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El movimiento de las aguas

In document Ecosistemas acuáticos (página 71-73)

“…Apurate José que ya está viniendo la creciente otra vez y no sé porque esta vuelta las aguas me dan miedo todo el bicherío la está anunciando como nunca fue ¿haye Jose?” (Teresa Parodi, Apurate José).

Las aguas no están quietas. ¿El movimiento de las aguas puede ser un factor determinante para la distribución de los organismos? Lo es. El agua transporta a los organismos que se hallan en suspensión, ayuda a individuos con movilidad propia y presiona a los seres vivos que viven fijos y que pueden ser arrancados.

Las corrientes marinas y las de los ríos llevan a numerosos organismos de un lugar a otro, en algunos casos van a parar a otras zonas donde siguen vivien- do pero no se reproducen. Otras especies utilizan las corrientes para cumplir su ciclo vital. Por ejemplo las larvas de ostras que están fijas, son dispersadas por las corrientes hasta más de 50 km de distancia. De este modo evitan competir por el sustrato con sus propios progenitores. En otros casos, la situación es más dramática ya que la población llega a ser diezmada. Es el caso de las medusas que son víctimas de las corrientes costeras, el viento y las mareas. Al no ser capaces de vencer la fuerza de arrastre del agua quedan varadas en la arena. Seguramente hemos sido testigos de esta situación, atormentados por el encuentro con las famosas “aguas vivas” durante nuestras vacaciones en la costa atlántica.

Las olas afectan principalmente a los organismos que sobreviven en la zona intermareal, la acción mecánica de las olas selecciona a los individuos con adap- taciones que les permiten soportar esta franja costera tan particular. De acuerdo

a la costa y el viento, las olas varían su intensidad y dirección diariamente por lo que existen numerosas adaptaciones. Los organismos que viven en sustratos blandos en su mayoría se entierran como la lombriz roja de mar (Diopatra viridis, un poliqueto muy apreciado por los pescadores de lisas), que construye galerías en la arena, o la almeja amarilla (Mesodesma mactroides) tan características de las playas arenosas de la costa bonaerense.

Los organismos que eligen un sustrato duro quedan más expuestos a la “agresión” de las olas. La lapa, un pariente del caracol de jardín, presente en las costas bonaerenses posee una concha cónica y baja, y con un pie ventral con el que se adhiere fuertemente a pequeñas cavidades de la roca. Otros, como el meji- llin (Brachidontes rodriguezii) pariente del mejillón comestible, posee una glándula que produce filamentos del biso con los que se sujeta fuertemente a las rocas. Es el organismo predominante por excelencia de las costas rocosas bonaerenses formando el característico mejillinar. Allí viven numerosos organismos asociados bajo la protección que le brinda esta construcción.

Los organismos de cuerpo blando como las algas al ser flexibles ceden al mo- vimiento del agua sin romperse. Algunos utilizan las olas como medio de trans- porte para ir de un lugar a otro y colonizar otros ambientes. El oleaje ofrece a los organismos expuestos a él una renovación constante de agua, oxígeno y otros nutrientes.

Otro movimiento de agua importante es el que se produce en los ríos don- de las aguas fluyen continuamente y en algunos momentos su caudal aumenta notablemente y provoca crecidas. En estos ecosistemas existen comunidades superpuestas, la del bentos arraigada al fondo y las suspendidas en el agua que por lo general están asociadas al bentos que viven aguas arriba ya que son sus crías o estados larvales. Los habitantes del río poseen ventosas y ganchos para soportar la corriente y la forma de su cuerpo es alargada y aplanada para dismi- nuir la resistencia al agua. Siempre se mueven en sentido contrario a la corriente, es decir aguas arriba. Los ríos son muy cambiantes, desde su nacimiento hasta la desembocadura. Las características del agua (oxígeno disuelto, temperatura, caudal, turbulencia, etc.) varían notablemente determinando en cada tramo y a lo largo de la columna de agua comunidades propias.

En la cuenca del Plata, por ejemplo, se distinguen tres grupos de peces de acuerdo al lugar que ocupan en la columna de agua. Los bagres y mojarras son característicos de la superficie y poseen una boca dirigida hacia arriba que les permite apresar insectos y larvas. A media agua se descubren los dorados y las tarariras, peces nadadores y con dentición que les posibilita atrapar a sus presas.

LA VIDA ACUÁTICA Y LOS FACTORES LUZ, TEMPERATURA Y SALINIDAD

En el fondo, están los de forma achatada con la boca hacia abajo que les facilita la obtención de detritos y pequeños organismos del fondo.

En aguas cálidas e iluminadas por el sol de los océanos Indopacífico y Atlánti- co Occidental, los corales son un buen ejemplo de organismos que están confina- dos a determinadas regiones de acuerdo a variables como luz, temperatura, sali- nidad y movimientos del agua. Los responsables de los arrecifes de coral son unos pólipos (parecidos a nuestras anémonas) que depositan carbonato de calcio en forma cristalina sobre sus cuerpos formando un exoesqueleto, en su mayoría en simbiosis con unas algas unicelulares denominadas zooxantelas. Los pólipos co- ralinos contienen estas algas en el interior de las células que tapizan su “estoma- go”. Las algas realizan la fotosíntesis en el interior del patrón del coral, en aguas oceánicas de menos de 100 metros de profundidad, donde están bien iluminadas. Los corales requieren aguas cálidas (20ºC) y no toleran ni salinidad reducida, ni turbidez elevada. En las aguas más profundas crecen formando colonias con ra- mas como los árboles de un bosque para alcanzar zonas más iluminadas.

En aguas más someras, donde la luz es abundante, pero deben soportar un intenso oleaje, las colonias depositan esqueletos robustos de carbonato de calcio. Los corales que no viven en simbiosis con las algas tienen menos requisitos y por lo tanto tienen una distribución más amplia, en contraposición de los simbiontes que forman corales arrecifales sólo en las aguas tropicales soleadas. El crecimien- to de los corales depende de la intensidad de la luz, solo cuando están en simbio- sis con las zooxantelas.

¿De qué manera aumentan las algas la calcificación? La fijación de dióxido de carbono por parte de las algas a través de la fotosíntesis produce un aumento en la concentración de iones de carbono en las células del pólipo, que en exceso pre- cipitan en forma de carbonato de calcio insoluble a un pH determinado, formando el esqueleto robusto y resistente al oleaje que da asilo a una gran diversidad de especies asociadas.

Los seres vivos, el reciclado de la materia y el flujo de la

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