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EL MISTERIO ABSOLUTO Y SUS APARENTES CUALIDADES

In document Jesús y la Diosa Perdida (Freke (página 61-63)

CONÓCETE A TI MISMO

EL MISTERIO ABSOLUTO Y SUS APARENTES CUALIDADES

Nuestra identidad esencial compartida es un Misterio inefable. No es un misterio relativo que algún día puede llegar a resolverse. Es un Misterio por propia naturaleza. El «Misterio de Dios», citando a Pablo, es el Misterio absoluto. Los gnósticos representan el Misterio como un punto porque, por definición, un punto no tiene dimensión. No tiene características en sí mismo. Sólo podemos decir que es el «centro» con relación al círculo que se forma a partir de él. De igual modo, el «punto indivisible» que representa la conciencia única de Dios no tiene características propias. Sólo podemos llamarlo «conciencia» con relación a la psique, porque en sí misma es la deslumbrante oscuridad.

A pesar de ello, los gnósticos suelen hablar del Misterio absoluto como si tuviera cualidades. Además de «conciencia» lo llaman «lo Único». Los platónicos lo describen como <do Bueno, lo Bello y lo Verdadero». Valentín lo llama «Amor». Cuando estos místicos cuentan sus experiencias de despertar espiritual, no narran un frío encuentro con lo incomprensible e incalificable, sino que relatan una revelación extática de una unidad que todo lo consume y una compasión que todo lo abarca.

Podemos entender que lo esencialmente inefable parezca tener cualidades si pensamos en cuando nos despertamos de un profundo sueño. Podemos decir que la experiencia del sueño profundo ha sido deliciosa y tranquila, o describirla como un vacío en el que no tenemos una existencia individual. Pero mientras estamos en el sueño profundo, no tenemos ninguna experiencia de sueño profundo. No somos conscientes de esas cualidades, porque estamos

inconscientes. El sueño profundo en sí mismo es un misterio absoluto, pero desde la perspectiva consciente podemos decir que, al relacionarlo con el mundo en el que estamos despiertos, parece tener algunas cualidades.

Del mismo modo, el misterio en sí mismo, como un punto, no tiene descripción posible. Pero desde la perspectiva humana, desde la circunferencia del círculo del yo, el misterio aparece como nuestro centro. En relación con nuestra experiencia, aparece como conciencia. En relación con nuestra existencia como seres individuales, aparece como lo único. En relación con nuestros deseos, aparece como el bien al que, sabiéndolo o no, todos aspiramos. En relación con nuestros sentimientos de felicidad y tristeza, aparece como el éxtasis perfecto. En relación con nuestra experiencia de rechazo o aceptación, aparece como amor incondicional. En relación con nuestros sentimientos de atracción o repulsión, aparece como belleza incomparable. En relación con nuestros estados de confusión y claridad, aparece como la verdad simple.

Nuestra naturaleza esencial, la que hemos descrito utilizando el lenguaje de la psicología como «conciencia» y el de la teología como «Dios», también puede describirse en el lenguaje de la filosofía como la «unidad» o en el de la ética como «bondad», o emocionalmente como «amor», o estéticamente como «belleza», etc. Pero cuando vamos más allá de todas esas descripciones necesariamente inadecuadas, sólo podemos decir con certeza que en el corazón de cada uno de nosotros reside el mismo misterio. Tal como afirma Plotino, «Todas las conciencias son los diversos miembros de Eso».

Encarnación

La psique contiene un espectro de experiencia, desde las ideas enrarecidas de cerca del centro del círculo del yo a las sensaciones concretas del borde de la circunferencia. Ahí, los radios que han emanado del centro común se enfrentan entre ellos como seres aparentemente individuales. En ese momento, el sueño privado que constituye cada radio se convierte en un sueño compartido al que llamamos «mundo», en el que parecemos existir como cuerpos físicos independientes. Antes de «nacer» como un cuerpo físico, existimos como conciencia y psique, tal como hacemos en sueños antes de despertar por la mañana. Cuando nacemos, igual que cuando nos despertamos, manifestamos el nivel más denso de nuestra psique. Plotino enseña:

«La experiencia que denominamos nacimiento es la manifestación de la fase inferior de la psique que conocemos como cuerpo físico»

Como recién nacidos, no sabemos quiénes somos. Por tanto, empezamos a concebimos tal como todo el mundo dice que somos: un cuerpo visible. Nos identificamos tal como aparecemos ante los demás, y no tal como somos. Los gnósticos denominan eidolon a nuestra identidad aparente. Eidolon significa «imagen» y, como un reflejo en un espejo, es lo que parece que somos, pero

no lo que somos realmente. En la jerga espiritual modema el eidolon es el «ego». En el texto cristiano Pistis Sofía, se denomina la «falsa conciencia»Y

Basílides la llama «psique parasítica». Plotino habla del «intruso». Nuestra palabra «idea» -una imagen de la mente- proviene de la misma raíz que

eidolon. El eidolon corresponde a la idea de «yo soy el cuerpo». Nosotros nos hemos identificado con esta idea, y no con la conciencia de la que surge la idea. Hemos confundido la imagen con la esencia.

He ahí la tragicomedia de la condición humana. Todos somos Dios, pero la mayoría de nosotros nos concebimos como personas sin valor. Nos hemos identificado completamente con el cuerpo que parece que somos en la circunferencia del círculo del yo y no somos conscientes de nuestra naturaleza esencial como conciencia del centro. Cuando nos identificamos con el cuerpo, tratamos de gratificar y proteger a la persona concreta que erróneamente creemos ser. Buscamos lo bueno para este limitado concepto de quiénes somos, sin importamos las consecuencias que tendrá para los demás y para la unidad. Así, la presencia sabia, amorosa e impersonal que es el misterio de Dios se convierte en una persona ignorante, egoísta e individual.

El camino gnóstico para conocerse a sí mismo consiste en descubrir que el

eidolon no es nuestro verdadero yo, e ir tomando conciencia de nuestra naturaleza esencial como conciencia. Se puede concebir como el proceso de ir moviendo nuestro punto de identificación de la circunferencia del círculo del yo por el radio hasta el centro, y damos cuenta de que somos lo que siempre hemos sido: conciencia. Los gnósticos dicen que es un viaje de muchas vidas. Así como cada noche nos vamos a dormir y nos despertamos con las baterías cargadas al día siguiente, al final de una vida, morimos y nos reencarnamos, manifestándonos como un cuerpo nuevo en el mundo, más sabio por nuestra experiencia previa. De este modo, vida a vida, vamos avanzando progresivamente por el camino de la realización.

In document Jesús y la Diosa Perdida (Freke (página 61-63)