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UNA ALEGORÍA DE INICIACIÓN

In document Jesús y la Diosa Perdida (Freke (página 77-81)

LA DIOSA PERDIDA

UNA ALEGORÍA DE INICIACIÓN

La caída de Sofía, el arrepentimiento, la redención y el matrimonio representan los estados de conciencia hylico, psíquico, pneumático y gnóstico.

El estado hylico

El mito empieza con Sofía virgen viviendo con su Padre. Esto representa a la psique prístina unida a la conciencia, antes del proceso de encarnación física. Después Sofía se escapa de casa y experimenta varios infortunios, simbolizando el nacimiento de la psique como cuerpo en el mundo, y el sufrimiento inherente al estado corporal. Sin ser consciente de su verdadera naturaleza, permite que se aprovechen de ella. Busca el amor en lugares equivocados, convirtiéndose en una prostituta que vende sexo por dinero. Aunque desea el amor verdadero, vive con los falsos novios, que representan el ego, y tiene demasiado miedo para huir. Finalmente, la abandonan como a una viuda y se queda sola con sus niños endebles, que representan sus malos pensamientos egoístas. Como dice el Salmo naaseno, «Acorralada por el mal, no sabe cómo salir. Perdida, ha entrado en un laberinto». Esto representa la confusión y el miedo del estado hylico de la inconsciencia espiritual.

La iniciación psíquica

En este punto, el Padre de Sofía va a visitarla y ella experimenta la metanoia,

un cambio de corazón, el arrepentimiento. Esto representa un punto de inflexión en el viaje de iniciación. Cuado todo parece perdido, de repente siente la presencia divina, se arrepiente de haberse portado mal y pide ayuda. El texto

comenta:

"Mientras la psique va por ahí copulando con todo el que encuentra y deshonrándose, sufre su propio desierto. Pero cuando se da cuenta del apuro en el que se encuentra y llora ante el Padre, arrepintiéndose, el Padre se apiada de ella. Hace que el vientre de la mujer vuelva hacia dentro para que la psique recupere su verdadera naturaleza. Cuando el vientre de la psique vuelve adentro, recibe el bautismo. Queda inmediatamente limpio de toda contaminación externa, tal como la ropa sucia se mete en el agua y se frota hasta que se quita la suciedad y queda limpia. La limpieza a la que se somete la psique la lleva a recuperar de nuevo su naturaleza anterior. Ése es su bautismo».

Esta fase de la historia representa la iniciación psíquica de la purificación, simbolizada con el bautismo. En la fábula, Sofía deja de prostituirse y elimina los olores de los que la han deshonrado. La inversión del vientre simboliza el fin de las preocupaciones de los iniciados por sus deseos corporales externos, y el inicio del trabajo en su yo interior para purificarse del egotismo.

La iniciación pneumática

Sofía desea dar a luz algo bueno, pero no puede hacerla sola. Necesita descubrir el amor verdadero, que está en su hermano Cristo. Del mismo modo, el iniciado desea ser una persona buena, pero sólo puede conseguido conociendo su identidad esencial, que es la propia bondad. Como Sofía, que se preparó para su novio con perfumes dulces, los iniciados practican la bondad, esperando la aprehensión del Bien. Sin embargo, se produce un período de duda y ansiedad. Sofía ha estado tanto tiempo fuera de la casa de su Padre que no se acuerda del hermano-amante al que espera. Aun así, la espera la consume y hasta sueña con su amante cada noche. En este momento, los iniciados también se encuentran llenos de dudas y ansiedad. Aunque están esperando ávidamente una revelación de su verdadera naturaleza, no saben exactamente de qué se trata.

Cuando Sofía está finalmente lista, llega su amante y entonces ella se da cuenta de que debe abandonar a todos sus amantes anteriores, consagrándose a su verdadero rey. Esto representa la iniciación pneumática, en la que los iniciados dejan de identificarse con el ego y sus demandas para centrarse en su verdadera naturaleza como conciencia, simbolizada por el rey o Cristo.

El matrimonio místico

El mito de Sofía llega al clímax cuando el novio y la novia hacen el amor, uniéndose en uno solo con un matrimonio místico. Esta imagen es un motivo mitológico importante para los primeros cristianos, porque representa la aprehensión de la Gnosis.

El viaje para despertar es un proceso de expansión de nuestra conciencia desde el cuerpo situado en la circunferencia del círculo del yo hasta el centro de la conciencia, pasando por el radio de la psique. Tal como apunta Plotino:

«En los estados avanzados de contemplación, que van del cuerpo a la psique y a la conciencia, el objeto contemplado se convierte en una posesión cada vez más íntima para el que lo contempla. Cuando alcanzamos la propia conciencia, se produce una completa identificación entre el conocedor y lo conocido».

La conciencia es nuestro ser. Cuando nos centramos en lo que somos, y no en lo que experimentamos, la conciencia es tanto sujeto como objeto. Somos conscientes de la conciencia. Nos conocemos a nosotros mismos. Cuando alcanzamos el centro de la conciencia, el conocedor (conciencia) y lo conocido (psique) son uno solo. Eso es el matrimonio místico. Eso es conocerse a sí mismo. Eso es la Gnosis.

