LA CONCIENCIA CONCIBE EL COSMOS
EL MISTERIO MANIFIESTO
Los mitos de origen paganos y cristianos imaginan a Dios como una Gran Mente que piensa, o imagina, o articula, o sueña el cosmos para hacerlo existir. El maestro cristiano Ptolomeo describe el primer acontecimiento del origen del cosmos como la «tranquilidad» del «Padre original», que el Libro secreto de Juan describe como «conciencia pura e inconmensurable», que se agita para dar lugar a un «pensamiento».
La conciencia es el concepto fundamental de la metafísica gnóstica, ya que es el prerrequisito de la existencia. Podemos entenderlo a partir de nuestra propia experiencia directa, ya que, si no fuéramos conscientes, para nosotros no existiría nada, ni nosotros mismos. Con todo, la fuente última de todo no puede ser la conciencia, puesto que antes de que piense el primer pensamiento, la conciencia no ha de ser consciente de nada, es decir, es inconsciente. Plotino explica:
«La conciencia es siempre inseparable de aquello de lo que es consciente. Elimina el objeto de conciencia y la conciencia desaparecerá con él. Así pues, lo que buscamos no puede ser la conciencia, sino algo que rechace la dualidad inherente a ella. Algo anterior a la dualidad ha de ser algo que vaya más allá de la conciencia».
Si la conciencia surge con su objeto, no puede ser la fuente última. Plotino pregunta: «¿Quién ha engendrado un hijo como la "conciencia"?».
No hay respuesta a esta pregunta. La fuente última de todo es el misterio absoluto. Como proviene de la conciencia, no es algo de lo que podamos ser conscientes. Por lo tanto, es prácticamente inconocible. Los gnósticos no están seguros de si es sabio utilizar la palabra «Dios» para nombrar el misterio. El libro secreto de Juan explica: «No está bien pensar en ello como en divino o algo por el estilo, ya que es superior a Dios». Dionisos escribe:
«Si queremos comprender realmente a Dios hemos de ir más allá de todos los nombres y atributos. Es al mismo tiempo Dios y no-Dios».
Dionisos intenta ir más allá del Misterio inefable con frases ininteligibles como «conciencia más allá de la conciencia» y «la oscuridad resplandeciente». Plotino nos advierte que deberíamos añadir «cómo era» a cada descripción que intentemos hacer del misterio. «En rigor, ni siquiera deberíamos decir que
existe», explica. Lo que existe, lo hace sólo en la conciencia, así que lo que es antes que la conciencia es lo que Plotino denomina «el misterio más allá de la existencia».
Como el Misterio existe antes que la dualidad de conocedor y conocido, los antiguos lo llaman el Uno. Los egipcios hablan de «el Uno no diferenciado». Sus herederos espirituales, los cristianos originales, hablan en el Tratado tripartito del «uno incambiable, incomprensible, inefable, inconcebible». Plotino explica:
«El Uno no es una cosa, ni una cualidad, ni una cantidad. Tampoco es conciencia ni psique. No es ni moverse ni quedarse quieto. Ni está en el lugar ni en el tiempo».
Con todo, incluso pensar en el misterio como el Uno es erróneo, ya que también es la Nada. Resulta imposible de conceptualizar. Basílides explica que ni siquiera deberíamos llamarlo «el Misterio», ya que «eso es hacer una afirmación» sobre lo que está «más allá de toda descripción». Utilizando el lenguaje que recuerda a los Upanishads hindúes, sobre los que escribió un tratado, habla simplemente de «LO QUE HAY más allá de la existencia».
Plotino pregunta: «¿Cuál es el principio que mejor se define como "indefinible"?». Nos explica que para responder a esa pregunta hemos de negar cualquier concepto que tengamos de ello y después ¡negar también la negación! Como explica Dionisos, «Está más allá de todas las limitaciones y también más allá de todas las negaciones».
En un intento de describir este misterio indescriptible que está (iY no está!) antes del comienzo, Basílides escribe:
«No existía nada. Ni siquiera la nada. La verdad, desnuda de opinión y conceptualización, es que ni siquiera había el Uno. Y cuando digo "había", no digo que nada fuera. Cuando utilizo la expresión "No había absolutamente nada" estoy dando una pista sobre lo que intento decir. Nada era. Ni algo ni la ausencia de algo. Ni el Uno. Ni la imposibilidad de complejidad. Ni lo imperceptible ni lo inconcebible. Ni el hombre ni el ángel ni Dios. En resumen, no había nada para lo que los seres humanos hayan encontrado un nombre jamás».
¿Resulta confuso? ¿Se capta la no-idea con la que los gnósticos intentan liberamos de nuestra cárcel conceptual? Bueno, en la mitología gnóstica, el proceso de creación empieza cuando este Gran Misterio desea, como fue el caso, autoconocimiento.
Dios y diosa
La narrativa básica subyacente al mito del origen empieza así. El misterio es la oscuridad resplandeciente de la conciencia, consciente de nada. Para ser consciente de él mismo, se hace a la vez sujeto y objeto. Como explica Simón el Mago, el .misterio «se manifestó para sí mismo desde sí mismo Y así pasó a un estado de dualidad». Lo inconocible se conoce a sí mismo manifestándose como el conocedor y lo conocido. El mirón y lo mirado. El testigo y la experiencia. La conciencia y la psique. El espíritu y el alma.
Éstas son maneras diferentes de describir lo que los cristianos originales denominan «primera sicigia». La palabra «sicigia» significa «conjunción». Una sicigia es una cosa en dos estados, una pareja de conceptos que surgen simultáneamente. La sicigia original es el arquetipo de todas las dualidades subsecuentes de los opuestos complementarios aunque irreconciliables.
