba ante la luna; lentamente. El cielo se encendía de bermejos, rojos y naranjas destellantes, entre montañas verdes, nubes blancas y azules, que se entretejían allende el horizonte, en las postrime-

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rías del mundo material. Aparece un millardo de chispas en el firmamento, despidiendo a su hermano mayor, al incandescente Señor de las saetas fulgurante, en su éxodo al inframundo, al lu- gar de los esqueléticos. El chaman águila bicéfala, todo cubierto de insignias mágicas, se preparaba para recibir los misterios de la oscuridad.

La multitud danzaba, las flamas se reflejaban en las pieles rayadas con las pinturas mágicas de una ceremonia antigua.

Gargantas de una raza cobriza, bocas que gritaban enarde- cidas, con alaridos que se elevaban cual oraciones, sus cuerpos borrados los ocultaban de una muerte macabra.

El arcano carente de nombre visitaría aquel paraje, seguido de los perros pelones, una pequeña perra blanca, y un guerrero de mil castas, perro altivo y negro.

En el centro de aquel círculo mágico, un indio airoso, mar- cado con los tatuajes del tiempo, líneas agrestes que se hunden en lo árido de su rostro, eleva sus pequeñas varas de poder, cu- biertas de coloridos hilos de vida y plumas que disipan los desti- nos y elevan las plegarias entre silfos, todo bajo las percusiones en son de guerra, gallardo enfrenta a los espíritus de las sombras.

En un rito que palpita en lo profundo del corazón del indio. Que en sus movimientos arrítmicos presentan es su cosmovi- sión: el pasado, presente y futuro. Observa cómo sus altares van siendo destruidos por seres cuadrúpedos, barbados del color áu- rico del sol, mientras entre las llamas abrasadoras se consumen los secretos entre los aullidos de dolor de sus amigos venerables sacerdotes ancianos, y van quedando sus costumbres cubiertas

entre cenizas y huesos de sus muertos, puñados de tierra y en el extremo de las depredaciones; bajo miles de granos cristalinos blancos, cual lágrimas coaguladas de un mar de olvido caótico.

El anciano no comprende lo que sucede, limpia sus ojos queriendo saber que está sucediendo, canta, entona los sonidos ocultos de la naturaleza, los que aprendió de dioses y ancestros.

Busca las respuestas entre las cenizas y las ascuas, revisa el augur de las estrellas, escucha los murmullos de los arboles, entre los silencios de sus muertos, se adentra en el sendero de su corazón, caminando por los ofídicos trazos de una antigua ciencia.

Águila bicéfala, pregunta entre los mundos, el hombre se desvanece entre lo efímero de la muerte, infante inocente que es elegido por el “Poder”, epígono de las enseñanzas de Los Abuelos el fuego, el mar, la lluvia, la tierra y el sol.

Recuerdo bien que sacó del morral una cantidad prodiga de macuche y de hícuri.

Quemó el macuche para que sus plegarias viajaran en lo alto envueltas en el humo, mientras los seres tenebrosos fueron cegados. La profecía debía ser clara.

Comió más peyote, el diálogo divino se estaba tornando algo complicado.

Clavó la mirada en la bella primigravida, que lo consultaba sobre el nombre que le pondría a su hijo.

- Muchacha, te veo y te veo, eres sólo una mujer, solo un embarazo, y solo un hombre toma tu mano, mientras te ofrece tejuino. ¿Quién eres?

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La mujer con los ojos rasos le dijo - por favor apúrese, quie- ro saber el nombre que deberá llevar mi hijo, por favor; es que ya va a nacer.

- Aquí mismo está mi abuelito el Dios Sol, que habló con voz fuerte, sonido que tronó como un rayo en el cerro, poderío que hasta los sordos escucharon.

Y me dijo que en una tarde, cuando el viento mecía los eter- nos verdes de la sierra, te tomó entre sus brazos, disfrutando de las mieles de tu inocencia, dejando en lo profundo de tu cuerpo joven, la semilla de su existencia.

Por otro lado aquí se encuentra un espíritu, que me dijo, al oído izquierdo, que él fue tu anterior esposo, que te preñó, pero que el hombre que hoy esta a tu lado, lo mató, para poder casarse contigo. Aun que por el amor, luchó fieramente por aferrarse a la vida, pero danzado su última danza ante la poderosa energía que a todos los seres vivos nos arranca violentamente de este mundo.

Asimismo veo al hombre que te cuida, que él ve tu vientre con un amor que sólo un padre puede profesar por el no nato.

