En el siglo V a.C, el historiador ateniense Tucídides documenta la relación entre los sismos y los tsunamis. Así explica que el primer indicio de ocurrencia de estos últimos, antiguamente también llamados “marejadas”, está dado por el alejamiento repentino del agua en las costas, vaciando el puerto (Folger, 2012)
El tsunami es una onda sísmica bajo el fondo oceánico. La energía de las on- das sísmicas proviene de la actividad de la corteza terrestre. Su longitud de onda es de aproximadamente 200 km., lo cual representa mucha energía y su altura aproximada es de 1 metro, altura que varía al llegar a la costa. Las ondas sísmicas pueden encontrar su origen en dos posibles causas: a partir del derrumbe de una porción del fondo marino, ó en el movimiento a lo largo de una falla.
La gran mayoría de los tsunamis responden a derrumbes del fondo marino que siguen el trayecto sobre grietas llamadas zonas de subducción (descenso). La gran mayoría de estas zonas están localizadas en los océanos Pacífico e índico, en
LA PLAYA Y EL OCÉANO PROFUNDO
donde las placas se encuentran y colisionan. En consecuencia, la placa que sos- tiene la densa corteza oceánica se hunde debajo de la placa continental, que es más ligera, y se forma una fosa oceánica. En condiciones normales, esta situación ocurre de forma sutil y a un ritmo de pocos centímetros por año.
Sin embargo, con el paso del tiempo, en los lugares donde las placas no logran este continuo y sutil proceso de subducción, se traban. Se inicia así una acumulación progresiva de tensión hasta el momento en que la presión logra li- berarse y lo hace abruptamente. El terremoto ocurrido frente a la costa japonesa en marzo de 2011es un claro ejemplo de ello. Se inicia a 30 kilómetros debajo del lecho marino y asciende a través de la línea de falla entre las placas que forman la fosa del Japón, liberando energía y desplazando toda una columna de agua desde el fondo hasta la superficie. Luego de este desastre, varias naciones han colaborado para extender la adopción de un sistema para la detección de tsuna- mis (tsunámetro) que consiste en un instrumento anclado al fondo marino que registra cambios de presión ocasionados por el paso de tsunamis. El tsnunámetro envía una señal a una boya en la superficie que a su vez, envía datos a un satélite y finalmente, transmite la información a los centros de alarma de todo el mundo. Japón cuenta con estos dispositivos para alertar a la comunidad ante la ocurren- cia de estos eventos.
El primer ejemplo de movimientos en lagos continentales argentinos se re- gistra en mayo de 1960 cuando un tsunami movió las aguas del Nahuel Huapi. Este tsunami fue consecuencia directa del terretomoto de Valdivia, Chile, donde olas de 2 metros golpearon las costas de Bariloche y destruyeron el muelle de la ciudad ubicado frente al Centro Cívico. El sismo provocó una movilización de volúmenes de sedimentos en profundidad que a su vez generó un desplazamiento de una masa de agua.
Hoy, el tsunami de Japón vuelve a despertar la misma pregunta: ¿puede un fenómeno de este tipo sacudir a esta zona del continente americano? Parece que afortunadamente la única región relativamente cercana a nuestras costas con fa- llas de subducción y, en consecuencia, con cierto riesgo de que ocurra un temblor submarino significativo, con la posterior generación de un tsunami, es la del arco de Scotia, limitado por los archipiélagos de las Islas Georgias del Sur, Sándwich del Sur, Orcadas del Sur y Shetland del Sur, ubicado entre Tierra del Fuego y la península Antártica.
Algunos estudios realizados en el servicio de hidrografía naval indican que un eventual e hipotético tsunami generado en dicha región austral impactaría en ma- yor grado sobre las Islas Malvinas y ya más debilitado sobre las costas fueguinas
(Solís Oyarzún, 2012). En la Provincia de Buenos Aires, la probabilidad de tsunami es extremadamente baja, pero estrictamente, no es imposible dado que si bien la actividad sísmica de la región es muy baja, debemos destacar que no existen zonas a-sísmicas en el mundo. Hay algunos trabajos como los que presenta La Liga Marítima de Chile, que reportan la ocurrencia de temblores de tierra en la región del Río de la Plata ocurridos en 1848, 1888, 1988 y 1990 con intensidades no mayores a 5 en la escala Ritcher (escala utilizada para medir la magnitud de los sismos). La ciudad de Buenos Aires, ubicada a orillas del Río de la Plata, tiene muy baja probabilidad de ocurrencia y un resguardo adicional debido a las carac- terísticas propias de dicho río. Sin embargo sólo existen registros de unos pocos miles de años de los muchos millones de años que la tierra tiene.
La primera advertencia de aproximación de un tsunami es una rápida retirada de las aguas del mar en las playas. Esto se puede comprender si se piensa en el desmoronamiento de una importante porción del fondo oceánico. Una analogía de estos eventos es una pileta de agua, la cual al encontrarse con agua, es incli- nada hacia un costado, momento en el que se observa que el agua del extremo opuesto se retira (momento en que desde la costa se observa que el mar retro- cede) y la cantidad de agua hacia donde se inclina la pileta, aumenta su volumen. Posteriormente, al acomodar la pileta en su posición original, es decir, horizon- talmente, el agua que se había acumulado en un extremo, regresa abruptamente al lugar de origen, a través de una ola de gran altura que forma rápida, llega al extremo de la pileta con mucha fuerza (equivale al momento en que desde la cos- ta se observa una ola de gran altura que regresa desde el fondo oceánico donde se produjo el desmoronamiento, con mucha energía y que genera destrucción al impactar sobre la playa).