Los antiguos representaban mitológicamente esta dualidad fundamental como Dios-diosa. Cuando el misterio se mira a sí mismo, Dios mira a la diosa.
Zostrianos llama a la diosa cristiana Sofía «la introspección de Dios». Según la
Sofía de Salomón, Sofía es un «reflejo» de Dios, una «imagen» de Dios, un «espejo del poder activo de Dios». Ella es la psique de Dios, la apariencia de su esencia.
El misterio y la sicigia original Dios-diosa forman una trinidad mítica. La idea del misterio en tres aspectos se remonta al antiguo Egipto. Plotino lo conoce como «la Trinidad de Platón», que es el Uno, conciencia y psique. Los cristianos con frecuencia antropomorfizan el misterio como el «Padre» y la conciencia como el «Hijo», creando así la «Santísima Trinidad» de Padre, Hijo y Sofía. Valentín fue autor de un tratado, perdido en la actualidad, titulado
Sobre las tres naturalezas, en el que se decía que había sido el primer cristiano en desarrollar una teología basada en la trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la que el Espíritu Santo representa a la diosa.
La tendencia cristiana de poner género al misterio puede confundir, ya que el misterio está específicamente más allá de ese tipo de dualidades. Sin embargo, los cristianos ponen énfasis en que el «Padre» no es realmente varón. Marcos describe el misterio como «el Padre que es inconcebible y está más allá del ser, sea hombre o mujer». Simón el Mago habla de una Unidad bisexual «que se genera a sí misma, se hace crecer, se busca, se encuentra, es su propia madre, su propio padre, su propia hermana, su propia esposa, su propia hija, su propio hijo». En Trimorphic Protennoia, texto cristiano, una voz divina anuncia: «Soy andrógina. Soy tanto Madre como Padre, ya que copulo conmigo misma».
El Uno y los Muchos
En la versión del mito del origen de Simón el Mago, de la inefable Fuerza Silenciosa (el misterio) emanan la Gran Fuerza (Dios) y el Gran Pensamiento (la diosa). Simón dice:
«Existen dos emanaciones, sin principio ni fin, que surgen de una raíz, que la fuerza silenciosa, inaprensible e invisible. Una de ellas aparece de arriba y es de naturaleza masculina. Es la Gran Fuerza, la conciencia universal que ordena todas las cosas. La otra aparece de abajo y es de naturaleza femenina. Es el gran pensamiento que produce todas las cosas».
Los gnósticos enseñan: «Al principio, todo existía de forma inconsciente en el Uno», después «la conciencia lo agitó y ordenó». En un intento de figurarse su esencia inimaginablemente misteriosa, la conciencia (gran fuerza) se imagina a sí misma como una matriz conceptual infinitamente compleja (gran pensamiento), que modela el inefable potencial del «Uno no diferenciado» (misterio) para darle la apariencia de un «cosmos», lo cual significa «orden bello». La Unicidad esencial se manifiesta como la multiplicidad aparente del universo.
Dios Diosa
Esencia del Misterio Mente
Potencial
Conciencia Inefable Unicidad
Apariencia del Misterio Pensamiento
Manifestación Cosmos Psicofísico Multiplicidad
Paradójicamente, cuando la oscuridad resplandeciente del misterio surge como sicigia original conciencia-psique, simultáneamente se percata de la Gnosis y cae en un estado de ignorancia. En tanto que conciencia conoce su Yo, pero en tanto que psique se identifica con sus muchas imágenes de sí misma. Cuando la conciencia se objetiviza como psique, a la fuerza percibe sólo sus ideas de ella misma. A la conciencia inefable le resulta imposible figurarse su naturaleza esencial. Sólo puede ver lo que imagina que es. Al manifestarse, oscurece su propia naturaleza, que es el misterio absoluto. No puede objetivizarse como es, ya que es pura subjetividad. La psique es subjetividad que se confunde con un objeto. Es mente que piensa que es una cosa.
Utilizando la analogía de Simón el Mago sobre el círculo del yo que ya hemos analizado antes, podemos imaginar el misterio como el vacío en el que surge la conciencia como centro. Del centro de la conciencia emana el círculo de la psique, que se manifiesta como la variedad inconmensurable del cosmos, representada por el número infinito de puntos de la circunferencia. Cuando la conciencia inefable del centro es testigo de su multitud de formas, se identifica con cada imagen o eidolon. Así pues, el centro se aparece como muchos
individuos separados en la circunferencia. La conciencia tiene el sueño del cosmos y se identifica con todos los personajes diferentes del sueño.
La diosa es la psique universal que parece ser muchas psiques individuales. Es la unicidad que parece multiplicidad. Podemos entender estas enseñanzas imaginando el misterio como un océano insondable de potencialidad. Cuando está en calma, ese océano es un todo transparente y no diferenciado. Esto equivale a la calma del sueño profundo, en el que la conciencia no tiene objeto y es, por lo tanto, inconsciente. Cuando la conciencia se agita, la superficie se ondula. Hay «movimiento en la cara de lo profundo». Esta agitación de la superficie representa la psique. Plotino explica: «La conciencia es continuamente ella. Con movimiento en su interior, estamos en el reino de la psique». En el Evangelio de Tomás, Jesús nombra la sicigia original «calma y movimiento». La conciencia puede estar en calma o en movimiento. La psique (conciencia-en-movimiento) puede, a su vez, entenderse de dos maneras: como la superficie en movimiento de un mar o como número infinito de olas individuales. La superficie de las aguas en movimiento representa la psique universal. Las psiques individuales son las olas individuales. Nosotros somos movimientos únicos en las profundidades calmas compartidas de la conciencia.
Centro: una conciencia
Radios: muchas psiques dentro de la psique universal
Circunferencia: muchos cuerpos físicos dentro de un cuerpo físico del cosmos