Efectivamente, aquel ser; estaba destinado a ser un gran hombre, tenía la gracia divina de contar con tres padre. Y yo Majakuagy señor del imperio de hicuripa, No podía faltar al na- cimiento de un inmortal, aquel que tendrá el don de profecía, aquel que podrá decir el porvenir de los simples mortales.

El chaman continuo hablando - No veo a un niño, veo un guerrero, un gobernante, un ¡REY!, que dirige los designios di- vinos de su pueblo aun cuando su cuerpo no son más que un montón de huesos blanqueados al tiempo, que sigue acumulando

victorias, en el ocaso de sus cenizas, y que su nacimiento es el de una tierra, de una población, de su gente, egida de un ejército inconquistable, indómito y rebelde.

En eso la comadrona, anciana sabia y conocedora de la na- turaleza, se dio cuenta que ésa noche caería una gran tormenta de rayos y centellas, que los hombres temblarían ante el poder de los dioses, dando como resultado el nacimiento del niño.

La paz de las danzas ceremoniales fue rota por un relámpa- go, que iluminó las lágrimas que corrían por las mejillas de la madre, mientras estremecía los nervios del venerable anciano. La lluvia se precipitó como por mandato divino, el diluvio pa- recía ser el vaticinio, desde el primer momento inundo los alre- dedores.

Las mujeres jóvenes se pusieron a rezar, mientras la partera con cinco féminas entradas en años se dispusieron acompañar en aquel acontecimiento cósmico, Los gritos de dolor eran velados, ennegrecidos por los truenos, mientras la madre tierra dejaba oír su palpitar con el golpe rítmico de gorgoteo de la lluvia.

Aquella hermosa flor de renovaciones, efímera belleza entre dos eternidades, limite carnal entre los mundos, luchaba dispues- ta a todo, con tal de traer un pequeña vida, en medio de grandes dolores, sólo pensaba en darle al mundo a su primogénito.

Cuando las primeras flechas flamígeras asomaron por entre los negros eternos de la noche, sólo para desintegrarla, mientras las últimas aguas se derramaban desde lo alto del cielo. Iluminó la bóveda celeste un gran número de relámpagos, como nunca antes se había humano alguno había tenido la oportunidad de

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presenciar, el sonido que acompaña al potente trueno anunció el nacimiento del niño; mientras cuatro águilas se posaban en cada uno de los puntos cardinales, un águila de plumas doradas volaba en torno al recién nacido, alucinando a los danzantes con los destellos de sus alas.

El chaman, hombre sabio y viejo, dio por fin con la respues- ta del nombre de aquel chamaco, su mente se iluminó de súbito, y empezó a relatar la costumbre:

- Todo en el universo está vivo, late el corazón del cosmos en la mano de tata sol, no hay nada muerto en el mundo, todo es verde, las flores eclosionan, las aves conmueven el cielo en- tre sus alas, el fuego chisporrotea lamiendo el horizonte. Los mortales creen que los muertos están muertos; pero están mucho más vivos que antes, mientras danzan y cantas las glorias del ser inmortal que pronto caminara por el canal húmedo de la vida.

Se encontraban presentes todos los dioses, hasta los del in- framundo, cada uno dispuesto a otorgan su don al que nacería.

Continuó rezando la tradición el venerable anciano - tú serás un gran hombre, de mayor estatura de los que te quieran conquistar, tu alma volara en las alas de del lucero del alba, tra- montándote por las ramas del árbol cósmico, caminaras con la frente en alto, porque perteneces al linaje de gobernantes de los totanis, esto será; palmo a palmo de los abuelos del fuego, cola de venado y nuestro padre.

Y sabiendo que “El que es dueño de su pan, es dueño de

su conciencia”, guiaras a tu pueblo por las sendas de lo omni-

Por eso tu nombre será ¡NAYERI!

Dicho el nombre del niño, el cielo se cubrió de un silencio sacramental, y sólo el primer llanto del niño logró arrancar una lágrima de tinta sangre a los dioses, la grandeza de un reino se estaba escribiendo en los fastos de la historia.

TEPICQUE

Aquella noche el mensajero celestial empezó su recorrido atreves de las estrellas.

Avisando que la reunión de los dioses sería en un paraje hermoso, verde, lleno de luz, el ombligo del planeta tierra.

Tal fue el alboroto que todos dijeron: Vamos a Tepic, aquel pequeño lugar creado por Dios.

Otro lo corrigió y le dijo:

- Nada, nada será un TEPEC, cuando estemos todos los dio- ses reunidos, un lugar de mucha gente.