Silvano nos anima a ignorar el cuerpo y la persona en que nos hemos convertido para tomar conciencia de que somos lo que eternamente somos:

«Cuando pasaste al nacimiento corpóreo, fuiste concebido. Sé consciente de que estás en el interior de la cámara nupcial. Que te ilumine la conciencia».

La exégesis del alma cuenta que el matrimonio místico de Sofía con su hermano-amante se produce en su «renacimiento». El texto lo compara con la resurrección de Jesús en el mito de Jesús, que, como ya hemos visto, también representa la consecución de la Gnosis:

«Es obvio que la psique se regenera y vuelve a ser como era antes. He aquí la resurrección de entre los muertos. He aquí la liberación de la cautividad. He aquí el camino de ascensión a los Cielos. He aquí el camino de regreso al Padre».

Con el matrimonio místico, Sofía vuelve al estado de comunión con el Padre en el que se encontraba antes de su caída. Por eso «vuelve a ser como era antes». Sin embargo, salió como hija y vuelve como esposa. Ha madurado pasando por el proceso de la encarnación. No ha sido sólo un estúpido error del que necesitaba que la rescataran. Su estado de inocencia con el Padre al principio del mito representa la deslumbrante oscuridad del misterio, el estado de unidad inconsciente que experimentamos cuando dormimos profundamente. Su matrimonio místico con su amante-hermano Cristo representa el estado de unidad consciente que sólo puede llegar después de haber realizado el viaje de la encarnación y el despertar.

El matrimonio místico simboliza un estado de iluminación que no se puede entender desde fuera. El Evangelio de Felipe afirma:

«El novio y la novia pertenecen a la cámara nupcial. Nadie ha de ver al novio con la novia a menos que se convierta en él mismo».

Conocerse a sí mismo no es un deporte para espectadores. La única manera de conocer a Cristo (nuestra identidad esencial compartida) es convertirse en una novia merecedora de él, es decir, en un iniciado maduro.

Pablo nos anima a convertir a Jesús en nuestro «marido». Del mismo modo que Sofía tiene buenos hijos de su amante divino, también explica Pablo que «cuando nos hemos identificado con Cristo», hemos «encontrado un marido que ha resucitado de entre los muertos, para que produzcamos frutos para Dios».

En los misterios paganos, los iniciados también se convierten simbólicamente en novias del Dios-hombre en un matrimonio místico. Se les ponían velos como a las novias y se los quitaban durante la iniciación para simbolizar que se retiraba la barrera de la ilusión entre ellos y Dios. Pablo escribe utilizando la misma imaginería:

«Y así todos nosotros, contemplando la gloria del Señor a cara descubierta como en un espejo, somos transformados en su misma imagen».

La imagen de Dios

La comparación de la psique con un espejo que refleja la imagen de la luz, que representa a Dios/conciencia, es una importante metáfora gnóstica. El

Evangelio de Felipe reza:

«No puedes verte en el agua o en un espejo sin luz. Tampoco puedes verte en la luz sin agua o espejo. Así pues, hay que bautizarse tanto con agua como con luz. Pero la luz es la unción».

El estadio psíquico de iniciación, el bautismo de agua, puede imaginarse como un proceso en el que se calman las aguas, se limpia el espejo de la psique o se quita el velo de la ilusión para que la luz se refleje perfectamente. La iniciación pneumática, el bautismo de luz, consiste en damos cuenta de que somos la luz de la conciencia que ilumina las apariencias reflejadas en el espejo de la psique. Este bautismo/iniciación se denomina «unción» porque da inicio al proceso por el que veremos que somos la conciencia universal de Dios, simbolizada por «Cristo» o el «Ungido».

Somos esencialmente conciencia (luz) que presencia la existencia de la psique (agua). Mientras las aguas se muevan, veremos una multiplicidad de imágenes, igual que cuando observamos el sol reflejado en una miríada de brillos sobre las olas del mar. Éste es nuestro estado normal de conciencia. Estamos atrapados en las apariencias reflejadas y no vemos la luz de la conciencia. Pero cuando las aguas están calmadas o el espejo está limpio, la luz se refleja perfectamente, sin refractar múltiples imágenes. Cuando miramos en el espejo de la psique perfecta, la luz de la conciencia se ve a sí misma. Ambas se convierten en una sola. Simón el Mago explica:

«El Poder, inmóvil y nonato, aparece como un reflejo sobre las aguas movidas. Cuando la imagen se perfeccione, será como la bendita calma infinita

de arriba»

El Poder, la conciencia universal de Dios representada por Cristo, es nuestra esencia compartida. Se refleja en las aguas movidas de la psique, dando lugar a la multiplicidad de imágenes. Pero cuando las aguas se calman y la imagen se perfecciona, el espejo refleja la luz en la propia luz. Muestra la calma de la propia calma. Revela a la infinita bendición nonata su propia naturaleza bendita, infinita y nonata.

Pitágoras afirma: «Honrarás a Dios si modelas tu psique a imagen de Dios». Cuando miramos en el espejo de la psique perfecta sólo vemos a Dios. Vemos un universo lleno de bondad, amor, felicidad, belleza y conciencia. Vemos que todo es Uno. Vemos lo que somos. En eso consiste el matrimonio místico.

In document Jesús y la Diosa Perdida (Freke (página 77-81)