Otro de los dioses gritó desde el fondo del universo y dijo: - Estás equivocado, ahí haremos la masa para crear el pri- mer hombre, por eso será el lugar del maíz.

Una más que escuchaba, un dios de esos muy serios, que se toman todas las cosas a pecho, con una voz cacofónica, pero solemne, les dijo:

- Vamos al lugar para conocerlo, entonces los cometas po- blaron el cielo.

La infinitud del firmamento se vio ahogada en innumerables colas de papagayos diamantinos; que formaban un enrejado en el cielo, entramado de luces, que anunciaban la grandeza de un advenimiento.

Las plantas de los seres primigenios se posaron sobre la tie- rra de Xalisco, y al contacto con sus plantas el suelo se empezó

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a calcinar, la tierra transmutaba en una lava incandescente de un rojo color, tan sólo para que al momento que su pie dejaba el espacio limitado de su huella, quedara en su lugar, un montón de piedras blancas y livianas, paso a paso los dioses se fueron reuniendo alrededor de TEPIQUE, sentándose en los cerros del rededor, y uno gritó, -este es un lugar entre cerros, vean al centro esta una piedra de basalto llorón.

Cuando dijo esto último, apareció entre truenos y centellas, el Dios de Dioses, poso con lentitud inefable sus pies en aquel lugar, con yerbas que traía en su morral, marco una cruz, en el justo lugar donde pondría una gran piedra que cayó del cielo, aun en vuelo e hirviendo por el roce con la atmosfera, la tomó con su mano derecha, la llevó hacia su rostro en un arrebato di- vinal, y con la fuerza de los mares, sopló sobre aquel basamento hasta enfriarlo, ya maciza la roca, la colocó en el centro de la cruz, y con sus manos, que no son las manos de cualquier mortal, comenzó a devastar aquella roca, con la maestría del artífice de mil vidas, le dio la forma que sólo él podía darle, entonces sin más, volteó y barrió con su mirada los alrededores, y dijo, con una voz que no es de este mundo:

- Desde hoy este será el lugar donde Dios devastara la pie- dra fundamental de todas sus obras, por eso la llamare Tepic.

Dicho esto, el aire se volvió más denso que de costumbre, apareciendo una niebla espesa, y en el horizonte, por los cielos se dibujaron las serpientes, los dioses se volvieron invisibles y la piedra que Dios tuviera entre sus manos transmutó por artes de la alquimia celestial en una pareja de mortales…

Información adicional: TEPIC. Tepi-c.

De c, sinónimo de co, en, y tepic, verbal de pretérito en pa- siva, criar Dios algo. Lo criado por Dios, lo formado por Dios, hechura de Dios, cosa hecha por Dios; la Ciudad de Tepic.

TEPEC -TEPIC. Tepe-k. Tepek-cerro K lugar.

TEPEC TEPICQUE TEPIC. “En la piedra dura o entre mu- cha gente” (Traduce Fortino Ibarra de Anda). “Ripio, piedreci- llas o pequeño, insignificante o piedra maciza” (expresa Eufe- mio Mendoza) “El nombre primitivo de esta ciudad, debió ser TEPEC que significa lugar muy poblado, sin embargo otros au- tores dan la etimología de “lugar de maíz” (dice Alberto Leduc).

TEPIC Tepelli (?) Tepito (?)

Geográficamente En el primer caso mpio piedrecillas. Etim. Tetl piedra, picilloa devastar, achicar. En el segundo, pequeño insignificante; quizá sea tepicqui piedra maciza. Etim. Tetl pie- dra, picqui cosa maciza.

Ahora bien tenemos que en diversas palabras compuestas en lengua náhuatl, nos encontramos con ciertas formas lingüís- ticas que tienen contextos discursivos definidos, pero en el más de los casos son discursos abstractos. Dichas formas han sido nombradas de diversas maneras: parábolas; metáforas, entre mu- chas. Con la relación verbal y conceptual de dos o más signos, conceptos o imágenes cuyo significado no se construye por sus individualidades o a través de la suma de sus partes; sino que re- miten a un significado más incluyente. Básicamente son abstrac-

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ciones conceptuales, con significados semióticos más allá de las simples palabras que los componen, de ahí tenemos lo siguiente:

Fuego: tletl Dios: teotl Piedra: tetl C-> co: en Ic: para que

Piciltli: devastando Picilli: devastado

Picqui: piedra maciza o fundamental

Por lo que el de la voz llega a la siguiente afirmación: De la conjugación abstracta tenemos que TEPIC, TE (1, 2, 3); PIC (6, 7, 8); IC (4, 5): se definiría como:

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